jueves, 2 de julio de 2015

El Seco



1. La broma

Uno no sabe –al menos yo no sé muy bien- por qué elige el cerebro para guardar en su lado consciente unos recuerdos y no otros… No sé explicar, pero así es, por qué mi recuerdo más permanente de Miguel es uno distante en el tiempo, de un viaje de estudios allá por el 3º de BUP, sentados en el graderío del anfiteatro romano de Mérida, cuando, aprovechando una pausa en el discurso del guía que nos lo explicaba, coló una broma perfecta; tanto que las carcajadas de dos excursiones adolescentes retumbaron con eco entre las viejas piedras… 

Supongo que me admiró ese desparpajo –yo era más bien apocado-, ese atrevimiento, ese descaro: sorna sin mala intención, que volvió aquella mañana más alegre. Hay gente así: dedicada a alegrar los lugares por los que camina. La buena gente.

2. El martinete

La saeta comienza con un quejío, que cuaja la voz. Y luego alterna versos (como flechas) y lamentos… hasta el sostenido lamento final.

La voz de Miguel, con su tesitura aguda, su timbre claro, sobrecogía en la penumbra del cuartel. Siempre escuchábamos abrazados por los hombros, con la incertidumbre de si le daría la garganta para prolongarla en martinete… Y al temblor de su laringe sucedía el escalofrío en nuestra espalda. Un artista. Alguien que domina el instrumento y que con-mueve de ese modo, que mueve esas emociones en público tan cercano, es un artista.

Con la Cruz que te han 'cargao'
y el peso del sacrificio
llevas el cuerpo 'encorvao',
y esa chusma sin juicio
a muerte te ha 'condenao'.

3. El buen morir

Hay amigos que funcionan como una suerte de pegamento social, que se trabajan los vínculos que avivan los afectos, que se inventan cualquier excusa para provocar el reencuentro de los más lejanos, o de los más distraídos, como yo. Cualquier excusa, por pequeña que sea. Por ejemplo, van y ruedan una película… Para presentarla en el Teatro Circo de Puente Genil la pasada navidad y para juntarnos a los amigos. Nunca le agradeceré bastante a mi amigo Sergio que se atreviera a rodar El buen morir y que me invitara a su estreno. Y que me diera la oportunidad de darle un abrazo, que sería el último, a mi amigo Miguel, más seco el Seco de lo que en él era habitual, pero animoso y con la broma a punto bajo el gorro de lana…

4. La buena fama

“…que aunque la vida perdió, dejonos harto consuelo su memoria.”