jueves, 11 de junio de 2015

Desierta en Alhambra



La presentación de Desierta Fanzine (revista plástica) en la Cafetería Alhambra (rinconcito cultural) desembocó en una interesante tertulia entre ejidenses que remanecen (el verbo lo he aprendido aquí) de lugares más o menos distantes de este poblachón expandido a lo largo del Campo de Dalías, blanqueado o translúcido según la estación.

No podía ser de otro modo: la Almería plastificada que da unidad temática a la revista, en El Ejido es invernadero: es plástico, pero es agricultura, sudor, trabajo exigente, empeño familiar, inmigración.

Yo hablé menos (más allá de leer mi breve colaboración que transcribo más abajo… y alguna broma más); pero escuché bien. No podía dejar de compararlo mentalmente con mi pueblo de procedencia en la campiña cordobesa, que cuenta con un Centro de Migraciones gestionado por Cruz Roja, pero cuyo porcentaje de población inmigrante está lejos del 33% de El Ejido, lejos de las noventa y cuatro nacionalidades que aquí comparten plazas y parques infantiles.

Mi pueblo tiene un origen medieval: en 1190 aseguran las crónicas que se fundó el Pontón de Don Gonzalo, a la orilla derecha del río Genil. Tiene, pues, unas raíces que deben de andar cerca del centro de la Tierra, y un folclor en torno a la Semana Santa (o Mananta), que vertebra la convivencia ciudadana durante todo el año, y que impregna casi cualquier manifestación social o cultural. De un modo tan intenso que la vida se vuelve algo incómoda, o como mínimo excéntrica, si uno no participa de él.

El Ejido nació en 1982, cuando confirmó su independencia del pueblo matriz, a la espalda de la Sierra de Gádor. Y las raíces más profundas con las que cuenta son las de sus ficus alineados en casi todos los paseos. El Ejido más que raíces tiene piernas. Las de las sucesivas oleadas de inmigración venida de la Alpujarra o del Magreb, de Rumanía o Ecuador. Unos van y vienen y otros van de paso, pero muchos son vecinos afincados en este lugar no elegido, con el paso del tiempo asumido como propio: familias cuyos hijos han nacido en el Hospital de Poniente y aquí crecen y cursan la primaria y también ya la secundaria, y que hablan un español con la cálida y musical entonación ejidense.

Avanzaba la sustanciosa tertulia y pensaba yo en la ventaja de tener una población no enraizada incondicionalmente, y en la oportunidad que estaba dejando escapar esta ciudad de hacer de esta comunidad de piernas y de culturas su seña de identidad. Y en la escasa inversión que se ha venido haciendo en esa dirección (más allá de lo que precariamente se trabaja en la escuela y se apuesta en pequeños foros): parece claro que es un camino en el que está casi todo por andar… 

El primer paso siempre es aquel que se da cuando la curiosidad vence al miedo (así lo explicó Santi y se hizo un silencio). Y los siguientes se dan cuando se trabaja por asentar la cultura propia en una moral común que ya nos viene dada: la Declaración Universal de los Derechos Humanos (así concluyó Santi y aquí me lo anoto para que no se me olvide).
 
Las sandalias son de Julio Béjar y de Santi Girón, la calva es mía,  las explicaciones de Carmen F. Agudo y la foto de Carlos Maleno.



LA MAR

El mar, la mar de veces te lo dije, visto desde aquí parece el mar. Dos hombres caminan sobre los plásticos como si caminaran sobre las aguas. El viento riza olas de polietileno recién regado, que centellean con el sol de mediodía, crestas de cal como espuma rompiendo a la orilla de los caminos… El mar, la mare que parió al levante, responde el otro.


Un dibujo de Santi Girón


2 comentarios:

Francisco Jesús Quirós Rivas dijo...

Qué grande, Manolo!
Espero que tus alumnos sean conscientes de la suerte que han tenido por contar con un "Profe" como tú.
Ya me hubiera gustado a mi contar con semejante referente.
Saludos desde tu "tierra de procedencia"

Mangómez dijo...

Eres un amigo, Frank, pero te aseguro que no todos mis alumnos consideran una suerte el profesor de lengua y literatura que les ha caído en ella. A todos no se llega, la relación con todos no es la misma y que, como dicen en nuestra tierra, "cada uno cuenta la feria según le va." Saludos.