lunes, 30 de junio de 2014

Vicente, presidente

A Francisco Navarro Domene

Yo, a una de las personas a las que siempre escucho cuando habla, es a Vicente del Bosque. Lo que dice siempre me parece razonable. Creo que es una de las personas más sensatas de este país. Cuando deje la selección de fútbol no deberíamos desaprovecharlo: tendríamos que proponerle la presidencia de la República española. Y, como es un tipo extremadamente amable, aceptará; como aceptó ser nombrado marqués… con sonrisa ladeada y socarrona bajo el bigote, y por no contrariar a quien le otorgaba el título.

Me gusta cuando habla de educación. Lo hace a menudo. Por ejemplo hace poco explicó, para quien quiera oírlo, las claves para mejorar la calidad educativa en nuestro país.

Le leí en una entrevista reciente alabar la notable inversión, sostenida a lo largo de bastantes años, en las escuelas deportivas de nuestro país: es un placer pasearse por ellas, decía, en cualquier rincón de España. Los éxitos internacionales de los equipos españoles (en prácticamente todas las modalidades deportivas) se explican –según Vicente- a partir de que cuentan con unas instalaciones modélicas y unos estupendos profesionales a los que se les ha permitido trabajar con confianza. De manera que si el Informe Pisa midiera nuestro rendimiento deportivo, no cabe duda de que figuraríamos en el grupo de cabeza.

(A mí el informe Pisa me da risa. Pero no a los gobiernos, que presionan a los docentes para maquillar esa estadística y tratar de ganar algún puesto en la clasificación mundial.)

Si Vicente se diera una vuelta por las escuelas (no estrictamente deportivas) de nuestro país, se mesaría los bigotes: porque conocería instalaciones tan precarias, tan envejecidas y deterioradas…, porque comprobaría que los espacios reservados para la educación en España son tan cutres…, están tan necesitados de una inversión sostenida a lo largo de bastantes años… Ahora no sobra el dinero. Lo sé. Nos lo aseguran y recuerdan todos los días. Pero el drama es que LO HUBO, y que se decidió no invertirlo en LO IMPORTANTE.

Cuando Vicente, ya presidente, se dé una vuelta por los institutos de enseñanza secundaria de España, conocerá a unos profesionales atribulados, a los que se les mina la confianza día tras día. Desde la sociedad en su conjunto… y desde la administración que debiera ampararlos.

En el mundillo educativo andaluz hay gente tan razonable como Vicente, pero más desamparada. He aquí el último ejemplo: El director del Instituto de Educación Secundaria Nicolás Salmerón de Almería –a quien se dedican estas líneas- ha sido sancionado por hacer lo sensato, lo razonable: concluir el curso convocando a toda la comunidad educativa a una jornada de encuentro y balance del año escolar. Un día –el de despedida y cierre- en el que profesores, padres y alumnos comentan el rendimiento académico de estos últimos, comparten espacio y tiempo, conversan, se lamentan y se ríen juntos… Esa tradición, avalada por el Consejo Escolar de su centro, ha topado ahora con una roca burocrática: contraviene una norma sobrevenida que exige que el último día del curso sea lectivo: esto es, que el 23 de junio un puñado de alumnos en cada aula –la mejilla sobre el pupitre- se dediquen, exclusivamente, a sudar y a bostezar.