viernes, 30 de mayo de 2014

Qué se habrán creído

Los ‘Podemos’ que yo conozco no tienen nada de estalinistas. Son jóvenes (pero no todos, pero no sólo) concienciados y alegres (capaces de discutir en una asamblea circular y de participar en una flashmob). Su compromiso (vieja palabra, ¿no?) es activo: capaces de colaborar en un comedor social o en un banco de alimentos o de tiempo, y de plantarse ante una fachada a defender a un vecino al que quieren echar de su casa (lo es, aunque después de diecisiete años no pueda seguir pagándola, le gustaría pero no puede, y lo es: allí están sus fotos y sus recuerdos para demostrarlo).

No son peligrosos (salvo para los que han prostituido la política: para los proxenetas y para los corrompidos). Creen en la democracia: expropiar para todos lo que se han quedado abusivamente unos cuantos. No se tragan eso de que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades, piensan que todavía son demasiados los que viven a costa de las nuestras. Creen en la política, pero recelan de las diputaciones provinciales (y de otras formas de diputar) por la ineficiencia y el despilfarro, porque fomentan el clientelismo y las corruptelas. No sé de dónde habrán sacado esa idea…

Creen en la política: de hecho pretenden protegerla de los intereses bastardos. Se creen eso de que otro mundo es posible. (Del posible viene el Podemos.) Y además no se permitan la confortable indecencia de señalar como culpables de las grietas del sistema a los que vienen de fuera.

Qué se habrán creído…  

lunes, 26 de mayo de 2014

PODEMOS, un par de apuntes

1.

Al no ser yo espectador habitual de televisión, no había visto a Pablo Iglesias en las charlillas gritonas de los programas nocturnos. Las evito porque no veo probable aprender nada bueno en ellas, y para salvaguardar mi salud mental: hay que poner cuidado con lo que uno se inyecta en el cerebro… Sí había visto algún que otro trozo colgado por aquí, normalmente por mi prima Rocío, que lo ha tomado con entusiasmo (enhorabuena, prima, te lo has currado…), pequeños episodios en los que arrinconaba y enfurruñaba a algún tertuliano de retorcido colmillo, o gacetillero a sueldo con pocos escrúpulos dialécticos.

Pero la primera vez que escuché un discurso suyo fue en el streaming de su conversación con Alberto Garzón en la Sala Mirador: dos monólogos sucesivos y un coloquio posterior que, al menos, recuperaban para la política un elemento que creíamos desaparecido en ese ámbito: la oratoria. (Mal)acostumbrados como estamos a sufrir la verborrea confusa y el discurso inane, las frases hechas y deshechas, las elementales consignas de argumentario, los anacolutos, la indigencia léxica, el tono displicente o despectivo o monocorde y falto de convicción de cualquiera de los portavoces políticos al uso…, escucharlos fue un placer: profundidad en el análisis y excelente construcción de discurso (más sosegado Alberto, más ‘indignado’ Pablo, pero ambos con elocuencia y con impecable vocación didáctica). Qué despilfarro, pensé entonces, que estos dos tipos caminen por vías paralelas…

2.

Por lo visto, la campaña de Podemos ha sido modélica. Ideada por gente bastante joven pero, al parecer, sobradamente preparada… Conscientes de que en política el carisma es un aspecto que no conviene ignorar si uno aspira a algo más que a la dignidad testimonial, han jugado a fondo la carta carismática y mediática del líder: hasta extremos que provocan inquietud (su cara en la papeleta)… Pero, además de un inteligente uso de los medios digitales, y de conectar por la vía emocional con todo ese movimiento contestatario heredado del 15M (lo que ha permitido, de inicio, enroscar cinco giros de tuerka), es apreciable su talento en el diseño de la campaña hasta en detalles como:

el nombre, que no es tal, sino un verbo (y no una sigla, ya está bien de siglas…), y que remite en la mente del elector tanto a un exitoso episodio futbolístico nacional, sí…, como al lema de la abrumadora movilización ciudadana que llevó al actual presidente norteamericano a la Casa Blanca, se puede…;  

la papeleta, que además de contener la osadía de imprimir la cara del candidato, anota en el paréntesis posterior a cada nombre y apellidos ese (PODEMOS) que los agrupa, y los distancia de las cuotas, corrientillas y tendencias desunidas de una izquierda en la que lo importante debería estar más claro… (por cierto, en mi mesa electoral, nada menos que dos apoderados de PODEMOS, que se habían preocupado de colocar bien centrada y visible la papeleta y la cara);

la presentación del programa, que naturalmente no dista apenas de los demás programas de la izquierda, pero que contó con el atractivo añadido de hacerlo accesible a través la Directiva Villarejo de medidas contra el fraude y la corrupción, y en favor de un radical cambio en las políticas migratorias…;

o, finalmente, hasta la puesta en escena del momento del voto del candidato: aguardando con naturalidad en una cola, mezclado entre la gente…