martes, 3 de septiembre de 2013

Siento una perturbación en la fuerza



(Pub irlandés. No es preciso describir más. Ante una barra de madera mugrienta, sentados en sendos taburetes, sorbiendo tragos largos de una jarra de cerveza negra y cremosa, cuyo nombre obviaremos para no incurrir en publicidad no remunerada, pero que viene a coincidir con el apellido del Obi-Wan Kenobi original…, dos cinéfilos conversan. El CINÉFILO A viste jersey negro de cuello cisne. El CINÉFILO B viste camisa negra y corbata morada con isósceles triangulitos amarillos.)

CINÉFILO A (iracundo): Pero ¿pa’ qué te metes? ¿pa’ qué vas a ver Elysium?
CINÉFILO B (mustio): Y yo que sé… (pasando al ataque) ¡Era el director de Distrito 9!
CINÉFILO A (sabelotodo): Ya, pero a la segunda siempre los abducen los alienígenas de Hollywood…  Que te lo tengo dicho… Es que no me escuchas…
CINÉFILO B (mordisqueando la propia corbata): Jooo…

(Silencio. El auditorio sofoca unas risas.)

CINÉFILO A (conciliador, tontorrón): ¿No hay nada en ella que te haya gustado?
CINÉFILO B (cabizbajo, baboso): Bueno… (levantando un poquito la barbilla) La verdad es que hay algo inesperado, sorprendente…
CINÉFILO A (fingiendo interés): Cuéntame, amigo...
CINÉFILO B (viniéndose arriba): Lo más emocionante de Elysium es comprobar que en el año 2154 aún se sigue usando la corbata… Cyborgs, exoesqueletos y demás cacharreo, pero el traje-chaqueta ahí está, sin una arruga, je je…

(Je je, repite como un eco el público)

CINÉFILO B (gustándose): Y mira que es difícil acabar con Matt Damon, pero lo que parece que resulta imposible es erradicar la corbata… es un complemento indestructible (sonríe, mientras se alisa y acaricia la suya).
CINÉFILO A (bizqueando, con la cara incendiada, sudando por el cogote… como en los pubs irlandeses ya no se puede fumar, el humo debe de salirle por las orejas): ¡Arráncate ese espantoso trapo!
CINÉFILO B: ¿Qué?
CINÉFILO A: Que te quites la corbata…
CINÉFILO B: Pero, ¿por qué?
CINÉFILO A: Me horripila. Son esos horribles triangulitos… ese tristísimo color cuaresmal… No lo soporto…
CINÉFILO B: Pues a mí me gusta…
CINÉFILO A: Tienes que quitarte esa monstruosidad…
CINÉFILO B: ¡No quiero! Me la regaló mi tía…
CINÉFILO A: Solo una vieja solterona y apoplética puede regalar corbatas como esa…
CINÉFILO B: No te consiento que hables así de mi tía. Te advierto que mi tía es una mujer encantadora…
CINÉFILO A: Líbrame entonces de ese tormento. ¡Arráncate del cuello ese zarrio!
CINÉFILO B: ¡Nunca!
CINÉFILO A: ¡Despechúgate!
CINÉFILO B: ¡Antes la muerte!
CINÉFILO A: ¡Oh, miserable!

(Pausa. El CINÉFILO A, con un rugido, se abalanza sobre el CINÉFILO B. Rechinan los dientes y los dedos, engarfiados, buscan afanosamente la yugular del contrario. En el pub, entretanto, los parroquianos inclinan la cabeza sobre sus jarras y después se santiguan, parsimoniosamente.)
 

*A Javier Tomeo, in memoriam. Recreación libre –de la mitad p’alante no tanto- de su Historia mínima número XX.