domingo, 16 de diciembre de 2012

Menos humos



El fumador abre un paréntesis en el baile, el trago y la charla. Toma abrigo y bufanda del perchero, sale a la calle y se enciende un pitillo. Allí encuentra la noche, el sonido amortiguado, el viento frío en las sienes y a otros fumadores con otra conversación. O se encuentra solo con sus pensamientos entre calada y calada… Cierra el paréntesis, se desabriga y retoma copa y compañía.

Hacía tiempo que no salía de noche. Y me ha servido, por ejemplo, para comprobar de qué manera tan natural se asume que los pubs, antes espesos de niebla de humo de tabaco, son ahora lugares libres de esos malos humos; aunque no siempre de malos humores, porque los bares son lugares de desahogo emocional. Incontrolado, a veces. 

La ley que impide fumar en espacios públicos se puso en marcha en enero de 2011, tiene solo dos años de vida y ya no recordamos cómo era antes.

Esa ley tuvo una seria contestación social en sus inicios: ¿quién se cree el Gobierno para decirme a mí...? Hubo argumentos tan chocarreros como aquel de que la ausencia de humo de tabaco haría evidentes otros olores más desagradables: el olor a sudor de axila de camarero, a fritanga o a letrinas. Hasta se llegó a decir que buena parte de los bares de España desaparecerían por falta de clientela... ¿En España? ¿Cerrar bares en España? Si esa es, precisamente, nuestra afición favorita: cerrar bares...

Hay leyes sensatas que, a pesar de la oposición de los lobbys de turno, con el criterio de fondo del bien común, un gobierno responsable debe proponer, explicar, alentar y sostener, hasta conseguir que la sociedad las asuma como parte de nuestra idiosincrasia, como esas tradiciones inmemoriales inventadas antes de ayer.

Creo que de aquí podría salir una enseñanza para una sensata ley de educación, pero como aún no tengo perfilados los argumentos –y además estoy inmerso en la corrección de exámenes de fin de trimestre-, de momento lo dejo aquí.

Solo apunto esto:

Lo natural es que niños y niñas crezcan juntos en la escuela.

Lo razonable es que chicos y chicas de procedencias y niveles socioeconómicos diversos se eduquen juntos en la escuela. Para que aprendan a convivir, dado que inevitablemente "vivir es convivir en compañía...", según esos versos de Jorge Guillén. ("Placer, dolor. Yo soy porque tú eres.....", continúa el poema.)

Lo deseable es que la escuela cuente con recursos suficientes para que esa tarea –la más importante que tiene ante sí una sociedad- pueda desarrollarse con garantías de éxito.

Lo que no es natural –por más informes de prestigiosos departamentos que puedan encargarse- es educar a los niños en compartimentos estancos, educarlos en el miedo o la desconfianza o la superioridad hacia el otro. Educarlos en la no convivencia. 

Porque no debería ser incompatible excelencia y convivencia.

P.S. Ha sido más fácil sacar el humo de los bares que de los institutos de secundaria...

sábado, 15 de diciembre de 2012

Bad things



Te informo, Enrique, de que el Azero ya no es el Azero, ya no te explota el hard rock en la cara cuando abres el portón insonorizado ¿de acero? Ahora se llama BAD que, aunque parezca un mal nombre, no obstante es un acrónimo: Bebe, Ama y Disfruta. Es decir, que lo es.

Anoche Yolanda nos llevó al BAD (tienes que venir, Guz…, aunque sé que, para te complazca del todo, siempre le faltará una A). El local es un cuadrilátero en penumbra (como corresponde a un buen pub), con cuadros de luz y un muro de vinilo graffiteados con gracia por Carmen F. Agudo. Sobre la sinuosa barra se alza el púlpito en que el DJ oficia la ceremonia nocturna. Y -hablando de senos- una muestra de su poder se deduce del cartel manuscrito que cuelga a su espalda: "Si quieres un tema, enséñame las tetas." No me cabe duda de que alguna y alguno lo harán, porque el BAD da toda la impresión de ser una especie de burbuja fraterna, frecuentado por gentes que van entrando en la cuarentena y que se juntan para darse amistad, para tratarse con cariño y para hablarse con complicidad. Que se abrazan y se besan y se palpan los culos. Que beben, aman y disfrutan bajo una lluvia fina musical a veces funk, a veces soul, a veces blues...

Anoche, en el BAD, actuaba Grajo Rockola, versionando esas canciones ya antiguas que te arañan el corazón... La Insurrección de El último de la fila, la Semilla Negra de Radio Futura, el Qué puedo hacer de Los Planetas, El Rompeolas de Loquillo... No hables de futuro, es una ilusión...

El Grajo parece capaz de bluesear cualquier canción (y sin necesidad de enseñarle las tetas, si quiera): de Raphael a Perales o Mecano, con solo su guitarra acústica y una voz que a veces suena al falsete de Nacho Campillo y a veces recorre las asperezas de la de Josele Santiago.

La actuación de Grajo Rockola en el BAD formaba parte de la Noche en blanco, una iniciativa municipal para alentar el consumo en el pequeño comercio del centro de la ciudad; lo que suponía abrir las tiendas más allá del horario habitual, ofreciendo alguna actividad especial en su interior: uno podía maquillarse gratis en Nácar, ver Tadeo Jones en PC Box, jugar-al-bingo en Hipercalcazados, practicar Aero Yoga en Studio Latika, tormarse un vino con libros en Sintagma o admirar los dibujos de Carmen Agudo (la que decoró el BAD) y Virginia González, artísticamente encajados entre los zapatos y bolsos exclusivos de Las Pepas; y con flauta travesera y DJ Willbe como fondo musical...

Y llegamos al lugar en que desemboca este post (imposible pronunciar sin escupir): El próximo lunes cumplo 44 años y… ya soy una persona mayor. Y además un puritano: Uberam propuso como animación de su escaparate sendos strip tease masculino y femenino. A las siete de la tarde un muchacho de cultivados músculos y estricta depilación paseaba sus genitales muy cerca de la cara de una joven sentada como un maniquí, ante el griterío de decenas de muchachas que se amontonaban, móvil en ristre, frente al cristal. (No pude verlo en directo, pero ya circulan fotos y vídeos del evento.) A las once de la noche, una chica que acaba de dejar atrás la adolescencia se quitaba la ropa en ese mismo escaparate intentando un baile (a duras penas) sensual, para regocijo esta vez de la chavalería masculina. Había niños de diez años lamiendo el cristal...

A mí el espectáculo me parecía degradante a uno y otro lado de ese cristal. Me sentía a la vez perplejo e incómodo. Tanto que propuse a mis compañeros de ruta seguir paseo abajo... Pero me pareció notar una cierta resistencia. Y que yo era el único que lo tomaba a la tremenda. Que los demás –algo más jóvenes y más liberales que yo- lo veían como un mero juego, un entretenimiento, una ocasión para echar unas risas. Estoy mayor, mojigato, soso...


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Algo huele a podrido en esa casa



O mi amigo Jesús (Polidori) mucho ha cambiado o no lo veo yo compartiendo con entusiasmo el enlace publicitario de un conocido refresco carbonatado y edulcorado y protagonizado por Messi, Torres y El Kun, entre otros. Para mí que ese trasto empieza a hacer lo que le parece... A saber qué dirá por ahí de mí... Y a ver qué me dice Jesús (Polidori).

De bombas neumáticas



De vez en cuando, en horario nocturno, me ofrece esa red social la posibilidad de contactar con unas señoritas vestidas con bikini reventón. Habrá deducido el Gran-Ojo-que-todo-lo-lee, de mis comentarios o de mi "actividad", que preciso de la compañía de esas (presuntas) mujeres tuneadas hasta lo grotesco y que, más que sonreír, mastican la sonrisa.

De la maravilla estadística



Los alumnos andaluces por encima de la media nacional y por delante de los noruegos en comprensión lectora. (En fin: el noruego no parece fácil de entender.) Teniendo en cuenta que hace unos meses, en otro informe, ocupábamos las últimas posiciones, el esfuerzo ha sido titánico. Enhorabuena, maestros...

De toros y bravatas



Hay que tener cuidado con las comparaciones. Ha dicho Wert: "Soy como un toro bravo, me crezco con el castigo". Olvidando que los toros, en el 99'9% de los casos, no salen vivos de los cosos.