lunes, 27 de agosto de 2012

(Welcome home)


Ah, el hogar...  Volver al hogar (el espacio de tu intimidad): tus libros, tus discos, tus fotos, tu butacón, tus secretos (solo yo sé por qué guardo una canica en el cajón de los calcetines)...

Volver al hogar tres semanas después y encontrar las luces encendidas y los cajones abiertos (también el de la canica y los calcetines) y la ropa esparcida y ciertos objetos personales desaparecidos. Y las plantas (casi) secas, pero eso no es imputable a nuestro no-invitado (aunque ya que entró y estuvo, qué le costaba haberlas regado y, ya puestos, haber pasado una aspiradora...).

Welcome home, dice una chapa que (con una cadena) cuelga a la entrada de nuestra casa. Pero no reventando la cerradura, caramba.

El cerrajero que nos la cambia (por una mucho más segura, nos tranquiliza: con su doble hilera de pitones de acero y su rotor antiextracción y sus sensores de seguridad y su resistencia de 200.000 ciclos y...) nos ilustra, además, sobre la cantidad de instructivos vídeos que, en Youtube, explican paso a paso cómo romper cerraduras (en sus modalidades: ganzuado, taladrado y bumping). Ah, la red: qué inagotable recurso educativo...

El policía de la científica (muy amable y muy profesional en sus procedimientos) viene solo (con su cámara fotográfica y su maletín de herramientas y reactivos): Bonasera anda en otro asunto... Y nos informa de que somos protagonistas de uno de varios robos en viviendas de la localidad durante el pasado fin de semana. Con la misma técnica y con el mismo objetivo: dinero y oro. Se trata de un grupo itinerante. Del Este, quizá... (¿Qué Este? ¿Este o aquel?). El policía de la científica es optimista y también nos tranquiliza: a estos los vamos a coger.

Tengo un amigo que presumía por aquí hace poco de haber sufrido dos asaltos en su vehículo (del que obviaremos marca, modelo, matrícula y color para que no reincidan). Esta es la segunda vez que nos violentan la casa (la anterior en sede de alquiler). Así que ganamos, Enric. Casa gana a coche como full a un triste trío, tío.

Mala suerte. Baraja y reparte.















Gallina lo ha visto todo. Cuando aprenda a hablar, cantará.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Me cago en Alemania


Yo he ido a Alemania fundamentalmente a cagar.

No penséis mal. Dejo constancia de un hecho. No pretendo ser ofensivo. Sobre todo porque tengo algunos amigos alemanes muy queridos, cuya amistad no quiero perder. (Tres besos, Annika.) Es solo que de cuatro días de estancia en Berlín, tres los he pasado a ojo alerta de retrete, aflojando correa, con medio pantalón arrugado en las corvas (y con moneda suelta en el bolsillo, porque en Alemania, compañeros, sale a 50 céntimos de euro la deposición en baño público.)

He cagado, por ejemplo, en el Reichstag.

Cagar en el parlamento alemán no es nada fácil. La magnífica cúpula de cristal sobre la terraza, diseñada por Norman Foster and Partners, con rampa helicoidal que permite ascender pausadamente hasta una plataforma con excelentes vistas sobre la ciudad, mientras una vocecilla te musita al oído en tu lengua natal las bondades de la democracia germana, y con un aprovechamiento inteligente –dice la vocecilla- de la energía solar y del agua de lluvia y de nieve... solo tiene cuatro tazas en los toiletten, dos para caballeros, Herren, y dos para señoras, Damen. Norman cuenta con seis equipos de diseñadores y no alcanzo a entender que ninguno cayera en la cuenta de que un edificio que visitan cada día diez mil personas quizá necesitara un par de ellas más... La cola se hace eterna. Y se suda. Foster, como otros arquitectos de relumbrón, ‘la cagan’ (valga la expresión), en los detalles que te hacen la vida más confortable, los más agradecidos.

La cúpula transparente permite la iluminación natural de la sala de reuniones, cuyos escaños son visibles a través de un espectacular tragaluz de vidrio y espejos. La cúpula cubre parte de la terraza, ya digo, los retretes están en la terraza… Luego puedo afirmar con toda propiedad -con una preposición más precisa- que he cagado sobre el Reichstag.

Recuerdo con más cariño los toiletten del Hotel Radisson.

El Radisson Blu es un generoso cinco estrellas que encontramos camino de la Alexanderplatz. El Radisson tiene el buen gusto (nos informaron en la heladería de la esquina, junto al río) de permitir el acceso libre y gratuito a cualquier turista apurado, como yo, sea cliente del hotel o no lo sea, como yo. A los impolutos, blanquísimos servicios del Radisson se llega después de atravesar una coctelería con gigantesca pecera cenital sobre la barra central, en la que juraría que juegan un tiburón y un submarinista. La luz de acuario, la ambientación chill out facilitan el tránsito intestinal mejor que un yogur. Aunque en mi caso no era necesario. Ya iba suficientemente predispuesto.

El papel higiénico está aromatizado, es de varias capas y de textura suave. Y, al acabar, te ofrecen gel de manos con esencia de limón y hasta crema hidratante (¿para el ano malherido...? No la probé.)

Mucho más incómoda, angustiosa cabría decir, resulta la experiencia de cagar en uno de esos WC químicos y portátiles en casetillas de PVC, aunque estén instalados en los jardines del palacio de verano del tercer rey de Prusia, Federico II el Grande, de cuyo nacimiento se cumplen en este año 300 (y no, no sigue vivo). Quien los probó en cualquier verbena sabe de lo que hablo...

El Parque Sanssouci en Postdam (la ciudad donde, en otro palacio, se firmaron los acuerdos post Segunda Guerra Mundial) se engalana estos días para recordar el nacimiento de su promotor, el mencionado tercer rey de Prusia. Al parecer, la canciller Merkel no repara en fastos y gastos para conmemorar el Imperio. Tal vez algo hay de nostalgia y quiere sentirse heredera de Federico el Grande... Dimos un paseo mientras iban llegando camareros y músicos a la formidable verbena. A la orilla de los caminos y delante de los palacios, pequeños y grandes escenarios previstos para representar estampas de una corte real que contaba entre sus habituales con Voltaire y Bach. Cada escultura o templete, cada columna o arcada prusiana, cada fuente, cada árbol, cada viña, cada flor... de un parque que se extiende a lo largo de 500 hectáreas, se iluminan con coquetos focos individualizados... Mi padre, que organizó la infraestructura de mi banquete de boda al aire libre, sabría calcular con precisión cuánto cuesta alumbrar campo...

(Aquí y allá, tras los pabellones o los jardines, entre los naranjos o los viñedos… baterías de casetillas con retretes químicos que se caldean y apestan aún antes de haber sido usados… Dos de ellos también lo fueron por mí…)

El magno evento concluirá con fuegos de artificio. (Que es como yo comencé...)

Sans souci, aprendo ahora leyendo en la Wikipedia, es una expresión francesa que significa “sin preocupaciones”. Así quería vivir Federico el Grande parte del año, alejado de campañas bélicas y de intrigas cortesanas, de tensiones, insomnios y responsabilidades, despreocupado, feliz, rodeado de naturaleza y de arte, empapado de buen vino y del buen amor. Como cualquiera. Todos deberíamos tener acceso a ese derecho. Derecho a tener verano. Yo lo tengo. Y, por lo tanto, soy afortunado y tan privilegiado como Federico II de Prusia.

martes, 14 de agosto de 2012

El chico Cosmo


…es un imbécil depilado.

Como andábamos sin bolsa de playa (a veces usábamos una de esparto deshebrado, a veces una de plástico del Cortinglés…) y como la revista Cosmopolitan del mes de agosto muy oportunamente regala una, pues la hemos comprado por 4'10.

Y la estoy ojeando. La portada está llena de alicientes: reproduce a Megan Fox tan tuneada que no parece humana, y estos son algunos de los contenidos que anuncia en titulares: “Encuentra tus jeans perfectos”. “50 ideas para hacer tu vida ­­+ cool”. “Amiga o fotocopia: Aprende a marcar el límite”. “Liga sin miedo: Manual de la perfecta seductora” y como consecuencia: “Técnicas (infalibles) para llegar al orgasmo”. Colofón especial: “Besos, cuerpo, uñas, pelo y moda”, que podría servir como emblema-resumen de la sustancia moral de la revista (junto a la triple F: “Fun & Fearless & Female”).

La revista Cosmopolitan se ganó desde su renacimiento cierta fama como revista atrevida (fearless). Ahora que acaba de morir la directora de su nueva época, los noticieros nos recuerdan su decisivo papel en la liberación de la mujer y en su acercamiento desinhibido al sexo. Tal vez fuera así… No sé cómo era la revista que reescribió Helen Gurley Brown a partir de 1965, pero sí sé lo que es ahora: una birria en papel cuché. Una apoteosis de la tontería y del photoshop. 228 páginas de publicidad directa o encubierta, a mayor gloria de uno de los consumismos más irresponsables: el que dicta la tiranía de la moda. Y una colección de banalidades y topicazos sobre las relaciones de pareja, y de sobados estereotipos chico-chica. 

El modelo ideal de chico Cosmo parece ser un tipo que no sabe dónde tiene la cara… aunque la tiene muy bonita y bien hidratada.

Veamos un ejemplo de esto último:

La sección “101 cosas sobre los hombres” este mes lleva por título: “Protege a tu chico del sol”. (Porque: “No hay nada peor que un novio chamuscado”).

El asunto es el siguiente: tu chico, chulito descerebrado, no quiere protegerse de los “tórridos rayos ultravioletas” (sic). O está despistado. (Porque: “Los hombres son descuidados por naturaleza”). Debes ocuparte. Para ello: “Dile que está guapísimo con sombrero”, “Regálale una buenas gafas de sol”, “Hazle la prueba de la sombra” (¡!), “Mete protector solar en su guantera” y “Tiéndele una emboscada…” para que se ponga la cremita: “Es una buena idea examinar cada cierto tiempo la piel de tu novio a ver qué tiene por ahí. Ahora es un buen momento: quítale la ropa al chico, haced el amor si os apetece y, finalmente, échale un buen vistazo a su cuerpo serrano… y échale encima una buena dosis de crema (el equivalente a un vaso de chupito)…”.

Qué, ¿cómo lo veis?

Chavales, ya puedo ver vuestra media sonrisa picarona, seáis o no chicos Cosmo. Una media sonrisa que está gritando: NOS PARECE UNA ESTUPENDA SOLUCIÓN. Aplicable, además, a cualquier otra circunstancia. Por ejemplo: “-No sé dónde habré dejado las llaves del coche”. Consejo Cosmo: “Hazle el amor y luego las buscáis juntos”. O por ejemplo: “-¿Qué hora será?”. Consejo Cosmo: “Hazle el amor y, luego, regálale un reloj”. O por ejemplo: “-Qué pereza tender la ropa de la lavadora”. Consejo Cosmo: “No esperes a que acabe: tíratelo durante el centrifugado…”.

El ideal de la chica Cosmo tiene “una espalda sexy, unas piernas de infarto, un abdomen sublime y un culo 10” (sic) y, con cualquier excusa se apresta al arrumaco. Para mí que a las tres efes del lema de Cosmopolitan les falta una cuarta… en inglés o en román paladino.

La bolsa de playa que regalan es muy práctica, eso sí. Nos cabe de todo: las toallas y los esterillos enrollados, el protector solar (que mi chica me pondrá en el cuello), las palas, el frisby, las gafas de buceo, el parchís magnético, los autodefinidos, “Estudio en escarlata” de Conan Doyle y “El maestro y Margarita” de Bulgakov, las cervezas, las patatas fritas y las avellanas. Nos cabe de todo, menos el Cosmopolitan, que se nos ha olvidado en la papelera de la habitación.