martes, 29 de mayo de 2012

Quién manda aquí


- Aquí tienes una gloria.
- No sé que quiere usted decir con una gloria –dijo Alicia.
- Por supuesto que no lo sabes..., a menos que yo te lo diga –replicó Don Huevón, sonriendo despectivamente. He querido decir: “Aquí tienes un argumento bien apabullante”.
- ¡Pero gloria no significa “argumento bien apabullante”!
- Cuando yo uso una palabra, esa palabra significa exactamente lo que yo decido que signifique..., ni más ni menos.
- La cuestión es si uno puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes.
- La cuestión es, simplemente, quién manda aquí.

(Lewis Carroll: A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. 1871)

NOTA NECESARIA:

Donde dice “Alicia” léase “Vicepresidenta del Gobierno de España”.
Donde dice “Don Huevón” léase “Presidente de Bankia”.
Donde dice “una gloria” léase “una higa”.
Donde dice “Aquí tienes un argumento bien apabullante” léase “Aquí no hay que devolver nada (y aquí tienes un argumento bien apabullante)”.
Donde dice “La cuestión es, simplemente, quién manda aquí” léase “La cuestión es, simplemente, quién manda aquí”.

lunes, 28 de mayo de 2012

Quemar Fahrenheit


"Puestos a quemar un libro debería ser Fahrenheit", dijo alguien.

Un acto ritual: leer Fahrenheit 451 en voz alta y solemne e ir página a página arrancándolas tras su lectura, y arrojándolas a las llamas… Quemar el libro de los quemadores de libros: un acto ritual y paradójico.

Si el ocio sólo puede ser negocio, quememos Fahrenheit, si la radiotelevisión pública es un lujo, quememos Fahrenheit, si la educación es recortable, quememos Fahrenheit, si la ciencia es accesoria, quememos Fahrenheit, si la cultura es prescindible, quememos Fahrenheit

“Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia. Con su casco simbólico en que aparecía grabado el número 451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagrador y la casa quedó rodeada por un fuego devorador que inflamó el cielo del atardecer con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego, empujar a un malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía…” (Ray Bradbury: Fahrenheit 451. 1953)


domingo, 27 de mayo de 2012

Olive y familia


Siempre sucede. Suceda lo que suceda a lo largo del curso, con su cuota cotidiana de preguntas y respuestas, de lecciones y tareas, de bostezos y alborotos, con la clásica tensión competitiva entre profesor y alumno (es importante estudiar – buaff)... sé que habrá, al menos, un momento de comunión con ellos: cuando vemos juntos “Pequeña Miss Sunshine”.

Me gusta mirarlos de reojo mientras miran la película, proyectada en pizarra digital, el aula transformada en una minisala de cine… La música amansa las fieras y cierto cine también les abre los ojos, les emociona y les alimenta. Y van de la lágrima a la carcajada sin solución de continuidad con las aventuras de esta familia tan, digamos, peculiar:

El abuelo Edwin, heroinómano y pornófilo; el tío Frank, experto en Proust, homosexual depresivo y suicida; el padre, Richard, fracasado obsesionado con el éxito, cuyo camino cree haber diseccionado en nueve pasos; Sheryl, la infinitamente comprensiva y agotada madre, sobrepasada por la sobrecarga de tareas laborales, familiares y domésticas; el hijo Dwayne, lector de Nietzche, adolescente odiador “de todo el mundo”, encerrado en su protesta muda; y la niña Olive que, a sus siete años, con sus gruesas gafas y su torpe caminar, aspira a ser Miss California, pero que por el momento se conformaría con ser Little Miss Sunshine.

“No sabe lo que hemos pasado”, suplica el padre al llegar al hotel donde se celebra el concurso, cuatro minutos después de que se haya cerrado el plazo de inscripción. Pero nosotros sí: un viaje delirante de mil trescientos kilómetros entre Alburquerque (Nuevo México) y Redondo Beach (California) a bordo de una Volkswagen Combi amarilla, tan deteriorada que solo arranca empujando y en tercera, que tiene el claxon atascado y que pierde una puerta a las puertas de la meta en el disparatado sprint final: la carcajada final.

Una película que plantea cuestiones fundamentales en tono de broma, de comedia alocada: la soledad maniática de la vejez, los límites de la pulsión amorosa, los anhelos y frustraciones de la adolescencia, los espejismos del éxito, la convivencia familiar, que a la vez arropa y asfixia… Todo ello con el telón de fondo de los horripilantes concursos infantiles (de misses o de chistes o de coplas…).

Dije antes ‘carcajada final’, pero no es cierto: la carcajada prolongada y final se produce sobre el escenario del concurso, para espanto de la estúpida señorona que lo organiza, del presentador imbécil de sonrisa blanquísima que canta “America the beatiful” con voz meliflua, de las malas madres que exponen a sus hijas en semejante mercado...

sábado, 26 de mayo de 2012

El horóscopo como educador moral


Mi amiga Capricornio, a los nueve años, leyó en el horóscopo de la revista Vale que “los Capricornios son gente ambiciosa, que utiliza a los amigos en su propio beneficio…”. Pero ¿por qué?, ¿por qué tiene que ser así?, ¿por qué tengo que ser así?, se preguntó con rabia. Y en su vida hasta ahora ha primado el constante propósito de desmentir ese horóscopo.

Líneas más abajo -en el apartado Compatibilidad entre Signos- leyó también que, bajo ningún concepto, tuvieran que ver con Sagitarios, gente desconfiada y soberbia… Y tampoco en esto hizo caso. Pero es que basta con que a un Capricornio le sugieras algo para que se empeñe en llevarte la contraria. Ya sabéis: los Capricornios son así. ¿Vale?

martes, 22 de mayo de 2012

Contra los berreaderos (Huelga en cama)


Berreaderos. Así llamaban en nuestro siglo de oro a las casas de las gentes más humildes, donde se hacinaban piaras de chiquillos… Pienso en esa denominación ante el espectáculo de algunas clases de 1º o 2º de ESO, especialmente esas en las que coinciden diez o doce repetidores de curso que saben que promocionarán por imperativo legal. Seis horas y media al día berrean, trastean o bostezan… A las ocho y cuarto bostezan, a partir de las diez y cuarto trastean, berrean y se pelean (juegan a pelearse), o teclean a ciegas bajo la mesa… Juegan porque saben (en realidad, no saben) que nada se juegan.

Yo hoy no estoy en huelga para defender el statu quo de la escuela pública española. Estoy en huelga contra los berreaderos y contra esos centros de internamiento matinal, enrejados, algunos de dimensiones insensatas y angustiosas, de prestancia rancia o prefabricada… Ya que estoy, diré más cosas contra las que estoy.  Y por las que estoy en huelga:

Estoy en contra de invertir menos dinero en la escuela pública: necesitamos más profesores (psicólogos y educadores sociales)  y más escuelas, para que las que ahora tenemos disten de ser berreaderos, ¿cómo va a hacer falta menos dinero? Estoy en contra de la jornada escolar continuada: ni a las ocho y cuarto ni a las dos y media son horas de clases, sin haber desayunado apenas o con el estómago vacío o azul de gominolas. Estoy en contra de tantas asignaturas: ¡11!, de un currículo escolar inflado y contradictorio… Estoy en contra de que tantos alumnos no encuentren oferta de formación profesional suficiente y se vean obligados a penar en el bachillerato. En contra de este espejismo de atención a la diversidad… Estoy en contra de la promoción automática de curso, sin medir rendimiento alguno, disuasoria del más mínimo esfuerzo, des-educativa a más no poder… Y en contra de la titulación en ESO con tres, con dos o con una asignatura suspensas. De lo poco que comparto con el actual ministro del ramo es la perplejidad ante el hecho de recibir certificado (banda, orla, cena y pompa) sin haber alcanzado objetivos, pero sí competencias, je… Esto es de derechas, aquello de izquierdas… Je, otra vez.

Reclamo centros de dimensiones humanas (en las que todos nos conozcamos), clases a partir de las nueve, cinco por la mañana y dos por la tarde, si fueran necesarias, dentro de una jornada flexible, agrupable en tramos de dos o tres horas o de cuarenta y cinco minutos, depende… del día, del proyecto o de si la educación es física o matemática, histórica o de idiomas, teatral o audiovisual o alimentaria. Clases a partir de las nueve pero profesores reunidos desde las ocho, a diario, planificando la jornada, coordinando estudios, agrupamientos y tareas. Estoy en contra de los profesores apáticos como yo. Y de los profesores autoritarios, como yo. Estoy en contra de situar la disciplina por encima del afecto. Y de que a los profesores nos conviertan en meros vigilantes. Estoy a favor de la profesionalidad y de la implicación en el oficio (y a favor de la pizarra digital), pero no a costa de perder la salud física o mental, de sacrificar la vida en el empeño. Ya sé, ya sé. (Es que tengo fiebre.) Esto es inviable. Choca con el modelo social impuesto, el Gran Berreadero. Choca con el interés de los profesores y de los padres (pero no con el interés educativo de los niños, he ahí la cuestión). Estoy en contra de cualquier modelo socioeconómico que impida que padres e hijos se disfruten (y se sufran) y que, finalmente, convierte a las escuelas en centros de almacenaje, depósitos de criaturas, berreaderos.

Estoy a favor de la educación en la escuela pública, ensayo general de la sociedad. Y no estoy a favor de la educación en casa: debemos obligarnos a mezclarnos (aunque qué raro que lo diga yo, que suelo enroscarme en un caparazón). Estoy en contra de la desconfianza preventiva de las familias hacia los docentes. En contra de la falta de cultura (sin necesidad de entender que “cultura es ver una película polaca sin tragarse la lengua”, según la definición de José A. Pérez) y en contra de la mala educación (también de esa truculenta película de Almodóvar). Y a favor de la buena, que –de entrada- es la que cuenta con profesores y recursos suficientes.

Vuelvo a tener fiebre. No me hagan mucho caso. Amígdalas inflamadas. Cuerdas vocales incendiadas. Mi herramienta de trabajo, averiada. Yo hoy estoy en huelga, aunque desde la cama, como Lennon sin Ono. Bajo una pancarta colgada donde antes solían los crucifijos, y en la que puede leerse: La educación es lo primero. Que, en otro lado, busquen el dinero. (Ay de las rimas consonantes, ay de los hipérbatos y de los ripios…).

Yoko sí está gritando por esas plazas. A ver si va viniendo y me pone un trapito húmedo sobre la frente. Imagine all the people, leaving public Education to live… Adelante, compañeros (es decir: profesores, alumnos, padres, gente). Adelante, compatriotas: La educación es un derecho irrecortable

Sube la marea.

viernes, 4 de mayo de 2012

El corte


...de mangas, donde todo son gangas, decía una publicidad inventada en una lejana parodia de Gomaespuma. Hace muchos, muchos años. Qué antiguo es eso del corte de mangas, ¿no? Y qué raro como celebración de una victoria deportiva. ¿No?

¿Quién lo inventaría? ¿Y por qué? Creo que es un heredero de la “higa” contra el mal de ojo. Luego, el dedo corazón asomando de un puño cerrado devino símbolo fálico: por no mostrar el auténtico, se exhibía el dedo enhiesto como muestra de orgullo propio y desprecio ajeno. El entrenador del equipo campeón de liga sabe de lo que hablo: si gana te enseña ese dedo, si pierde te saca un ojo… con ese dedo. Ejemplo de elegancia y deportividad. Ahora uno de sus cachorros más aventajados, ya saben el de “soy tan rico, soy tan guapo…”, como se ha puesto muy contento porque soy tan rico, porque soy tan guapo y porque he ganado y tú no… ha recurrido a la antigua higa en su versión más reciente y pueril: la de patio de colegio.

jueves, 3 de mayo de 2012

Ozil


Ozil  pisa el balón y gira sobre sí mismo. Triangula con Benzemá una carambola de billar, avanza tres pasos y se detiene. Ozil tiene la mirada lánguida, vencidos párpados pa’ que no sepan qué está mirando… Con un toque sutil del empeine se fabrica un regate largo: eleva el balón sobre el costado izquierdo del defensa que le sale al paso y arranca en carrera por su lado derecho. Fintando con la cadera sortea tres contrarios, balanceando el cuerpo como un surfero sobre una tabla invisible por un mar de hierba…

Ozil tiene diecisiete años y es negro como el café (en realidad: naranja oscuro nos informa el ojo electrónico de Neil Harbisson). Ozil usa camiseta negra con su apellido impreso y un 10 dorado a la espalda. Ozil nació en una aldea de Senegal. Y todas las tardes juega a futbito en el parque de El Ejido con un estilo… que parece Ozil.

Ozil golpea la pelota con su pie izquierdo y acierta a colocarla entre las dos piedras que hacen de postes de una mini portería. Gol. Como quien emboca un putt.