martes, 17 de abril de 2012

Las fuentes de Roma

Con tritones. Con águilas y dragones. Y con ranas. Con tortugas que lanzan al aire unos niños. Con una loba nodriza. Con dos victorias aladas. Con tres náyades mojadas. Y una seca. Con caballo encabritado. Como barcas o toneles. Con columnas, escalinatas, blasones. Con conchas y mascarones. Grotescos. Con cuatro libros antiguos, con caballetes de artistas, con obeliscos egipcios. Con estatuas fastuosas o muy modestas del ghetto. Con glicinas. Con caballotes marinos, con leones capitolinos, con babuinos, con un moro y dos delfinos, en el pozo mamertino, con ánforas de travertino, que en vez de agua vierten vino… Con el Río de la Plata, con el Ganges, con el Danubio y el Nilo. Con gorgonas, con Neptuno, con sirenas y cupidos, con diosa con lanza y yelmo... Con Moisés.

(Y con birra Nastro Azzurro.)

Roma es un homenaje al agua, me dijo Noelia antes de venir… Y cuenta Josep Plá en sus Cartas de Italia que era un placer caminar en la madrugada por las callejas adoquinadas y desiertas del centro storico, escuchando el rumor de la fuente que se aleja, de la fuente que se acerca… Placer que me he perdido porque ya no camino en la madrugada (ahora duermo por las noches) y porque sospecho que la juerga permanente del turismo nocturno hará inaudible, hoy día, esa sensación.

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