Yo siempre he sido muy torpe para la chapuza doméstica. De modo que asumo con escepticismo la reparación de una persiana que ni sube ni baja. Abro la tapa de la caja del tambor y compruebo que están partidas las dos correas metálicas que la sujetan al rulo. (Pero qué fuerza tiene esta mujer…) Compro dos nuevas en Persianas Fernández. Las encajo y deslizo lateralmente por las pestañas de la última de las lamas, las engancho a las ranuras, cuidando de que queden a distancia compensada, tiro de la cinta y… ni sube ni baja.
Googleo: “reparar persiana” y encuentro en la red un buen puñado de vídeos que muestran el proceso y mi error: la cinta ha de pasarse arriba casi en su totalidad, girando el rulo, para que tenga recorrido. Claro, ¿no? Pero no para mí: volved a leer la primera frase. El caso es que no dejo de asombrarme: En esta aldea global hay un montón de vecinos que han previsto mi problema y se han preocupado –preventivamente- de ayudarme a encontrar la solución. Ventajas de compartir el conocimiento. Gracias.
Tengo fiebre.
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