Ahora que arrancamos trimestre a mis alumnos de bachillerato les advierto de los riesgos de la procrastinación, menudo palabro, el castellano posee un rico vocabulario, les digo, es una pena perdérselo, es una pena explicarse como un concursante de Mujeres y Hombres o al revés…
Procrastinar es consolidar el peligroso hábito de postergar eternamente lo-que-hay-que-hacer, el “dejarlo para mañana…” del refranero español. Por pereza o por miedo.
1. No seré yo quien condene la pereza: dejarse llevar por ella de cuando en cuando es muy saludable. Pero vivir siempre perezoso…
2. A priori tendemos a sobredimensionar el esfuerzo que requiere cualquier tarea, pero una vez afrontada, no pareció tan difícil la ascensión… Y la confianza en nuestras propias capacidades también asciende.
Una cabeza repleta de tareas inconclusas provoca saturación mental y merma de autoestima. Algunas podrían resolverse en unos pocos minutos. Hazlo. Ahora. Otras necesitan trocearse.
Así que conviene empezar cuanto antes a tajar y deglutir el filete o corremos el riesgo de atragantamiento e indigestión hacia mediados de marzo, primero, y hacia mediados de junio, al fin.
Laura García Agustín lo cuenta muy bien aquí.
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