lunes 12 de diciembre de 2011

Cosechando subvenciones

Veo en La Sexta Salvados, tal vez el mejor programa en la actual parrilla de televisión. Este episodio se titula "Cosechando subvenciones" y trata de la agricultura en Andalucía.

Comienza con unas palabras mitineras del político catalán y catalanista Durán i Lleida. Y termina con una entrevista al terrateniente Cayetano Martínez de Irujo, del ducado de Alba.

A Durán i Lleida le parecen mal las ayudas al campo andaluz. En su opinión, las pagan los catalanes. A Cayetano le parecen mal las ayudas al campo andaluz: ¿los tres millones de euros que recibe la casa de Alba de la Unión Europea? No. Le parece mal el subsidio al jornalero.

Durán i Lleida grita mucho y pone cara de muy enfadado para decir que no le gusta una agricultura subsidiada, pero la banca subsidiada no le hace perder el sueño ni la voz. Cayetano preferiría que no fuera el estado quien subvenciona; preferiría ser él, como en tiempos de su padre –dice- el que diera un sobrecito navideño a los jornaleros que se lo merezcan, que lo agradecerían besándole los nudillos (lo de los nudillos no lo dice, lo supongo yo, lo del sobre sí: ¿no es increíble?). Cayetano no recuerda haber visto la película "Los santos inocentes". De leer la novela o la historia de España, ni hablamos… No se cuestiona el origen del patrimonio heredado. Se queja de la presunta indolencia del trabajador andaluz y se llama a sí mismo empresario, pero un empresario ha de emprender, y él parece limitarse a tener la tierra y a cobrar las correspondientes ayudas que tanto le molesta que reciban los trabajadores. Y a "defender el pan" (sic), en las 25.000 hectáreas que poseen, de 250 familias, "más de las que deberíamos, estamos haciendo esfuerzos para no echar a algunas…"

A Cayetano le habría gustado vivir en la Edad Media, sigue diciendo. Y muchos estamos de acuerdo: personajes de esta estirpe deberían haberse quedado en la Edad Media. “Cayetano es un Lannister”, escribe un tuitero. Pero eso es elogiarlo demasiado: los Lannister (de Juego de Tronos) son individuos complejos, inteligentes y Cayetano no es más que “un tonto con posibles”, por emplear una expresión de tiempos de su padre.

Cayetano es un ejemplo antológico de cómo una vida absolutamente acomodada desde la cuna, sin el menor estímulo intelectual, puede hacer estragos en un cerebro humano. (También hay ejemplos de lo contrario, seamos escrupulosos.) Está muy dolido con que no se valore suficientemente en España lo bien que ha llegado a montar a caballo…

Durán i Lleida parece un tipo encantado de conocerse. Uno lo imagina ante el espejo, ajustándose el nudo de la corbata en la habitación del hotel de cinco o seis estrellas en el que vive, bajando a desayunar al restaurante de varios tenedores (confortablemente sentado en una mullida butaca bajo la bóveda acristalada, degustando un pa amb tomàquet, limpiándose de la comisura de los labios un restillo de aceite de oliva cordobés), y escribiendo discursitos en los que asegura que los andaluces se pasan el día en el bar y que a esas cañas invitan los catalanes, unas declaraciones que a él no le suenan demagógicas… O escribiendo que le parece que hay demasiados mohammeds en Cataluña y demasiado pocos jordis, unas declaraciones en las que él no llega a percibir el tufo xenófobo… Durán i Lleida es un irresponsable: agravia haciéndose el agraviado. Por arañar un puñado de votos, alimenta el prejuicio y el enfrentamiento.

Ya cansa el tópico sobre la perpetua fiesta andaluza. Fomentado en anuncios como “todos necesitamos un poco de sur…”, como si en el sur no se trabajara, como si en el norte no hubiera fiesta… “Yo no sé cantar ni bailar”, dice un jornalero en la peña bética de El Coronil.

“El subsidio es un mal menor, es una ayuda para alimentar a las personas, y para fijar a la gente al territorio, para que no se despueble como ha ocurrido en otros lugares, en Castilla León… Pero las manos no deberían servir para pedir, sino para trabajar”, dice Diego Cañamero en el programa. Y en una carta abierta a Durán i Lleida, que puede y merece leerse completa en la red: “Usted sabe bien que el PER y los subsidios son un insulto a los jornaleros/as, siempre hemos defendido que el dinero público fuera a cambio de trabajo, respeto y dignidad. (…) Si tanto le molesta el PER de los jornaleros/as, ¿por qué no defiende la reforma agraria (un 2% de propietarios posee el 50% de toda la tierra de Andalucía) que supondría el fin de este subsidio?”

Produce tristeza la entrevista de Jordi Évole con ese chaval de 18 años resignado “a dar palos” (a los olivos) porque “no le gusta estudiar”. Es triste que las expectativas en la vida de tantos jóvenes andaluces no vayan más allá de comprarse la moto con el primer sueldo en la obra (ya no hay obra) o en el chiringuito. Triste, quiero decir, si “no gustarle estudiar” significa que no tienen la más mínima aspiración por mejorarse y mejorar la tierra en la que viven.

Conozco a muchos jóvenes andaluces a los que sí les gusta estudiar o a los que quizá no les motiva el plan educativo que les proponemos, pero han crecido conscientes de que es importante para ellos una buena formación, que podrá abrirles puertas laborales en el futuro, y que les abrirá la mente… (Aunque Durán i Lleida ha estudiado –Derecho, me parece- y se le está cerrando, en fin.) Conozco a muchos jóvenes andaluces estudiando ingenierías, ciencias biológicas, químicas, económicas, educación física, cinematografía, periodismo y hasta lenguas asiáticas y africanas. O la historia que Cayetano ignora. Gente que debería poder encontrar un trabajo en su tierra si así lo desea, aportando sus conocimientos al desarrollo de su región. Gente con curiosidad, con ambición intelectual, con ganas de aprender, con el cerebro activado, trabajadores… y alegres, sí. Gente del sur.