miércoles, 9 de noviembre de 2011

Segovia, Bilbao, Madrid

En el Café Comercial de la Glorieta de Bilbao charlé una tarde con el poeta Tomás Segovia, una conversación de la que no recuerdo nada, ¿será posible?

Supongo que hablamos de Rejano, porque se trataba de invitarlo a que participara en el Congreso que sobre el poeta de las alas de tierra se iba a celebrar en Córdoba, en el otoño del año 2000. Sólo recuerdo su imagen sentado de espaldas a un espejo, bigote blanco, gafas redondas, porte elegante, hablar pausado. Y la sorprendente pregunta que el camarero nos hizo cuando se acercó a servir nuestras consumiciones: ¿Habéis visto a John Malkovich?

Al parecer John Malkovich, que rodaba entonces en España su primera película como director, Pasos de baile, acababa de tomarse un café en la barra del Comercial.

De modo que recuerdo aquel día como el día en que no vi a John Malkovich y el día en que no escuché a Tomás Segovia, que acaba de morir. Descanse en paz. Seguro que lo hará. Aunque, si pudiera, es probable que -sobre otras cosas- echaría de menos "la garganta anfractuosa de tu sexo alpino". Estos poetas...

Algo debe morir cuando algo nace;
debe ser sofocado, y su sustancia
chupada para ser riego o lactancia
en que otro ser su urgencia satisface.

No habrá otra hora pues en que te abrace
mientras muerdo en la cándida abundancia
de tus dos pechos; no habrá ya otra instancia
en que tu cuerpo con mi cuerpo enlace;

no penetraré más en la garganta
anfractuosa de tu sexo alpino.
Tú a otra luz amaneces; yo declino.

Mi degollado ardor tu altar levanta,
mi reprimida hambre te alimenta,
y el yermo de mi lecho te cimenta.