domingo, 6 de noviembre de 2011

No al aborto

La ciencia no tiene dudas respecto a que un embrión es vida. Pero es que un óvulo sin fecundar también lo es, es una célula. Vital, por tanto. Lo que es más discutible es que podamos considerarlo una vida humana. Para que esa vida sea una vida humana quizá necesite algo más de experiencia y, en todo caso, eso más que una cuestión científica es una cuestión ontológica… y jurídica. Porque si consideramos que un embrión es una vida humana, un aborto sería un asesinato, penado con cárcel o algo más (dependiendo de cada código penal). No sé si un embrión es una vida humana. Lo que está claro es que potencialmente podría serlo. No podemos saber de qué tipo. Quienes argumentan que cada embarazo interrumpido podría haber sido un artista (un Beethoven, dicen) o una magnífica persona, encuentran fácilmente respuesta en que también podría haber sido un Hitler o un Stalin (y entonces no habría estado mal que nos los hubiéramos ahorrado). De antemano, qué sabe nadie…

No necesito que me muestren fetos reventados para posicionarme sobre este asunto. No estoy a favor del aborto. Pero sí a favor de que se legisle sobre este asunto. Y radicalmente en contra de que se encarcele a mujeres o médicos por este motivo. Los que exhiben esas fotos macabras en pancartas o en webs deberían pararse a pensar que suponen, además de una truculencia, una intolerable falta de respeto hacia esa vida humana, puesto que así la consideran, hacia esa persona, hacia un menor muy menor

En España la anterior ley situaba el asunto en terreno muy concreto: si la vida de la mujer corre peligro, ¿la sacrificaremos?, si una mujer ha concebido como consecuencia de brutal violencia, ¿la forzaremos?, si el feto tiene malformaciones que harían inviable su vida, ¿lo condenaremos a ese sufrimiento?

La nueva ley aprobada hace algo más de un año establece un plazo. Parte de la consideración de que el embrión es vida, pero aún no un ser humano, ampara el derecho de las mujeres a decidir responsablemente sobre su reproducción, el derecho a no tener un hijo si sus circunstancias de vida no le permiten criarlo y educarlo, y a interrumpir su embarazo, si así lo desea, en hospitales públicos, en las mejores condiciones sanitarias posibles y no de manera clandestina: ¿o queremos regresar al aborto descrito en Tiempo de Silencio, la novela de Luis Martín Santos, en una chabola insalubre, o al que muestra la película 4 meses, 3 semanas y 2 días, mujeres sometidas al chantaje y al abuso…?

Y, en cualquier caso, se hace necesario recordar que la ley no impone la obligación de abortar.

De plazos o de casos casi todos los países del mundo legislan sobre el derecho al aborto. Rajoy también lo hará.

Entre otras cosas porque, desde la puesta en marcha de la nueva ley (y frente a ciertas opiniones desinformadas) se da una interesante paradoja: ahora que es más fácil abortar, hay menos abortos…

Menos abortos y más tempranos

La Educación para la ciudadanía y los condones algo tendrán que ver.

“Las leyes contemporáneas de las democracias avanzadas no pretenden zanjar todas las disputas morales, sino impedir que lo que unos consideran pecado deba convertirse en delito para todos.” (Fernando Savater)