sábado, 1 de octubre de 2011

La mosca y la herida

Una mosca recorre una imagen en el visor de una videocámara… (si no has visto ‘No habrá paz para los malvados’ tal vez no deberías seguir leyendo: soy el hombre que contaba demasiado…), en la que tres tipos encapuchados y armados proclaman con orgullo ser responsables de una matanza, abusando de la invocación de uno de los nombres de Dios.

Santos Trinidad es un héroe turbio. De esos con muescas sangrientas en su pasado. Bigote, botas, andares y manejo de pistola cual sheriff de spaghetti-western. Un tipo acabado que toca fondo en un burdel a punto de cerrar, y cuyo tránsito por la película es un esfuerzo por eliminar el cabo suelto.

Thriller pausado e intenso, en el que la aproximación al asunto central echa a andar a partir de una equivocación, del azar. Me gusta este tipo de cine en que el director nos permite saber más que los protagonistas (regla de oro del suspense), en el que no nos lo cuentan todo, y en el que tras el plano final uno aún puede tratar de anudar hilos… Me gusta este cine valiente que afronta, de manera inteligente y oblicua, y con coartadas de género negro, nuestra mayor tragedia colectiva reciente.

La vida transcurre ajena a la amenaza de “personajes anónimos, ocultos, errantes, que habitan en el caos y cuyos pecados deciden nuestros destinos y conforman nuestro orden”, explica el director, Enrique Urbizu. Y supongo que es bueno que así sea, mejor vivir sin alimentar fantasmas, aunque sean reales, mejor vivir sin miedos. Todos ajenos a la amenaza, excepto quienes tienen la responsabilidad de saberlo y de tratar de impedirlo, y esta película parece querer mostrar que las conexiones mafiosas, movidas por el mutuo interés concreto y práctico, y por la falta de escrúpulos, funcionan mejor que las policiales, lastradas de egos y burocracias. Pero es tan fácil matar y tan difícil evitarlo… A veces sólo la casualidad puede.

Las notas del director también aclaran que el título remite a un pasaje bíblico, del profeta Isaías: “No habrá paz, dijo mi Dios, para los malvados”. No habrá paz, dice el Dios del Antiguo Testamento, los perseguiremos hasta el día del Juicio Final. Pero creo que estos malvados fanatizados suelen tener la conciencia tranquila, suelen sentirse en paz, confortados en la idea de estar ganándose el Cielo en justas y santas batallas. Creo que son los buenos los que no encuentran paz tras la muerte violenta de un ser querido.

Una mosca bebe sangre de la herida en el costado de Santos Trinidad, mártir sin querer, cordero de Dios sacrificado, muerto por nosotros… quizá inútilmente.