viernes, 7 de octubre de 2011

Esputo

“Guadalupe, escupe, que t’has tragao un pelo”, le decía el Pirulí a la Chica del Gato en una comedieta de Carlos Arniches. Y se lo decía por aquel frenillo al hablar… Pero de buen rollo. O, al menos, a ella no le molestaba. Viene aquí esto a cuento por los pelos, porque me ha dado por preguntarme qué provocará esa compulsiva necesidad de escupir en casi todos los varones, y alguna que otra mujer, que convivimos en esta soleada y ventosa ciudad mediterránea. Será, efectivamente, que nos hemos ‘tragao’ un pelo o pelusa, o una hebra de tabaco para liar, será el aire arenoso que respiramos, será polvo de perlita, será la humedad del mar, será espuma de cerveza… será una alergia inconcreta, a qué se debe tanta salivación, qué provocará esa mucosidad en el gaznate que, naturalmente, una vez elevada al velo del paladar hay que expeler ruidosamente, como quien arranca un coche. Esputar. Y no sólo en los parterres y arriates, también en una papelera o en la acera, donde caiga, en un capó o en un gato o en el propio zapato o en zapato ajeno. Hombres de toda edad y condición, credo, raza o etnia, filiación política o futbolística, suelen escupir a derecha o a izquierda, pero siempre a favor de viento. Quien, descuidado, probó en contra una vez, aprendió de una sola vez por qué no debía volver a hacerlo. Expectorar. ¿Habrá un efecto imitación como con los bostezos?

Aquí, excepto Guadalupe, todo el mundo escupe… Vaya, con tanto recrearme en el asunto se me ha subido una flemilla a la úvula… Zuag.