viernes, 14 de octubre de 2011

El paradigma pacifista

¿Por qué es ilegal cultivar marihuana y legal la producción, distribución y comercio de armas de fuego? Cuando esto último es, evidentemente, mucho más perjudicial para la salud de muchos. Las armas ¡se utilizan para matar gente!

Las armas con las que el psicópata entra en el colegio, las armas con las que el ladrón dispara al dueño de la tienda, las armas con las que la banda mafiosa somete a los campesinos, las armas con las que se arrasa el pueblo vecino, las armas con las que se reclutan forzosamente niños soldados, las armas con las que se violenta a las mujeres, las armas con las que el grupo terrorista vuela un mercado, las armas con las que el ejército bombardea una ciudad… las armas utilizadas en todos los crímenes no han sido fabricadas en talleres clandestinos, sino en empresas que se publicitan con su código de identificación fiscal. A la vista de cualquiera. Sin pudor. ¿No es escandaloso?

Propongo cambiar el paradigma belicista en que vivimos. Propongo prohibir la fabricación de armas de fuego. Claro que, para vigilar que no se fabriquen armas, sería necesario un cuerpo policial… armado. Aquí hay una contradicción que tengo que resolver. Déjenme que siga pensando… Los capones. Eso siempre ha funcionado: tú le pegas un capón a un tío, en el cogote, con el nudillo encogido del dedo corazón, y se le quitan las ganas de engrasar la escopeta.

Y luego está la caza… Pero las armas pueden utilizarse en nobles actividades deportivas, ¿qué pasa con los pobres cazadores?, ¿a qué van a dedicar los domingos de temporada por la mañana? También para eso tengo una respuesta: podrían entretenerse en actividades cazadoras igualmente sangrientas, como el parchís.

jueves, 13 de octubre de 2011

Micromicroteatro: "¿Y qué...? ¡Ah!"

MARIDO (mareado en Ikea): “Exactamente, ¿qué es lo que buscamos?”

(Mil quinientas personas lo rodean. Acaba de dirigir esa pregunta hacia una mujer que no es la suya, una mujer a la que ni conoce… En el hilo musical suena ‘Californication’ de Red Hot Chili Peppers)

* * *

Refrán en consecuencia: “Estás más despitao que un varón blanco español de mediana edad calvo obeso heterosexual y casado en la sección de menaje de cocina del Ikea”.

miércoles, 12 de octubre de 2011

El arte de la brevedad

No tengo twitter, pero cualquier día me hago. Me gusta lo breve, los aforismos de Gracián y los pecios de Sánchez Ferlosio. Y me gusta el ingenio de algunos tweets, como los que escribe este que se hace llamar El Barón Rojo y tuitea desde La Coruña. Aquí pongo unos cuantos:

Con tanto fumador en la puerta cuando salgo de un bar me parece que voy a cantar en "Lluvia de Estrellas”

Meter tripa es la liposucción de los pobres

Para entenderse a veces hay que hablar menos y escuchar, Mas

No hay como tragar orgullo para cagar dignidad

Sabes que has madurado cuando dejan de ponerte verde y empiezan a querer que te pudras

Los portugueses al jamón lo llaman presunto. En España llamamos así a los chorizos

Nunca habéis sentido como un escalofrío mientras estabais meando... Pues eso es que estabais pillando el WiFi

Viendo lo flacos que están los egipcios no me extraña que no quieran seguir con el régimen

Trabajar es la manera más rentable de perder el tiempo

@…

Confiesa que alguno está tomado de Los Simpson y el de hoy de Gila…

Una nación es un país al que los militares llaman Patria

…pero acaba pidiendo o no perdón:

Lo siento pero no soy de los que se disculpan

martes, 11 de octubre de 2011

¡Puta guerra!

Leo un cómic bélico, pero muy poco épico. No hay superhéroes aquí. Ni siquiera héroes. Lo que hay, sobre todo, son muertos. Explosionados, tiroteados, fusilados o suicidados, atravesados a bayoneta, abrasados por el gas mostaza o con los pulmones encharcados por la gripe “española”. Y hay tullidos y mutilados… inválidos. Con la cara destrozada por la metralla, sin ojos o sin piernas o sin manos… ¡Puta guerra! es su título (Norma Editorial, 2010). Y sus autores: Jacques Tardi , del dibujo, y Jean-Pierre Verney, del guión. Es una sucesión muy realista de viñetas que cuentan la Gran Guerra, a la que llamamos después Primera Guerra Mundial porque hubo una Segunda. Ordenadas cronológicamente: 1914, 1915, 1916, 1917, 1918, 1919. Caben muchos días de guerra en esos años. Caben muchos muertos. 10 millones de muertos. Estremecen las estampas individuales del comienzo del año 19, en las que el narrador, como un Dios ajeno, anticipa el futuro a estos condenados. Por ejemplo:

“Evacúas, sola, a tu hermana y a tu hermano. Tus padres han muerto. El ruido del cañón oculto en el bosque te espanta. Por eso has decidido escapar de la zona de los combates, tan próxima. Te llevará tiempo, pero conseguirás ir a París a pie, con tus hermanitos. Tienes la dirección de una de tus tías, que es portera. Os alojará con ella en la portería, y será un obús lanzado por el gran cañón escondido en el bosque, a más de cien kilómetros, el que os matará a los tres en la portería de tu tía, en la calle de los mártires.”

“De civil eras relojero en Colonia, y te desesperas en ese rincón podrido de Francia. Pero vete a saber por qué dentro de diez segundos ahí será el infierno. Te salvarás de los obuses, serás capturado por tiradores argelinos que te arrancarán las charreteras para guardarlas como recuerdo, pasarás mucho miedo, pero tendrás suerte. Tu hora no ha llegado todavía.”

“Es al menos la quinta vez que empiezas a escribir esa carta a tu madrina de guerra. Desde que te envió su foto, no sabes qué hacer. Tienes tantas cosas que decirle, y es tan difícil y duro escribir sobre lo que pasa. Demasiado para un cazador que apenas saber leer, y se limita a obedecer. Dentro de poco te destinarán a primera línea y no tendrás tiempo ni de dársela al cartero, esa carta por fin terminada.”

“Durante cuatro días estuviste soportando fuego enemigo, junto a tu compañero, acercándole a la boca unas galletas en el extremo de un palo. No se le podía sacar con cuerdas del cráter en el que estaba sin poner en riesgo su vida. Erais del mismo barrio, currabais en la misma fábrica, os alistasteis el mismo día. Cuando tu compañero bebió su último trago de barro de Flandes, te sumiste en la locura y la cabeza se te quedó colgada en la batalla de Passchendaele.”

Casi un siglo después, nada ha cambiado. Hay novedades tecnológicas pero la carne de cañón la siguen poniendo los mismos. No hay guerras justas. No hay guerras de liberación. Hay guerras de poder. Hay guerras de ambición. El Premio Nobel de la Paz bombardea Afganistán y el promotor de la Alianza de las Civilizaciones la entierra bajo un escudo antimisiles. Gervasio Sánchez, fotógrafo cordobés, reportero en zonas de guerra, dice que sigue viendo la bandera española en mucha de la munición con que se ceban las guerras del mundo. Es la economía, estúpido. Y es el trabajo. De algo hay que vivir. Por ejemplo, de que otros mueran.

lunes, 10 de octubre de 2011

¿Rigor periodístico? Bueno... Tenemos otras prioridades

A cuenta de un asunto que tiene ver con el coche oficial del ministro de Fomento en una gasolinera gallega, a la que al parecer acudió para algo más que repostar, en una tertulia radiofónica casualmente escucho al director de El Mundo recordar que su periódico publicó una vez que Mª Antonia Trujillo, la ministra de Vivienda del primer gobierno de Zapatero, se había construido un despacho de 77 metros cuadrados de superlujo. En la redacción de la noticia, publicada sin firma el 22 de abril de 2005, se aclara que no se había recabado la versión oficial del ministerio, lo cual no impidió describir el despacho con detalle: “diseño espacioso, decoración minimalista de inspiración zen…”, anotar el presupuesto: 37.000 euros, y adjuntar un gráfico (con sus mesas Jolly, sus sofás Oakland, sus librerías Progetto, sus lámparas Glo-Ball… y hasta con un avatar de la propia ministra hablando por teléfono… quizá con el director de El Mundo). Eso le servía al periódico para componer un elocuente contraste con la propuesta del ministerio de impulsar la construcción de viviendas de protección oficial de pequeño tamaño, entre 25 y 30 metros cuadrados, en régimen de alquiler económico, pensadas como casa transitoria para jóvenes, con el objetivo de facilitar su independencia… como sucede en los países nórdicos más avanzados en este y otros asuntos.

La propia ex ministra confirma (como no es rencorosa, comparte con él tertulia radiofónica) que lo llamó para decirle: ven a verlo. Y el despacho resultó ser bastante austero. Y el periódico publicó una pequeña rectificación: es un error, cualquiera puede cometerlo y tal…

Pero lo que yo entiendo es: “Nosotros publicamos noticias sin exigirnos mucho rigor, sin contrastar la información, guiados por nuestra intuición o nuestra imaginación, nos dejamos llevar por el chivatazo interesado, si coincide con nuestra línea editorial. Y por el sensacionalismo, esto es un negocio, se trata de vender… la verdad, bueno, ya saben lo que dicen: no dejes que la realidad te estropee una buena noticia. O mala. Nos gusta jugar a martillo de corruptos. Aunque golpeamos más en unos clavos que en otros… desde nuestra independencia, claro. Luego esperamos que sea el aludido, el escogido por nuestro dedo acusador, el que nos desmienta. Entonces matizamos. Aún así, no siempre damos nuestro brazo a torcer. Y alguno se muere sin haber podido leer nuestra rectificación. A eso lo llamamos periodismo de investigación.”

La memoria política de Mª Antonia Trujillo, seis años después, sigue asociada a aquella frase que tomó prestada de Salvador Allende para definir esos apartamentos: “soluciones habitacionales”. Causó rechifla. Sigue asociada a su impotencia para organizar ese Servicio Público de Alquileres (el lobby inmobiliario en connivencia con el bancario no están para bromas… los jóvenes lo que tienen que hacer es colgarse del cuello una hipoteca -alquilar es tirar el dinero-, porque al final-final, dentro de cuarenta años, la casa es tuya… si consigues comer cada día de esos cuarenta años, después de que te descontemos cada mes la excelente cuota de amortización…). Y sigue asociada al despachito. Un despacho que ningún redactor de El Mundo llegó a ver. Sólo el director… después.

Rigor periodístico, a menudo, parece un oxímoron.

sábado, 8 de octubre de 2011

Que viene el coco

Coco co co lesterol. Dicho así, temblando, o como si lo tratara de pronunciar Guadalupe (La chica del gato, ya les conté ayer). El coco es el coco para el colesterol. Quiero decir que para saturar sus niveles, los de colesterol malo, nada hay mejor, según el doctor Rente. Hasta tres veces puede leerse ‘coco’ bajo el rótulo: Desaconsejados. En el apartado Frutas, verduras y legumbres, en el apartado Frutos secos, y en el apartado Aceites.

Pero el coco es fruto de árbol, cocotero, gracioso nombre, es decir, un producto natural. Nada sintético o transgénico. Y, sin embargo, serviría como ejemplo para invalidar la ecuación lo natural = lo saludable. A veces lo natural puede ser una bomba: un coco es, básicamente, agua y ácidos grasos saturados (90%). Lo dicho, una bomba para quien tiene el LDL Colesterol por encima de 200.

La palabra coco tiene una etimología divertida. El nombre del fruto procede del fantasma -un fantasma portugués, por cierto- como define y precisa muy detalladamente el Diccionario de nuestras Academias:

coco1.

(De coco2, porque la cáscara del fruto con sus tres agujeros semeja una cabeza con ojos y boca, como la de aquel fantasma infantil).

1. m. Árbol de América, de la familia de las Palmas, que suele alcanzar de 20 a 25 m de altura, con las hojas divididas en lacinias ensiformes plegadas hacia atrás, y flores en racimos. Suele producir anualmente dos o tres veces su fruto. Del tronco se saca una bebida alcohólica.

2. m. Fruto de este árbol, que es de la forma y tamaño de un melón regular, cubierto de dos cortezas, al modo que la nuez, la primera fibrosa y la segunda muy dura; por dentro y adherida a esta tiene una pulpa blanca y gustosa, y en la cavidad central un líquido refrigerante. Con la primera corteza se hacen cuerdas y tejidos bastos; con la segunda, tazas, vasos y otros utensilios; de la carne se hacen dulces y se saca aceite.

coco2.

(Del port. côco, fantasma que lleva una calabaza vacía, a modo de cabeza).

1. m. Fantasma con que se mete miedo a los niños.

Y a los adultos, cuando el coco termina en colesterol.

(P.S. “lacinias ensiformes plegadas hacia atrás”, “flores en racimos”, “melones”, “carnes”, “dulces”, “cavidades”, “pulpa blanca y gustosa”… no me digan que no es sexy el diccionario…).

viernes, 7 de octubre de 2011

Esputo

“Guadalupe, escupe, que t’has tragao un pelo”, le decía el Pirulí a la Chica del Gato en una comedieta de Carlos Arniches. Y se lo decía por aquel frenillo al hablar… Pero de buen rollo. O, al menos, a ella no le molestaba. Viene aquí esto a cuento por los pelos, porque me ha dado por preguntarme qué provocará esa compulsiva necesidad de escupir en casi todos los varones, y alguna que otra mujer, que convivimos en esta soleada y ventosa ciudad mediterránea. Será, efectivamente, que nos hemos ‘tragao’ un pelo o pelusa, o una hebra de tabaco para liar, será el aire arenoso que respiramos, será polvo de perlita, será la humedad del mar, será espuma de cerveza… será una alergia inconcreta, a qué se debe tanta salivación, qué provocará esa mucosidad en el gaznate que, naturalmente, una vez elevada al velo del paladar hay que expeler ruidosamente, como quien arranca un coche. Esputar. Y no sólo en los parterres y arriates, también en una papelera o en la acera, donde caiga, en un capó o en un gato o en el propio zapato o en zapato ajeno. Hombres de toda edad y condición, credo, raza o etnia, filiación política o futbolística, suelen escupir a derecha o a izquierda, pero siempre a favor de viento. Quien, descuidado, probó en contra una vez, aprendió de una sola vez por qué no debía volver a hacerlo. Expectorar. ¿Habrá un efecto imitación como con los bostezos?

Aquí, excepto Guadalupe, todo el mundo escupe… Vaya, con tanto recrearme en el asunto se me ha subido una flemilla a la úvula… Zuag.