jueves, 1 de septiembre de 2011

La Esperanza no es inocente

“Los bancos han impuesto la expresión pedir un crédito para quien acude a la sucursal y conceder un crédito para quien lo entrega, cuando en realidad los créditos los compramos y nos los venden. El mero uso de pedir y conceder sitúa al cliente en una posición de inferioridad que le obliga a dar toda suerte de explicaciones sobre su vida e ingresos…” explica Alex Grijelmo en su libro La seducción de las palabras, en lo que constituye un clarísimo ejemplo de la falta de inocencia con que se consolidan los usos y los significados de las palabras. Otro ejemplo interesante podría ser que el Estado, al parecer, invierte en infraestructuras pero gasta en educación. De ahí que cuando llegan las vacas flacas se empiece recortando gastos… Durante cierto tiempo la izquierda proponía el reparto del trabajo como solución para parar el paro: cobrar menos para que trabajara más gente. La derecha parece haber encontrado una solución mejor: cobrar menos y que trabaje menos gente, concretamente menos profesores. Cualquiera puede entender que para mejorar la calidad de la educación en España son necesarios más profesores, no menos… Cuando lleguen las cifras de fracaso escolar no nos lamentemos.

La Comunidad de Madrid y algunas otras han decidido un incremento en el número de horas lectivas por profesor para dejar en la calle a más de mil. Para justificar el tajo en el gasto educativo, la presidente o presidenta (qué más dará) de la Comunidad de Madrid acaba de decir que: “…20 horas son en general menos de las que trabajan el resto de los madrileños”, dando por supuesto ante un micrófono y para toda España, que un profesor sólo trabaja esas poquitas horas a la semana, ¿de qué se quejarán estos cabrones? Esa declaración define a Esperanza Aguirre, respecto de este asunto, como ignorante o como hijaputa (por utilizar un vocablo de su repertorio habitual, utilizado aquí como sinónimo de malintencionada…). Me toca los cojones (sigo hablando en idiolecto Esperanza), es decir, me indigna bastante esa falta de respeto, la falta de reconocimiento social de los docentes, alentada hoy por doña Esperanza. Nunca me he quejado del dinero que gano, pero compruebo a menudo que la consideración social está directamente relacionada con el sueldo ingresado. Hace poco un funcionario municipal de un área tan baladí como Urbanismo -que trabó conmigo una sorprendente tertulia en sus horas de trabajo- me contó entre otras muchas cosas que el nuevo equipo de gobierno pensaba recortarles el sueldo un ocho por ciento en el apartado ‘productividad’. “Al final voy a acabar cobrando casi como tú…”, me dijo sin ironía. Un tipo que muy probablemente me triplica el sueldo, aun con ese recorte en ‘productividad’. Por si a alguien se le olvida en estos días de recortes educativos, tengo que recordar que el trabajo más importante de cuantos se pueden desempeñar es el de maestro, el de profesora… Aunque sus sueldos nunca lo enseñen.

3 comentarios:

Enric Morrow dijo...

Manolo, te voy a hacer publicidad de esto, en Fb y en el blog, por dos motivos fundamentalmente (o tres)

a)me gusta
b)estoy de acuerdo
c)me indigna

si te parece bien, of course..

Anónimo dijo...

Querido Manolo, no creo que los profesores de la enseñanza pública se vayan a herniar por trabajar dos horas, que por otra parte está en su convenio laboral. Los profesores de la concertada trabajamos 24 (damos 24 horas de clase) y hacemos todo (o más y probablemente, mejor) de lo que podáis hacer en la pública y además recibimos todas vuestras críticas (a eso se le llama solidaridad, compañero). ¡No sé de qué os quejáis!

Anónimo dijo...

"Los profesores de la concertada trabajamos 24 (damos 24 horas de clase) y hacemos todo (o más y probablemente, mejor) de lo que podáis hacer en la pública"

Si tan eficiente eres no sé cómo has podido ser tan gilipollas de no prepararte las oposiciones. ¡Ah! Es que eso caga mucho, ¿verdad?