jueves, 29 de septiembre de 2011

Si los gobiernos...

Si los gobiernos no pueden legislar para que una hipoteca no sea una soga al cuello, y si los de España no pueden cumplir el artículo 47 de la Constitución (que lo eliminen), si los gobiernos toleran la usura, y la persecución de los avasallados, si hay gente durmiendo a las puertas de edificios vacíos, durmiendo en cocheras, durmiendo en chabolas de plástico, si vivimos en un capitalismo de ficción (Vicente Verdú) con pesadillas reales, si hay cola en los contenedores de mi barrio, y eso que esto es primer mundo, si en el mundo hay alimento para todo el mundo (dice la ONU), pero somos incapaces de organizarnos para que todo el mundo coma, si prima el sálvese-quien-pueda (lo llaman realismo), si el comercio internacional es injusto, si se respalda a dictadores a cambio de suculentos contratos, y si los súbditos de esos países han de huir por persecución política o miseria económica para vivir en precario, para dormir a las puertas de edificios vacíos, en cocheras o en chabolas de plástico, para hacer cola ante los contenedores de mi barrio, y eso que esto es primer mundo, si hay ancianos abandonados y solos porque ya nadie considera valiosa su experiencia de vida, menesterosos porque los gobiernos escatiman su pensión, porque los gobiernos eligen inaugurar aeropuertos desolados y faraónicas ciudades-de-la-cultura, porque escogen antes ayudar a las cajas fraudulentas que a los necesitados, si cuando vienen mal dadas, los gobiernos prefieren cerrar bibliotecas a televisiones, prefieren expulsar a profesores y médicos antes que a asesores de confianza, colegas del partido, vamos, si los gobiernos no pueden administrar un sistema en que trabajemos todos, si los gobiernos no pueden garantizar una educación y una atención sanitaria de calidad (que no son gratis, que ya pagamos entre todos –entre todos los que pagan-, que parece mentira que haya que recordárselo a ciertos presuntos gobernantes), si los gobiernos suelen gestionar fatal el dinero que les confiamos, si los gobiernos despilfarran, si los gobiernos frecuentemente se enfangan en turbios asuntos de corruptelas y nepotismos, si las decisiones decisivas no las toma el consejo de ministros, sino opacas organizaciones mafiosas…

No a los gobiernos. ¿No?

sábado, 10 de septiembre de 2011

Una colcha de colores

La fachada de la casa está pintada de naranja, la puerta de verde y los postigos de blanco. Tiene un inclinadísimo tejado a dos aguas con espesa cubierta de paja veteada de musgo. A un costado, apenas separado de la calle por una coqueta valla blanca -una valla menos hostil que acogedora-, hay un jardín atestado de plantas de un verdor intenso. Y un diminuto invernadero.

La casa es pequeña y de techos tan bajos que Rosa tiene que andar por ella encorvada. Su dueña es una anciana de 84 años a la que no conocemos ni conoceremos (sólo que es muy bajita y que vive sola), pero que ha tenido la gentileza de indicarnos la maceta en la que esconde una llave para que podamos visitarla, aunque no esté ella, lo siente mucho, pero está en la península, celebrando el cumpleaños de uno de sus nietos.

También sabemos que es viuda de pescador. En el salón de la casa hay dos perritos de porcelana en el alféizar de una ventana que miran en direcciones contrarias: uno hacia la calle, otro hacia el interior. Es una señal de que el marino que la habitaba ya no vive en ella, murió. ¿Murió en el mar?, preguntamos. Se puede decir que sí, nos explican: ya jubilado, paseando por el puerto, tuvo un desvanecimiento y cayó al agua.

El código de señales completo es este: si las dos figuritas miran hacia la calle es que el pescador está faenando en el mar. Y si miran hacia la casa es que el marino duerme en ella. No es el caso de nuestra amable anfitriona –invisible aunque omnipresente en sus cosas-, pero nos cuentan en voz más baja que esta contraseña era utilizada también con la intención de franquear el acceso a algún amante.

El suelo de todas las estancias es de madera, cubierta con numerosas alfombras. Las paredes se revisten de papel pintado con formas vegetales. En el salón, repisas y aparadores se llenan de fotos familiares de distintas épocas, lamparillas, portavelas, candelabros, vasijas, azucareros, teteras, relojes, caracolas, piedras, trozos de madera, pinturas y más figuras de porcelana: gatos, osos y niños. Y una reina Margarita que no deja de saludar. Una mesita baja con revistas de costura o de actualidad y el mando a distancia del televisor de plasma. Sillas como tronos y un sofá en que se amontonan cojines, cobertores y colchas de fabricación artesanal.

La planta baja tiene una cocina-comedor que hace las veces de taller de costura y un escueto cuarto de baño, junto al vestíbulo, con un cesto para almacenar zapatos. A la planta de arriba se accede por una estrecha escalera, cuya baranda es un remo. Allí encontramos un dormitorio en el que cabe justita una cama y un cuarto trastero abuhardillado, que incluye un ordenador con webcam y conexión a internet. Y… sobre un sillón, una colcha tejida con lana de diversos colores encuadrados de negro. Puedo explicar el origen de esa colcha: componer una pieza con que terminar los restos de ovillos de lana que no darían para una bufanda o un jersey. Abriga y adorna, que diría mi abuela.

Sin ser científico dejo aquí anotada esta fórmula:

Viajar (en el espacio) 2.500 kilómetros dirección Norte, hasta el sillón de una casita naranja en una aldea de la isla de pescadores de Fano, situada en el flanco occidental de la Península de Jutlandia,

equivale a

Viajar (en el tiempo) treinta y cinco años atrás, en dirección a mi infancia, hasta la mecedora de una casa blanca de Montilla (Córdoba), donde mi abuela nos contaba cuentos y nos cantaba coplas.

El resultado final es coincidente: la “misma” colcha de lana negra enmarcando cuadrados de retales de lana de muchos y alegres colores.

martes, 6 de septiembre de 2011

Queremos caber

(apuntes para un manifiesto frente a la masificación de la educación secundaria en El Ejido)

En el IES Murgi de El Ejido, como no cabemos, el 2º de PCPI tuvo su aula el pasado curso en la mitad de la mitad de un módulo prefabricado. Como no cabemos no pudimos desdoblar algunos grupos de 1º de ESO que lo habrían necesitado. Como no cabemos no podemos atender adecuadamente la diversidad. Como no cabemos debemos tener un 2º de bachillerato de cuarenta alumnos que, a su vez, tampoco caben. Como no cabemos no tenemos Aula de Música. Como no cabemos no podemos tener un Aula de Convivencia, aunque se nos ocurren soluciones imaginativas como ubicarla en el bar, el en el salón de actos o en el tejado. Como no cabemos los alumnos de Educación Física practican carrera continua por los pasillos de acceso. Como no cabemos hemos tenido que habilitar un despacho en el hueco de una escalera. Como no cabemos la biblioteca está amenazada de cierre antes de nacer…

Como no cabemos este curso tendremos dos grupos más. Naturalmente en una nueva doble aula prefabricada encajada entre la otra, la pista deportiva y la valla.

Tampoco caben en el instituto de al lado. Ni en el de más allá. Y se hace necesario recordar que “no caber” es incompatible con la aspiración de Calidad educativa.

Por eso propongo que exijamos de la administración competente que se haga cargo y que solucione los problemas de masificación de los tres grandes institutos de El Ejido. Y la solución parece que pasa por no demorar más la construcción de un nuevo centro público para estudiantes de secundaria en nuestro municipio.

Para reivindicar tan justa y necesaria mejora propongo poner en marcha una campaña de movilización a dos niveles:

1. Antonio Fraguas, Forges, conocido humorista gráfico de nuestro país, anota siempre en un rincón de su viñeta diaria el siguiente lema: “Pero no te olvides de Haití”. Propongo que, a imitación de Forges, en el membrete de todos los escritos remitidos desde nuestro instituto a la Delegación Provincial o a la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, aparezca el siguiente lema: “Pero no te olvides de que no cabemos.”

2. Propongo iniciar una recogida de firmas que comience por nuestro claustro docente y continúe por los claustros de los demás institutos de El Ejido, y que hagamos extensiva a los padres y madres, alumnos y alumnas y demás miembros de nuestra comunidad educativa, así como a todos los colectivos y vecinos de nuestro municipio que quisieran sumarse a esta reivindicación.

Porque nos preocupa la calidad de la enseñanza: queremos caber.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Una escuela danesa

Ana es muy amable y nos enseña la escuela en la que trabaja, a pesar de que es tiempo de vacaciones y reformas, y está cerrada. Ana es profesora de música, de danés y de alemán. La escuela lo es, sobre todo, de una barriada de viviendas sociales situada en la periferia de Kolding. Y en ella aprenden, conviven y crecen, mayoritariamente, niños sudamericanos e hijos de refugiados bosnios, afganos e iraquíes. “Por ejemplo en mi clase –nos cuenta Ana- solo tengo tres alumnos de origen danés.”

Mientras Ana abre puertas y nos franquea el paso por cada uno de los rincones de su escuela, se activa en mi cerebro un inevitable mecanismo de comparación. Pero me limitaré a describir lo que allí vi. Sólo daré, para empezar, un par de datos comparativos relacionados entre sí:

Uno: En la superficie que ocupa esta escuela cabría diez veces mi instituto. Y dos: Esta escuela danesa –para alumnos de primaria y secundaria- acoge a unos quinientos chicos y chicas (atendidos por cincuenta y tres profesores y profesoras), en tanto que en mi instituto pasan de mil (para unos ochenta docentes). Entre diecisiete y veinticuatro alumnos por clase. (Aunque en las de adaptación lingüística hay un máximo de cuatro).

Esta escuela danesa se distribuye en módulos de una sola planta, con muros acristalados y techos horadados por tragaluces para aprovechar al máximo la escasa luz natural. Senderos de losas grises y parterres de césped los unen y los separan. No hay vallas. El interior combina colores crema, blanco y azul. No hay escaleras, y sí puertas anchas y servicios adaptados para discapacitados.

Cada módulo alberga un ciclo educativo y contiene amplios pasillos y aulas, despachos y salas de reunión para profesores. Cada aula está dotada de sillas ergonómicas de distintas alturas, cuyos brazos se cuelgan de la propia mesa, para mejor limpiar debajo… y pupitres individuales, agrupables o separables según las necesidades de la actividad. Movibles, ligeros, quiero decir. No pesados muebles atornillados al suelo o a las paredes. Las pizarras suelen ser de tiza. Y no hay ordenadores en todas las aulas. Sólo en algunas. Muchas aulas cuentan con una salita anexa, con sofá para pensar

Algunos módulos son laboratorios de física, química o biología. Otros son talleres de tecnología o cocina, por ejemplo. Este último con doce vitrocerámicas, doce microondas, doce neveritas y doce fregaderos: Y es que ‘Cocina’ es una asignatura que forma parte del currículo escolar. Otros son espacios artísticos: para artes plásticas, teatro (con tatami y espejos) o música. El Aula de Música está presidida por una batería de platos brillantes. Pianos eléctricos sobre mesas se reparten por toda la estancia. Guitarras clásicas y eléctricas cuelgan de las paredes o se sostienen sobre atriles. Sobre una estantería reposan bongós, cajones, triángulos y timbales…

El Aula de Convivencia cuenta con tres psicopedagogos, una mesa de de ping pong y una pantalla plana a la que hay conectada una vídeoconsola… Además -estoy seguro- del material pedagógico imprescindible, no estoy tratando de frivolizar… Y cada aula tiene un teléfono interno, por el que puedes avisar a uno de esos tres profesionales si algún chico se pone nervioso, enfermo o impertinente.

En el centro de la Biblioteca hay una pecera. Y a su alrededor estanterías con libros (naturalmente) pintadas de color rojo brillante, mesas de trabajo intelectual y sillones de lectura junto a las ventanas. Hay una zona audiovisual con un televisor plano colgado de una pared frente a unas butacas con auriculares. E islas con ordenadores. La adquisición y catalogación de fondos, la expedición de carnés y la gestión de préstamos corre a cargo de un bibliotecario profesional. Tres docentes colaboran y animan a la lectura en la Biblioteca.

El gimnasio es como nuestro pabellón deportivo municipal. Y junto a él hay un campo de fútbol de césped natural.

La jornada escolar se organiza en sesiones de 45 minutos entre las 8 y las 14:30. Tras las dos primeras hay un recreo de 20 minutos. Y tras la tercera y la cuarta, otro de 30, de los cuales 10 minutos son para un desayuno de media mañana en el aula, supervisados por un profesor. La cantina no vende bollería industrial, ni chicles, ni bolsas de gusanitos. Pero sí fruta. Algunas clases –educación física o plástica, por ejemplo- suelen ocupar dos tramos horarios seguidos, para permitir el aseo posterior de chicos y chicas.

Los profesores salen a las 15 horas, porque cada día acaban su jornada laboral con reuniones de equipos educativos o tutorías.

jueves, 1 de septiembre de 2011

La Esperanza no es inocente

“Los bancos han impuesto la expresión pedir un crédito para quien acude a la sucursal y conceder un crédito para quien lo entrega, cuando en realidad los créditos los compramos y nos los venden. El mero uso de pedir y conceder sitúa al cliente en una posición de inferioridad que le obliga a dar toda suerte de explicaciones sobre su vida e ingresos…” explica Alex Grijelmo en su libro La seducción de las palabras, en lo que constituye un clarísimo ejemplo de la falta de inocencia con que se consolidan los usos y los significados de las palabras. Otro ejemplo interesante podría ser que el Estado, al parecer, invierte en infraestructuras pero gasta en educación. De ahí que cuando llegan las vacas flacas se empiece recortando gastos… Durante cierto tiempo la izquierda proponía el reparto del trabajo como solución para parar el paro: cobrar menos para que trabajara más gente. La derecha parece haber encontrado una solución mejor: cobrar menos y que trabaje menos gente, concretamente menos profesores. Cualquiera puede entender que para mejorar la calidad de la educación en España son necesarios más profesores, no menos… Cuando lleguen las cifras de fracaso escolar no nos lamentemos.

La Comunidad de Madrid y algunas otras han decidido un incremento en el número de horas lectivas por profesor para dejar en la calle a más de mil. Para justificar el tajo en el gasto educativo, la presidente o presidenta (qué más dará) de la Comunidad de Madrid acaba de decir que: “…20 horas son en general menos de las que trabajan el resto de los madrileños”, dando por supuesto ante un micrófono y para toda España, que un profesor sólo trabaja esas poquitas horas a la semana, ¿de qué se quejarán estos cabrones? Esa declaración define a Esperanza Aguirre, respecto de este asunto, como ignorante o como hijaputa (por utilizar un vocablo de su repertorio habitual, utilizado aquí como sinónimo de malintencionada…). Me toca los cojones (sigo hablando en idiolecto Esperanza), es decir, me indigna bastante esa falta de respeto, la falta de reconocimiento social de los docentes, alentada hoy por doña Esperanza. Nunca me he quejado del dinero que gano, pero compruebo a menudo que la consideración social está directamente relacionada con el sueldo ingresado. Hace poco un funcionario municipal de un área tan baladí como Urbanismo -que trabó conmigo una sorprendente tertulia en sus horas de trabajo- me contó entre otras muchas cosas que el nuevo equipo de gobierno pensaba recortarles el sueldo un ocho por ciento en el apartado ‘productividad’. “Al final voy a acabar cobrando casi como tú…”, me dijo sin ironía. Un tipo que muy probablemente me triplica el sueldo, aun con ese recorte en ‘productividad’. Por si a alguien se le olvida en estos días de recortes educativos, tengo que recordar que el trabajo más importante de cuantos se pueden desempeñar es el de maestro, el de profesora… Aunque sus sueldos nunca lo enseñen.