miércoles, 17 de agosto de 2011

Polvo en suspensión

Me cuenta mi padre -que mañana cumple setenta años- que cuando iba al cine siendo un niño, con la pandilla del barrio, solían sentarse en las últimas filas, las que se llamaban gallinero: cinco o seis escalones de tablas de madera… A menudo las películas eran del Oeste. Y lo más divertido era acompasar el ruido de la caballería a galope pateando los tablones. Se levantaba tal polvareda en la sala que no era fácil seguir la película: a duras penas cruzaba el haz luminoso del proyector a través del polvo en suspensión… Y ese polvo suspendido se confundía con la arena del desierto de Arizona.

No es lo mismo polvo suspendido que polvo en suspensión. Y es que el polvo –en suspensión- difumina un instante la frontera entre la realidad y la ilusión.