miércoles, 10 de agosto de 2011

Mazinger sí, Ratzinger no

Supongamos que un ministro del actual gobierno cometiera un grave delito. Pederastia, por ejemplo. Y que el presidente del gobierno, nuestro vilipendiado Zapatero, decidiera ocultarlo para evitar el escándalo. (De cosas peores lo acusan.) Supongamos que se supiera. El ministro sería procesado. Y el presidente expulsado de su cargo sin contemplaciones… Ventajas de la democracia. Pero el gobierno de la Iglesia, al parecer, no es de este mundo. Numerosos de sus ministros han cometido execrables abusos de autoridad y confianza, abusos sexuales a menores, abusos amparados en la impunidad, en la seguridad de que nada podía sucederles. Y, efectivamente, nada les sucede: unos y Otro permanecen en sus puestos sin rendir cuentas ante la justicia terrena (confiemos en que lo hagan ante la Divina). El Hombre de Blanco se dedicó durante años a blanquear esos crímenes. Ese Hombre de Blanco, al que tantos miles de personas van a vitorear próximamente en España, “ignora el misterio de la espiga” (García Lorca), como ha denunciado recientemente el primer ministro irlandés, en una edición revisada del “Grito hacia Roma”. Muchas veces la fe mueve montañas. Y muchas veces atrofia las conciencias. Y que viva Irlanda. A Mazinger Z, Josevi, no se le conocen comportamientos tan indignos.