miércoles, 31 de agosto de 2011

El viento en Fano

Playa de Fano (Foto: Yolanda Figueredo)

El autobús tiene parada en el desierto y allá a lo lejos se divisa el mar. La puerta se abre con un estornudo y solo cuatro viajeros bajan y reciben, como saludo, el azote del viento húmedo y frío. Caminan en silencio –para hacerse entender habría que gritar- guiados por la línea de un horizonte inestable de espumas batidas. El ocre y el gris se imponen al azul y al blanco. El viento crea y deshace montículos de arena, la levanta y la hace temblar como un fular de seda extendido sobre la llanura. Proyecta las nubes a cámara rápida. Agita el Mar del Norte, que parece hervir en una inmensa marmita y que escupe algas espesas varios metros tierra adentro. Sujeto a un poste clavado en la arena, me finjo conquistador de estas tierras ignotas e improviso un discurso que nadie escucha, ni siquiera yo. Solo quien heredó genes vikingos se atreve a descalzarse y a mojarse los tobillos. El regreso es a buen ritmo, porque el viento es helador y porque intuimos que se acerca el último autobús de la tarde, que nos devuelva a la civilización.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Manolo:

Te escribo aquí si me lo permites, mira como padecemos los ciclistas en Chicago, casi me toca sacar a un colega del lago.

http://www.youtube.com/watch?v=b3BgWG-9XAs