martes, 16 de agosto de 2011

El Maligno y Carolina

Se le ha podido ver arrodillado unos segundos ante cada uno de los doscientos confesionarios con apariencia de tabla de windsurf, atracados a la orilla del estanque del Retiro. Ha confesado en inglés y en francés, en portugués y en español, y en una lengua hecha de enigmáticos gorjeos guturales, incomprensible, babélica… Tras la confesión doscientas levantó el vuelo, dejando una estela de hollín, y sobrevoló la cruz invertida que forman el doble eje Gran Vía-Alcalá, Prado-Recoletos. Hay quien cree haberlo visto encaramado a la estatua de Colón, imitando su gesto al contemplar de reojo dos torres gemelas e inclinadas. Hay quien asegura que estuvo en el Prado, con la boca abierta ante el Descendimiento de Caravaggio, prestado por los Museos Vaticanos. Hay quien confirma que saludó a Tita Cervera y al Cardenal de Madrid en la inauguración de una exposición en el Museo Thyssen sobre escenas de la vida de Jesús. Y que sonrió especialmente ante “La expulsión de los mercaderes del Templo” de Giovanni Paolo Panini.

Lucifer, el portador de la Luz, el más hermoso de los ángeles, tuvo un ataque de soberbia y quiso situar su trono blanco por encima de las estrellas de Dios.

Dicen que estos días Lucifer ha descendido de su nuevo pedestal en una fuente del Retiro madrileño, escandalizado por el negocio del Perdón*, y que se ha refugiado en las profundidades del metro. Ha sido visto en Sol y en Banco de España, disfrazado de voluntario de la JMJ, luciendo deportivas Nike, sombrero australiano y camiseta verde pistacho con el dibujo de un oso amorfo -símbolo de una antigua caja de ahorros madrileña- por encima de la tetilla derecha, y con el dibujo de una cruz que se asienta sobre una corona, por encima de la tetilla izquierda. Y con las iniciales de su verdadero nombre bordadas en la manga.

Caroline, peregrina californiana, ha contado así su encuentro con el Maligno: “Te mira fijamente, con esos ojos profundos bajo sus rizos negros, y te convence de que bajes a las vías y de que te adentres por la oscuridad del tunel… Corre hacia la luz, Caroline, te grita. Y avanzas, cegada por el resplandor, acariciando tu cruz de madera y tu pata de conejo… Y un instante antes del impacto, te eleva sobre el silbido del tren, sujetándote bajo los sobacos –las manos sobre tus senos- y te deja palpitando sobre el andén: “Era broma, Caroline… Pero, ¿no has visto la película?”.

*Nota del traductor: En el Parque del Retiro –del 16 al 23 del mes en curso- se compran pecados y se venden indulgencias en una Feria del Perdón. Hasta el aborto se perdona al precio de un arrodillarse media hora al sol de agosto y mostrarse compungida ante un sacerdote brasileño.