Cuando tenga tiempo escribiré la historia de esta bicicleta que se encaramó a un pretil del Arno para mejor contemplar la puesta de sol en Florencia. Y para descubrir que el Arno no es navegable por bicicletas súbitamente aquejadas del síndrome de Stendhal.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada