miércoles, 8 de junio de 2011

Pastor de jabalíes

A veces me pierdo por calles que parecen de mi pueblo por el horizonte de olivares y ese meandro del Genil que abraza la Huerta de la Galana… pero que no pueden serlo. Desciendo una calle a modo de escorrentía y, de pronto, una monstruosa tortuga (creo que la he visto en “Gamera”) levanta sus patas delanteras y barrita como un elefante mientras despliega dos alas como tupidas telas de araña. Tritones de color añil con lunares amarillos y naranjas chapotean en aguas cenagosas. Un jabalí avanza a la carrera hacia mí y, cuando ya estoy a punto de despertarme, un silbido profundo lo detiene (sus fauces ante las mías), gira sobre sus pasos y camina bailando y meneando su rabito. A lo lejos descubro un rebaño de jabalíes y a su pastor, que enciende una cerilla rascando su propia barba.

Pero ¿qué demonios significará soñar cosas como esta?