Grita muchísimo. Sobre todo grita: “Mierda pa’ tus muertos”. Un insulto descomunal. Grita por las tardes. Ahora está gritando. No sé si grita por las mañanas (no estoy en casa). Y no grita por las noches: si lo hiciera contravendría no sé cuál artículo de la Ordenanza reguladora de la convivencia ciudadana. Disuelta la reunión ordinaria de mi Comunidad de Vecinos, pregunté en un aparte. Mis demás vecinas me cuentan que debe de estar enferma. Me pregunto si un vecino debería intervenir de algún modo; hay familia, hay amigos, pero… En esa casa hay un chico en edad escolar. Convive con su madre en ese estado. No soy capaz de imaginarme cómo se debe de sentir. Yo no soy profesor suyo. Me pregunto cuántos de sus profesores conocerán esa circunstancia familiar. Y si serán tan inflexibles como yo en la exigencia de las tareas cotidianas. Me pregunto cuántos de mis alumnos no tendrán circunstancias familiares similares o aún peores. Para venir yo a hablarles de metáforas…
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