lunes, 13 de junio de 2011

domingo, 12 de junio de 2011

Suicidio


Cuando tenga tiempo escribiré la historia de esta bicicleta que se encaramó a un pretil del Arno para mejor contemplar la puesta de sol en Florencia. Y para descubrir que el Arno no es navegable por bicicletas súbitamente aquejadas del síndrome de Stendhal.

jueves, 9 de junio de 2011

Impotente

“Nosotros, con desdobles y grupos flexibles, funcionamos bien… “. La frase es de mi amigo Antonio, profesor en Mengíbar, y martillea en mi cabeza cada vez que intento organizar un poco el trabajo de mis 30 alumnos de 1º ESO. ¿Y nosotros? Nosotros no podemos: no tenemos aulas donde desdoblar, ni profesores suficientes o tan flexibles que sean capaces de desdoblarse a sí mismos. Era un grupo modélico para haber trabajado a dos o hasta a tres niveles, para haber administrado el aula con dos profesores o con dos profesoras, o con un profesor y una profesora, qué caramba… necesitaban ritmos distintos de aprendizaje (y quizá, no me quiero esconder, otro tipo de maestro: más cercano y a la vez más firme, inagotable a sus incesantes requerimientos, exigente y comprensivo, divertido y serio, siempre ecuánime, siempre estimulante…). Han precisado de un intensísimo trabajo tutorial porque la convivencia ha sido complicada, las rencillas y los malos modos, constantes. Y las lágrimas, frecuentes: empujones y golpes voluntarios o involuntarios, pequeños hurtos molestosos, insinuaciones, discusiones, envidias, episodios de ansiedad… Supongo que dará repelús asomarse a sus tuentis, el lugar donde ventilan su rabia, donde ajustan sus cuentas…

Y así, desde luego, la escuela no les sirve. Puede que relativice cuando lo vea con distancia, pero ahora mismo la palabra es: fracaso. En este momento no soy capaz de valorar cuánto habrán aprendido, tendré que hacerlo en unos días para su evaluación, pero no me parece que hayan progresado adecuadamente… ¿Competencias…? Yo, al menos, con ellos me he sentido un profesor incompetente.

Alguna vez lo hemos hablado a la hora del café: qué bueno sería empezar la mañana con una breve reunión, como hacen en las empresas bien gestionadas; y no de cabeza a las clases. Reuniones de trabajo breves y frecuentes y eficaces de esos equipos educativos de cada grupo, reuniones en que se comparta información, se coordinen estrategias, se atajen a tiempo las tensiones disruptivas… Y no apuradas conversaciones de pasillo o los habituales lamentos de sala de profesores… O desahogos como este escrito.

Como no cabemos, el próximo curso tendremos dos grupos más… Espías de la Delegación (así se puede catalogar a quien se cuela con un metro en el centro sin ni siquiera dar cuenta al Director) ya han conseguido rastrear el único hueco en el que encaja una nueva aula de corcho. Supongo que el año siguiente explorarán el subsuelo. O, parodiando aquella serie policíaca de nuestra infancia, ordenarán: ¡1º J, al tejado!

miércoles, 8 de junio de 2011

Pastor de jabalíes

A veces me pierdo por calles que parecen de mi pueblo por el horizonte de olivares y ese meandro del Genil que abraza la Huerta de la Galana… pero que no pueden serlo. Desciendo una calle a modo de escorrentía y, de pronto, una monstruosa tortuga (creo que la he visto en “Gamera”) levanta sus patas delanteras y barrita como un elefante mientras despliega dos alas como tupidas telas de araña. Tritones de color añil con lunares amarillos y naranjas chapotean en aguas cenagosas. Un jabalí avanza a la carrera hacia mí y, cuando ya estoy a punto de despertarme, un silbido profundo lo detiene (sus fauces ante las mías), gira sobre sus pasos y camina bailando y meneando su rabito. A lo lejos descubro un rebaño de jabalíes y a su pastor, que enciende una cerilla rascando su propia barba.

Pero ¿qué demonios significará soñar cosas como esta?

martes, 7 de junio de 2011

Mi vecina grita

Grita muchísimo. Sobre todo grita: “Mierda pa’ tus muertos”. Un insulto descomunal. Grita por las tardes. Ahora está gritando. No sé si grita por las mañanas (no estoy en casa). Y no grita por las noches: si lo hiciera contravendría no sé cuál artículo de la Ordenanza reguladora de la convivencia ciudadana. Disuelta la reunión ordinaria de mi Comunidad de Vecinos, pregunté en un aparte. Mis demás vecinas me cuentan que debe de estar enferma. Me pregunto si un vecino debería intervenir de algún modo; hay familia, hay amigos, pero… En esa casa hay un chico en edad escolar. Convive con su madre en ese estado. No soy capaz de imaginarme cómo se debe de sentir. Yo no soy profesor suyo. Me pregunto cuántos de sus profesores conocerán esa circunstancia familiar. Y si serán tan inflexibles como yo en la exigencia de las tareas cotidianas. Me pregunto cuántos de mis alumnos no tendrán circunstancias familiares similares o aún peores. Para venir yo a hablarles de metáforas…

lunes, 6 de junio de 2011

Yo soy fan de Gracián (y de Pepe)

Pepe Duarte se jubila y dicen que en su discurso de despedida el legen –wait for it- dario profesor de Música del IES Fuente Nueva mencionó este aforismo de Gracián: “No hay maestro que no pueda ser discípulo”; que está grabado en una pieza de mármol colgada a la entrada de su instituto. Tanto frenesí llevamos en el día a día, que no resulta fácil reparar en ella…

Me cruzo con él cada mañana, nos solemos encontrar en la acera que comparten el Fuente Nueva y el Murgi, siempre más cerca de su entrada que de la mía, porque él madruga más. Y siempre sonriente…. (Y no sé si lo habéis notado, pero no suele ser esa la expresión que llevamos los profesores cuando asomamos a eso de las ocho y poco por el lugar de trabajo.) Esta mañana le he dicho que me han hablado muy bien de su discurso, que fue muy emocionante… “Bueno, de despedida…”, se limitó a decir sin perder la sonrisa. Y luego que, a pesar de que está muy de acuerdo con la frase de Gracián, le cuesta asumir toda esta nueva tecnología aplicada a la educación. Y que uno también se cansa y que hay que dar paso a otros y que tiene otras cosas que hacer… Coincidí con él dos años y pude observar disimuladamente la sencillez y la naturalidad, la paciencia y el cariño en el trato educativo con sus alumnos. A veces lo vi enfadado, pero nunca descubrí en él autoritarismo, ni ese sentimiento de superioridad que a veces nos afecta a los docentes… y que nos conduce al menosprecio o a la indiferencia... y contra el que tendríamos que vacunarnos cada primero de septiembre…

Al parecer algunos alumnos, para describirlo, lo llamaron públicamente “precioso” que, según el diccionario, significa: “Excelente, exquisito, primoroso y digno de estimación y aprecio.” No tengo más que añadir a eso.

Yo soy fan de Pepe Duarte (pero todavía no se lo he dicho). Y soy fan de Baltasar Gracián. Y una vez seleccioné para consumo personal algunas de las breves piezas de sabiduría concentrada que reunió en su “Oráculo manual y arte de prudencia” (1647), y que no siempre me aplico. Las pongo aquí para recordármelas:

"No ser de vidrio en el trato. Y menos en la amistad".

"No vivir aprisa. El saber repartir las cosas es saberlas gozar".

"Tratar con quien se puede aprender".

"Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo".

"Nunca perderse el respeto a sí mismo".

"Ir siempre prevenidos contra los descorteses, porfiados, presumidos y todo género de necios".

"Para vivir, dejar vivir".

Y , finalmente, esta que le dedico a Pepe:

"Hombre de gran paz, hombre de mucha vida".

domingo, 5 de junio de 2011

¡Dale!

¿Dónde habremos aprendido los humanos que cuando dos se arrancan a puñetazos hay que formar un corro alrededor para jalearlos? ¿Esto nos viene de serie o lo aprendemos viendo programas de lucha mexicana? ¿Tanto trabajo tutorial a favor de la resolución pacífica de los conflictos, tantas fichas completadas, debates ordenados, actividades interactivas superadas, tantas charlas, videoproyecciones y dramatizaciones… para que acabemos aplaudiendo una pelea…

No estoy hablando de no pelearse, que también, pero a veces una pelea es inevitable: no siempre dos no pelean si uno no quiere, aunque sigue habiendo niños que le dan “de lao a las peleas”, como me contó una vez Francisco Jurado en el Hogar del Jubilado, hablando de sí mismo, y recordé que yo también era así… y que me contuve muchos días ante un provocador, de los que te siguen a casa dándote pataditas en los tobillos, para trastabillarte y echarse unas risas… hasta que un día, para variar más rojo de rabia que de vergüenza, te das la vuelta y le arreas un guantazo con la mano abierta y lo tumbas en la acera, y te quedas paralizado, tembloroso, sin acabar de creerte lo que acabas de hacer, repuesto del susto sólo cuando el otro se levanta del suelo y te casca una paliza perfecta, de la que ya no te defiendes…

Hace unos días, a la salida del instituto, dos alumnos forcejeaban y se arreaban mutuamente ante un coro que gritaba: ¡pelea, pelea! Sólo faltaban las apuestas (o tal vez las había porque, ya se sabe, a menudo el profesor es el último en enterarse…). Dos chavales de 1º ESO, algo pequeñitos, a los que podrías levantar en el aire, uno en cada mano, sosteniéndolos por la camiseta arrugada en el pecho, amigos íntimos hasta entonces, compañeros de trastadas, cómplices de un comportamiento francamente inadecuado por el que siguen un protocolo conjunto de corrección… en fin, tanto tiempo juntos y el roce hace a veces el cariño… y a veces no.

Pero, ¿y los demás? ¿Dónde habrán aprendido que lo normal es jalear una pelea y no interrumpirla? Naturalmente actúa el gen de la supervivencia que te invita a evitarte problemas, pero ya he descrito antes a los contendientes, los he llamado “algo pequeñitos”… ¿Se nos impondrá entonces el gen del espectáculo, el de la curiosidad morbosa, el de la crueldad…?