domingo, 30 de enero de 2011

Contra la rendición

Yo creía -yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos- que las Pruebas de Diagnóstico iban a servir para valorar la madurez educativa del alumnado, no para la rendición (de cuentas) del profesorado, como afirma con desparpajo el consejero del ramo, en esta memorable entrevista. Creo que Nacho Camino la analiza muy bien. No hay que perderse la selección final de citas, en las que este ex maestro combina una cierta campechanía rupestre con la jerga pseudopedagógica al uso (que incluye, naturalmente, el resobado verbo "implementar"). Juan de Mairena le pellizcaría un moflete. La entrevista confirma que la línea argumental sigue siendo la habitual: escurrir la responsabilidad política en el fracaso escolar y dejarla caer sobre los hombros de los profesores, necesitados -al parecer- de tutorización. Creo que los profesores lo que necesitan, antes, es algo menos de "experimentación" legislativa y algo menos de masificación en los centros que, como suele ocurrir con las prisiones, se piensan para quinientos "usuarios" y acaban ingresando el doble. Nacho Camino resalta con amarga ironía la paradoja de que, al final, una canción de Andy y Lucas va a servir para medir la excelencia (o no) del profesorado andaluz.

miércoles, 26 de enero de 2011

¿...?

Tengo tan reposada la creencia de que no hay vida tras la muerte que cuando una compañera me cuenta, tranquilamente, con total naturalidad, que a menudo la visitan espíritus que le cuentan cosas… me digo: ¡caramba! Si hay vida más allá de la muerte será la gran sorpresa de mi vida. Será la gran sorpresa de mi muerte.

lunes, 24 de enero de 2011

Pepe Deza desencadenando a Prometeo

Don José Deza ya podría haberse jubilado como docente, después de más de cuarenta años de dedicación a este exigente oficio. No lo ha hecho aún. Ni tiene ganas de hacerlo. Es, sin duda alguna, un maestro apasionado y vocacional. Pero no vengo aquí a hacer el elogio habitual de un veterano compañero, por el que han pasado varias generaciones, promociones y promociones de alumnos. Vengo a dejar constancia de que ha sido él el encargado de guiar hoy nuestros primeros pasos por el ActivInspire, el juguete 2.0 que la Junta de Andalucía acaba de poner a disposición de los alumnos y profesores de 1º ESO: la pizarra digital interactiva (en adelante: PDI). Nos lo ha contado todo, empezando por el orden en que conectar y desconectar los aparatos (que no se me olvide: PDI – Cañón – CPU, para el encendido, y a la inversa para el apagado). Hasta nos ha dado noticia de que, de los tres modelos de PDIs disponibles en el mercado la Junta ha optado por el inglés PROMETHEAN, nombre que alude al titán que osó robar el fuego (del conocimiento) a los dioses, para ofrecerlo a sus amigos mortales. Siempre hay un tocapelotas dispuesto a poner pegas y a sacarle punta al mito y esta vez no hubo excepción; alguien –vale, vale, fui yo- recordó que el final de Prometeo fue trágico: eternamente encadenado a una roca, día tras día un águila le devoraba las entrañas. La intención era humorística y así se entendió, aunque alguien más apuntó que esperaba que el uso de los nuevos artefactos no fuera un “sufrimiento perpetuo”.

La máquina parece poderosa. Y Pepe explica con solvencia las posibilidades del puntero y cada una de la funciones de las barras de herramientas. Faltan los recursos eficaces e imaginativos para que los aparatos cobren vida y cumplan la misión para la que fueron previstos. Poco a poco. Los recursos están haciéndose. Echo un vistazo a la Mochila Digital para ESO que la Junta pone a disposición de los centros, pero la mochila aún está casi vacía. Ni siquiera el bocata de media mañana. Concretamente en mi asignatura, unos pocos y conocidos enlaces web. Poco a poco. Voluntariamente, con voluntad y voluntarismo, la iremos llenando entre todos. El CEP de El Ejido ofrece una acción formativa llamada Buenas Prácticas 2.0 que consiste en que los (mal-llamados) alumnos del curso pongan a disposición de sus compañeros lo que han ideado, restándole horas a la familia o al sueño. Aprendizaje horizontal, entre iguales, en red. ¿Para qué sirve el CEP? Pues eso, para anudar la red. Sin más. Obviamente soy un profesor quejicoso, de los escaldados por la atropellada incorporación de las nuevas tecnologías a la educación. Pero sin exagerar, porque ahí estamos, a las siete y media de la tarde más gélida del invierno, tiritando en un aula sin calefacción, escuchando a nuestro admirable compañero Pepe Deza que, ignorando la jubilación, nos enseña con juvenil entusiasmo las magníficas posibilidades de la PDI.

martes, 18 de enero de 2011

"Si veo un nenúfar más..."

Hoy acabo de terminar de ver los trece capítulos de Ciudad K, en su web, ya que se me escapó en La2. A ella he llegado siguiendo el proceso que paso a detallarles: “No os perdáis el blog Malpensando: Mi mesa cojea”, sugirió mi amigo Teixidor en uno de sus frecuentes y frecuentemente acertados consejos facebook. Ahí topé con su autor, José A. Pérez, nacido en el centro de Bilbao y que se autodefine como “de extrema derecha por la mañana, sobre todo cuando madruga, pero se reconcilia con los derechos civiles después del segundo café”. José A. Pérez resulta ser el inventor de Ciudad K, una serie ambientada en “la ciudad con el cociente intelectual más alto del mundo”.

En Ciudad K dos ancianas discuten en la peluquería... sobre Death Metal. En Ciudad K, una pareja cena en un restaurante con flashbacks o con fogonazos de películas de David Lynch. En Ciudad K, el culebrón de acento venezolano sucede en la frontera franco-suiza, en la sede del acelerador de partículas, y se titula “Amor cuántico”. La única iglesia de Ciudad K tiene una sola feligresa que le rebate al cura cada frase del sermón. En Ciudad K “los policías, tienen todas las respuestas, desde por qué los hombres tienen pezones hasta el tiempo que queda para que la expansión del Universo alcance su punto crítico y empiece la inevitable contracción (o Big Chimpún)”. En el burdel de Ciudad K, el Woody, los clientes entran en éxtasis cuando Claudia les susurra sobre macroeconomía o existencialismo. “Hazme un Tales de Mileto”, le pide un rarito. El Ello del paciente de un psicoanalista escapa de su mente y fornica con un ficus en Ciudad K. A la Oficina de Patentes de Ciudad K se acerca un joven para patentar una puerta que nos comunica con otra dimensión... en la que los nazis ganaron la segunda guerra mundial. Y, en fin, en Ciudad K hay un profesor de clases particulares que hará las delicias de mi amigo Guzmán o de mi amigo Jesús Ortiz. A modo de ejemplo, reproduzco este diálogo con su alumno Nicolás:

(…)

PROFE: Venga, coño, ¿qué habéis dado en clase?

NICO: (Con un hilo de voz) La prensa escrita...

PROFE: No me hables en ultrasonidos... ¡QUE NO SOY UN PUTO DELFÍN!

NICO: ¡LA PRENSA ESCRITA!

PROFE: Ahí, Nicolás, con carácter. Bueno, y ¿qué os han contado sobre la prensa?

NICO: Que son publicaciones impresas dedicadas a informar, formar y entretener.

PROFE: Y tú, ¿qué has hecho cuando has escuchado eso?

NICO: Apuntarlo.

PROFE: Muy mal. Has perdido tu momento, Nicolás.

NICO: ¿Sí?

PROFE: ¡Sí! La oportunidad de bajarte los pantalones, subirte en la silla... ¡y cagarte en tu pupitre, joder!

NICO: Pero, me castigarían...

PROFE: Te castigarían, eso es verdad. Pero a cambio te convertirías en un mártir de la libertad de esfínter y cientos de blogs hablarían sobre ti... ¿Sabes lo que es realmente la prensa?

NICO: No.

PROFE: Mira, la prensa es una cosa que montan unos empresarios para hacer publicidad de sus amigos políticos. ¿Sabes... sabes qué tipo de gente, de personas leen los periódicos?

NICO: ¿Todo el mundo?

PROFE: Los esclavos, Nicolás, ¡LOS PUTOS ESCLAVOS DEL SISTEMA, JODER!

NICO: Pues mis papás leen periódicos.

PROFE: Porque tus papás son unos monstruos descerebrados que no tienen capacidad crítica. Por eso es importante que escapes de esta casa. Haz un petate, mete algo de ropa y coge un tren. ¡Y ESCÁPATE HACIA EL SUR, COÑO!

NICO: Pero soy muy pequeño...

PROFE: Te aseguro que cuando vuelvas no lo serás. Venga, coño, hombre, vuela, vuela como un águila, corre como Orzowei, ¡CORRE, VUELA!

NICO: ¿Ahora?

PROFE: ¡Ahora, sí, coño, corre! (Nico sale corriendo) ¡Ehhhhhh! (Le ordena con el índice que se vuelva a sentar) ¿Dónde vas?

NICO: (Que ya se ha sentado) A por el tren...

PROFE: Pero, ¿en verano, Nicolás? ¿Qué quieres, quitarme mi curro? (Golpeando la mesa) ¡Estudia, coño! (Nico agarra su boli) Hay que joderse con el crío...

(Salvo por el perdonable desajuste de preguntarle por la clase... en verano, buenísimo, ¿no?)

Cada capítulo se inicia con una cita apócrifa. Por ejemplo: “¿Tú sabes quién soy yo, payaso?” (Teresa de Calcuta). Por ejemplo: “Me lo pueden quitar todo, excepto mi identidad.” (Anónimo). Mi favorita: “Si veo un nenúfar más, te juro por Dios que mato a alguien.” (Claude Monet).

O bien: “Por el amor de Dios, Kasturba, ¿otra vez arroz?” (Mahatma Gandhi), que abre el capítulo 7. Asómate a Ciudad K.

domingo, 16 de enero de 2011

Mi recuerdo de Túnez

En el invierno de 1999 pasé una semana en Túnez. Yo era la cuota de Izquierda Unida en un viaje organizado por el Instituto Andaluz de la Juventud, en el que la cuota del Partido Popular era el concejal de Cádiz y la del Partido Andalucista, el concejal de Écija. Excepto unos pocos representantes de asociaciones juveniles, el resto de la expedición hasta completar un autobús eran concejales socialistas. Normal, supongo.

Tengo que contar, para empezar, que con quien mejor me relacioné fue con los almerienses del grupo, lo que interpreto ahora, retrospectivamente, como un buen presagio de que mi vida acabaría asentándose por estas tierras: conocí a Guadalupe que, de nuevo, opta a la alcaldía de El Ejido, conocí a Juanmi, que ahora es alcalde de Purchena (y al que prometí visitar en su pueblo para conocer sus olímpicos juegos de Abén Humeya, tendré que hacerlo... ) y a Sonia... qué habrá sido de Sonia, a ver si miro en facebook... Con ellos compartí mesa, risas y un té con piñones en Sidi Bou Said, pequeño pueblo sobre un acantilado, de casas con cúpulas brillantes y paredes blancas con puertas y ventanas de un azul intenso, emulando el azul de la esplendorosa bahía a la que se asoman.

El objetivo del viaje era doble: conocer la red de albergues juveniles del país magrebí -lo que nos obligó a recorrer buena parte de él- y propiciar un programa de intercambio entre jóvenes andaluces y tunecinos. Del que jamás se supo.

Nos alojamos tres días en la capital, en una calle perpendicular a la Avenida de Bourguiba que lucía risueña a media mañana, llena de jóvenes vestidas con vaqueros que fumaban cigarrillos con los labios pintados (tres indicios en un país de mayoritaria confesión musulmana, tres síntomas de modernidad). Esa avenida es una de las que, desde hace varios días, aparece humeante en los informativos. Nada más llegar al hotel nos fue asignado un guía que nos acompañó siempre en nuestras visitas a la medina y al zoco, siempre por el mismo camino. De tal forma que si algún torpe o curioso (reúno esas dos cualidades) se despistaba en aquel laberinto de callejuelas y comercios y asomaba la cabeza por una salida distinta, se topaba con una realidad menos alegre que la de la avenida: mendigos decrépitos sentados a las puertas de casas ruinosas.


Que yo recuerde visitamos Kairouan (accedimos al patio de su impresionante Mezquita), Sidi Bouzid (y su pintoresco mercado, donde se inmoló el pasado 17 de diciembre Mohamed Buazizi, tragedia que marca el origen de esta revolución), Sousse (y sus hoteles de lujo), Touzer, a las puertas del desierto, lo que incluyó un paseo en camello y el habitual simulacro de robo y estampida... Recorrimos el norte de Tataouine y visitamos sus matmata o casas de trogloditas (donde moraban los jawas de La Guerra de las Galaxias). Todo ello a los sones de “Allah, Allah, ya baba sidi mansour ya baba...”, la cancioncilla-plegaria que el guía nos enseñó y que atronaba el autobús en nuestros desplazamientos. No la he olvidado y todavía podría entonarla... parece que los cánticos religiosos, en cualquier idioma, una vez aprendidos se te instalan en el cerebro para siempre.

En alguna de esas estaciones nos llevaban a casas de juventud o a pabellones deportivos, en los que nos obsequiaban con algunas muestras del folklore o de la repostería local. Creo que, en todo el viaje, conocimos a cinco o seis jóvenes tunecinos. Sí nos recibió el ministro de Educación que, según leí, fue destituido a las pocas semanas de nuestra visita. Siempre me he preguntado si tuvimos algo que ver en su defenestración.

En Hammamet, junto a las ruinas de Cartago, se encontraba el palacio presidencial, con cúpulas blancas, playa privada y una férrea alambrada sobre los muros, vigilados por hombres uniformados y armados (¿unifoarmados? Creo que acabo de inventar una palabra, no veo el momento de volver a usarla). “No mirar hacia el palacio, no fotos”, nos advertía, temeroso, el guía. Hoy podemos ver su interior en televisión, saqueado y arrasado, después de que su eterno inquilino decidiera abandonarlo, acogiéndose a la hospitalidad de Arabia Saudí. Eso era llamativo: la omnipresencia del presidente. La imagen de Ben Alí -reelegido una y otra vez con sufragios del 99%- reproducida en gigantescos carteles en el aeropuerto, sobre los edificios y a la orilla de las carreteras. Y en estampas enmarcadas en los hoteles, en cada una de las tiendecillas del zoco y hasta en el interior de las casas-cueva. Ben Alí, de traje y corbata, Ben Alí de uniforme militar, Ben Alí obrero, agricultor o ganadero, Ben Alí rodeado de niños... siempre sonriente, siempre paternal...

De vuelta a Tunis, en la Avenida de Bourguiba, hombres malencarados y unifoarmados (je) nos obligan a cambiar de acera a punta de metralleta. Esa era una acera privada y protegida de un edificio institucional, no recuerdo cuál de ellos. ¿Protegida de quién? Ahora lo sabemos. De los jóvenes a los que no vimos. Ojalá se inicie allí un tiempo sin metralletas, en que las aceras sean de todos...

A los pocos días de volver del viaje, casualmente Juan Goytisolo publicaba este artículo sobre Túnez en el diario El País.

Hoy, a raíz de los recientes acontecimientos, vuelve sobre ello: “La voz del nuevo Túnez”

jueves, 13 de enero de 2011

La penúltima empresa

Para Antonio Garrido. Para Atahualpa...

Una profesora de Historia del Arte decide visitar la Alhambra con sus alumnos de 2º de bachillerato. Pretende acercarles in situ a uno de los edificios más relevantes de nuestro patrimonio, del Patrimonio de la Humanidad. Ante el estanque del Patio de los Arrayanes se le ocurre convocarlos en círculo para explicarles... Los guardias del Palacio se lo impiden: para eso tenemos unos guías autorizados que, previo pago, blablablá, blablablá... ¿No es increíble?

Episodios como este son desalentadores... diría Muñoz Molina, si pillara este tema. Si fuera Pérez Reverte: menuda puta mierda. (Cuestión de estilo. No hay por qué elegir: a mí me gustan ambos, según el día.)

El episodio parece confirmar que los que administran la fortaleza que una vez fue roja le faltan al respeto: sólo la entienden desde el punto de vista turístico y crematístico. Andalucía te quiere si eres un autobús de japoneses, cada uno disparando su Nikon, pero te quiere menos si eres un autobús de escolares conducidos por una esforzada maestra. Qué se habrá creído, venir aquí a enseñar...

“Dejadnos enseñar”: nunca un lema ha sido tan acertado, por tantos motivos.

Debe de ser cierto que no avanzamos, que el progreso es una falacia, como sostiene mi amigo Guzmán (aunque yo siempre le recuerde las ventajas de la anestesia cuando uno va al dentista). Y digo esto porque hace casi treinta años yo era un alumno -pequeño y asustadizo- de primero de BUP, que visitaba por primera vez la Mezquita de Córdoba, guiado por mi profesor de “Historia de las Civilizaciones y del Arte” (sí, estudiábamos asignaturas así con catorce años). Mi profesor se llamaba, y espero que aún se siga llamando, Antonio Garrido y tuvo que enfrentar a toda una caótica tropa de guías oficiales, oficiosos y espontáneos en pleno Patio de los Naranjos, que más parecía en aquella ocasión Patio de Monipodio. Los francamente pícaros eran fácilmente reconocibles por el cerco de sudor en la gorra de plato y la acreditación fotocopiada sujeta a la solapa con una pinza. Mi paciente profesor Garrido esquivaba el asedio al principio muy correctamente, versión Muñoz Molina: “No, gracias, no necesitamos guía”, pero a partir del quinto asalto su estilo se aproximaba indudablemente al de Pérez Reverte: “Pero, ¿qué me vas a enseñar tú a mi sobre la Mezquita, a ver, qué...? Quita de en medio...”, apartando con un brazo el último obstáculo, que resultó ser cojo (en serio). Debo a mi profesor Garrido la fascinación de mi primera visita a la Mezquita de Córdoba, ese bosque elegante y solemne de columnas que sostienen una doble arcada de dovelas rojizas y ocres... Le debo haber aprendido que sí, que puede parecer una barbaridad haber incrustado una catedral en su centro y que, de hecho, lo es; pero que los monjes que atendían esa catedral se ocuparon también durante siglos de cuidar el entorno original, y que si sobrevivió la mezquita es gracias a ellos, y que así se escribe la Historia... Debo a mi profesor Garrido saber que un error de orientación la convierte en la única mezquita del mundo cuya quibla no mira hacia La Meca, sino a un desierto lugar del desierto del Sáhara... Y que en una capilla oscura está enterrado un poeta cordobés tan importante como desconocido por mí entonces: Luis de Góngora y Argote, al que algunos de sus lectores apodaron El Oscuro.

Hace tiempo que no visito la Mezquita y no sé si se mantiene este cerco a los docentes sabiondos que quieren prescindir de los atropellados parlamentos de estos guías oficiales o de oficio. Pero parece que el Patio de los Naranjos sigue ofreciendo espectáculos poco edificantes: los guardianes de una fe -la del Obispado que regenta el templo- levantan a palos a los que rezan distinto.

Penúltimas preguntas: ¿No habrá manera de hacer compatible como Dios manda la explotación turística y el aprovechamiento educativo de nuestro patrimonio? ¿No deberían sus responsables recorrer los institutos andaluces poco menos que obligando a sus alumnos a dejarse invitar a ver-con-sus-propios-ojos esos lugares donde reside la Historia? (Lo virtual para asuntos como la Alhambra es completamente insuficiente, ¿no?) ¿No debería existir un imaginativo plan didáctico para descubrirlos a los adolescentes? ¿No deberían facilitar el trabajo de los profesores? ¿Es que no escuchan el clamor de la Alhambra: “Dejad que los profesores se acerquen a mí”?

Pero en fin, ya se sabe: la primera empresa andaluza es el Turismo y la penúltima... la Educación.

miércoles, 12 de enero de 2011

Génesis

Una placa tectónica se mueve y alza el istmo de Panamá. Lo que hoy se llama Norte y Sudamérica dejan de ser dos inmensas islas, quedan unidas por una lengua de tierra. Las cálidas corrientes oceánicas interrumpen su fluir entre el Pacífico y el Atlántico. Decrecen en medio mundo las precipitaciones: Cambio climático. La selva centroafricana se vuelve sabana...

Un mono no encuentra qué comer en los árboles. Pone un pie en el suelo. Otea el horizonte. Camina.

Los humanos descienden de los monos a partir de que los monos descienden de los árboles. Es historia sabida (aunque en Arizona queda alguno que se resiste a creerlo). La leo ahora en un libro apasionante al que vuelvo a menudo: Una breve historia de casi todo de Bill Bryson. La historia más grande jamás contada: el Génesis.

martes, 11 de enero de 2011

Perfil postnavideño

Esto de escribir un blog o de escribir “mis notas” tiene bastante de mirarse el ombligo. Aunque en mi caso no hay peligro: tras las entrañables fiestas ha desaparecido en el interior de una esponjosa masa cárnica. Ha implosionado como agujero negro.

Por tenernos entretenidos, supongo, por cultivar nuestro espíritu lúdico nos propone ahora facebook presentar nuestro perfil de otra manera, “actualizarlo”. Después de la granja, de la cara de dibujo animado… y no sé qué más boberías.

Tentado estoy de mortificarme un poco y hacerle caso, exponerme al escarnio público presentándome fotográficamente ante mis amigos con mi nuevo perfil desnudo de cintura para arriba, pero mi escueta cámara digital no admite formato panorámico. Un metro de un metro no me abarca, y el dos de enero hube de reubicar la hebilla de la correa en un agujero más ancho, tras asumir que respiraba con resuello desde varios días atrás. Desde el año anterior.

Feo está decirlo en estos tiempos severos para muchos, pero “no puedo con más jamón”. Y aunque dudo que me dé por el islam, es sabido que los excesos pueden conducir a replanteamientos vitales extremos que incluyan hasta un cambio de fe. Cómo estaré que no me cabe un solo trago de cerveza. Con lo que yo he sido… Navidad, flatulenta Navidad.

Os ahorro la foto de marras y también la que podría sustituirla, ciertamente más armónica: mis pies subidos a una báscula, flanqueando un número terrorífico: 85’1.

Hasta aquí hemos llegado, queridos amigos. Adquiero ante vosotros un firme compromiso, cual alcaldable en tiempo preelectoral: actualizaré de nuevo mi perfil el 23 de diciembre del año en curso, si aún sigo por estos pagos, y os mostraré mi ombligo y un marmóreo contorno abdominal circundante. (O, en su defecto, tomaré prestado el perfil de Rafa Nadal.)

Feliz año.

domingo, 2 de enero de 2011

¿Cómo vivir?

Antonio Muñoz Molina se mira En el espejo de Montaigne en el primer Babelia del año, a propósito de una biografía del primer ensayista recién publicada por Sarah Bakewell. El título de cada uno de sus capítulos propone una respuesta distinta a una misma pregunta. Las anoto aquí como carta de marear el nuevo año.

¿Cómo vivir?

“No te preocupes demasiado por la muerte”

¿Cómo vivir?

“Presta atención”

¿Cómo vivir?

“Somételo todo a examen”

¿Cómo vivir?

“Preserva una habitación propia”

¿Cómo vivir?

“Sé sociable y vive con los otros”

¿Cómo vivir?

“Despierta del adormecimiento de la costumbre”

¿Cómo vivir?

“Vive con templanza”

¿Cómo vivir?

“Preserva tu humanidad”

¿Cómo vivir?

“Haz algo que nadie haya hecho antes”

¿Cómo vivir?

“Asómate al mundo”

¿Cómo vivir?

“Haz bien tu trabajo, pero no demasiado bien”

¿Cómo vivir?

“No quieras controlarlo todo”

¿Cómo vivir?

“Sé común e imperfecto”

¿Cómo vivir?

“Deja que la vida sea su propia respuesta”…