lunes, 29 de noviembre de 2010

Onecohone

Ahora que queda un rato para el comienzo del clásico, conviene dejar aquí anotada la última hazaña estratégica del autoproclamado Special One: la provocada doble tarjeta (que son)roja que, al parecer, también ha inventado él. Modelo de discreción, desde luego. Sólo había una manera de que la martingala pasara más desapercibida: que el speaker del Amsterdam Arena lo hubiera gritado en tres idiomas: español, neerlandés y portugués. Al pobre Sergio Ramos, muito corrido camino del vestuario, se le oía murmurar en perfecto andaluz de Camas: One, cohone.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Persecución

Corriendo por el parque, irrumpen en la pista tras saltar una verja un gato negro con manchas blancas o blanco con manchas negras perseguido por un perro simplemente marrón. Tal circunstancia altera mi velocidad constante (la de un caracol lastrado con un yunque), y ensayo un amago de sprint tras ellos, mientras imagino la curiosa composición: hombre persigue perro que persigue gato. Intento desdoblarme para capturar la imagen, pero sólo consigo dejar escapar un gasecillo por vía anal. De pronto pienso que quizá la imagen no esté completa y giro atrás la cabeza… justo en el momento de sentir en el cuello el aliento espeso y los afilados colmillos de un velociraptor.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Calcifer enfadado

Sopla el viento a base de bien esta tarde. De algunas casas asoman cortinas por las ventanas abiertas, como banderas blancas de rendición. Baja el viento por la loma con furia, revolviendo los plásticos del descampado, despeinando la melena de los árboles, meneando peligrosamente antenas y farolas, empujando contenedores hasta la próxima esquina, balanceando las grúas de los edificios a medio construir, inacabados y abandonados desde hace meses, meras carcasas vacías por cuyos corredores se cuela un viento desolado. “Ahora es posible”, dice un cartel gigantesco desplegado en una torre blanca de viviendas que veo desde mi ventana. Pero no parece que lo sea, ni para los promotores ni para los posibles compradores. Me imagino –estoy un poco loco- que esa torre blanca quizá querría aprovechar un golpe de viento para salir corriendo o volando hasta la playa adecuada, en la que puedan terminarla.

Como me ocurre casi siempre, compruebo en seguida que esta imagen que se viene a mi mente no es casual. Debe de estar relacionada con El castillo ambulante, de Hayao Miyazaki, la película que disfruté ayer por la tarde en el Maratón Manga, organizado por la Asociación Cultural Diablo.

La película es un placer para la vista y para la imaginación: la celosa bruja del páramo envejece de manera fulminante a Sophie, al comprobar que el apuesto mago Howl ha puesto los ojos en ella. Howl es un mago seductor y coqueto, que quiere quitarse la vida al teñírsele de rojo accidentalmente su rubia y sedosa cabellera. El corazón del mago Howl es el fuego que alimenta el castillo, un ser vivo con aspecto de gigantesto batracio de cuatro patas, y cuya puerta se abre a cuatro realidades diferentes: rural y urbana, apacible y apocalíptica. La película tiene momentos admirables: como la exhaustiva limpieza del interior del castillo; como el viaje a la infancia de Howl para conocer a cambio de qué entrega su corazón tras deglutir una estrella errante; o como la eterna subida de la escalinata de palacio, divertida competición entre la anciana Sophie (que carga un anciano perro) y la oronda bruja del páramo, anegada en sudores. Y tiene personajes encantadores, especialmente un espantapájaros mudo y sonriente, servicial y saltarín, y con cabeza de nabo. Especialmente Calcifer, el fuego que anima el castillo…

Quizá el desenlace es algo ñoño. Pero no tengo ningún problema en ver películas en las que –frente a lo habitual en la vida- el amor vence al egoísmo y a la ambición, y en las que las guerras se pierden por falta de interés.

Pero salgamos un momento de la película (del amor desinteresado hacia el prójimo y hacia las cosas bien hechas) y volvamos, de nuevo, a la vida (al egoísmo y a la ambición). Es necesario darles una enorme enhorabuena a los diablos por esta iniciativa. Una enhorabuena de las de palmear la espalda por atreverse a organizar estas cosas y por no desfallecer a pesar de los inconvenientes. De inconveniente, por lo menos, se puede calificar la actitud del ayuntamiento de El Ejido que, aunque les cedió inicialmente el espacio -la Sala B del Auditorio- durante todo el día, obligó finalmente a suspender todas las actividades de la mañana (los talleres y clases magistrales, las visitas guiadas a la exposición, el concurso de disfraces, la alfombra de baile, las juegos y vídeojuegos…), a los que estaban convocados muchos chicos y chicas de la localidad, porque el alcalde del municipio decidió entregar precisamente ese día y en ese mismo lugar, los Premios del Deporte, un acto que no pudo celebrarse en la fecha prevista porque numerosos vecinos de El Ejido decidieron levantar la voz contra el desgobierno y la corrupción (presunta, sí). Sospecho que a la lista de vecinos descontentos deberemos de sumar ahora a los que han sufrido este menosprecio. Calcifer, entre ellos. Y Calcifer es un demonio con fogoso sentido del humor, pero cuando se enfada…

El castillo ambulante, trailer

domingo, 7 de noviembre de 2010

Grito hacia Roma

En un lujoso salón del castillo de Cardiff una placa recuerda el almuerzo allí celebrado por Juan Pablo II y la conferencia episcopal galesa, un día de 1982, durante la visita del entonces Papa a tierras británicas… y no comieron precisamente acelgas… Me he acordado de este detalle ahora que otro Papa visita ciudades españolas y que leo los datos de lo que cuesta que venga a vernos. Sobre todo porque parece que el objetivo prioritario de la visita papal a España es tocarle las narices al gobierno. El sumo pontífice está seriamente preocupado por el “agresivo anticlericalismo de la sociedad española”, que él atribuye a este pérfido gobierno socialista emparentado para la ocasión con aquel republicano de los años 30. No se le ha ocurrido a este hombre, que pasa por erudito, relacionar el supuesto anticlericalismo de la sociedad española con la colaboración de la iglesia católica en la represión franquista. Aunque yo le diría que se tranquilice, que no hay para tanto, especialmente en Andalucía, que sigue siendo la tierra de María Santísima.

La excusa es bendecir ¡un edificio inacabado! (se prevé la terminación de la basílica de la Sagrada Familia en 2026 y es de suponer que él ya no podría hacerlo), pero la visita de Ratzinger a España es política, sin duda, como demuestra esa declaración hecha desde el cielo, quiero decir, desde el avión que lo traía a Santiago de Compostela. El portavoz de Izquierda Unida en el Congreso, Gaspar Llamazares, le ha contestado que, con ocasión de la visita, podría aprovechar para pedir perdón en nombre de la jerarquía católica por su actitud tan poco cristiana durante la dictadura. Pero eso no toca ahora, Gaspar, si acaban de pedir perdón por lo de Galileo… A lo mejor en 2226…

Los medios de comunicación españoles hace algunos años se hicieron eco de una “simpática” imagen: Benedicto XVI tocado con un tricornio de la guardia civil. En Italia, en cambio, la noticia fue que el Papa se había colocado un birrete del ejército italiano. Y en México, un sombrero charro. Y en Austria, un sombrero tirolés… Un casco de bombero, un gorro de papá noel…. Los tocados del Papa Ratzi constituyen un “simpático” ejemplo de la propaganda audiovisual con que se maneja el Vaticano… “Pero el hombre vestido de blanco / ignora el misterio de la espiga”.

Es el día adecuado para releer el Grito hacia Roma de Federico García Lorca. Aquí tienes un fragmento:

(…)
Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslúcidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.
(…)

Lee aquí, si quieres, el poema completo.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Arquitectura del cuarto curso

Además del horrendo diseño de los edificios educativos (*), de no respetar sus propias recomendaciones respecto al número de alumnos por grupo, de escolarizar sin integrar al alumnado inmigrante, de no planificar adecuadamente la implantación de nuevas tecnologías, de… (freno aquí los reproches), creo que la administración educativa se equivoca al rebajar el nivel de exigencia para la titulación en ESO, o para afrontar los dos cursos de Bachillerato (¿tan difícil es?). Creo que los alumnos de cuarto curso no deberían titular con dos o hasta tres asignaturas suspensas (perdón, no habiendo alcanzado los objetivos mínimos previstos en esas materias). Ya sé que están sinceramente preocupados por el fracaso escolar y por el escaso porcentaje de bachilleres. Ya sé que pasan la vergüenza anual del Informe PISA y similares. Hay que mejorar la estadística. Y ya conozco el argumento habitual a favor de estas medidas: hay que evaluar la madurez educativa del alumno, hay que evaluar si consideramos que ha alcanzado los objetivos generales de la etapa (y por lo tanto: hay que obviar que no haya cubierto suficientemente los objetivos concretos de esas materias). Pero creo que esta norma es disuasoria del esfuerzo (demasiados alumnos hacen cábalas: ¿me dejo estas dos o estas otras dos?) y frecuente fuente de conflicto (en las horas de clase de las finalmente elegidas: o sesteo o me divierto… a costa de los que sí han decidido estudiarlas).

(*) Sobre la arquitectura de los edificios educativos me ha interesado esta noticia de la periodista Anatxu Zabalbeascoa, en su blog arquitectónico. Trata de la construcción de una escuela en Puerto Cabuyal, Ecuador, y comienza con un dictamen que comparto plenamente: “La mayoría de las escuelas rectangulares de hormigón parecen cárceles”. No digo que aquí, como en el caso que se nos presenta, haya que construir escuelas de madera, sólo digo que las vallas (y las cámaras) siempre resultan opresivas. Y que, según me cuentan, en los países nórdicos (a la cabeza en estadísticas de calidad de la enseñanza), al parecer, no las necesitan…

Esperanza para niños

viernes, 5 de noviembre de 2010

La trinchera educativa

Sigue la reflexión de ayer, a partir de un artículo de Vicente Verdú que he encontrado, finalmente, reproducido en el blog de otro maestro:

“El desdén entre profesores y alumnos”

Como cualquier ser humano los alumnos son, en general, propensos a la máxima generosidad tomados de uno en uno, y a una notable crueldad, convertidos en masa. Ante el profesor autoritario no se rebelarán: murmurarán a sus espaldas, pero en su presencia, ni piarán. Esa cobardía está alojada, supongo, en el gen de la supervivencia. Eso sí, tomarán cumplida revancha ante el profesor que no se sienta cómodo o capaz de imponerse por la vía de la amenaza. Si huelen debilidad cercan a la presa y pueden ser implacablemente chistosos y humillantes. Yo ofrezco confianza, proximidad (y no es fácil: soy profesor de unos trescientos alumnos, a más de treinta por grupo), ofrezco una cierta rutina creativa y ofrezco un discutible sentido del humor (acogido con sonrisas o con muecas). Y sudo la camiseta. Y debo decir que, habitualmente, recibo confianza, proximidad, calidez (y también bostezos). Recibo ganas de aprender, entusiasmo y también desinterés e indolencia. Porque cada uno es como es y tiene los hábitos que tiene y tiene sus circunstancias familiares, sus inquietudes personales, y a lo mejor duerme mal y desayuna poco… Pero si percibo que el desdén se vuelve despectivo, entreno maneras autoritarias (sin exagerar: sólo argumentos rotundos). Es decir, me defiendo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Quiero aprender, yo te puedo enseñar

(Una reflexión digital en el día en que llegaron las digitales pizarras)

Un alumno de 2º ESO (13 años), en una de esas sesiones semanales que llamamos “de atención educativa” (alternativa a la religión católica), me pregunta por qué ha tenido el tutor que contarle a su padre (al suyo, no al del tutor) que fuma cigarrillos y cigarrillos aliñados. Mi respuesta inicial lo descoloca sólo un poco: “Porque a tu tutor le importas, porque a tu tutor le interesa lo que te pase”. Y tras la frase introductoria, la charla: “Porque eres un adolescente… Porque tu cuerpo no está preparado… Porque tu padre tiene derecho a saber y a educarte…”. “Pues yo creo que lo ha hecho pa’ joderme…”, concluye él.

Recuerdo que poco tiempo después de incorporarme a la docencia (incorporarme a la docencia… ha sonado raro, suena como alistarme a la milicia), leí un artículo de Vicente Verdú titulado, más o menos, “El mutuo desdén entre profesores y alumnos” en el que, con su habitual estilo brillante y demoledor, venía a explicar que a los alumnos no les importan sus profesores ni lo que tengan estos que contarles y que, en equilibrada correspondencia, a los profesores van dejando de importarles sus alumnos y que aprendan o no… Suprimimos la tarima, pero cavamos una trinchera, venía a ser la idea central, aunque no eran estas exactamente sus palabras.

Los jóvenes de hoy -según el análisis que hacía Verdú- discuten la autoridad, no sólo del maestro, sino de la sociedad en su conjunto: padre, familia, escuela, iglesia, política, libro, publicidad… Aprenden clickeando, horizontalmente, de sus iguales, se relacionan sin jerarquía a través de la red… No les interesan los discursos, ni los contenidos, ni las metodologías de nuestras anticuadas asignaturas. Verdú defiende que el conocimiento, hoy, sólo llega por la vía de las nuevas tecnologías y, aunque sigue publicando libros, descree de ellos, los considera un objeto caduco; y descree de las campañas de animación a la lectura y de las horas lectivas para que se esfuercen en leer. (Aquí tengo que intervenir: puedo prometer y prometo que, encerrados en un aula con un solo juguete -un libro-, comienzan a leer y van leyendo… y a veces sólo se oye el voltear de las páginas y de los párpados).

Confío en que Verdú tenga razón y que, ahora que comienzan a llegar las pizarras digitales, estos aparatosos artilugios consigan vencer el desdén que nuestros alumnos sienten por nosotros y nuestras aburridas propuestas. De verdad confío en que, si funcionan, serán seductoras: excitarán sus sentidos, despertarán su atención, avivarán su curiosidad, sentirán el latido del conocimiento. Aunque mantengo la teoría de que para que la educación se dé es necesario un pacto de confianza entre dos personas –quiero aprender, yo te puedo enseñar- con o sin artefactos de por medio.

martes, 2 de noviembre de 2010

Clinkiti-clink

“Truco o trato, o si no te mato”, se oía la amable cantinela en estas pasadas noches españolas. En las calles de El Ejido daba gusto ver a esos grupos de chavalillos y chavalillas, acompañados por sus padres hasta la puerta misma de la amenaza. Hollywood nos trajo Halloween y ya queda menos para que la Academia Española de la Lengua lo incorpore a nuestro diccionario escrito más o menos así: jalogüín. Los cristales del portal del bloque donde vivo amanecieron el 1 de noviembre con dos huevos estrellados. Hemos importado esta tradición ajena, y nuestros chavalillos y chavalillas ponen empeño en consolidarla. Para que luego digamos sus maestros que no se esfuerzan… Pequeñas gamberradas amparadas: “Truco o trato, o si no te mato. O, al menos, te estallo estos huevos baratos.”

Si no puedes vencer, únete. En la clase de literatura sacamos partido a la recién nacida tradición contándonos cuentos de miedo. Y entonces, y entonces… La iconografía sangrienta del cine actual contamina, también, buena parte de los relatos: hay un hombre del saco, sí, pero sobre todo hay muñecos diabólicos, payasos psicópatas… hay miembros amputados y muertos vivientes, claro. Hay una madre terrible, llamada Rosa, que mata a sus cuatro hijos para comérselos: al primero lo acuchilla, al segundo lo degüella, al tercero lo envenena –con un té demasiado amargo- y a la cuarta la asfixia con una toquilla. Con qué divertida naturalidad estos chiquillos y estas chiquillas de once añitos cuentan estos horrendos crímenes. Suerte que todo es mentira. Bendita ficción. Os cuento el que más me gustó, quizá porque no hay en él ni gota de sangre, quizá porque tiene algo de cuento antiguo, de relato gótico, de pesadilla de Lovecraft. Lo contó M., abriendo mucho los ojos, moviendo mucho los brazos, y repitiendo “y entonces” cada dos frases:

Una anciana señora vive sola y muere sola. No tiene familia, apenas tiene amigos que la suelan visitar. De modo que pasan varios días... hasta que el hedor provoca que algún vecino se interese y se tema y compruebe que ha ocurrido lo que ha ocurrido. Se disponen a enterrarla y, como ha quedado con los ojos muy abiertos, pero sin ver nada, para que permanezcan cerrados le colocan dos monedas sobre los párpados. El enterrador le dice: “tú ya no las vas a necesitar” y se las queda. Sus párpados se levantan, sus ojos se abren, pero sin ver nada. El enterrador la entierra, ejerce su oficio. Y se guarda las monedas en una latita. Se las lleva a la taberna con la intención de cambiarlas por unos vasos de algo que le caliente el cuerpo. Como suele suceder en estos casos, al caer la noche, se despierta una pavorosa tormenta. El vendaval silba, lúgubre, entre los árboles. La tempestad arrecia sobre los ventanales. Los postigos golpetean. Pero hete aquí que también se escucha un sonido extraño, inhabitual: “Clinkiti-clink, clinkiti-clink…” No, no son las gotas de lluvia sobre las canales metálicas. El sonido procede… del interior: ¡SON LAS MONEDAS QUE TINTINEAN DENTRO DE LA LATA, SOBRE EL MOSTRADOR! Los parroquianos se quedan atónitos, paralizados y lívidos. El enterrador empieza a sudar. Llaman a la puerta. Un valiente abre con mano temblorosa, para descubrir al otro lado a UNA ANCIANA SEÑORA CON SÍNTOMAS DE DESCOMPOSICIÓN, con los ojos muy abiertos, pero sin ver nada, que pregunta con un ronquido agudo, una y otra vez: “¿Dónde está mi dinero? ¿Quién tiene mi dinero?”… Y las monedas en la lata: “Clinkiti-clink, clinkiti-clink…”. Y la anciana camina hacia el enterrador, cada vez más arrinconado en el hueco de la chimenea. Y la anciana señora con los ojos muy abiertos, pero sin ver nada, lo agarra con sus manos huesudas del cuello y le grita a la cara: “¿LO TIENES TÚ?”