Atrapé a este ingenio electrónico de apariencia felina una noche de viernes. Que no os engañe la perfección de sus bigotes de sedal, de su hociquillo de goma… el ojo de fuego que proyecta demuestra que no se trata de un mamífero, sino que tiene un corazón cibernético. Su ojo izquierdo ilumina. Su ojo derecho filma. Vive en la azotea de un garito de la calle Granada y, entre la córnea y el iris, alberga una minicámara que graba cualquier movimiento extraño en ese trozo de calle. Ya están entre nosotros. No es el único. Como cualquier cosa puede pasar por extraña si la miras de cierta manera (con un ojo de fuego, por ejemplo), todo lo graba. Luego otros se ocupan de sacar conclusiones, de tomar medidas… o de filtrarlo a la red.
Una cámara captura otra cámara que captura, a su vez, a la primera y así… he aquí un bucle que sólo termina cuando se agota una de las dos baterías. La mía.
1 comentarios:
Ya tiene usté una respuesta.. espero su comentario, caballero..
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