domingo, 31 de octubre de 2010

La gallina de piel

Tenía un día Miguel Hernández hace hoy cien años, y tendría toda su (breve) vida por delante. Viviría, como todos, perfectamente inconsciente de su porvenir. Desconocería ese día que conocería la pasión por la poesía, el menosprecio de la clase poética, el amor con Josefina, la guerra, la prisión, la enfermedad… Desconocería ese día que tan sólo 32 años después conocería la muerte.

El viernes pasado recordamos en mi instituto a Miguel Hernández de una forma sencilla: leyendo sus poemas. Concretamente, seis. Simultáneamente en todas las clases, en las de literatura, pero también en las de biología, informática o automoción, al comienzo de cada hora de clase, en voz alta, en la voz de un profesor o de un alumno, de una profesora o de una alumna… a las ocho y cuarto, Las abarcas desiertas, a las nueve y cuarto, Para la libertad (El herido), a las diez y cuarto, Elegía a Ramón Sijé, a las doce menos cuarto, Tristes guerras, a la una menos cuarto, Tengo estos huesos…, y a las dos menos cuarto, Canción última. En cuarenta aulas a la vez, con la intención de provocar una conexión poética global (así se lo expliqué a los chicos, algunos de los cuales me miraban con cara de “este tío qué se tomará”, pero otros con una sonrisa entre complaciente y divertida).

En algunas clases, Para la libertad llegó envuelto en música: la de la versión de Manolo García de la adaptación de Serrat. Qué guitarras, qué acordeón, qué voz, qué poema… La gallina de piel, que diría Cruyff:

http://www.youtube.com/watch?v=0QJzA0hQyOw

sábado, 30 de octubre de 2010

Subirse los pantalones

Se confirma Fernando Sánchez Dragó como el gran provocador de este país: provoca vergüenza ajena. Resulta patético ese doble espectáculo que nos ha brindado ahora: primero presume ante su amigote de haberse “follado a unas zorritas de trece años” (así no habla el pueblo, amigo, así hablan los patanes engreídos), luego recula y nos aclara que exageró, que no pasó de unos besitos y que a lo mejor no tenían trece años, que con los japoneses y con las japonesas nunca se sabe… Resulta enternecedor comprobar cómo el gran presuntuoso: presume de independencia, presume de fustigador del poder, presume de sus pelotas…, “se sube los pantalones” (la afortunada expresión es de Wyoming) para mantener su carguito. Resulta asimismo chocante la justificación de su jefa, que lo ampara acudiendo a la coartada literaria y mencionando a García Márquez, a Henry Miller y a Gil de Biedma, nombres que no deberían aparecer en la misma frase que Sánchez Dragó. La presidenta de la Comunidad de Madrid, metida a exégeta para proteger a uno de los suyos, nos alecciona: era literatura, todo mentira, ¿deberíamos actuar como torquemadas y quemar el libro o mejor al autor? ¿Deberíamos hacerlo también con los otros tres? (Bueno, dos de ellos ya están deshechos…). El libro se vende (y se venderá mejor ahora) como una conversación (auténtica) entre dos seres humanos (reales). Si no es así, que lo saquen ya de la lista de libros de “no ficción”… ¿Que se lo inventó? Ah, vale, este viejo machito chochea…

Una noche tuvimos a Dragó en Puente Genil (ayer Marcelino Camacho, hoy Sánchez Dragó, somos gente abierta…). Acudió a unos encuentros literarios en los que, en otras ediciones, también participaron escritores como Haro Tecglen, Antonio Gala, Vicente Verdú, Luis Mateo Díez, José María Merino o Lucía Etxebarría (…y es que en Puente Genil no tenemos prejuicios). Sánchez Dragó clausuró uno de aquellos encuentros en una bodega, adaptada como pintoresca sala de conferencias. En las Bodegas Delgado, entre barricas de excelente fino, Dragó fue convocado para disertar sobre “la memoria como materia literaria”. Y claro, fue una provocación por nuestra parte. Al acabar su charleta hubo que retitularla en los carteles: “Ahora presumiré, otra vez, de mí”.

viernes, 29 de octubre de 2010

En la lucha

Conocí a Marcelino Camacho. Un par de días, hace unos ocho o nueve años. Lo invitamos a que nos hablara de lo que más sabía: los derechos de los trabajadores. Traía su charla preparada a partir de informaciones de prensa recientes. Había subrayado con lápiz y regla aquellas frases que, según él, demostraban que el asalto del Capital a esos derechos era constante. Y que, por tanto, la lucha sindical seguía vigente, seguía siendo necesaria. Alguien le preguntó por su estancia en prisión. Y como estuvo encerrado varias veces, la charla se hizo larga. Ya era un hombre mayor que había vivido mil batallas, cárcel y exilio. Hilvanaba anécdotas de forma algo desordenada y confusa y, sin querer, sonaban a batallitas de un abuelo. Caminaba despacio mirando al frente, siempre del brazo de su mujer, Josefina. No vestía uno de sus famosos jerseys de cuello vuelto, tejidos por ella. Pero sí una chaqueta de lana, de tonos marrones y cremallera, que creo reconocer en alguna fotografía que aparece hoy en la prensa. Le dimos cariño y se emocionaba todo el tiempo. Estaba encantado de comprobar los "logros de la izquierda" en un gobierno municipal. Yo no fui a despedirlo a la estación, de vuelta a Madrid, a su casa de Carabanchel. Pero mis compañeros me contaron después que poco menos que había que despegarse a la fuerza de sus abrazos y que hubo que empujarlo un poquito para que se subiera al tren. Antes se había despedido de todos sus "camaradas ferroviarios".

Decía algo que todos sabemos: que el obrero es el eslabón más débil. Y decía algo que se nos suele olvidar: que los trabajadores han de mantenerse siempre solidariamente en guardia contra el Capital, "agrupados en la lucha". Saludaba con el puño en alto.

Palabras, gestos antiguos. ¿O no?

viernes, 22 de octubre de 2010

Mentirijillas y zafiedades

El vicesecretario de comunicación del PP, Esteban González Pons, a la hora de ponerle pegas a los recientes cambios en el consejo de ministros, ha declarado: “Cuando yo era un estudiante universitario, Rubalcaba formaba parte del Gobierno. Hoy mi hijo está en la facultad y sigue presentándose como la renovación y la novedad del Gobierno”.

La pregunta es obligada: Pero ¿a qué edad acabó este hombre la carrera? Ya hay quien se ha preocupado de comprobarlo: en 1986. Y el doctorado en Derecho constitucional está fechado en 1990.

Rubalcaba fue nombrado por primera vez ministro (de Educación y Ciencia, por cierto) en la remodelación del tercer gobierno de Felipe González: en 1992.

(También ha declarado que Rubalcaba más que “delfín” va a ser “el fin” de Zapatero. Y es que al tipo le puede la ironía.)

El asunto es: Si un político miente sobre estas tonterías, ¿qué podemos esperar de él?

Penúltima lora, que diría Forges: acabamos de enterarnos de que el alcalde de Valladolid, además de un zafio, es médico ginecólogo. No parece probable que sus casposos comentarios hacia la nueva ministra de sanidad le cuesten la alcaldía (así está la cosa: a mucha gente hasta le parecen graciosos), pero yo creo que un rijoso confeso debería estar inhabilitado para ejercer una profesión que atañe de manera tan íntima a las mujeres.

jueves, 21 de octubre de 2010

La seguridad de los ignorantes

Periódicamente recibo correos electrónicos a favor de la recuperación del crufifijo en las clases, correos muy beligerantes contra los musulmanes, que extienden el malententido malintencionado de que la yihad impone a sus fieles la erradicación de los infieles (para ganarse el Paraíso). Son mensajes poco matizados, o directamente incultos, que traslucen eso que Bertrand Russell afirma en mi azucarillo del día: “Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.”

De los treinta alumnos del grupo de 1º de ESO al que le doy clase este año: siete son marroquíes, cuatro niñas son rusas, dos son ecuatorianos, uno es gambiano, y una chica, alemana. Supongo que los marroquíes y el gambiano son musulmanes por tradición familiar. Las rusas, tal vez ortodoxas. Los ecuatorianos tal vez sean católicos, tal vez evangelistas… Los nativos de por aquí, católicos… o no, no sé: la verdad es que, al matricularse, no se les pregunta por sus creencias religiosas (sólo se les pide que escojan matricularse o no en una hora semanal de religión católica, y debo decir que aquí la alternativa-atención educativa está más concurrida y no sólo entre el alumnado de la inmigración).

En mi instituto están representadas unas treinta nacionalidades: además de las mencionadas uno puede conocer a rumanos, búlgaros, argelinos, libaneses, ghaneses, senegaleses, peruanos, colombianos, ingleses… Nacidos en España o no, todos son españoles porque, como dijo Max Aub: uno es de donde hace el bachillerato. Creo que la educación debe ser laica. Creo que la religión debe pertenecer al ámbito privado y familiar. En esa diversidad, no entiendo por qué habría de presidir el aula un crucifijo.

Cada día hablo con padres de alumnos musulmanes que no están pensando en asesinarme. De verdad. De lo que estoy seguro es de que estos mensajes fanatizados que circulan del lado de acá o del lado de allá contribuyen muy poco a la convivencia, que debería ser el objetivo. A no ser que el objetivo sea reimplantar la Inquisición.

Al final del correo se nos invita a ser valientes y a reenviarlo para elevar el porcentaje de personas que lo suscriben: ¡un 7%! Ese dato tranquiliza. Naturalmente pertenezco al 93% que no piensa reenviar ese mail, cuya historia, además, tiene toda la pinta de no ser cierta.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Cáfe, azucarillos y Confuncio

La pausa de las once y cuarto para tomar un café, para hojear un periódico, para charlar con las compañeras sobre este o aquel asunto o alumno, para respirar, para diluir algo el estrés acumulado por la “intensidad de la comunicación docente”, para distender el tímpano de la contaminación ruidosa… ofrece como añadido el mensaje que envuelve al azucarillo. El de hoy se atribuye a Confuncio, ya saben, el inventor de la “confusión”, según la divertida… confusión de una candidata a miss no se qué, que se ha hecho famosa en la red, fama engañosa y fugaz me temo.

Dice hoy mi azucarillo, citando a Confuncio: “Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí.” Pero Vicente Navarro afirma en su blog que, tal cual, la cita contiene un error; que en inglés suele aparecer en estas dos variantes, una más sobria: “I hear and I forget. I see and I remember. I do and I understand.” Y otra más poética: “Tell me, I´ll forget. Show me, I may remember. Engage me, I´ll understand.”

Es decir: “Lo hice y lo entendí”, debería decir mi azucarillo.

Asegura Vicente que alguien ha corregido a Confuncio por el camino y que “se trata de un error que circula impunemente por la red”. El caso es que Confuncio no escribía en inglés y, en todo caso, ¿cuántos más trágicos circularán?

De uno u otro modo, a los profesores nos conviene no olvidar este mensaje: me lo contaron y no llegué a olvidarlo porque no estaba escuchando y tenía sueño y me importaba poco y tenía otras cosas en que pensar… Eso sí: Lo hice y lo entendí y lo aprendí… (aunque, por falta de práctica, de interés, de utilidad… también se me ha olvidado).

Me lo contaron y lo olvidé encierra una verdad… relativa: yo no he olvidado algunas cosas fundamentales (y superficiales) que me contaron (cuando estaba escuchando). Y es que –no lo olvidemos- en el "proceso educativo", lo decisivo siempre es la voluntad del "educando".

martes, 19 de octubre de 2010

Ojo de Mou

Bueno: parece que el Madrid ha vuelto. (Tranquil, Pep, lo nuestro sigue siendo arte. Esto no pasa de galopadas...) Acabo de ver un rato del Madrid-Milán y la verdad es que los chicos le han puesto energía. Qué impetuoso Marcelo, qué vivaracho este Ozil, qué lúcido y equilibrado Xabi Alonso, qué vertical, qué amenazante Ronaldo, que mueve al correr sus bracitos como en blanco y negro, a velocidad de tele antigua. También vi parte del partido contra el Málaga del sábado en la cafetería Granada, con un ojo en la tele, otro en la conversación y otro en unos estupendos salmonetes… ya van tres ojos, ¿no? Pues aquí va un cuarto: el que se le cae a Mourinho.


Mis amigos madridistas (tengo bastantes: soy un hombre comprensivo con las debilidades ajenas) deben de estar efervescentes. A ellos dedico esta viñeta del genial Forges.

lunes, 18 de octubre de 2010

Bucle (Ojo de gato)

En un duelo escojo como arma el diccionario, escribí en este cuaderno hace unos días. Pero ahora Enrique propone que el arma sea una cámara digital, y el duelo a un solo y alternativo disparo-cierre de obturador. Para empezar escojo este ojo.

Atrapé a este ingenio electrónico de apariencia felina una noche de viernes. Que no os engañe la perfección de sus bigotes de sedal, de su hociquillo de goma… el ojo de fuego que proyecta demuestra que no se trata de un mamífero, sino que tiene un corazón cibernético. Su ojo izquierdo ilumina. Su ojo derecho filma. Vive en la azotea de un garito de la calle Granada y, entre la córnea y el iris, alberga una minicámara que graba cualquier movimiento extraño en ese trozo de calle. Ya están entre nosotros. No es el único. Como cualquier cosa puede pasar por extraña si la miras de cierta manera (con un ojo de fuego, por ejemplo), todo lo graba. Luego otros se ocupan de sacar conclusiones, de tomar medidas… o de filtrarlo a la red.

Una cámara captura otra cámara que captura, a su vez, a la primera y así… he aquí un bucle que sólo termina cuando se agota una de las dos baterías. La mía.

jueves, 14 de octubre de 2010

La parte contratante

“Es necesario que el Servicio Andaluz de Empleo transforme el concepto de demandante de empleo en el concepto de oferente de empleo, de manera que la gente tenga capacidad y conocimiento suficiente para ofrecer a la ciudadanía una oferta que luego se pueda traducir en demanda que sea económicamente relevante y satisfacer las necesidades.” (Pepe Griñán, el hijo secreto de Groucho Marx)

miércoles, 13 de octubre de 2010

martes, 12 de octubre de 2010

Revenge

Al pasar por Pujaire me pregunto (en voz alta, menos mal que alguien suele escucharme) por qué habrán decidido llamar a una de sus calles con un sinónimo de venganza. Ya en casa compruebo en la web de los pueblos de Níjar que la calle toma el nombre del cerro al que se orienta: Cerro de la Revancha, tercera altura del Parque Natural del Cabo de Gata, 385 metros. Pero no queda más remedio que insistir: ¿Qué ofensa se habrá vengado en esa montaña? Esto no lo aclara ni la Wiskipedia (como la llama un amigo). Así que me lo vuelvo a preguntar aquí, por si lo supiera algún historiador de guardia. Mera curiosidad. Podré seguir viviendo con esa ignorancia.

lunes, 11 de octubre de 2010

Así no hay quien se relaje

Me pregunto quién habrá decidido que el saxofón de Kenny G. versionando canciones de Bryan Adams es la música idónea para la relajación final, tras una tabla de ejercicios abdominales Pilates. Especialmente la cancioncilla esa de Don Juan de Marco. Como si te taladraran las sienes…

domingo, 10 de octubre de 2010

Los marcos de Márquez


Un nombre y dos apellidos me han parecido siempre estas tres palabras azules que llenan la mitad superior de este anuncio luminoso. En la confluencia de las Cuestas Borrego y Baena, en pleno casco histórico de Puente Genil, se encuentra este veterano establecimiento, cuyo dueño no se llama Marcos, sino Márquez. Tan veterano el negocio que el cartel muestra teléfono sin prefijo. Márquez es un esmerado artesano en su oficio, con una experiencia que le faculta para encontrar siempre el material y el tono de color adecuado con que enmarcar una pintura o una fotografía, un espejo o una lámina. Adecuado para el objeto, para el motivo, pero también para el cliente. Si uno pasa por su puerta es habitual encontrárselo más allá del mostrador, trabajando sobre un banco de madera bajo un brillante tragaluz solar. Partidario de las cosas bien hechas, además es una persona amable. Y mi vecino. Si necesita “enmarcarse” no lo dude: este es su hombre. Y, además, te regala los cáncamos.

sábado, 9 de octubre de 2010

Nunca he visto un puente feo

Al leer algunos de los poemas y anotaciones sueltas de Marilyn Monroe, que acaban de publicarse en la editorial Seix Barral, me he acordado, de nuevo, de mi amigo Antonio. Marilyn se muestra en esos escritos para sí misma como una persona inteligente y sensible. Tierna. Desesperanzada. Sola. Fantasea sobre su propio suicidio. Especula sobre posibilidades. Sensible ante la belleza, considera casi imposible arrojarse desde el puente de Brooklyn: “todo se ve hermoso desde su altura y el aire es tan limpio”, escribe.

(Antonio Tabucchi, en el prólogo del libro: “Si las personas escasamente sensibles e inteligentes tienden a hacer daño a los demás, las personas demasiado sensibles y demasiado inteligentes tienden a hacerse daño a sí mismas.”)

Antes de conocer el lugar donde mi amigo Antonio decidió salirse de la vida, imaginaba un árbol esbelto en la soledad de una colina verde y brillante, vestida por la hierba humedecida por la lluvia reciente. A lo lejos el sol se estaría apagando en el mar… Una estampa hermosa. Pero, nos aclara Marilyn, mientras uno contempla una imagen hermosa es muy difícil dejar de hacerlo, uno se extasiaría, se pondría a pensar, se distraería de su objetivo, vale la pena seguir mirando, vale la pena seguir viviendo aunque sólo sea para seguir mirando: “…Así que / tendrá que ser algún otro puente uno feo y sin vistas -salvo que / me gustan en especial todos los puentes- tienen algo y además / nunca he visto un puente feo”, concluye el poema con ese estupendo octosílabo.

Cuando Frank, Emilio, Willy y yo visitamos el lugar que Antonio había escogido / improvisado para largarse de aquí pudimos comprobar que era, en realidad, sumamente feo: uno de esos cerros a la espalda de la ciudad de Málaga en que han proliferado, como pústulas de un sarampión, horrendos chalecitos que vierten directamente sus aguas fecales a las raíces de los algarrobos. En el más escondido de todos ellos (tardamos varias horas en encontrar el árbol exacto y no lo habríamos hecho de no coincidir con un pastor que sabía…), encerrado, casi enterrado en la pequeña rambla que forman dos colinas, bajo su copa frondosa, desde una sólida rama alzó el vuelo el halcón genovés para admirar la belleza desde arriba: “todo se ve hermoso desde su altura y el aire es tan limpio…”.

Marilyn buscó esconderse dentro de un bote de pastillas y bajo las sábanas en la desolación de su apartamento, que no debía de parecerle hermoso en aquel momento, que debió de volvérsele hostil en las horas previas a la decisión final, del mismo modo que Antonio se ocultó en una vaguada, con vistas exclusivas a su propia tristeza, bajo un árbol opresivo. En una oquedad de su tronco Frank, Emilio, Willy y yo dejamos unas flores y leímos un poema de Pekín, el profeta, que comienza así: “Viajeras son del destino, las voces de la conciencia…” .

(Sonreiría Antonio, con sonrisa ladeada y socarrona, si se enterase de que lo estoy comparando con Marilyn Monroe, nada menos: eso sí, Antonio, tú tienes mejor perfil…)

viernes, 8 de octubre de 2010

jueves, 7 de octubre de 2010

Lavarse las manos... sin agua

El alcalde de El Ejido se lava las manos en el asunto de ElSur. Bueno, el miércoles por la mañana no pudo: no tenía agua con que hacerlo. Los trabajadores no cobran adecuadamente sus nóminas y adoptan medidas extremas: sabotean el suministro de agua corriente, apagan farolas, atruenan con vuvucelas el centro urbano, cortan los accesos al municipio quemando contenedores y neumáticos… una imagen, esta última, de infausto recuerdo en este pueblo… Calentita está la cosa. Pero el gobierno municipal no se siente responsable. La culpa es de la empresa, dicen. La culpa es de ElSur. ElSur es una empresa tipo mixta: 70% capital privado, 30% municipal. El gobierno de El Ejido sólo se siente concernido en ese minoritario tanto por ciento. Pero no tomamos las decisiones, dicen.

ElSur es la empresa de servicios básicos municipales: se ocupa, entre otros menesteres, de la distribución de agua potable, del alumbrado público, de la recogida de aguas pluviales, de la conservación de los jardines, de la red viaria, de las aceras, de las señales… En algunas de esas tareas decir que “se ocupa” es mucho decir, en mi opinión: por ejemplo, cuando en El Ejido llueve, el agua (y el barro, las piedras, las cañas… arrastrados desde las montañas) circula por encima de las calles y no canalizada por debajo como sería lo normal en un lugar civilizado. Las mañanas de tormenta es inevitable comenzar a trabajar con los pies mojados hasta los tobillos (a no ser que uno trabaje en casa o en su mismo bloque)… En El Ejido el número de solares que salpican el entramado urbanístico es tal que: ahora tienes acera, ahora no, ahora tienes acera, ahora chinarros y socavones… El municipio suspendería, sin duda, un examen sobre accesibilidad: tramos sin acerado, aceras invadidas por vallas de obras, farolas en el centro de aceras estrechas… Sólo el Bulevar y los paseos centrales lucen estupendos… Y las rotondas, que son hermosos jardines o frondosos bosques… En muchas calles de El Ejido rige el antiguo criterio circulatorio: cede el paso a los coches que vienen por tu derecha. Cuesta un poco acostumbrarse a la falta de stops y cedas en numerosos cruces. Conozco uno en el que confluyen hasta seis calles sin señalización alguna: en ese punto no es raro encontrarse a dos conductores rellenando un parte amistoso sobre un capó… Deficiencias impropias de una localidad con una de las rentas per cápita más altas de Europa, según las estadísticas habituales… y con unas considerables tasas municipales. En ElSur, y sus derivadas, la juez del Juzgado de Instrucción número 2 de Almería presupone presuntamente comportamientos corruptos, que mantuvieron al alcalde ocho meses en prisión provisional, estando a la espera de juicio. (Del servicio de recogida de basuras, limpieza de calles, reciclaje y tratamiento ecológico de residuos, etc. no hablamos aquí porque “se ocupa” otra empresa, esta vez privada, y también investigada.)

Ahora los trabajadores de ElSur, como no cobran cuando o lo que les corresponde han decidido presionar a la empresa y al ayuntamiento en el grifo de los vecinos y con las estrategias antes descritas. Pero ante un problema de semejante calibre un alcalde no puede inhibirse, qué se yo… qué menos que sentarse con el presidente del consejo de administración de ElSur para buscar soluciones, para mediar en el conflicto y… ¡anda!... ¿qué digo?... ¡pero si son la misma persona!

miércoles, 6 de octubre de 2010

martes, 5 de octubre de 2010

El roc

“…de repente oscureció. “¡Qué raro!”, pensé. Era demasiado pronto para que anocheciera, y hacía un instante no había una sola nube en el cielo. Parecía como si el sol se hubiese apagado de pronto, y sólo al mirar hacia arriba comprendí lo que estaba pasando en realidad: el sol seguía en el centro del cielo, pero había quedado oculto tras una enorme figura que sobrevolaba la tierra.

Era el pájaro más grande que había visto en mi vida: tenía el cuerpo del tamaño de un navío, unas alas enormes como velas de barco y un pico del grosor del tronco de una palmera. Presa del miedo, corrí a esconderme entre los árboles, y desde allí vi como el pájaro tomaba tierra, se acomodaba sobre la cúpula y se echaba a dormir. Entonces lo entendí todo: lo que me había parecido una enorme construcción era en verdad un huevo de grandes dimensiones que el pájaro incubaba. “¡Es un ave roc!”, me dije, recordando que en cierta ocasión había oído hablar a unos viajeros acerca de un pájaro gigantesco que alimentaba a sus polluelos con elefantes y que recibía el nombre de roc. También me habían explicado que la carne de aquella bestia alada rejuvenece a quien la prueba y devuelve su color natural al cabello blanco de los ancianos...”

(Simbad el marino.
Adaptación de Agustín Sánchez Aguilar.
Ed. Vicens Vivens, Col. Cucaña)

Parece peligroso. Así pues habrá que cazarlo y cocinarlo, ¿no?
Y comerlo. Para revitalizarnos.

lunes, 4 de octubre de 2010

El refuerzo positivo

Hoy he vuelto a hacer la cama. No es habitual. Soy de los que piensan que el colchón tiene que ventilar, que la cama tiene que orearse de los malos sueños o de los buenos juegos nocturnos. Y además: cuatro de cada tres fabricantes de colchones lo recomiendan (aunque no concretan, creo, el número de horas). El caso es que hoy he vuelto a hacer la cama porque mi chica, hace dos días, elogió mucho mi obsesiva manera de alisar la sábana de abajo (como es adaptable y a medida es una tarea muy sencilla, pero esto no lo contaré para no quitarle mérito a mi empeño); elogió asimismo la perfecta alineación del embozo y la precisión milimetrada con que ajusto la sábana de arriba en la zona de los pies: ni demasiado suelta (los resfriados se cogen por los pies), ni muy apretada (los dedos se curvan y luego no te encajan en los zapatos); elogió finalmente la delicadeza con la que acomodo la colcha de entretiempo, en la que ha estallado una primavera perpetua, cuajada de flores y de aves: azucenas, campanillas, perdices, gansos y pavos reales; un jardín romántico con surtidores y estanques y parterres de enredaderas y buganvillas, que se eleva en la almohada cervical, simulando una doble colina de cerezos… Y yo respondo muy bien al refuerzo positivo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Avivamiento

Por la calle, una niña muy sonriente me invita al avivamiento de William. Quizá sea su hermana pequeña. O quizá sea su hermana mayor, no lo sé. Pero se la ve feliz. Hoy se aviva William.

Desconozco el ritual, pero imagino una fiesta de rezos enfervorecidos, invocaciones y cánticos apasionados… con William como protagonista, muy elegante él, adornado el cuello de la camisa con una pajarita.

Las celebraciones evangélicas son alegres, musicales, bulliciosas, compartidas. Entre canciones y aleluyas, las emociones se disparan y parece que culminan al borde de la histeria. Ha calado entre el mundo gitano por esa vía: la de las alabanzas aflamencadas. Y en Sudamérica por la vía participativa. El contraste con el rito católico es notable. Mucho más aburrido, ¿no?. Aquí solo habla el cura. Los fieles responden plegarias mecánimente repetidas. Donde no hay color es en los escenarios: ermitas o catedrales, los recintos ceremoniales de la religión católica son solemnes, recogidos y majestuosos, con retablos dorados y variada imaginería en las capillas, con cirios, incensarios, campanarios y rosarios. Las iglesias evangélicas se ubican, frecuentemente, en un local alquilado (próximo, en nuestro caso, a la peña barcelonista), y de sus paredes cuelgan todo lo más modestos carteles con el lema: “No te imaginas lo que Jesús puede hacer por ti”, bajo techos de escayola y barras fluorescentes.

Yo, que ya perdí el hábito religioso (valga la expresión), confieso que miro con cierta condescendencia estas prácticas. Me dan repelús esas efusiones, esos vahídos, los encendidos discursos, los arrebatos. Y discrepo del criterio musical. Pero me gusta el sentimiento de comunidad no enfrentada a la comunidad vecina, la fraternidad que la anima. Y el avivamiento.

Al fin y al cabo, ¿quién no necesita avivarse de vez en cuando?

sábado, 2 de octubre de 2010

La otra noche fui al teatro

Al Teatro Apolo. Mi compañera Concha dirigía de nuevo a ese grupo de “Mujeres florero”, que no parecen serlo en absoluto. Esta vez representaban una versión de Las Cuñadas de Michael Tremblay, que ellas han llamado Las Invitadas.

Las invitadas son las que Encarna Lozano ha reunido en su casa para que la ayuden a pegar ¡un millón de cupones! en unas cartillas, lo que le permitirá acceder a miles de regalos y a otro nivel de vida: de la rebeca de ganchillo a la estola de visón, de la modesta casita al lujoso chalé… En el “mundo moderno”, la obsesión es consumir y poseer lo que, tal vez, no se necesita. Todas son aficionadas a participar en toda clase de concursos convocados por revistas, emisoras de radio o canales de televisión. Y todas, en algún momento, responden a la pregunta de la más ingenua del mismo modo: “Pero ¿tú me ves a mi cara de que me haya tocado alguna vez algo en la vida?”, repetida como una letanía. Pega que te pega, no paran de “darle a la sin hueso”, mostrándosenos tal como son: inocentes, aburridas, amargadas, resentidas… la pija que cree estar por encima de las demás y que acepta acudir a estas reuniones para reforzar ese mezquino sentimiento… la abuela que se tambalea, que traga anís cuando la dejan, que muerde… la beata que no puede evitar frecuentar el club de mala fama (donde trabaja la más pequeña y díscola de las hermanas Lozano)… Conforme avanza la tarde, la sobredosis de rencor -que se inyectan mutuamente- hacia la afortunada anfitriona, las obliga a ir robándole cupones en cuanto se descuida… con la consiguiente zapatiesta final, cuando aquella descubre el pastel.

La puesta en escena es buena: De inicio, unas proyecciones de anuncios de los años sesenta del pasado siglo nos sitúan en el contexto: el despertar de la sociedad de consumo. Un reloj de cocina colgado en escena marca el tiempo de la representación: una hora exacta. Las actrices se presentan desde la derecha del espectador, meneando las caderas con gesto histriónico. La disposición oblicua de la mesa cubierta de hule nos permite verlas a todas mientras conversan. Es teatro aficionado, es decir, las interpretaciones son mejorables y tiene altibajos su ritmo, pero es que el reto es muy ambicioso, la obra es muy complicada, el mérito, enorme. Es una obra de texto, en la que apenas hay movimientos escénicos (aunque incluye dos números musicales): casi todas las actrices están en escena todo el tiempo. Es unas de esas comedias de humor amargo. Te ríes, pero con una mueca. Contiene, eso sí, puros gags visuales muy, muy cómicos, como el rezo colectivo, la caída lateral de la abuela, los lingotazos de anís a escondidas… quizá el que más uno involuntario: el enganchón de un bolso en una silla, resuelto con mucha gracia por la actriz. Sólo cabe acabar gritando: ¡Bravo! Y preguntando: ¿para cuándo la próxima?

viernes, 1 de octubre de 2010

CCOOLLGGAADDOO

No quiero frivolizar, pero no puedo evitarlo: está en mi naturaleza, como dijo el escorpión a la rana…

En los telediarios del día después de la huelga (poco) general, en todas las entrevistas con Ignacio Fernández Toxo, líder de Comisiones Obreras, aparece un fondo de pantalla de ordenador con el logotipo del sindicato. Y sobre él un cuadro de texto azul que informa de un error. “Maestro, esto se ha colgao”, como me dice cada día algún alumno. Pues eso: ¿Debemos tomarlo como indicio de que el sindicalismo anda un tanto anquilosado?