jueves, 2 de diciembre de 2010

Devolver el casco

Con el estridente asunto de las motos sucede esta contradicción: sólo lo disfruta quien va encima, todos los demás lo sufren. Me pregunto en qué momento se decidió que el ruido mola. Supongo que está relacionado con ese llamar la atención propio de la adolescencia. Y la adolescencia acostumbra a durar mucho hoy día... No suele haber término medio: a esas edades o eres exhibicionista (y no estoy hablando aquí de genitales) o no querrías salir nunca de tu agujero; de ahí que las redes sociales sean, sobre todo, un éxito adolescente: exhibicionismo a mansalva (abundante y a cubierto, me encanta esta expresión que le leí por primera vez a Mortadelo). Pero me sigo preguntando qué llevará a muchos humanos a ponerle pegatinas y bombillas de colores a su coche. Mola, ¿no? No niego que pueda haber una intención estética. Y aunque no fuera artístico el resultado, se trataría de una agresión silenciosa. Y basta con apartar la mirada. Tolerable. Pero demasiados humanos han decidido que también mola un montón multiplicar la potencia de los subwoofers. Y asistimos a diálogos del tipo: -¿Has visto cómo suena? -¿Qué?

A menudo no basta con atronar, con trucar el tubo de escape, también es necesario que vean de lo que eres capaz: acelerar, apretar el puño a tope y levantar la rueda delantera por las calles del pueblo, saltarse pasos de peatones, subirse a las aceras, ir en contradirección... Mola, ¿no? Cuando veo a alguno así, siempre me acuerdo de Amarcord, la película que Federico Fellini dedicó a su infancia en Rímini. De entre sus recuerdos rescata Fellini la imagen del motorista alocado que no deja de acelerar, apretar el puño a tope y levantar la rueda trasera por las calles del pueblo, saltarse los pasos de peatones, subirse a la acera, ir en contradirección... y que no dice una sola palabra porque jamás se quita el casco. En el tramo final de la película nos enteramos de que se trata del “tonto del pueblo” (de uno de ellos). Y es que con la cabeza encajada en un casco no es fácil estudiar. Protege de los golpes pero, a la vez, impide que traspase el conocimiento. Es un eficaz preservativo contra la cultura. No niego, tampoco, que así se han forjado las epopeyas de los héroes de nuestro tiempo... los de Moto GP, molestando a tope a los vecinos. Pero permítanme que, ahora que al fin se ha creado un facebook que aboga por la escolarización de Sergio Ramos, yo proponga también uno similar para Jorge Lorenzo. Y permítanme este desahogo, esta definición del motorista alocado, egoísta, inconsciente, incívico, que circula irresponsablemente por ahí. Se trata, simplemente, exactamente, de “un tonto montado en un ruido”.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Onecohone

Ahora que queda un rato para el comienzo del clásico, conviene dejar aquí anotada la última hazaña estratégica del autoproclamado Special One: la provocada doble tarjeta (que son)roja que, al parecer, también ha inventado él. Modelo de discreción, desde luego. Sólo había una manera de que la martingala pasara más desapercibida: que el speaker del Amsterdam Arena lo hubiera gritado en tres idiomas: español, neerlandés y portugués. Al pobre Sergio Ramos, muito corrido camino del vestuario, se le oía murmurar en perfecto andaluz de Camas: One, cohone.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Persecución

Corriendo por el parque, irrumpen en la pista tras saltar una verja un gato negro con manchas blancas o blanco con manchas negras perseguido por un perro simplemente marrón. Tal circunstancia altera mi velocidad constante (la de un caracol lastrado con un yunque), y ensayo un amago de sprint tras ellos, mientras imagino la curiosa composición: hombre persigue perro que persigue gato. Intento desdoblarme para capturar la imagen, pero sólo consigo dejar escapar un gasecillo por vía anal. De pronto pienso que quizá la imagen no esté completa y giro atrás la cabeza… justo en el momento de sentir en el cuello el aliento espeso y los afilados colmillos de un velociraptor.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Calcifer enfadado

Sopla el viento a base de bien esta tarde. De algunas casas asoman cortinas por las ventanas abiertas, como banderas blancas de rendición. Baja el viento por la loma con furia, revolviendo los plásticos del descampado, despeinando la melena de los árboles, meneando peligrosamente antenas y farolas, empujando contenedores hasta la próxima esquina, balanceando las grúas de los edificios a medio construir, inacabados y abandonados desde hace meses, meras carcasas vacías por cuyos corredores se cuela un viento desolado. “Ahora es posible”, dice un cartel gigantesco desplegado en una torre blanca de viviendas que veo desde mi ventana. Pero no parece que lo sea, ni para los promotores ni para los posibles compradores. Me imagino –estoy un poco loco- que esa torre blanca quizá querría aprovechar un golpe de viento para salir corriendo o volando hasta la playa adecuada, en la que puedan terminarla.

Como me ocurre casi siempre, compruebo en seguida que esta imagen que se viene a mi mente no es casual. Debe de estar relacionada con El castillo ambulante, de Hayao Miyazaki, la película que disfruté ayer por la tarde en el Maratón Manga, organizado por la Asociación Cultural Diablo.

La película es un placer para la vista y para la imaginación: la celosa bruja del páramo envejece de manera fulminante a Sophie, al comprobar que el apuesto mago Howl ha puesto los ojos en ella. Howl es un mago seductor y coqueto, que quiere quitarse la vida al teñírsele de rojo accidentalmente su rubia y sedosa cabellera. El corazón del mago Howl es el fuego que alimenta el castillo, un ser vivo con aspecto de gigantesto batracio de cuatro patas, y cuya puerta se abre a cuatro realidades diferentes: rural y urbana, apacible y apocalíptica. La película tiene momentos admirables: como la exhaustiva limpieza del interior del castillo; como el viaje a la infancia de Howl para conocer a cambio de qué entrega su corazón tras deglutir una estrella errante; o como la eterna subida de la escalinata de palacio, divertida competición entre la anciana Sophie (que carga un anciano perro) y la oronda bruja del páramo, anegada en sudores. Y tiene personajes encantadores, especialmente un espantapájaros mudo y sonriente, servicial y saltarín, y con cabeza de nabo. Especialmente Calcifer, el fuego que anima el castillo…

Quizá el desenlace es algo ñoño. Pero no tengo ningún problema en ver películas en las que –frente a lo habitual en la vida- el amor vence al egoísmo y a la ambición, y en las que las guerras se pierden por falta de interés.

Pero salgamos un momento de la película (del amor desinteresado hacia el prójimo y hacia las cosas bien hechas) y volvamos, de nuevo, a la vida (al egoísmo y a la ambición). Es necesario darles una enorme enhorabuena a los diablos por esta iniciativa. Una enhorabuena de las de palmear la espalda por atreverse a organizar estas cosas y por no desfallecer a pesar de los inconvenientes. De inconveniente, por lo menos, se puede calificar la actitud del ayuntamiento de El Ejido que, aunque les cedió inicialmente el espacio -la Sala B del Auditorio- durante todo el día, obligó finalmente a suspender todas las actividades de la mañana (los talleres y clases magistrales, las visitas guiadas a la exposición, el concurso de disfraces, la alfombra de baile, las juegos y vídeojuegos…), a los que estaban convocados muchos chicos y chicas de la localidad, porque el alcalde del municipio decidió entregar precisamente ese día y en ese mismo lugar, los Premios del Deporte, un acto que no pudo celebrarse en la fecha prevista porque numerosos vecinos de El Ejido decidieron levantar la voz contra el desgobierno y la corrupción (presunta, sí). Sospecho que a la lista de vecinos descontentos deberemos de sumar ahora a los que han sufrido este menosprecio. Calcifer, entre ellos. Y Calcifer es un demonio con fogoso sentido del humor, pero cuando se enfada…

El castillo ambulante, trailer

domingo, 7 de noviembre de 2010

Grito hacia Roma

En un lujoso salón del castillo de Cardiff una placa recuerda el almuerzo allí celebrado por Juan Pablo II y la conferencia episcopal galesa, un día de 1982, durante la visita del entonces Papa a tierras británicas… y no comieron precisamente acelgas… Me he acordado de este detalle ahora que otro Papa visita ciudades españolas y que leo los datos de lo que cuesta que venga a vernos. Sobre todo porque parece que el objetivo prioritario de la visita papal a España es tocarle las narices al gobierno. El sumo pontífice está seriamente preocupado por el “agresivo anticlericalismo de la sociedad española”, que él atribuye a este pérfido gobierno socialista emparentado para la ocasión con aquel republicano de los años 30. No se le ha ocurrido a este hombre, que pasa por erudito, relacionar el supuesto anticlericalismo de la sociedad española con la colaboración de la iglesia católica en la represión franquista. Aunque yo le diría que se tranquilice, que no hay para tanto, especialmente en Andalucía, que sigue siendo la tierra de María Santísima.

La excusa es bendecir ¡un edificio inacabado! (se prevé la terminación de la basílica de la Sagrada Familia en 2026 y es de suponer que él ya no podría hacerlo), pero la visita de Ratzinger a España es política, sin duda, como demuestra esa declaración hecha desde el cielo, quiero decir, desde el avión que lo traía a Santiago de Compostela. El portavoz de Izquierda Unida en el Congreso, Gaspar Llamazares, le ha contestado que, con ocasión de la visita, podría aprovechar para pedir perdón en nombre de la jerarquía católica por su actitud tan poco cristiana durante la dictadura. Pero eso no toca ahora, Gaspar, si acaban de pedir perdón por lo de Galileo… A lo mejor en 2226…

Los medios de comunicación españoles hace algunos años se hicieron eco de una “simpática” imagen: Benedicto XVI tocado con un tricornio de la guardia civil. En Italia, en cambio, la noticia fue que el Papa se había colocado un birrete del ejército italiano. Y en México, un sombrero charro. Y en Austria, un sombrero tirolés… Un casco de bombero, un gorro de papá noel…. Los tocados del Papa Ratzi constituyen un “simpático” ejemplo de la propaganda audiovisual con que se maneja el Vaticano… “Pero el hombre vestido de blanco / ignora el misterio de la espiga”.

Es el día adecuado para releer el Grito hacia Roma de Federico García Lorca. Aquí tienes un fragmento:

(…)
Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslúcidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.
(…)

Lee aquí, si quieres, el poema completo.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Arquitectura del cuarto curso

Además del horrendo diseño de los edificios educativos (*), de no respetar sus propias recomendaciones respecto al número de alumnos por grupo, de escolarizar sin integrar al alumnado inmigrante, de no planificar adecuadamente la implantación de nuevas tecnologías, de… (freno aquí los reproches), creo que la administración educativa se equivoca al rebajar el nivel de exigencia para la titulación en ESO, o para afrontar los dos cursos de Bachillerato (¿tan difícil es?). Creo que los alumnos de cuarto curso no deberían titular con dos o hasta tres asignaturas suspensas (perdón, no habiendo alcanzado los objetivos mínimos previstos en esas materias). Ya sé que están sinceramente preocupados por el fracaso escolar y por el escaso porcentaje de bachilleres. Ya sé que pasan la vergüenza anual del Informe PISA y similares. Hay que mejorar la estadística. Y ya conozco el argumento habitual a favor de estas medidas: hay que evaluar la madurez educativa del alumno, hay que evaluar si consideramos que ha alcanzado los objetivos generales de la etapa (y por lo tanto: hay que obviar que no haya cubierto suficientemente los objetivos concretos de esas materias). Pero creo que esta norma es disuasoria del esfuerzo (demasiados alumnos hacen cábalas: ¿me dejo estas dos o estas otras dos?) y frecuente fuente de conflicto (en las horas de clase de las finalmente elegidas: o sesteo o me divierto… a costa de los que sí han decidido estudiarlas).

(*) Sobre la arquitectura de los edificios educativos me ha interesado esta noticia de la periodista Anatxu Zabalbeascoa, en su blog arquitectónico. Trata de la construcción de una escuela en Puerto Cabuyal, Ecuador, y comienza con un dictamen que comparto plenamente: “La mayoría de las escuelas rectangulares de hormigón parecen cárceles”. No digo que aquí, como en el caso que se nos presenta, haya que construir escuelas de madera, sólo digo que las vallas (y las cámaras) siempre resultan opresivas. Y que, según me cuentan, en los países nórdicos (a la cabeza en estadísticas de calidad de la enseñanza), al parecer, no las necesitan…

Esperanza para niños

viernes, 5 de noviembre de 2010

La trinchera educativa

Sigue la reflexión de ayer, a partir de un artículo de Vicente Verdú que he encontrado, finalmente, reproducido en el blog de otro maestro:

“El desdén entre profesores y alumnos”

Como cualquier ser humano los alumnos son, en general, propensos a la máxima generosidad tomados de uno en uno, y a una notable crueldad, convertidos en masa. Ante el profesor autoritario no se rebelarán: murmurarán a sus espaldas, pero en su presencia, ni piarán. Esa cobardía está alojada, supongo, en el gen de la supervivencia. Eso sí, tomarán cumplida revancha ante el profesor que no se sienta cómodo o capaz de imponerse por la vía de la amenaza. Si huelen debilidad cercan a la presa y pueden ser implacablemente chistosos y humillantes. Yo ofrezco confianza, proximidad (y no es fácil: soy profesor de unos trescientos alumnos, a más de treinta por grupo), ofrezco una cierta rutina creativa y ofrezco un discutible sentido del humor (acogido con sonrisas o con muecas). Y sudo la camiseta. Y debo decir que, habitualmente, recibo confianza, proximidad, calidez (y también bostezos). Recibo ganas de aprender, entusiasmo y también desinterés e indolencia. Porque cada uno es como es y tiene los hábitos que tiene y tiene sus circunstancias familiares, sus inquietudes personales, y a lo mejor duerme mal y desayuna poco… Pero si percibo que el desdén se vuelve despectivo, entreno maneras autoritarias (sin exagerar: sólo argumentos rotundos). Es decir, me defiendo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Quiero aprender, yo te puedo enseñar

(Una reflexión digital en el día en que llegaron las digitales pizarras)

Un alumno de 2º ESO (13 años), en una de esas sesiones semanales que llamamos “de atención educativa” (alternativa a la religión católica), me pregunta por qué ha tenido el tutor que contarle a su padre (al suyo, no al del tutor) que fuma cigarrillos y cigarrillos aliñados. Mi respuesta inicial lo descoloca sólo un poco: “Porque a tu tutor le importas, porque a tu tutor le interesa lo que te pase”. Y tras la frase introductoria, la charla: “Porque eres un adolescente… Porque tu cuerpo no está preparado… Porque tu padre tiene derecho a saber y a educarte…”. “Pues yo creo que lo ha hecho pa’ joderme…”, concluye él.

Recuerdo que poco tiempo después de incorporarme a la docencia (incorporarme a la docencia… ha sonado raro, suena como alistarme a la milicia), leí un artículo de Vicente Verdú titulado, más o menos, “El mutuo desdén entre profesores y alumnos” en el que, con su habitual estilo brillante y demoledor, venía a explicar que a los alumnos no les importan sus profesores ni lo que tengan estos que contarles y que, en equilibrada correspondencia, a los profesores van dejando de importarles sus alumnos y que aprendan o no… Suprimimos la tarima, pero cavamos una trinchera, venía a ser la idea central, aunque no eran estas exactamente sus palabras.

Los jóvenes de hoy -según el análisis que hacía Verdú- discuten la autoridad, no sólo del maestro, sino de la sociedad en su conjunto: padre, familia, escuela, iglesia, política, libro, publicidad… Aprenden clickeando, horizontalmente, de sus iguales, se relacionan sin jerarquía a través de la red… No les interesan los discursos, ni los contenidos, ni las metodologías de nuestras anticuadas asignaturas. Verdú defiende que el conocimiento, hoy, sólo llega por la vía de las nuevas tecnologías y, aunque sigue publicando libros, descree de ellos, los considera un objeto caduco; y descree de las campañas de animación a la lectura y de las horas lectivas para que se esfuercen en leer. (Aquí tengo que intervenir: puedo prometer y prometo que, encerrados en un aula con un solo juguete -un libro-, comienzan a leer y van leyendo… y a veces sólo se oye el voltear de las páginas y de los párpados).

Confío en que Verdú tenga razón y que, ahora que comienzan a llegar las pizarras digitales, estos aparatosos artilugios consigan vencer el desdén que nuestros alumnos sienten por nosotros y nuestras aburridas propuestas. De verdad confío en que, si funcionan, serán seductoras: excitarán sus sentidos, despertarán su atención, avivarán su curiosidad, sentirán el latido del conocimiento. Aunque mantengo la teoría de que para que la educación se dé es necesario un pacto de confianza entre dos personas –quiero aprender, yo te puedo enseñar- con o sin artefactos de por medio.

martes, 2 de noviembre de 2010

Clinkiti-clink

“Truco o trato, o si no te mato”, se oía la amable cantinela en estas pasadas noches españolas. En las calles de El Ejido daba gusto ver a esos grupos de chavalillos y chavalillas, acompañados por sus padres hasta la puerta misma de la amenaza. Hollywood nos trajo Halloween y ya queda menos para que la Academia Española de la Lengua lo incorpore a nuestro diccionario escrito más o menos así: jalogüín. Los cristales del portal del bloque donde vivo amanecieron el 1 de noviembre con dos huevos estrellados. Hemos importado esta tradición ajena, y nuestros chavalillos y chavalillas ponen empeño en consolidarla. Para que luego digamos sus maestros que no se esfuerzan… Pequeñas gamberradas amparadas: “Truco o trato, o si no te mato. O, al menos, te estallo estos huevos baratos.”

Si no puedes vencer, únete. En la clase de literatura sacamos partido a la recién nacida tradición contándonos cuentos de miedo. Y entonces, y entonces… La iconografía sangrienta del cine actual contamina, también, buena parte de los relatos: hay un hombre del saco, sí, pero sobre todo hay muñecos diabólicos, payasos psicópatas… hay miembros amputados y muertos vivientes, claro. Hay una madre terrible, llamada Rosa, que mata a sus cuatro hijos para comérselos: al primero lo acuchilla, al segundo lo degüella, al tercero lo envenena –con un té demasiado amargo- y a la cuarta la asfixia con una toquilla. Con qué divertida naturalidad estos chiquillos y estas chiquillas de once añitos cuentan estos horrendos crímenes. Suerte que todo es mentira. Bendita ficción. Os cuento el que más me gustó, quizá porque no hay en él ni gota de sangre, quizá porque tiene algo de cuento antiguo, de relato gótico, de pesadilla de Lovecraft. Lo contó M., abriendo mucho los ojos, moviendo mucho los brazos, y repitiendo “y entonces” cada dos frases:

Una anciana señora vive sola y muere sola. No tiene familia, apenas tiene amigos que la suelan visitar. De modo que pasan varios días... hasta que el hedor provoca que algún vecino se interese y se tema y compruebe que ha ocurrido lo que ha ocurrido. Se disponen a enterrarla y, como ha quedado con los ojos muy abiertos, pero sin ver nada, para que permanezcan cerrados le colocan dos monedas sobre los párpados. El enterrador le dice: “tú ya no las vas a necesitar” y se las queda. Sus párpados se levantan, sus ojos se abren, pero sin ver nada. El enterrador la entierra, ejerce su oficio. Y se guarda las monedas en una latita. Se las lleva a la taberna con la intención de cambiarlas por unos vasos de algo que le caliente el cuerpo. Como suele suceder en estos casos, al caer la noche, se despierta una pavorosa tormenta. El vendaval silba, lúgubre, entre los árboles. La tempestad arrecia sobre los ventanales. Los postigos golpetean. Pero hete aquí que también se escucha un sonido extraño, inhabitual: “Clinkiti-clink, clinkiti-clink…” No, no son las gotas de lluvia sobre las canales metálicas. El sonido procede… del interior: ¡SON LAS MONEDAS QUE TINTINEAN DENTRO DE LA LATA, SOBRE EL MOSTRADOR! Los parroquianos se quedan atónitos, paralizados y lívidos. El enterrador empieza a sudar. Llaman a la puerta. Un valiente abre con mano temblorosa, para descubrir al otro lado a UNA ANCIANA SEÑORA CON SÍNTOMAS DE DESCOMPOSICIÓN, con los ojos muy abiertos, pero sin ver nada, que pregunta con un ronquido agudo, una y otra vez: “¿Dónde está mi dinero? ¿Quién tiene mi dinero?”… Y las monedas en la lata: “Clinkiti-clink, clinkiti-clink…”. Y la anciana camina hacia el enterrador, cada vez más arrinconado en el hueco de la chimenea. Y la anciana señora con los ojos muy abiertos, pero sin ver nada, lo agarra con sus manos huesudas del cuello y le grita a la cara: “¿LO TIENES TÚ?”

domingo, 31 de octubre de 2010

La gallina de piel

Tenía un día Miguel Hernández hace hoy cien años, y tendría toda su (breve) vida por delante. Viviría, como todos, perfectamente inconsciente de su porvenir. Desconocería ese día que conocería la pasión por la poesía, el menosprecio de la clase poética, el amor con Josefina, la guerra, la prisión, la enfermedad… Desconocería ese día que tan sólo 32 años después conocería la muerte.

El viernes pasado recordamos en mi instituto a Miguel Hernández de una forma sencilla: leyendo sus poemas. Concretamente, seis. Simultáneamente en todas las clases, en las de literatura, pero también en las de biología, informática o automoción, al comienzo de cada hora de clase, en voz alta, en la voz de un profesor o de un alumno, de una profesora o de una alumna… a las ocho y cuarto, Las abarcas desiertas, a las nueve y cuarto, Para la libertad (El herido), a las diez y cuarto, Elegía a Ramón Sijé, a las doce menos cuarto, Tristes guerras, a la una menos cuarto, Tengo estos huesos…, y a las dos menos cuarto, Canción última. En cuarenta aulas a la vez, con la intención de provocar una conexión poética global (así se lo expliqué a los chicos, algunos de los cuales me miraban con cara de “este tío qué se tomará”, pero otros con una sonrisa entre complaciente y divertida).

En algunas clases, Para la libertad llegó envuelto en música: la de la versión de Manolo García de la adaptación de Serrat. Qué guitarras, qué acordeón, qué voz, qué poema… La gallina de piel, que diría Cruyff:

http://www.youtube.com/watch?v=0QJzA0hQyOw

sábado, 30 de octubre de 2010

Subirse los pantalones

Se confirma Fernando Sánchez Dragó como el gran provocador de este país: provoca vergüenza ajena. Resulta patético ese doble espectáculo que nos ha brindado ahora: primero presume ante su amigote de haberse “follado a unas zorritas de trece años” (así no habla el pueblo, amigo, así hablan los patanes engreídos), luego recula y nos aclara que exageró, que no pasó de unos besitos y que a lo mejor no tenían trece años, que con los japoneses y con las japonesas nunca se sabe… Resulta enternecedor comprobar cómo el gran presuntuoso: presume de independencia, presume de fustigador del poder, presume de sus pelotas…, “se sube los pantalones” (la afortunada expresión es de Wyoming) para mantener su carguito. Resulta asimismo chocante la justificación de su jefa, que lo ampara acudiendo a la coartada literaria y mencionando a García Márquez, a Henry Miller y a Gil de Biedma, nombres que no deberían aparecer en la misma frase que Sánchez Dragó. La presidenta de la Comunidad de Madrid, metida a exégeta para proteger a uno de los suyos, nos alecciona: era literatura, todo mentira, ¿deberíamos actuar como torquemadas y quemar el libro o mejor al autor? ¿Deberíamos hacerlo también con los otros tres? (Bueno, dos de ellos ya están deshechos…). El libro se vende (y se venderá mejor ahora) como una conversación (auténtica) entre dos seres humanos (reales). Si no es así, que lo saquen ya de la lista de libros de “no ficción”… ¿Que se lo inventó? Ah, vale, este viejo machito chochea…

Una noche tuvimos a Dragó en Puente Genil (ayer Marcelino Camacho, hoy Sánchez Dragó, somos gente abierta…). Acudió a unos encuentros literarios en los que, en otras ediciones, también participaron escritores como Haro Tecglen, Antonio Gala, Vicente Verdú, Luis Mateo Díez, José María Merino o Lucía Etxebarría (…y es que en Puente Genil no tenemos prejuicios). Sánchez Dragó clausuró uno de aquellos encuentros en una bodega, adaptada como pintoresca sala de conferencias. En las Bodegas Delgado, entre barricas de excelente fino, Dragó fue convocado para disertar sobre “la memoria como materia literaria”. Y claro, fue una provocación por nuestra parte. Al acabar su charleta hubo que retitularla en los carteles: “Ahora presumiré, otra vez, de mí”.

viernes, 29 de octubre de 2010

En la lucha

Conocí a Marcelino Camacho. Un par de días, hace unos ocho o nueve años. Lo invitamos a que nos hablara de lo que más sabía: los derechos de los trabajadores. Traía su charla preparada a partir de informaciones de prensa recientes. Había subrayado con lápiz y regla aquellas frases que, según él, demostraban que el asalto del Capital a esos derechos era constante. Y que, por tanto, la lucha sindical seguía vigente, seguía siendo necesaria. Alguien le preguntó por su estancia en prisión. Y como estuvo encerrado varias veces, la charla se hizo larga. Ya era un hombre mayor que había vivido mil batallas, cárcel y exilio. Hilvanaba anécdotas de forma algo desordenada y confusa y, sin querer, sonaban a batallitas de un abuelo. Caminaba despacio mirando al frente, siempre del brazo de su mujer, Josefina. No vestía uno de sus famosos jerseys de cuello vuelto, tejidos por ella. Pero sí una chaqueta de lana, de tonos marrones y cremallera, que creo reconocer en alguna fotografía que aparece hoy en la prensa. Le dimos cariño y se emocionaba todo el tiempo. Estaba encantado de comprobar los "logros de la izquierda" en un gobierno municipal. Yo no fui a despedirlo a la estación, de vuelta a Madrid, a su casa de Carabanchel. Pero mis compañeros me contaron después que poco menos que había que despegarse a la fuerza de sus abrazos y que hubo que empujarlo un poquito para que se subiera al tren. Antes se había despedido de todos sus "camaradas ferroviarios".

Decía algo que todos sabemos: que el obrero es el eslabón más débil. Y decía algo que se nos suele olvidar: que los trabajadores han de mantenerse siempre solidariamente en guardia contra el Capital, "agrupados en la lucha". Saludaba con el puño en alto.

Palabras, gestos antiguos. ¿O no?

viernes, 22 de octubre de 2010

Mentirijillas y zafiedades

El vicesecretario de comunicación del PP, Esteban González Pons, a la hora de ponerle pegas a los recientes cambios en el consejo de ministros, ha declarado: “Cuando yo era un estudiante universitario, Rubalcaba formaba parte del Gobierno. Hoy mi hijo está en la facultad y sigue presentándose como la renovación y la novedad del Gobierno”.

La pregunta es obligada: Pero ¿a qué edad acabó este hombre la carrera? Ya hay quien se ha preocupado de comprobarlo: en 1986. Y el doctorado en Derecho constitucional está fechado en 1990.

Rubalcaba fue nombrado por primera vez ministro (de Educación y Ciencia, por cierto) en la remodelación del tercer gobierno de Felipe González: en 1992.

(También ha declarado que Rubalcaba más que “delfín” va a ser “el fin” de Zapatero. Y es que al tipo le puede la ironía.)

El asunto es: Si un político miente sobre estas tonterías, ¿qué podemos esperar de él?

Penúltima lora, que diría Forges: acabamos de enterarnos de que el alcalde de Valladolid, además de un zafio, es médico ginecólogo. No parece probable que sus casposos comentarios hacia la nueva ministra de sanidad le cuesten la alcaldía (así está la cosa: a mucha gente hasta le parecen graciosos), pero yo creo que un rijoso confeso debería estar inhabilitado para ejercer una profesión que atañe de manera tan íntima a las mujeres.

jueves, 21 de octubre de 2010

La seguridad de los ignorantes

Periódicamente recibo correos electrónicos a favor de la recuperación del crufifijo en las clases, correos muy beligerantes contra los musulmanes, que extienden el malententido malintencionado de que la yihad impone a sus fieles la erradicación de los infieles (para ganarse el Paraíso). Son mensajes poco matizados, o directamente incultos, que traslucen eso que Bertrand Russell afirma en mi azucarillo del día: “Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.”

De los treinta alumnos del grupo de 1º de ESO al que le doy clase este año: siete son marroquíes, cuatro niñas son rusas, dos son ecuatorianos, uno es gambiano, y una chica, alemana. Supongo que los marroquíes y el gambiano son musulmanes por tradición familiar. Las rusas, tal vez ortodoxas. Los ecuatorianos tal vez sean católicos, tal vez evangelistas… Los nativos de por aquí, católicos… o no, no sé: la verdad es que, al matricularse, no se les pregunta por sus creencias religiosas (sólo se les pide que escojan matricularse o no en una hora semanal de religión católica, y debo decir que aquí la alternativa-atención educativa está más concurrida y no sólo entre el alumnado de la inmigración).

En mi instituto están representadas unas treinta nacionalidades: además de las mencionadas uno puede conocer a rumanos, búlgaros, argelinos, libaneses, ghaneses, senegaleses, peruanos, colombianos, ingleses… Nacidos en España o no, todos son españoles porque, como dijo Max Aub: uno es de donde hace el bachillerato. Creo que la educación debe ser laica. Creo que la religión debe pertenecer al ámbito privado y familiar. En esa diversidad, no entiendo por qué habría de presidir el aula un crucifijo.

Cada día hablo con padres de alumnos musulmanes que no están pensando en asesinarme. De verdad. De lo que estoy seguro es de que estos mensajes fanatizados que circulan del lado de acá o del lado de allá contribuyen muy poco a la convivencia, que debería ser el objetivo. A no ser que el objetivo sea reimplantar la Inquisición.

Al final del correo se nos invita a ser valientes y a reenviarlo para elevar el porcentaje de personas que lo suscriben: ¡un 7%! Ese dato tranquiliza. Naturalmente pertenezco al 93% que no piensa reenviar ese mail, cuya historia, además, tiene toda la pinta de no ser cierta.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Cáfe, azucarillos y Confuncio

La pausa de las once y cuarto para tomar un café, para hojear un periódico, para charlar con las compañeras sobre este o aquel asunto o alumno, para respirar, para diluir algo el estrés acumulado por la “intensidad de la comunicación docente”, para distender el tímpano de la contaminación ruidosa… ofrece como añadido el mensaje que envuelve al azucarillo. El de hoy se atribuye a Confuncio, ya saben, el inventor de la “confusión”, según la divertida… confusión de una candidata a miss no se qué, que se ha hecho famosa en la red, fama engañosa y fugaz me temo.

Dice hoy mi azucarillo, citando a Confuncio: “Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí.” Pero Vicente Navarro afirma en su blog que, tal cual, la cita contiene un error; que en inglés suele aparecer en estas dos variantes, una más sobria: “I hear and I forget. I see and I remember. I do and I understand.” Y otra más poética: “Tell me, I´ll forget. Show me, I may remember. Engage me, I´ll understand.”

Es decir: “Lo hice y lo entendí”, debería decir mi azucarillo.

Asegura Vicente que alguien ha corregido a Confuncio por el camino y que “se trata de un error que circula impunemente por la red”. El caso es que Confuncio no escribía en inglés y, en todo caso, ¿cuántos más trágicos circularán?

De uno u otro modo, a los profesores nos conviene no olvidar este mensaje: me lo contaron y no llegué a olvidarlo porque no estaba escuchando y tenía sueño y me importaba poco y tenía otras cosas en que pensar… Eso sí: Lo hice y lo entendí y lo aprendí… (aunque, por falta de práctica, de interés, de utilidad… también se me ha olvidado).

Me lo contaron y lo olvidé encierra una verdad… relativa: yo no he olvidado algunas cosas fundamentales (y superficiales) que me contaron (cuando estaba escuchando). Y es que –no lo olvidemos- en el "proceso educativo", lo decisivo siempre es la voluntad del "educando".

martes, 19 de octubre de 2010

Ojo de Mou

Bueno: parece que el Madrid ha vuelto. (Tranquil, Pep, lo nuestro sigue siendo arte. Esto no pasa de galopadas...) Acabo de ver un rato del Madrid-Milán y la verdad es que los chicos le han puesto energía. Qué impetuoso Marcelo, qué vivaracho este Ozil, qué lúcido y equilibrado Xabi Alonso, qué vertical, qué amenazante Ronaldo, que mueve al correr sus bracitos como en blanco y negro, a velocidad de tele antigua. También vi parte del partido contra el Málaga del sábado en la cafetería Granada, con un ojo en la tele, otro en la conversación y otro en unos estupendos salmonetes… ya van tres ojos, ¿no? Pues aquí va un cuarto: el que se le cae a Mourinho.


Mis amigos madridistas (tengo bastantes: soy un hombre comprensivo con las debilidades ajenas) deben de estar efervescentes. A ellos dedico esta viñeta del genial Forges.

lunes, 18 de octubre de 2010

Bucle (Ojo de gato)

En un duelo escojo como arma el diccionario, escribí en este cuaderno hace unos días. Pero ahora Enrique propone que el arma sea una cámara digital, y el duelo a un solo y alternativo disparo-cierre de obturador. Para empezar escojo este ojo.

Atrapé a este ingenio electrónico de apariencia felina una noche de viernes. Que no os engañe la perfección de sus bigotes de sedal, de su hociquillo de goma… el ojo de fuego que proyecta demuestra que no se trata de un mamífero, sino que tiene un corazón cibernético. Su ojo izquierdo ilumina. Su ojo derecho filma. Vive en la azotea de un garito de la calle Granada y, entre la córnea y el iris, alberga una minicámara que graba cualquier movimiento extraño en ese trozo de calle. Ya están entre nosotros. No es el único. Como cualquier cosa puede pasar por extraña si la miras de cierta manera (con un ojo de fuego, por ejemplo), todo lo graba. Luego otros se ocupan de sacar conclusiones, de tomar medidas… o de filtrarlo a la red.

Una cámara captura otra cámara que captura, a su vez, a la primera y así… he aquí un bucle que sólo termina cuando se agota una de las dos baterías. La mía.

jueves, 14 de octubre de 2010

La parte contratante

“Es necesario que el Servicio Andaluz de Empleo transforme el concepto de demandante de empleo en el concepto de oferente de empleo, de manera que la gente tenga capacidad y conocimiento suficiente para ofrecer a la ciudadanía una oferta que luego se pueda traducir en demanda que sea económicamente relevante y satisfacer las necesidades.” (Pepe Griñán, el hijo secreto de Groucho Marx)

miércoles, 13 de octubre de 2010

martes, 12 de octubre de 2010

Revenge

Al pasar por Pujaire me pregunto (en voz alta, menos mal que alguien suele escucharme) por qué habrán decidido llamar a una de sus calles con un sinónimo de venganza. Ya en casa compruebo en la web de los pueblos de Níjar que la calle toma el nombre del cerro al que se orienta: Cerro de la Revancha, tercera altura del Parque Natural del Cabo de Gata, 385 metros. Pero no queda más remedio que insistir: ¿Qué ofensa se habrá vengado en esa montaña? Esto no lo aclara ni la Wiskipedia (como la llama un amigo). Así que me lo vuelvo a preguntar aquí, por si lo supiera algún historiador de guardia. Mera curiosidad. Podré seguir viviendo con esa ignorancia.

lunes, 11 de octubre de 2010

Así no hay quien se relaje

Me pregunto quién habrá decidido que el saxofón de Kenny G. versionando canciones de Bryan Adams es la música idónea para la relajación final, tras una tabla de ejercicios abdominales Pilates. Especialmente la cancioncilla esa de Don Juan de Marco. Como si te taladraran las sienes…

domingo, 10 de octubre de 2010

Los marcos de Márquez


Un nombre y dos apellidos me han parecido siempre estas tres palabras azules que llenan la mitad superior de este anuncio luminoso. En la confluencia de las Cuestas Borrego y Baena, en pleno casco histórico de Puente Genil, se encuentra este veterano establecimiento, cuyo dueño no se llama Marcos, sino Márquez. Tan veterano el negocio que el cartel muestra teléfono sin prefijo. Márquez es un esmerado artesano en su oficio, con una experiencia que le faculta para encontrar siempre el material y el tono de color adecuado con que enmarcar una pintura o una fotografía, un espejo o una lámina. Adecuado para el objeto, para el motivo, pero también para el cliente. Si uno pasa por su puerta es habitual encontrárselo más allá del mostrador, trabajando sobre un banco de madera bajo un brillante tragaluz solar. Partidario de las cosas bien hechas, además es una persona amable. Y mi vecino. Si necesita “enmarcarse” no lo dude: este es su hombre. Y, además, te regala los cáncamos.

sábado, 9 de octubre de 2010

Nunca he visto un puente feo

Al leer algunos de los poemas y anotaciones sueltas de Marilyn Monroe, que acaban de publicarse en la editorial Seix Barral, me he acordado, de nuevo, de mi amigo Antonio. Marilyn se muestra en esos escritos para sí misma como una persona inteligente y sensible. Tierna. Desesperanzada. Sola. Fantasea sobre su propio suicidio. Especula sobre posibilidades. Sensible ante la belleza, considera casi imposible arrojarse desde el puente de Brooklyn: “todo se ve hermoso desde su altura y el aire es tan limpio”, escribe.

(Antonio Tabucchi, en el prólogo del libro: “Si las personas escasamente sensibles e inteligentes tienden a hacer daño a los demás, las personas demasiado sensibles y demasiado inteligentes tienden a hacerse daño a sí mismas.”)

Antes de conocer el lugar donde mi amigo Antonio decidió salirse de la vida, imaginaba un árbol esbelto en la soledad de una colina verde y brillante, vestida por la hierba humedecida por la lluvia reciente. A lo lejos el sol se estaría apagando en el mar… Una estampa hermosa. Pero, nos aclara Marilyn, mientras uno contempla una imagen hermosa es muy difícil dejar de hacerlo, uno se extasiaría, se pondría a pensar, se distraería de su objetivo, vale la pena seguir mirando, vale la pena seguir viviendo aunque sólo sea para seguir mirando: “…Así que / tendrá que ser algún otro puente uno feo y sin vistas -salvo que / me gustan en especial todos los puentes- tienen algo y además / nunca he visto un puente feo”, concluye el poema con ese estupendo octosílabo.

Cuando Frank, Emilio, Willy y yo visitamos el lugar que Antonio había escogido / improvisado para largarse de aquí pudimos comprobar que era, en realidad, sumamente feo: uno de esos cerros a la espalda de la ciudad de Málaga en que han proliferado, como pústulas de un sarampión, horrendos chalecitos que vierten directamente sus aguas fecales a las raíces de los algarrobos. En el más escondido de todos ellos (tardamos varias horas en encontrar el árbol exacto y no lo habríamos hecho de no coincidir con un pastor que sabía…), encerrado, casi enterrado en la pequeña rambla que forman dos colinas, bajo su copa frondosa, desde una sólida rama alzó el vuelo el halcón genovés para admirar la belleza desde arriba: “todo se ve hermoso desde su altura y el aire es tan limpio…”.

Marilyn buscó esconderse dentro de un bote de pastillas y bajo las sábanas en la desolación de su apartamento, que no debía de parecerle hermoso en aquel momento, que debió de volvérsele hostil en las horas previas a la decisión final, del mismo modo que Antonio se ocultó en una vaguada, con vistas exclusivas a su propia tristeza, bajo un árbol opresivo. En una oquedad de su tronco Frank, Emilio, Willy y yo dejamos unas flores y leímos un poema de Pekín, el profeta, que comienza así: “Viajeras son del destino, las voces de la conciencia…” .

(Sonreiría Antonio, con sonrisa ladeada y socarrona, si se enterase de que lo estoy comparando con Marilyn Monroe, nada menos: eso sí, Antonio, tú tienes mejor perfil…)

viernes, 8 de octubre de 2010

jueves, 7 de octubre de 2010

Lavarse las manos... sin agua

El alcalde de El Ejido se lava las manos en el asunto de ElSur. Bueno, el miércoles por la mañana no pudo: no tenía agua con que hacerlo. Los trabajadores no cobran adecuadamente sus nóminas y adoptan medidas extremas: sabotean el suministro de agua corriente, apagan farolas, atruenan con vuvucelas el centro urbano, cortan los accesos al municipio quemando contenedores y neumáticos… una imagen, esta última, de infausto recuerdo en este pueblo… Calentita está la cosa. Pero el gobierno municipal no se siente responsable. La culpa es de la empresa, dicen. La culpa es de ElSur. ElSur es una empresa tipo mixta: 70% capital privado, 30% municipal. El gobierno de El Ejido sólo se siente concernido en ese minoritario tanto por ciento. Pero no tomamos las decisiones, dicen.

ElSur es la empresa de servicios básicos municipales: se ocupa, entre otros menesteres, de la distribución de agua potable, del alumbrado público, de la recogida de aguas pluviales, de la conservación de los jardines, de la red viaria, de las aceras, de las señales… En algunas de esas tareas decir que “se ocupa” es mucho decir, en mi opinión: por ejemplo, cuando en El Ejido llueve, el agua (y el barro, las piedras, las cañas… arrastrados desde las montañas) circula por encima de las calles y no canalizada por debajo como sería lo normal en un lugar civilizado. Las mañanas de tormenta es inevitable comenzar a trabajar con los pies mojados hasta los tobillos (a no ser que uno trabaje en casa o en su mismo bloque)… En El Ejido el número de solares que salpican el entramado urbanístico es tal que: ahora tienes acera, ahora no, ahora tienes acera, ahora chinarros y socavones… El municipio suspendería, sin duda, un examen sobre accesibilidad: tramos sin acerado, aceras invadidas por vallas de obras, farolas en el centro de aceras estrechas… Sólo el Bulevar y los paseos centrales lucen estupendos… Y las rotondas, que son hermosos jardines o frondosos bosques… En muchas calles de El Ejido rige el antiguo criterio circulatorio: cede el paso a los coches que vienen por tu derecha. Cuesta un poco acostumbrarse a la falta de stops y cedas en numerosos cruces. Conozco uno en el que confluyen hasta seis calles sin señalización alguna: en ese punto no es raro encontrarse a dos conductores rellenando un parte amistoso sobre un capó… Deficiencias impropias de una localidad con una de las rentas per cápita más altas de Europa, según las estadísticas habituales… y con unas considerables tasas municipales. En ElSur, y sus derivadas, la juez del Juzgado de Instrucción número 2 de Almería presupone presuntamente comportamientos corruptos, que mantuvieron al alcalde ocho meses en prisión provisional, estando a la espera de juicio. (Del servicio de recogida de basuras, limpieza de calles, reciclaje y tratamiento ecológico de residuos, etc. no hablamos aquí porque “se ocupa” otra empresa, esta vez privada, y también investigada.)

Ahora los trabajadores de ElSur, como no cobran cuando o lo que les corresponde han decidido presionar a la empresa y al ayuntamiento en el grifo de los vecinos y con las estrategias antes descritas. Pero ante un problema de semejante calibre un alcalde no puede inhibirse, qué se yo… qué menos que sentarse con el presidente del consejo de administración de ElSur para buscar soluciones, para mediar en el conflicto y… ¡anda!... ¿qué digo?... ¡pero si son la misma persona!

miércoles, 6 de octubre de 2010

martes, 5 de octubre de 2010

El roc

“…de repente oscureció. “¡Qué raro!”, pensé. Era demasiado pronto para que anocheciera, y hacía un instante no había una sola nube en el cielo. Parecía como si el sol se hubiese apagado de pronto, y sólo al mirar hacia arriba comprendí lo que estaba pasando en realidad: el sol seguía en el centro del cielo, pero había quedado oculto tras una enorme figura que sobrevolaba la tierra.

Era el pájaro más grande que había visto en mi vida: tenía el cuerpo del tamaño de un navío, unas alas enormes como velas de barco y un pico del grosor del tronco de una palmera. Presa del miedo, corrí a esconderme entre los árboles, y desde allí vi como el pájaro tomaba tierra, se acomodaba sobre la cúpula y se echaba a dormir. Entonces lo entendí todo: lo que me había parecido una enorme construcción era en verdad un huevo de grandes dimensiones que el pájaro incubaba. “¡Es un ave roc!”, me dije, recordando que en cierta ocasión había oído hablar a unos viajeros acerca de un pájaro gigantesco que alimentaba a sus polluelos con elefantes y que recibía el nombre de roc. También me habían explicado que la carne de aquella bestia alada rejuvenece a quien la prueba y devuelve su color natural al cabello blanco de los ancianos...”

(Simbad el marino.
Adaptación de Agustín Sánchez Aguilar.
Ed. Vicens Vivens, Col. Cucaña)

Parece peligroso. Así pues habrá que cazarlo y cocinarlo, ¿no?
Y comerlo. Para revitalizarnos.

lunes, 4 de octubre de 2010

El refuerzo positivo

Hoy he vuelto a hacer la cama. No es habitual. Soy de los que piensan que el colchón tiene que ventilar, que la cama tiene que orearse de los malos sueños o de los buenos juegos nocturnos. Y además: cuatro de cada tres fabricantes de colchones lo recomiendan (aunque no concretan, creo, el número de horas). El caso es que hoy he vuelto a hacer la cama porque mi chica, hace dos días, elogió mucho mi obsesiva manera de alisar la sábana de abajo (como es adaptable y a medida es una tarea muy sencilla, pero esto no lo contaré para no quitarle mérito a mi empeño); elogió asimismo la perfecta alineación del embozo y la precisión milimetrada con que ajusto la sábana de arriba en la zona de los pies: ni demasiado suelta (los resfriados se cogen por los pies), ni muy apretada (los dedos se curvan y luego no te encajan en los zapatos); elogió finalmente la delicadeza con la que acomodo la colcha de entretiempo, en la que ha estallado una primavera perpetua, cuajada de flores y de aves: azucenas, campanillas, perdices, gansos y pavos reales; un jardín romántico con surtidores y estanques y parterres de enredaderas y buganvillas, que se eleva en la almohada cervical, simulando una doble colina de cerezos… Y yo respondo muy bien al refuerzo positivo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Avivamiento

Por la calle, una niña muy sonriente me invita al avivamiento de William. Quizá sea su hermana pequeña. O quizá sea su hermana mayor, no lo sé. Pero se la ve feliz. Hoy se aviva William.

Desconozco el ritual, pero imagino una fiesta de rezos enfervorecidos, invocaciones y cánticos apasionados… con William como protagonista, muy elegante él, adornado el cuello de la camisa con una pajarita.

Las celebraciones evangélicas son alegres, musicales, bulliciosas, compartidas. Entre canciones y aleluyas, las emociones se disparan y parece que culminan al borde de la histeria. Ha calado entre el mundo gitano por esa vía: la de las alabanzas aflamencadas. Y en Sudamérica por la vía participativa. El contraste con el rito católico es notable. Mucho más aburrido, ¿no?. Aquí solo habla el cura. Los fieles responden plegarias mecánimente repetidas. Donde no hay color es en los escenarios: ermitas o catedrales, los recintos ceremoniales de la religión católica son solemnes, recogidos y majestuosos, con retablos dorados y variada imaginería en las capillas, con cirios, incensarios, campanarios y rosarios. Las iglesias evangélicas se ubican, frecuentemente, en un local alquilado (próximo, en nuestro caso, a la peña barcelonista), y de sus paredes cuelgan todo lo más modestos carteles con el lema: “No te imaginas lo que Jesús puede hacer por ti”, bajo techos de escayola y barras fluorescentes.

Yo, que ya perdí el hábito religioso (valga la expresión), confieso que miro con cierta condescendencia estas prácticas. Me dan repelús esas efusiones, esos vahídos, los encendidos discursos, los arrebatos. Y discrepo del criterio musical. Pero me gusta el sentimiento de comunidad no enfrentada a la comunidad vecina, la fraternidad que la anima. Y el avivamiento.

Al fin y al cabo, ¿quién no necesita avivarse de vez en cuando?

sábado, 2 de octubre de 2010

La otra noche fui al teatro

Al Teatro Apolo. Mi compañera Concha dirigía de nuevo a ese grupo de “Mujeres florero”, que no parecen serlo en absoluto. Esta vez representaban una versión de Las Cuñadas de Michael Tremblay, que ellas han llamado Las Invitadas.

Las invitadas son las que Encarna Lozano ha reunido en su casa para que la ayuden a pegar ¡un millón de cupones! en unas cartillas, lo que le permitirá acceder a miles de regalos y a otro nivel de vida: de la rebeca de ganchillo a la estola de visón, de la modesta casita al lujoso chalé… En el “mundo moderno”, la obsesión es consumir y poseer lo que, tal vez, no se necesita. Todas son aficionadas a participar en toda clase de concursos convocados por revistas, emisoras de radio o canales de televisión. Y todas, en algún momento, responden a la pregunta de la más ingenua del mismo modo: “Pero ¿tú me ves a mi cara de que me haya tocado alguna vez algo en la vida?”, repetida como una letanía. Pega que te pega, no paran de “darle a la sin hueso”, mostrándosenos tal como son: inocentes, aburridas, amargadas, resentidas… la pija que cree estar por encima de las demás y que acepta acudir a estas reuniones para reforzar ese mezquino sentimiento… la abuela que se tambalea, que traga anís cuando la dejan, que muerde… la beata que no puede evitar frecuentar el club de mala fama (donde trabaja la más pequeña y díscola de las hermanas Lozano)… Conforme avanza la tarde, la sobredosis de rencor -que se inyectan mutuamente- hacia la afortunada anfitriona, las obliga a ir robándole cupones en cuanto se descuida… con la consiguiente zapatiesta final, cuando aquella descubre el pastel.

La puesta en escena es buena: De inicio, unas proyecciones de anuncios de los años sesenta del pasado siglo nos sitúan en el contexto: el despertar de la sociedad de consumo. Un reloj de cocina colgado en escena marca el tiempo de la representación: una hora exacta. Las actrices se presentan desde la derecha del espectador, meneando las caderas con gesto histriónico. La disposición oblicua de la mesa cubierta de hule nos permite verlas a todas mientras conversan. Es teatro aficionado, es decir, las interpretaciones son mejorables y tiene altibajos su ritmo, pero es que el reto es muy ambicioso, la obra es muy complicada, el mérito, enorme. Es una obra de texto, en la que apenas hay movimientos escénicos (aunque incluye dos números musicales): casi todas las actrices están en escena todo el tiempo. Es unas de esas comedias de humor amargo. Te ríes, pero con una mueca. Contiene, eso sí, puros gags visuales muy, muy cómicos, como el rezo colectivo, la caída lateral de la abuela, los lingotazos de anís a escondidas… quizá el que más uno involuntario: el enganchón de un bolso en una silla, resuelto con mucha gracia por la actriz. Sólo cabe acabar gritando: ¡Bravo! Y preguntando: ¿para cuándo la próxima?

viernes, 1 de octubre de 2010

CCOOLLGGAADDOO

No quiero frivolizar, pero no puedo evitarlo: está en mi naturaleza, como dijo el escorpión a la rana…

En los telediarios del día después de la huelga (poco) general, en todas las entrevistas con Ignacio Fernández Toxo, líder de Comisiones Obreras, aparece un fondo de pantalla de ordenador con el logotipo del sindicato. Y sobre él un cuadro de texto azul que informa de un error. “Maestro, esto se ha colgao”, como me dice cada día algún alumno. Pues eso: ¿Debemos tomarlo como indicio de que el sindicalismo anda un tanto anquilosado?

jueves, 30 de septiembre de 2010

El último grillo

Hay quien corre por los senderos de albero y quien se tumba en el césped. Hay quien juega al fútbol, al pádel, al ping pong o al básket. Y hay quien mira jugar al fútbol, al pádel, al ping pong o al básket. Hay quien hace taichi. Hay quien hace abdominales y luego dorsales. Hay quien hace estiramientos y luego flexiones. Hay quien monta en bicicleta, hay quien monta en patinete… y nada más se puede montar, por no contravenir a la Ordenanza. Hay quien se besa despacio, eso sí, que eso no será delito. Y hay quien besa una litrona (que eso, en EE.UU., es delito). Hay quien bebe agua de la fuente. Hay quien se desliza por un tobogán. Hay quien pasea empujando un cochecito con bebé. Hay quien lee recostado en una seta luminosa. Hay quien le explica algo al guarda jurado. Hay quien rebusca en las papeleras. Hay quien conversa a través de un celular. Y quien escucha la música que sale de otro… qué cansino el reggaeton

Todo eso y algo más sucede en el parque, mientras los árboles pierden sus hojas, y mientras crece la hierba, y mientras cae la noche, y mientras canta el último grillo del verano.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

martes, 28 de septiembre de 2010

La cabra urbana

La cabra tira al monte.
El ser urbano tira escombros.

Ergo, la cabra urbana tira al monte de escombros
(que hay detrás del oasis de cemento).

lunes, 27 de septiembre de 2010

Ahogarnos en las aulas

“El crecimiento poblacional del municipio de El Ejido se evidencia en sus números y, especialmente, en sus aulas”, comienza una crónica educativa publicada hace unos días en Ideal de Almería. Efectivamente: se nota en sus aulas. En la falta de aulas suficientes para asumir ese sostenido crecimiento poblacional. Es lo que echo de menos en esta crónica del comienzo del curso en nuestra ciudad. No se dice que no cabemos. Que los tres macrocentros de secundaria en El Ejido (Santo Domingo, Murgi y Fuente Nueva) superan por bastante en cada grupo la ratio razonable (y considerada deseable por la propia administración educativa). Especialmente en los bachilleratos, con clases abarrotadas de entre 35 y 40 alumnos a los que les falta el aire. La reciente leve ampliación del Fuente Nueva se demuestra insuficiente, dado que aún siguen siendo necesarias aulas prefabricadas, de las que se aprovechan hasta los cuartitos de almacenaje. La largamente proyectada ampliación del Murgi no acaba de ver la luz y, naturalmente, también cuenta con sus cuatro aulas de esas provisionales que se vuelven definitivas. El Santo Domingo está colmatado y, tras su reconstrucción, ofrece además un aspecto colorista, pero desolado: pasillos carcelarios y patios de duro cemento en los que sobrevive a duras penas algún matojo. Estampas de la vida en el desierto. Con el número de alumnos que “sobran” en esos tres centros se completaría suficientemente uno nuevo. Pero no parece que esté cerca la colocación de la primera piedra. Me gustaría confirmar si es cierto que el ayuntamiento de El Ejido sólo ofrece suelo para un nuevo instituto público al norte del norte, junto a los invernaderos de las colinas, cerca ya de las montañas cubiertas de niebla. Algo más allá aún de donde ya se concentran dos centros de secundaria y tres de infantil y primaria. La Junta de Andalucía rechaza -entiendo que esta vez con buen criterio- construir otro más en aquel extremo. Primero porque el atasco de coches de padres y profesores y autobuses de transporte escolar ahora mismo ya es total en las horas punta de entrada y salida. Y segundo porque las necesidades están en otro lado: un poquito más al sur. Me gustaría confirmar si es cierto que el ayuntamiento de El Ejido no quiere ceder suelo público para un edificio educativo en el centro porque ya lo ha cedido –frente al flamante Corte Inglés- para la construcción de un liceo privado…

Un aula masificada se sitúa frontalmente en contra de la calidad de la enseñanza y de la adecuada atención a la diversidad, por más medios 2.0 de los que se dispongan (en secundaria, por cierto, todavía no). Me gustaría saber si los padres y las madres son conscientes de esta situación. Y si lo consideran importante. Lo suficiente como para presionar a las administraciones (cada cuál en su competencia) para que se pongan de acuerdo. Me gustaría saber si “Dejadnos enseñar”, asociación tan activa y tan necesaria en la crítica del reglamentismo que ahoga nuestra creatividad y nuestra vocación docente, está dispuesta también a dar esta batalla. La de no ahogarnos en las aulas. Un saludo, compañeros.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Yo también la pido

Lo cantan los contenedores y yo también la pido (dos palabras).

viernes, 24 de septiembre de 2010

Diccionario


En un duelo, escojo como arma el diccionario.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Esto es una mierda, maestro (entrañable monólogo escolar)

M.M. (sin dejar de escribir en ningún momento, la nariz a diez centímetros del cuaderno, los rizos reposando sobre el mismo): ¡Siete ejercicios hay que hacer? ¿Y esto pa qué? ¿Lo puedo hacer a lápiz? El resumen, ¿de cuántas líneas? Me da el sol. No veo bien. ¿Me puedo sentar con Marta? Pa ayudarnos, maestro. ¿Puedo ir al servicio? Que no me aguanto… ¿Qué significa “melaza”? ¿Qué quiere decir “de bruces”? (Levantando leve y brevemente la cabeza, mordiendo el lápiz) ¡Te has cortado el pelo! (Volviendo a bajarla) ¿Tú tienes novia, maestro? El otro día te vi. ¿Tú vives aquí? Por la plaza, maestro, te vi. Con una mujer… Si lo acabo, ¿me pones un positivo? ¡Qué calor! Marta, abre la ventana. Maestro, pon el ventilador. Al cinco. Pero, ¿ques “melaza”? El Sombrerero este está flipao, ¿no, maestro? ¿La seis también hay que hacerla? Yonomentero. Ehtoeunamierdamaestro. Yo me la salto. Marta, ¿ya tasleío 'Jara'? Esa sí questá guapa. A mí mancantao. Esto de Alicia es pa niños, ¿no, maestro? Marta, cuando acabes, pásame el diccionario. Me, me, me, me, me, me, me, me… melaza: ‘Lí-qui-do-más-o-me-nos-vis-co-so-de-co-lor-par-do-os-cu-ro-y-sa-bor-muy-dul-ce’. ¿Qué significa “viscoso”?... El 7 de diciembre, ¿hay puente? Yo no vengo. Yacabao, maestro. Estarás contento, ¿no, maestro?

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Dos seis seis seis


La noticia es tremenda: El Diario de Juárez ha perdido en los últimos meses a dos de sus periodistas, asesinados por el Narco. Así llamados, con temible acortamiento. El periódico ha hecho público un editorial patético (en el sentido más etimológico del término), pero no exento de gotas de humor amargo. Un editorial en que reclama directamente a los grupos criminales, “la autoridad de facto en esta ciudad”, indicaciones sobre “qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos”. Esto es parte del texto:

“Señores de las diferentes organizaciones que se disputan la plaza de Ciudad Juárez: la pérdida de dos reporteros de esta casa editora en menos de dos años representa un quebranto irreparable para todos los que laboramos aquí y, en particular, para sus familias. Hacemos de su conocimiento que somos comunicadores, no adivinos. Por tanto, como trabajadores de la información queremos que nos expliquen qué es lo que quieren de nosotros, qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos…

Ya no queremos más muertos. Ya no queremos más heridos ni tampoco más intimidaciones. Es imposible ejercer nuestra función en estas condiciones. Indíquennos, por tanto, qué esperan de nosotros como medio. Esta no es una rendición. Como tampoco significa que claudicamos al trabajo que hemos venido desarrollando. Se trata de una tregua para con quienes han impuesto la fuerza de su ley en esta ciudad, con tal de que respeten la vida de quienes nos dedicamos al oficio de informar…”

Roberto Bolaño noveló este y otros terribles episodios –como los asesinatos de mujeres- que no dejan de acaecer en aquella esquina del noroeste de México, bajo una cifra infernal: 2666.

martes, 21 de septiembre de 2010

Qué miras, qué miras

Uy, qué vergüenza, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires, no me mires…

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Tu pelo te preocupa?

Acabada de publicar la entrada anterior, recibo un instantáneo mensaje blogger que me interpela con esta pregunta: “¿Tu pelo te preocupa?”. A quien quiero engañar: Sara, la respuesta es sí.

Doméstica conversación de domingo (fragmento)

-Entonces, ¿no quieres que colguemos ahora las cortinas?
-¿Antes o después de fregar los platos?
-Después de que acabe de leer este artículo de Vila Matas sobre el ensayo de Walter Benjamin sobre la poesía de Baudelaire.
-Ah… Entonces bajaré un poco el volumen de la tele.
-No hace falta, eso no me distrae, excepto cuando sale Sara Carbonero. Que sale en dos de cada tres anuncios. De suavizantes para el pelo, mayormente. Pronto sólo Sara Carbonero saldrá en televisión. No me parece mal.
-Colguemos entonces las cortinas.
-Pero deja que acabe de leer este artículo de Vila Matas sobre el ensayo de Walter Benjamin sobre la poesía depositada en el cabello ondulado de Sara Carbonero...

domingo, 19 de septiembre de 2010

La (mala) suerte de la Matallana

Se podría decir que la Matallana no tiene suerte. (Nota para forasteros: la Matallana es la avenida principal, la calle del paseo, el centro social de Puente Genil.) A la línea de casas bajas y encaladas que enfilaba el camino de la Estación, le sucedió una hilera de estrechos bloques de pisos sin criterio ni gracia.

Algunas intervenciones recientes vinieron a mejorar su aspecto: el nuevo edificio de la Residencia de ancianos, por ejemplo, es sobrio, acogedor y recogido, tradicional y moderno; líneas rectas, blancura en las paredes contrastando con el verdor del minúsculo jardín, cristaleras y bancos para asomarse a mansalva al discurrir del mundo. La iglesia anexa, excesiva en formas, materiales y colores, se pelea con él pero posee, en cambio, una extravagancia que no desentona con el resto de la calle.

La Matallana se había vuelto intransitable, abarrotada de veladores y de caótica señalización urbana, y necesitaba una reforma: plataforma única, mayor amplitud de aceras, ordenación de mesas, sillas y sombrillas de los bares para facilitar la accesibilidad… Nuevos alcorques y maceteros, farolas, bancos y papeleras mejoran lo anterior. La plazuela del Tropezón, reducidos los gigantescos arriates a la mínima circunferencia, soterrados los contenedores de basura, ha sido recuperada para el disfrute de la gente. La bifurcación de Las Novedades hermosea espaciosa y equilibrada con la reubicación del kiosko de Chorongo, la alineación de palmeras, bancos y papeleras y la peatonalización del arranque de la calle Manuel Melgar.

Bloqueado por la altura de los eficios que la flanquean, en la Matallana apenas se mueve el aire, si no es el recalentado que expelen los tubos de escape de cientos de turismos, furgonetas y motocicletas. Por la Matallana, por necesidad o por lucimiento, todavía circulan demasiados vehículos, algunos conducidos por bobos ejemplares que salen de paseo en coche estridente (a veces tuneado, a veces ni siquiera). Los centros urbanos deben ser cerrados al tráfico –así está ocurriendo en todas las ciudades europeas- y abiertos al caminar libre de humos y ruidos y riesgos de atropello, abiertos al paseo tranquilo tomando un helado y mirando escaparates. Parece que el actual gobierno municipal apostó por la peatonalización de la Matallana, pero, atendiendo ciertas demandas, dio un paso atrás y la peatonalización se quedó en semi. Y parece que esa es una de las causas de que haya que haber repuesto en varios tramos el adoquinado: no aguanta este pesado trajín. La sensación es que, hoy, cada vez se discute menos la conveniencia de limpiarla de coches. (Próximamente: el entorno de la iglesia de San José). Pero no siempre fue así. En el año 98 la tendencia dominante era la contraria. Entonces escribí en un periódico local: “Parece que a alguna lumbrera municipal se le ha encendido en la cabeza esta brillante idea: arrancar los naranjos, recortar las aceras y permitir la circulación de doble sentido en la Matallana. Pasearemos en coche desde el Romeral al Tropezón, giraremos en una rotonda y pasearemos en coche desde el Tropezón al Romeral, saludando a los que están estacionados en las terrazas, bebiendo un refresco con las ventanillas abiertas.” Vivir en un atasco no es agradable. Estamos saturados. Los tiempos están cambiando.

Pero parece que la Matallana no tiene suerte: la última de sus desgracias es una exagerada pantalla de publicidad dinámica, colgada en la confluencia de Susana Benítez y Cristobal Castillo. Superada la novedad, quienes pasean a esa altura de la calle, de día y de noche, se ven obligados a bajar los ojos, lo que va en contra del rendimiento comercial del invento, me parece a mí. Yo diría que el cacharro no está bien ajustado en cuanto a brillo y contraste y su afilado resplandor desprende la retina, hiere la córnea, funde el cristalino. Las ópticas de la calle habrán hecho su agosto este agosto, agotando el stock de gafas de sol con filtro antirradiación.

Modestísimo Times Square, esta esquina pontana en lo único que se asemeja a la más famosa plaza neoyorquina es en el incesante fluir de vehículos y peatones. Porque, a pesar de todo: de la fealdad de sus edificios, del exceso de coches, de la falta de aire, del güisqui de garrafa, del televisor ese quemaojos … siempre estamos en la Matallana (especialmente el Domingo de Resurrección) y siempre está llena de vida (menos en las implacables horas de la siesta del verano, en que se muere un rato). Es una calle elegida. Es una calle con suerte.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Lógicamente

Escucho en la radio que una cadena de supermercados estadounidense vende ataúdes en sus establecimientos.

Supongo que estarán expuestos junto al fiambre.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Primer viernes de curso

Primer viernes de curso, no sé si me explico. Nos vendrá bien una canción. De la serie “Canciones de nuestra vida”, un sentido homenaje a los viernes. De The cure.

I don't care if Monday's blue,
Tuesday's gray and Wednesday too,
Thursday I don't care about you.
It's Friday, I'm in love.

Pulsa aquí, anda, que no me dejan insertarlo:

http://www.youtube.com/watch?v=wa2nLEhUcZ0

jueves, 16 de septiembre de 2010

El niño invisible

Al octavo intento, mezclando una bebida isotónica, tinto de la Ribera del Duero, cola sin cafeína, ron de caña, hierbabuena, gravilla del suelo de la feria y un ingrediente secreto, y agitando fuertemente con una pajita, el joven pero ya brillante investigador ruso Serguei Cosanov Gomelski -que este año cursa tercero de primaria- descubre la fórmula de la invisibilidad, que prueba con éxito consigo mismo, como demuestra esta foto tomada clandestinamente por un reportero del diario Plasta, disfrazado de farolillo verdiblanco.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Un curso por delante...

La tarea no es fácil...


A propósito del plan de lectura y escritura...



A propósito del bilingüismo...


Y para terminar, este deseo en camiseta...



¡Ánimo, maestros!

martes, 14 de septiembre de 2010

La maleta de los sueños compartidos

Hace un par de días vi en el cine Inception (Origen) de Christopher Nolan, el autor de Memento. Memento es una de mis películas favoritas por su trama y sus personajes, pero sobre todo por su novedosa y asombrosa forma de contar la historia. Te raya, que diría un alumno mío.

De Origen me gusta el origen, el germen, la intención, la idea: una idea que anida en el núcleo hermético de nuestro subconsciente y que nos define (o que nos destruye). Me gusta la maleta de los sueños compartidos. Me gusta ese viaje hacia el sueño dentro de un sueño dentro de un sueño. Me gusta el sueño despertado / invadido por la patada del agua. Me gusta el eterno caer de la furgoneta, que provoca la ausencia de gravedad en el siguiente nivel de sueño. Me gustan las imágenes del París especular en el cielo y la de los acantilados de edificios que, como recuerdos, se desmoronan y se disuelven en el mar del olvido.

Y no me gustan las concesiones al más tópico cine de acción: las persecuciones a pie, en coche o en trineo, la cantidad de tiros… Me hubiera gustado que una historia con una idea tan estimulante, tan desasosegante, con un tema tan ambicioso, se hubiera desarrollado sin el recurso a tanta metralleta. Me aburre. A los adolescentes quizá no. Los adolescentes son los que van al cine. Y Nolan es también el productor.

Maleta de los sueños compartidos… la que hacemos cada cinco de agosto, con la intención de asomarnos a otro lugar del mundo (con botas de montaña y un chubasquero). Supongo que tengo ideas que me atenazan desde el subconsciente, pero soy consciente de que esta idea me define: otear la calle en la que vivo, pero mirar también más allá de la calle en la que vivo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

¿No?

A propósito de las expulsiones de gitanos rumanos de suelo francés, dice el sociólogo Alain Touraine que: puede que algunos de ellos se vean en la necesidad o tengan el hábito de delinquir pero que, en la reciente crisis, algunos banqueros han tenido un comportamiento criminal… y no por eso expulsamos de Francia a todos los banqueros.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Bendecir el asfalto

El cielo en Almería, una bolsa de papel, hielo en un vaso, una cafetera, un marinero de bronce, una sandía de madera, Obama acostado, una miniportería en un urinario…

Echo un vistazo a las últimas fotos subidas a este cuaderno y me doy cuenta de que le disparo a todo y a cualquier cosa. Ya no salgo sin mi cámara digital. Esta es una actividad que no hace daño a nadie y entretiene muchísimo. Es como bendecir. En la película Simón del Desierto de Luis Buñuel, el eremita subido a una columna entretiene su prolongada soledad bendiciendo. Bendice las nubes (“Para que fecundéis la tierra que da el alimento al pobre y no descarguéis granizo”), bendice un insecto (“Yo te bendigo porque eres una criatura inocente y para que cantes las glorias del Señor”), y añade a continuación: “Esto de las bendiciones, además de santo ejercicio, es muy entretenido, y con ello no ofendo a nadie”.

Esto de grabar el suelo en vídeo entretiene muchísimo y con ello no ofendo a nadie, parece pensar también Agustín Fernández Mallo, que se ha dedicado últimamente a filmar asfalto estadounidense. Mi amigo Guzmán lo rebota en su activo facebook, lleno de dispersas e interesantes sugerencias (con una sólida línea argumental: “Dejadnos enseñar”). Yo me permití un comentario travieso: “¿A este tío qué le pasa? ¿Sobredosis de alquitrán? Kansas, Agustín, ya kansas.” Al que mi amigo Guzmán respondió, solemne: “El suelo contiene mucha belleza”. Juzguen ustedes:

viernes, 10 de septiembre de 2010

jueves, 9 de septiembre de 2010

Depende

Noticia destacada en la prensa de hoy es el resultado de una encuesta nacional cuya pregunta central es: “¿Qué opina usted de los judíos?”. No sé qué habrá contestado cada uno de los mil doce compatriotas consultados telefónicamente. Lo que sí sé es la respuesta correcta, que en esta ocasión la hay. La respuesta correcta es: “Depende. ¿De cuál de ellos?”. Preguntar qué opina usted de los judíos es como preguntar qué opina usted de los rubios, de los tomates o de los conductores de autobús. Aquí también tendría una posible respuesta correcta: “Depende. Tengo la mejor opinión de los de Vancouver. Son amabilísimos. Los conductores de autobús judíos, rubios y colorados, quiero decir”.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Vancouver: asiamérica

Contaré una cosa que va a sonar muy pija: hace unos meses me compré una chaquetilla ligera de color blanco roto en una tienda del Soho londinense. La bolsa en la que me la guardaron es ésta:

Creo que puede haber una palabra para definirla: flipante. La tengo colgada en el cuarto de baño (contra el criterio de quien conmigo vive) y no puedo dejar de mirarla mientras me cepillo los dientes.

He averiguado (ah, la world wide web) que estos personajillos dibujados tan risueños pertenecen a Yatterman, una película anime estrenada el pasado año, cuyo autor es un tal Takashi Miike, perfectamente desconocido por mí, pero al parecer muy apreciado en el mundo manga, a juzgar por esta reseña del Festival de Sitges:

“Turboperros, cybercalamares, marabuntas mecánicas, chanquetes voladores, megarobots de cocina y más cachivaches electrónicos que el Inspector Gadget... Cuando uno cree que ya lo ha visto todo aparece Takashi Miike en el horizonte y revienta la platea con otra bomba de nitroglicerina visual. Y es que en esta fiel adaptación de la popular serie animada de los setenta todo es bio, cyber y mecha menos la ultrasexy Doronjo, archienemiga de Yatterchico y Yatterchica, los superhéroes de este monumental desenfreno juguetegráfico en el que reinan la histeria, los chistes subidos de tono y una imaginación que no es de este mundo”.

Ganas tengo de ver la película. En serio.

Pero a cuento de la bolsa yo tenía la intención de seguir hablando un poco más de Vancouver (de ahí el título de este post, y pido perdón por la insistencia). Porque la bolsa también me recuerda a Vancouver. ¿Raro? Para nada. Aún no conozco Tokio, pero pienso que pasear por Vancouver podría ser como hacerlo por uno de sus distritos.

Vancouver cuenta con una de las Chinatowns más antiguas de Norteamérica y sus descendientes han consolidado un barrio, ornado por el ayuntamiento con dragones rojos en las farolas y con espectaculares comercios de alimentación.


Los primeros chinos llegaron como mano de obra para la construcción del Canadian Pacific Railway, el ferrocarril que atraviesa de costa a costa el país… Pero, ¿y los japoneses? Mi teoría (poco rigurosa, lo admito) es que vino un japonés y mandó este mensaje: “Aquí hay sitio. Veníos para acá que en aquella isla ya no cabemos.” Una estadística reciente cifra en un 45 por ciento la población de Vancouver de origen asiático. Se nota. Por ejemplo en la cantidad de parejas que pasean por los parques o dormitan cabeza contra cabeza en los autobuses eléctricos en las que al menos uno de sus miembros tiene los ojos rasgados. O, por ejemplo, se nota en la extravagancia que impregna la ciudad y que quizá comenzó en el atuendo de los jóvenes japoneses imitado de diseños manga. Y esto nos devuelve a la bolsa que tengo colgada en el cuarto de baño. La cierro por el momento.

martes, 7 de septiembre de 2010

Diantres

De noche, sentado en la acera de una calle de un pequeño pueblo entre montañas, alzo la vista hacia una torre eléctrica plantada sobre la peña más alta del lugar... que estalla con un leve chasquido, como si se funde un plomo. Que yo la mirara fue pura casualidad. No tuve nada que ver, creo. Y luego: absoluta oscuridad. No hubo gritos ni ruidos. (Era un sueño sin sonido, excepto el leve chasquido.) Pero sí trajín de gente que se cruza, tropieza, se empuja. Roces, presencias en la impenetrable negrura. Pavor mudo de muchedumbre perdida.

Sospecho que este sueño, tan real, tan sofocante que me obligó a despertarme y a encender la luz de mi habitación (que tardó un segundo de más en alumbrar) podría tener una sencilla explicación psicoanalítica. Mientras el sudor se enfría en mi espalda, lo anoto aquí porque lo que pones por escrito ya no te angustia. Y por si a alguien se le ocurre qué diantres (qué demonios querrá decir diantres se habría preguntado aquí Juanjo Millás) significa.


Me ha dado por soñar (dormido, que despierto no dejo de hacerlo). O mejor, dado que dicen que siempre lo hacemos: últimamente suelo recordar lo que sueño; y hace algunas noches soñé que me ahogaba en un vaso con hielo. Me lo tomo como una sibilina advertencia de que debo ir alejándome de los bares. Ahora que se cumplen veinticinco años de mi primer jotabé.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Atrapado en El Bosco

Sobre las puertas cerradas del tríptico del Jardín de las Delicias (Museo del Prado, sala 56a), Bosch “reproduce en grisalla el tercer día de la Creación del Mundo, cuando Dios ordenó que apareciera vegetación en la Tierra…”, incluido el arbusto del café. A Bosch se le atribuye la frase: “El mundo no comienza sino con un buen café”…

Fotografié esta hornacina con tan particular Imagen de veneración y pensé escribir una broma acerca de Bosch canonizado más tarde como San Café. Con esa excusa busqué información en la magnífica web del Museo del Prado sobre Hieronymus van Aeken Bosch, el pintor flamenco del siglo XV conocido en España con el sobrenombre de El Bosco. Quedé atrapado en el óleo, concretamente entre las cuerdas de un arpa de la tabla del Infierno… y se me pasaron las ganas de bromear.

¿Nadie viene a rescatarme? Gracias. Déjate orientar escuchando la audioguía:

El Jardín de las Delicias


domingo, 5 de septiembre de 2010

Carrebluff

Esto nos pasa por ir a comprar libros al Carrefour… Haciendo caso a un folleto mi suegro y yo nos presentamos ayer en la Sección de Cultura (sic) del Carrefour de El Ejido. Mi suegro es el hombre que más lee de este país y de cualquier otro, y Carrefour anuncia treinta títulos disponibles de interesantes autores “de género”, como John Grisham o Patricia Cornwell, al precio de dos euros cada uno. Tras afanosa búsqueda (incluida la Sección de Anticongelantes) y consultas respondidas con titubeos se nos informa de que “aún no hemos recibido la promoción”. Ayer fue 4 de septiembre, hoy es domingo y la oferta es válida entre el 25 de agosto y el 9 de septiembre. ¿Publicidad engañosa? Yo creo que sí.

Quisimos salir del citado establecimiento dando un portazo para dejar claro nuestro enfado, pero no hubo manera por esas xxxxxxx puertas correderas con sensor de movimiento. Así que nos limitamos a bajar la rampa mecánica con la cabeza alta y sin mirar atrás. (Por dignidad y porque andamos un poco fastidiados de las cervicales.) Le dije a mi suegro que lo contaría en internet y estuvo de acuerdo. Nunca más.

viernes, 3 de septiembre de 2010

¡Capitán, capitán!


Cada año, al comenzar el curso escolar, escribo en mi pizarra verde con tiza blanca y mi mejor letra estas frases que, aunque lo parezcan, no pertenecen a un personaje de Kipling interpretado por Spencer Tracy, sino al anuncio publicitario de un BMW (un curioso anuncio en el que no aparece un barco, y apenas el coche, sino un camino en progresiva transformación bajo el lema: “Lo que queda por recorrer”):

“Oiga amigo, créame, he atravesado este océano docenas de veces, muchas calmas y muchas tempestades, no he dejado nunca de equivocarme ni de aprender, y cuando crees llegar… ¡Válgame Dios!¡Menudo espejismo!... Debería abrigarse, el viaje es largo...”.

Y después me pongo el DVD de “Capitanes intrépidos”.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Hipoteca

Quería comprarme un piso y, como no tenía suficiente dinero, fui al banco para suscribir una hipoteca. Un chico muy correcto, de gafas redondoradas, me explicó las condiciones. Necesitamos confirmar su solvencia y su capacidad de ahorro, me dijo, para hacernos acreedores de su confianza. Necesitamos que nos entregue lo antes posible la siguiente documentación:

Copia del documento nacional de identidad, copia de las tres últimas nóminas, certificado de nombramiento como funcionario público (firmado por el Rey), copia de la declaración de la renta de las personas físicas del ejercicio anterior, extracto de movimientos de mi cuenta bancaria en los últimos seis meses, certificado de mi vida laboral, certificados de todas mis otras deudas…

(Creí que ya había acabado, pero sólo estaba tomando aire.)

…aval de un miembro de mi familia política, informe psicotécnico, análisis de orina, radiografía de mis piezas dentales, expediente académico de mi educación primaria, certificado de antecedentes penales, carné de la biblioteca, carné de manipulador de alimentos, carné de patrón de cabotaje, carné del partido laborista británico, certificado de peregrinación a Tierra Santa, certificado de vacunación de Chipi, mi doberman, un trozo de piel de prepucio de mi operación de fimosis, un riñón, un ojo de la cara, dos huevos duros, la tarjeta Travel y la tarjeta de compra de El Corte Inglés.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Leve Levante en el Poniente

“Leve Levante en el Poniente almeriense”, anunciaba la Agencia Estatal de Meteorología. Oleaje débil, apuntaba Maldonado. “Pues agarra la toalla que nos vamos pa la playa”, digo yo, queriendo apurar los últimos instantes del verano. Pero en la costa gravoarenosa de Balerma las palmeras se doblaban hasta barrer el suelo con sus palmas. Así que nos refugiamos en la terraza acristalada de La otra orilla ante una ración de brótola a la piedra. Sople el viento de Levante y la Agencia Estatal que lo prevea.

martes, 31 de agosto de 2010

Sandía de madera


Necesito un dentista. Ayer le hinqué el diente a una sandía de madera.

No recuerdo quién me contó que los dentistas, antaño, cuando eran llamados sacamuelas, cuando viajaban en carromato de pueblo en pueblo se hacían acompañar de orquestinas. ¿Será cierto? No lo sé, pero tiene sentido: el de disfrazar los gritos de los dolientes.

lunes, 30 de agosto de 2010

Vancouver: higiénicamente limpio

Prefiere no hacerlo en el blog, pero una amiga me comenta personalmente que considera discutible la publicación de la fotografía de una micción, propia o ajena, con la excusa de celebrar el mítico gol de Iniesta y por más que esto sea un cuaderno líquido. Es de dudoso gusto, fue la expresión que empleó. (Sin embargo, como es comprensiva con las debilidades humanas, no puso ningún reparo a la presencia de un negro en mi cama, Obama.) Tuve que aclararle que la micción es propia y de pura cerveza de malta, aunque depositada en un servicio público de Vancouver, limpiado y desinfectado cada tres horas, y que a la foto habría que añadirle un fresco aroma a esencia de lavanda (pero esta anticuada tecnología digital aún no transmite olores). Por supuesto, jamás se me habría ocurrido publicar una foto en situación similar pero en un servicio de gasolinera de la A92.

En Vancouver la frecuencia y la higiene de los aseos públicos –gratuitos- llama la atención. Para el turista, preso de urgencias entre caminata y caminata, suponen un placentero remanso. En Vancouver la gente no escupe el chicle en el suelo, ni suelta sobre la acera el kleenex usado, no deja sobre el césped el cartón de pizza y las latas de refresco, ni siquiera la colilla de marihuana (aquí legal para uso medicinal, pero ya se sabe que cualquiera puede necesitar de esta terapia contra la enfermedad de la tristeza). En Vancouver, pásmense, los dueños de los huskies recogen sus excrementos de la acera con una bolsita.

El contraste es brutal. En asuntos de higiene pública aún estamos por civilizar. La Consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía ha encargado un estudio sobre la limpieza de las playas de la costa de Almería a un grupo de expertas laboriosas, diligentes, rigurosas, eficaces, serias y solventes. Se desplazan con sus sensores de alta precisión hiperveloces sobre la arena: a tal velocidad escalando montañas, que son montoncitos, y salvando valles, que son huellas de chanclas, que sus seis patitas se vuelven invisibles al caminar y apenas apreciamos dos puntitos negros que se persiguen uno a otro, saltando de un pelo humano a una pluma de paloma. Científicamente denominadas “formicae zapillensis” (popularmente hormigas playeras), emitieron un informe desolador: encontraron un brik de la central lechera asturiana, dos botellas de estrella levante, tres latas de pepsi, dos paquetes de marlboro, cuarenta y siete colillas, una piel de plátano, ochocientas seis cáscaras de pipas y un mojón canino por cada metro cuadrado. Informe rubricado con una lógica conclusión: “Sois unos guarros”.