viernes, 31 de julio de 2009

The bean


El escultor Anish Kapoor quiso darle a su obra un nombre elevado, casi etéreo: “La puerta de las nubes”. Pero la gente la llama “The bean”, la habichuela. (“Parece un frijol”, dicen los mejicanos.)

La superficie pulida de su óvalo refleja la línea de rascacielos que bordea Millenium Park. Bajo su dintel, los paseantes juegan a hacer muecas frente a los espejos cóncavos y convexos.

Esta disparidad en los nombres podría motivar un interesante artículo a propósito de las ambiciones del artista o sobre los problemas de la comunicación autor-receptor o sobre la interpretación de la obra de arte o, en fin, sobre el atino o el desatino al titular.

Pero yo no tengo tiempo -ni ambición, me temo- para hacerlo. Me esperan mis sobrinos para jugar al ping pong.

jueves, 30 de julio de 2009

Shel-ebration

Acabo de conocer a Shel Silverstein. Demasiado tarde para que él me conozca a mí: murió hace diez años. Me hubiera gustado agradecerle personalmente cada uno de sus dibujos, poemas y canciones, que recién he descubierto. Y le agradecería también, especialmente, el guión de una de mis películas preferidas de siempre (tengo que añadirla a mis favoritas del Perfil): Things change, que al parecer escribió a medias con su paisano y amigo David Mamet. “Las cosas cambian” es un policíaco distinto: es una broma continua, protagonizada por un anciano e ingenioso zapatero. Y no digo más, para que la vean…

En Millenium Park, ese lugar que por momentos parece el más culto y popular, el más civilizado y alegre del mundo... bajo la estructura de titanio del espectacular (con todas las letras) auditorio de Frank Gehry (con apariencia de gigantesca lata de conservas abierta con abrelatas oxidado)... bajo la tela de araña del billón de euros de megafonía –perfecta, claro-... frente a la pradera donde vecinos y viajeros se toman un pic nic... un grupo de viejos y jóvenes amigos de Shel lo recuerdan: recitan con voz teatral sus poemas, cantan con ritmo folk sus canciones... en un escenario presidido por Una jirafa y media… Dos horas con la sonrisa en los labios. Fue el trece de julio a las seis media de la tarde.

Donde termina la acera, Una luz en el ático, Cayendo hacia arriba, El árbol generoso, La pieza perdida, La pieza perdida conoce a la gran O, Lafcadio, el león que devolvió el disparo, ¿Quién quiere un rinoceronte barato?... son algunos de los títulos en castellano de sus libros, que combinan poemas y dibujos: dibujos nada sofisticados, de trazo fino, “infantil”, a veces esquemáticos, expresionistas a veces, divertidos y emotivos siempre; y poemas de verso consonante, de rimas sugerentes y chocantes, de humor a veces tierno, a veces inquietante. Efectivamente, sus creaciones encienden una luz en el ático de nuestra imaginación.

Su web es maravillosa. Desde el surrealista desfile inicial, está llena de juegos y animaciones, y el propio Shel recita fragmentos de sus poemas. Echadle un vistazo y a disfrutar:

http://www.shelsilverstein.com/

miércoles, 29 de julio de 2009

Andrea

Andrea tiene dos años, los ojos limpios y una sonrisa irresistible.
A Andrea le gusta andar descalza. Sentada en su asiento trasero del coche, los cinturones cruzados, canta canciones incomprensibles aplaudiendo con una mano y un pie. Juega y disputa con su hermano, a quien imita, de quien aprende.
Andrea escoge su propia ropa y, naturalmente, su estilo luce más fresco y original que el de cualquier talentoso diseñador de moda.
A Andrea le gusta jugar con sus vecinos puertorriqueños: triciclos fórmula uno por el jardín… Y sobre el invierno nevado en el patio trasero es capaz de modelar el relieve de un ángel con las alas desplegadas, serpenteando su pequeño cuerpo y agitando sus pequeños brazos.
A Andrea le encanta su abuela Cindy y su perra Pancho. Y es todo amor maternal hacia su baby.
A Andrea le gusta beber agua y comer helado de chocolate (¿a alguien no?) y sandía.
Andrea no se duerme con menos de cuatro poemas como este, de Shel Silverstein (Where the Sidewalk Ends):

Ickle Me, Pickle Me, Tickle Me too
Went for a ride in a flying shoe.
“Hooray!”
“What fun!”
“It’s time we flew!”
Said Ickle Me, Pickle Me, Tickle Me too.

Ickle was captain, and Pickle was crew
And Tickle served coffee and mulligan stew
As higher
And higher
And higher they flew,
Ickle Me, Pickle Me, Tickle Me too.

Ickle Me, Pickle Me, Tickle Me too,
Over the sun and beyond the blue.
“Hold on!”
“Stay in!”
“I hope we do!”
Cried Ickle Me, Pickle Me, Tickle Me too.

Ickle Me, Pickle Me, Tickle Me too
Never returned to the world they knew,
And nobody
Knows what’s
Happened to
Dear Ickle Me, Pickle Me, Tickle Me too.

Night night, Andrea.

martes, 28 de julio de 2009

Yago

Yago tiene cuatro años y medio, el pelo rubio y rizado y una vitalidad desbordante. Yago es capaz de correr veinticinco veces la distancia entre cara y cara de la fuente de Plensa en Millenium Park. Chapoteando. Es capaz de subir a y saltar desde un pedestal sobre el césped veinticinco veces seguidas. Es capaz de derribar y recolocar veinticinco veces seguidas los diez bolos gigantes y verdes que amigos españoles le acaban de regalar.
A Yago le encantan los trenes. Por eso cuando sube en metro exige ir de pie sobre el primer asiento del primer vagón, ante la ventanilla frontal, para simular que es él quien acelera en las rectas y gira con prudencia en las curvas. Por eso cuando salen a caminar por el barrio exige empujar el cochecito en el que va su hermana: ahora como un express, ahora como un mercancías… Yago dibuja trenes sobre los adoquines de la acera con tizas de color azul: un vagón, otro vagón… pero encarga a una mano experta, la de su mamá, la locomotora. Le gusta que su madre lo haga volar en círculos, como en los columpios de un tiovivo. Y que su padre lo pasee a hombros por entre los rascacielos.
Yago no conoce la violencia. Por eso cuando algún contemporáneo algo más crecido se planta ante él y le larga, sin venir a cuento, un empujón, Yago se queda paralizado y pensativo: no lo entiende y no sabe cómo reaccionar. Quizá algún día se lo pregunte a su padre: ¿por qué?
Yago se comunica bastante bien en inglés, en español y en esa mixtura tan habitual en las calles de su ciudad, resumida en la frase: “Sometimes I start a sentence in English y termino en español”.
A Yago le encanta el helado de chocolate (¿a alguien no?) y la sandía.
A veces Yago hace silencios que a mí se me antojan enigmáticos. Se sienta, pero no se adormece, mira con ojos tranquilos y se cuestiona –supongo- lo que le muestran del mundo.
Yago no se duerme con menos de cuatro cuentos: “¿A qué sabe la luna?”, la “Canción del pirata”, un “Platero” adaptado y “Los seis ciegos y el elefante” (por ejemplo): el primer ciego dijo que era una pared, el segundo ciego dijo que era una serpiente, el tercer ciego notó una punta afilada como una lanza, el cuarto ciego abrazó lo que parecía el tronco de un árbol, el quinto ciego notó en la cara intermitentes golpes de aire, como de un abanico, el sexto ciego tiró de algo parecido a una cuerda… zzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Buenas noches, Yago.

lunes, 27 de julio de 2009

La tormenta perfecta

Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia, minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado…


El 14 de agosto de 1996 –lo recuerdo bien- cayó una perfecta tormenta sobre Puente Genil. Bruscamente la noche se aclaró: se cubrió de nubes grises que, bruscamente, con urgencia, con furia tropical, enviaban contundentes gotas de agua que percutían sobre el escenario de la Caseta Municipal, donde, ya sin guitarra y sin megafonía, sobre el estruendo de algunos truenos, limpiándose el agua de la cara, el cantaor David Pino concluía con temperamento una guajira. La lluvia rebotaba en las cazuelas de potaje, tintineaba en el cristal de los catavinos, espesaba el albero, pero pocos corrían a resguardarse. Fuera, bajo las lonas de tela verde y blanca, cientos de jóvenes bailaban evitando, o no, los charcos, en una noche en que lo imposible era no mojarse los pies, apenas cubiertos por unas sandalias. Al amanecer, la torrentera bajaba hacia el ferial por José Ariza y por Baldomero Giménez, pero ya nada podía aguar la fiesta. Las ganas de diversión impidieron considerar la lluvia como cosa importante.

…Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor, llamada rosa,
y el curioso color del colorado…

cantó El Cabrero versos de Borges a propósito de una tormenta lejana y perfecta… La tormenta en que tú y yo nos conocimos…

Ahora Salva insiste en denominar tormenta perfecta al aluvión de amigos que, de distantes lugares del mundo, han venido a precipitarse y guarecerse, bruscamente, a la vez y de repente, en el semisótano de su casa de Chicago.

lunes, 6 de julio de 2009

El hecho es el helecho

La humedad rezuma y resbala por las paredes de roca, redondea los cantos, afila los cañones, enfanga los senderos, gotea de las hojas de los tiles, recubre los troncos de verdina o de setas, multiplica los hijos del viñátigo, hace crecer los helechos hasta alcanzar dimensiones prehistóricas… espesa el bosque, lo cierra a la luz y lo transforma en dosel forestal, que diría nuestro amigo Félix (Rodríguez de la Fuente). Modela y determina el paisaje: la laurisilva reina en el interior de la isla.

video

domingo, 5 de julio de 2009

1971


La tierra tembló en el sur de la isla de La Palma a finales de 1971. Tanto que hasta las campanas de Fuencaliente tocaron solas, cuentan testigos del momento. Y el roque Teneguía prestó su nombre al volcán. Para crear “la tierra más joven de Europa”, anotan las guías turísticas. Ese movimiento venía gestándose desde un año antes: La nochebuena del año anterior –aunque los papeles digan otra cosa- una flor de apariencia humana asomó en la cama conyugal de sus padres a mil quinientos kilómetros de distancia. No puedo negarme a mí mismo que ambos fenómenos naturales están relacionados.

(Y admito que la comparación pueda resultar impertinente… sobre todo para mi suegra.)

sábado, 4 de julio de 2009

La isla gaseosa

Los húmedos vientos alisios se elevan, se condensan, tropiezan con las montañas y se derraman como cascadas hasta llenar la Caldera. La Caldera de Taburiente: un espectáculo asombroso.

El viento golpea duro en la costa este de La Palma. El mar bate los acantilados de roca volcánica y, por entre las oquedades, bufones de espuma y vapor de agua se proyectan hacia el cielo.

La ingestión de viento, cerveza Tropical y mojo picón también provoca en nuestros peninsulares intestinos fenómenos gaseosos de variable intensidad.

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viernes, 3 de julio de 2009

La tortilla y el crimen

No soy de los que se quejan de que se escriban y publiquen demasiadas novelas con la Guerra Civil española y su postguerra como marco espacio-temporal. Me parece normal que el periodo más trágico y más cruento de nuestra historia reciente obsesione por igual a historiadores y a novelistas. Aunque es inevitable, supongo, que unas novelas suenen a otras. ("Nada es lo mismo, nada / permanece. / Menos / la Historia y la morcilla de mi tierra: / se hacen las dos con sangre, se repiten." Viene a cuento recordar aquí la más conocida de las Glosas a Heráclito de Ángel González.)

Yo me he acordado, al leer “El mapa de un crimen” de Paco López Mengual, de “Soldados de Salamina” de Javier Cercas, sobre todo por ese protagonista en primera persona que trata de reconstruir un episodio concreto del pasado; en este caso, qué llevó a Matías el Garra a degollar con una navaja barbera al boticario Joaquín Maqueda en plena Plaza de la Fuente, a la vista de todos sus vecinos. Y me he acordado también de “El bastón el diablo” de Campos Reina, por las situaciones de thriller, aventuras que se desarrollan en el set de rodaje de las callejas y plazas de un pueblo, en el que todos son actores y espectadores de su propia película. Uno de ellos, Adolfo, el bobo, anota en su mapa personalizado: “Por aquí pasó Franco”, “En esta casa nació el Padre Andrés”, “Aquí mataron a Maqueda”, como si fueran localizaciones de la película que está siendo rodada.

Campos Reina y López Mengual dedican sus respectivas novelas a sus padres, “que aún me cuentan historias”, “fieles relatores” de una realidad real para ellos, que la vivieron y que ha dejado señales indelebles en el mapa de su memoria, aunque nosotros las leemos como una ficción con ecos de realidad.

Es, en este sentido, donde yo diría que está la parte más frágil de “El mapa de un crimen”, porque se nos exige demasiado del pacto narrativo entre escritor y lector. Paco López Mengual se sirve de dos amplias cartas para detallarnos aspectos fundamentales de la historia: la carta de Michelle, compañera sentimental y de militancia de Joaquín Maqueda, separados por los avatares de la guerra en marcha, y la autoconfesión de El Garra. Esas cartas, que dan cuerpo a la novela, exigen una excesiva suspensión de la incredulidad por parte del lector: su estilo y su tono las vuelven inverosímiles, y se leen (yo las leo) con esa incomodidad.

Me gusta mucho, sin embargo, la recreación del resentimiento latente entre gentes obligadas a convivir entre sí y con un pasado traumático, resentimiento apreciable en las miradas y en las conversaciones de la taberna o la barbería, que estalla por momentos, el más espectacular, el del crimen. Me gusta mucho la definición de algunos personajes, como el padre de Isabel, la novia del farmaceútico... El equívoco con los gemelos… Me gusta mucho el comienzo: ese cuento truculento, el de la muerte de Maqueda, con que una madre distrae a su hijo para que apure hasta el último trozo de una tortilla francesa.

Paco López Mengual: El mapa de un crimen. Madrid, Maeva, 2009.

jueves, 2 de julio de 2009

Lola Gómez: pasión, inteligencia y esfuerzo

Rescato de Crónicas Murgianas, la crónica escrita por la alumna Adina Jente de la visita a Clisol, el invernadero ecológico de Lola Gómez, una mujer admirable:

“En el marco de la Semana de actividades sobre el Día de la Mujer, un grupo de ocho alumnas y un alumno de la asignatura Proyecto Integrado de 1º Bach nos desplazamos a Clisol para realizar un reportaje sobre este singular invernadero de El Ejido, que combina la producción ecológica y las visitas didácticas y turísticas. Lola Gómez, gerente de la empresa, nos atendió amablemente a lo largo de dos horas explicándonos detalles sobre la historia del cultivo bajo plástico en el poniente de Almería, sobre las técnicas tradicionales (como el blanqueo de invernaderos para filtrar la luz), o el “girado” y “peinado” de las pequeñas plantas para multiplicar las raíces y fortalecer los pequeños tallos, sobre la tecnología aplicada al invernadero (regulación de temperatura, reutilización del agua de riego…), o sobre el control biológico (sin pesticidas: el bichito Amblyseius se come al dañino Trip, y la chinche Nesidiocoris a la Mosca blanca que chupa la savia).

Lola nos recibe después de haber atendido a una delegación del gobierno de Túnez. Y es que Clisol es ya un referente internacional. Terminamos la visita catando la variedad y calidad de los tomates que se producen aquí. Y nos regaló su cuento “Regordete y Larguirucho”. El lema de Clisol es “Sólo con pasión se logran milagros”. Y con la inteligencia y el esfuerzo que le ponen Lola Gómez y todo su equipo, añadimos nosotros.”

Para conocerla mejor: www.clisol.com

miércoles, 1 de julio de 2009

Cada curso escribe su propia historia

Un estudiante me pide disculpas por correo electrónico, en su nombre y en el de sus compañeros, por haber sucumbido a la tentación del plagio (a la comodidad, al reto al profesor…), presentando como propio un trabajo escrito y previamente publicado por otro. Me desea que no me vuelva a ocurrir, preocupado porque guarde algún tipo de desconfianza o resentimiento hacia él, o hacia otros alumnos, en el futuro: “Cada curso es cada curso y escribe su propia historia”, le contesto.

La historia del pasado curso (aún queda septiembre) confirma mi convicción de que tomados de uno en uno los adolescentes son gente magnífica: apasionados, apáticos, generosos, egoístas, agradecidos, desagradecidos, vanidosos, tímidos, brutos, sentimentales, hiperactivos, soñadores, soñolientos, divertidos… Están vivos, necesitan estímulos, necesitan, por ejemplo, saber que lo que estudian puede serles útil (para encontrar trabajo o para exhibirse ante los demás). Bueno, alguno queda con la pura curiosidad, el puro afán por saber. Y sí, prefieren la diversión al esfuerzo, como la mayoría de nosotros. Las relaciones entre ellos no son distintas de las que se establecen entre sus mayores, están presididas por el propio interés y el amor propio, por la seguridad, por la complicidad, por los afectos… al fin y al cabo aprenden lo que ven, lo que viven. Es la tribu la que educa, repite siempre el filósofo Marina.

Confirma también la convicción de que el ecosistema masificado y claustrofóbico en el que se suele desenvolver la enseñanza es el principal obstáculo para el aprendizaje y la principal fuente de conflictos: los espacios son importantes y los centros de enseñanza españoles, salvo excepciones, suelen ser lugares abarrotados e inhóspitos. No estaría de más que la administración dejara de construir colegios como almacenes. (Y que no exigiera desbordar cada aula con treinta y muchos alumnos: ¿qué fue de la ratio razonable?)

Cuando escucho que el curso escolar debiera prolongarse hasta finales de junio e incluso iniciarse el primero de septiembre, me digo ¡no será en Andalucía! Unos padres responsables no pedirían que su hijo pase seis horas seguidas en un cuarto nada acondicionado para soportar 40 grados. El Consejo Escolar del IES Murgi de El Ejido ha redactado un manifiesto demandando de las autoridades competentes que la ampliación prevista del actual edificio se haga teniendo en cuenta criterios de eficiencia energética y sostenibilidad, “con un máximo aprovechamiento de la luz natural para aulas y otras salas, con adecuados sistemas de ventilación, refrigeración y calefacción natural, aislamiento, con sensores de ocupación donde se necesiten y lámparas de bajo consumo, con paneles solares fotovoltaicos…”, que reviertan a la vez en el ahorro de energía y en la creación de espacios confortables.

Este curso –mi tercero en la enseñanza- me confirma, también, que el principal error normativo es el de la promoción automática: si ni siquiera tienen el efecto disuasorio de no pasar de curso, perdiendo la compañía de sus colegas de siempre, muchos alumnos no entregarán el más mínimo esfuerzo al aprendizaje de las diversas asignaturas y, en consecuencia, esta podría ser una descripción de su comportamiento en el aula:

“Silbidos, carraspeos continuos, estruendoso sonar de mocos, palmas, soplidos a la flauta (y no en la clase de Música), percusiones sobre la mesa (también en la clase de Música), preguntas gritadas al profesor fuera de lugar y tiempo, sin respetar turnos de palabra, murmuradas imitaciones burlescas, expresiones malsonantes o despectivas, voces a los compañeros, giros sobre la propia silla, zapatillas sobre la silla vecina, paseos hasta la papelera… este es el día a día de Nombre Supuesto en el aula de Curso Supuesto: una continua perturbación del normal desarrollo de las actividades de la clase, dificultando gravemente la atención y el estudio de sus compañeros.

Encuentra satisfacción en desafiar a los profesores y, constituido en líder negativo, se convierte en ejemplo “moral” para algunos de sus compañeros, predispuestos a imitarlo.

A ello habría que añadir sus faltas injustificadas de puntualidad y su falta de trabajo cotidiano: sólo en Educación Física y en Lengua Castellana y Literatura (materia impartida por el tutor), realiza irregulares intentos de cubrir el expediente… en las demás hay evidentes síntomas de abandono de asignatura…”

Nombre y curso supuesto pero informe real…

A comienzos de este curso se anunció con altavoz y grandes titulares la solución para estos alumnos, desmotivados en el sistema educativo normalizado: el Programa de Cualificación Profesional Inicial, salida natural para aquellos adolescentes que quieren estudiar (poco), pero aprendiendo un oficio. En el poniente almeriense, en el presente curso, sólo tres centros de enseñanza han ofertado el PCPI. La lista de espera en el IES Murgi (uno de esos tres centros) supera los setenta alumnos… Cada curso es cada curso y se nos pide paciencia para aumentar progresivamente la oferta y los recursos.

Cada curso es cada curso y escribe su propia historia y parte de la que ha sucedido entre septiembre 08 y junio 09 ha quedado efectivamente escrita en lo que llamamos “libro virtual”. Como el instituto, ya se ha dicho, se llama Murgi (por un antiguo asentamiento romano en el entorno de El Ejido), el libro se titula “Crónicas Murgianas”. Y este es el enlace:

www.iesmurgi.org/librovirtual

No se las pierdan.