sábado, 14 de febrero de 2009

Ibi en la Universidad

Ibtissame Bouazzaoui, llamada Ibi por sus amigos, llegó a España con tres años junto a sus padres y hermano, procedente de Berkane (Marruecos), una ciudad en la frontera nororiental con Argelia, separados ambos países por un simple alambre de espino.
Cinco estudiantes de 1º de Bachillerato charlaron con ella durante la mañana del martes 3 de febrero, sentados en torno a la mesa de reuniones del despacho de Dirección. El objetivo: trasladar sus palabras al libro virtual del centro, titulado -con algo de guasa- "Crónicas Murgianas". El motivo: Ibi ha conseguido uno de los Premios Extraordinarios de Bachillerato que cada año concede la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. (Y por eso el diario “El País” también la ha entrevistado para la contraportada nacional del periódico, en la sección “Desayuno con…”). Ibi, 9'73 de nota media en el Bachillerato, fue invitada a presentarse al examen que otorga ese Premio en función del resultado obtenido. Y en la provincia de Almería sólo tres personas más lo consiguieron.
A Ibi le gusta estudiar. Realizó toda la educación secundaria en el IES Murgi y ahora estudia Ciencias Empresariales en la Universidad de Almería. Ibi dice que, para ella, estudiar es más una afición que una obligación. Por eso cuando coge cada día el autobús desde El Ejido para asistir a sus clases lleva siempre un libro en las manos… y el trayecto se le hace corto. Domina cinco idiomas: árabe, bereber, francés, inglés y español. En francés posee el título de la Escuela Oficial de Idiomas y ahora se propone conseguir también el de inglés.
Ibi es una chica despierta, risueña, amable. Dice que es tímida pero durante la entrevista no se le nota nada. Se explica con calma y con naturalidad. Es religiosa y practicante. Le gusta rezar. Dice que la gran diferencia entre Marruecos y España es que allí la religión tiene mucha importancia en la vida de las personas, y aquí tiene menos peso social. Dice que la cultura musulmana es ahora más abierta y que el ejemplo es ella: una chica musulmana en una universidad española. Sus padres, que siempre la han apoyado para que estudiara, sin embargo, al principio, eran un poco reacios a que participara en actividades fuera del ámbito educativo. Sólo con la confianza de algunos profesores podía hacerlo. Ahora entienden que, además de su formación, tiene que relacionarse de manera natural con los demás, compartan o no su religión o sus costumbres. A Ibi le gustaría trabajar en las tareas de administración de un banco o de un aeropuerto o, quién sabe, crear alguna empresa. Haga lo que haga, le deseamos mucha suerte.

domingo, 8 de febrero de 2009

Otroyó

Avatar es una palabra procedente del sánscrito que designa a la encarnación de un dios (particularmente el hindú Vishnú), su apariencia corpórea en el mundo terrenal.

Convertidos en dioses de pacotilla, avatar es, en nuestros días, un personajillo (foto o dibujo animado) que cualquiera crea, diseñándolo a partir de ciertas pautas, para que lo represente en el otro mundo, el mundo virtual de los juegos de simulación o de rol. Normalmente son más guapos o más fuertes, más seductores, una prolongación de nuestros deseos. En mi caso: es más joven y tiene más pelo. Bajo un cielo tormentoso, le hago decir mi cita favorita: escucha.


Get a Voki now!

domingo, 1 de febrero de 2009

En la plaza

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.

No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también
transcurría.

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,

no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!

Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Espasa Calpe 1954.