jueves, 16 de octubre de 2008

Mis poemas

Son míos porque algo me dicen. Porque me conmueven de algún modo. Porque me afectan. Porque me aluden. Porque me implican. Porque me explican. Porque me inquietan o me intrigan. Porque me divierten. Porque, desde la primera lectura, los sentí cercanos y eso ha hecho que acabe sintiéndolos propios. Porque a fuerza de releerlos los memoricé sin esfuerzo y los tengo clavados en el lóbulo temporal. Son míos porque son parte de mí.

Pero no son míos. Por eso los transcribiré líquidamente bajo el nombre de su autor –no soy Bunbury-, bajo el título del libro al que pertenecen y la referencia de la editorial que publicó el ejemplar en el que una vez tuve la fortuna de encontrarlos, de leerlos, de hacerlos míos.

Ahí va el primero. Son sólo cuatro versos de Yo voy soñando caminos. Debí de leerlo en la escuela –gracias, maestro- y lo que me gustó inmediatamente es el juego con las palabras, la poderosa presencia de los verbos, cinco en tan breve espacio: los usos pronominales, el metafórico “serpea”…, la rima abrazada –rece, ea, ea, rece- de la redondilla, y la inquietante sensación del camino que se difumina y se borra, y que “blanquea” por contraste con los campos oscurecidos de pinos y encinas en el horizonte anochecido. Me gusta porque no es más que un poema que mira el atardecer, y porque es todo un poema que resume la sensación del ocaso de una vida, cualquier vida.

Antonio Machado, Soledades (1907), Cátedra:

La tarde más se obscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

miércoles, 15 de octubre de 2008

La fecundación como disciplina olímpica

Trae la prensa noticia de que un meticuloso análisis concluye que la calidad seminal de los españoles es “inferior” a lo que la Organización Mundial de la Salud considera “normal”. La polución (atmosférica) parece ser la causa principal. He aquí otra hipótesis:

Desde Woody Allen (Todo lo que usted quería saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar) imaginamos la apariencia de los espermatozoides con la cara de su propietario generador. Desde un episodio de Friends (aquel en que Mónica y Chandler describen sus problemas de fecundación como la conjunción de “espermatozoides perezosos en un entorno hostil”) suponemos que en lo más profundo de la intrincada cueva habita una tribu de aborígenes armados con jabalina (por sentirse más olímpicos) que reciben gruñendo a los miopes, canosos, algo apocados y nada competitivos espermatozoides. La fecundación, entendida como disciplina olímpica, sería una suerte de duatlón que combinara la carrera de fondo con la lucha grecorromana. Pero después del tremendo carrerón, y antes que ponerse a combatir, los exhaustos miopes canosos, algo apocados y nada competitivos espermatozoides preferirían tomarse una cervecita en torno a la hoguera. Tranquilamente. Charlando, por ejemplo, sobre Woody Allen, los Amigos y los problemas de la fecundación.

lunes, 13 de octubre de 2008

TE-V-7032

Desde Alcañiz equivocamos (o no, puesto que llegamos) el camino hasta el monasterio de Rueda, ya en la provincia de Zaragoza, circulando por una carretera perfecta para recorrerla en tanque. Socavones como pozas forzaban al coche a un meneo del todo inadecuado para un vehículo pensado para la suavidad nivelada de las autovías. Cuando el vaivén de pesquero entre la mar gruesa lo permitía, alcanzábamos a avistar hermosos campos de melocotoneros con sus frutos primorosamente envueltos en fundas blancas de papel, suspendidos en las ramas como estáticos copos de nieve, ajenos al sol radiante. Pero, ¿quién se ha ocupado de esa paciente tarea?, y ¿quién recogerá la cosecha?, ¿quién riega, quién cuida estos campos?, pero ¿dónde los campesinos? Por toda respuesta el graznido ronco de dos aves, probablemente carroñeras, que nos sobrevuelan aguardando el desplome final de la amortiguación…

Venturosamente el Altea aguantó como un Land Rover los 30 kilómetros a 10 por hora y al enlazar de nuevo con tierra firme, atracamos en la cuneta, sacamos las piernas por babor y estribor, nos recolocamos el costillar y besamos el bendito asfalto, como hacía el Papa viajero, tras bajar de los aviones, entiendo que agradecido por haber dejado atrás las turbulencias.

El Monasterio de Rueda ya no lo es, quiero decir que ya no cumple su función monástica: parte es una lujosa hospedería y parte es un recinto limpio y desnudo, perfectamente restaurado y que albergará el Museo del Ebro, según nos cuentan. Un anticipo: la gigantesca noria, que gira con crujir estruendoso de maderas, volcando caudales de agua que recorren las acequias interiores de la antigua cocina y el antiguo refectorio. Rueda fue monasterio cisterciense, escisión cluniascense provocada por Bernardo de Clairvaux y otros doce monjes que, en el siglo XI, no veían con buenos ojos la relajación en la observancia de la regla de San Benito en los monasterios cluny, resumida en el lema: “ora et labora”.

Esbelta torre mudéjar, ventanas de alabastro de variadas formas geométricas en la nave central de la iglesia, austeridad decorativa, sobrio y hermoso el claustro gótico con lavadero octogonal, simpática la ocurrencia de prever un rincón donde prescindir del voto de silencio, y no tanto el rincón de las flagelaciones de castigo por saltarse ese voto o cualquier otro.

Flagelaciones… las que yo merecería por haber ignorado las señales y los mapas: A Escatrón, a Rueda, se va mejor por Caspe y por la asfaltada línea recta llamada A-221.

lunes, 6 de octubre de 2008

Mina Se Verá

Nos colocan un casco con linterna en la cabeza, nos cuelgan un autorescatador (confiando en que no será necesario utilizarlo) y nos suben a una vagoneta que nos entierra a 220 metros de profundidad. La Sierra de San Just, en el norte de la provincia de Teruel, está horadada por decenas de galerías de las antiguas minas de carbón, lignito, hierro, yeso, plomo y sal. Municipios como Montalbán, Utrillas, Muniesa y Escucha han vivido tradicionalmente de estas explotaciones mineras. Decaída la industria extractiva, Escucha ha sido el primer pueblo de la comarca en orientarse hacia la explotación turística, hacia la extracción de recursos monetarios por la vía de las visitas guiadas. Bienvenidos al Museo Minero de Escucha.

Julián acciona el mecanismo, chirrían levemente las ruedas sobre los raíles e iniciamos un pausado descenso en el que veintidós pequeños focos luminosos revolotean, como luciérnagas, por las vetas de piedra y carbón. En el nivel adecuado, nos apeamos y caminamos y tropezamos siguiendo a Lucía, que comienza bromeando a cuenta de otro grupo de excursionistas que viene de vuelta: “Estos son los que entraron ayer”. Caminamos y la primera sorpresa es que ni frío, ni humedad, ni claustrofobia: las galerías son amplias y hasta cálidas. La antigua Mina Se Verá recrea ahora escenografías del rigor del oficio minero en el XIX: una boina como casco protector de la cabeza y un pañuelo húmedo como precaria mascarilla para evitar ingerir polvo de sílice (de ahí la silicosis, la ancestral enfermedad de los taladradores de piedra) y, sí, una jaula con pájaro para detectar inmediatamente la falta de oxígeno.

Primero barrenar la piedra para atacar los cartuchos de goma 2 (el último de arcilla, bloqueando el orificio), extender el cable, ponerse a resguardo y prender la chispa con el molinillo disparador. Tras la explosión, extraer la piedra en vagonas tiradas por mulas (como Lucera, homenajeada en una curva de la galería principal), mulas que eran cargadas a su pesar, con los ojos vendados y los pies atados, en un viaje definitivo a las profundidades: bajo tierra vivían, arrastraban la carga, eran alimentadas, se quedaban ciegas y morían... Limpio el nuevo túnel, entibar con mampostas de madera, que crujían “avisando” si el terreno cedía, pilares de tablos cruzados afianzando las zonas frágiles, apenas en Mina Se Verá, que está excavada en sólida roca. Y, finalmente, dejarse llevar por la veta de combustible fósil y de azabache (vendido en Génova como abalorios). Nuevas explosiones (esta vez con goma 9), nuevo acarrear de piedra negra, que parece siempre la misma, como condena de Sísifo, en jornadas eternas: la mina no descansa, la producción no se para, y la mina no se queda sola por temor al inflamable grisú.

Al acabar el recorrido un minúsculo cirio -cuya inestable llama confirma la necesaria ventilación- alumbra el rostro de Santa Bárbara.

domingo, 5 de octubre de 2008

Refugios de Almería

Manrique Martínez Agüero bajó a los refugios de Almería el día 11 de diciembre de 1938. Lo sabemos porque quiso dejar constancia de ello trazando su nombre en la piedra, junto a un dibujo que representa el bombardeo de la ciudad desde un barco de apariencia infantil. El ayuntamiento de Almería culminó el pasado año la rehabilitación de uno de los casi cinco kilómetros de las antiguas galerías subterráneas construidas en 1937 para proteger a la población de los reiterados bombardeos durante la Guerra Civil. La limpieza de barro, escombros, raíces, ramas secas y animales muertos y la rehabilitación arquitectónica y adaptación museográfica posterior permiten una visita de más de una hora, inquietante y emocionante, claustrofóbica y pedagógica, que comienza con unas sirenas de alarma y concluye con el sonido del mar, que se escucha como sinónimo de libertad:

La entrada se realiza sobre un suelo acristalado que deja ver las estructuras y los materiales con los que hace 70 años se construyeron estas galerías en el subsuelo de la ciudad. Los refugios se pensaron para albergar a toda la población: entre 35.000 y 40.000 personas en aquel momento. Y fueron diseñados por el arquitecto municipal, Guillermo Langle. Se construyen un total de 4’5 kilómetros con 67 salidas, muchas de ellas embellecidas años más tarde con kioskos. Según nos cuentan, el único plano original del proyecto que se conserva es un documento del año 1937, realizado en papel cebolla y bastante deteriorado por el paso del tiempo. Ahí se detallan las galerías, las estancias interiores (quirófano, despensa, cuarto de juegos para niños...) y las puertas de acceso y salida (las más utilizadas en plaza de Cervantes, iglesia de san Pedro, o iglesia de san Sebastián); algunas personas importantes, como el propio arquitecto, disponían de una puerta propia que comunicaba directamente su vivienda con el refugio. (Existían, además, otros refugios privados.) Los bombardeos, tanto aéreos como navales, sobre la ciudad de Almería fueron especialmente intensos durante los tres años de guerra. Primero desde el crucero franquista Canarias. Y luego desde los junkers, acorazados y destructores alemanes, que bombardearon implacablemente la ciudad como represalia por el ataque sufrido por el buque alemán Deutschland, al parecer confundido con el Canarias por el gobierno republicano, ya en plena contienda civil. Recuerdan los ancianos que durante una larga semana de bombardeos no vieron el sol: el cielo se tiñó de negro (de humo y polvo)... El recorrido didáctico se divide en sucesivas zonas: de alarma, de tensión, de ruptura de la vida cotidiana, de bombardeos, de esperanza, de salida hacia el mar... explicadas a través de efectos sonoros y lumínicos, y de paneles interpretativos. A lo largo del trayecto nos acompañan ecos de pasos y la conversación de un abuelo y su nieto, al que trata de tranquilizar. El suave sonido de las olas del mar nos conduce, de nuevo, hacia la luz y el calor del sol, que se sienten con agrado después de casi dos horas "bajo tierra".

sábado, 4 de octubre de 2008

¿Vendrán tiempos mejores?

Gonzalo es un adolescente que ha decidido encerrarse en su habitación. Su madre, Ana, trabaja en una ONG de ayuda a inmigrantes. Allí conoció hace tiempo a Carlos, un cubano que, aunque piloto, se gana la vida con el contrabando de puros y de obras de arte, que le compra Fabré, otro cubano exiliado pero rico, cuya mujer, Laura, ex cantante paralítica, es amante de Carlos. Vecino suyo es Mikel, recién salido de la cárcel, donde mantuvo una relación con Pascual, que ha decidido retomar su vida anterior: esposa, hija y negocio familiar, y al que incomoda la proximidad de Mikel, retorno de una historia que prefiere olvidar. Mikel, jugador profesional de ajedrez, ayudará a Gonzalo a salir de su encierro voluntario, completando a su vez el mosaico de relaciones humanas que es esta película, dura y realista (tremendo el momento en que Ana tiene que afrontar la muerte del hermano de un inmigrante al que no han podido ayudar), que se ve con tristeza, dado que cada uno de los personajes atraviesa, ciertamente, una mala temporada, pero que puede resultar catártica, puesto que plantea situaciones de crisis, resueltas con espíritu de superación.

Malas temporadas, dirigida por Manuel Martín Cuenca (natural de El Ejido), y estrenada en el año 2005.

jueves, 2 de octubre de 2008

Felisa es alegre

Felisa es alegre, inteligente y sensible. Es una mujer libre: piensa libremente y dice libremente lo que piensa, pero practicando el difícil arte de la asertividad, es decir, no es ni demasiado cauta ni por supuesto agresiva. Nada le es indiferente: le importa lo que sucede en su pueblo y lo que sucede en el mundo, le importa la gente. Es generosa. Es guasona: quiso vestirse de bombona en un Carnaval. Y es coqueta, es elegante, como Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes.

Felisa nació cuando los poetas de la Generación del 27 escribían sus mejores libros: el Romancero gitano de Lorca, El alba del alhelí de Alberti, Perfil del aire de Cernuda… Cuando Juan Rejano se daba a conocer públicamente leyendo una conferencia en la Sociedad de los Amigos del Libro de Puente Genil. Es una casualidad, pero a ella le gusta pensar que tal vez eso, inconscientemente, determinó su afición por la poesía. Por la lectura más que la escritura. Y, andando el tiempo, tal vez por eso quiso crear también en su pueblo una nueva versión de aquellos “amigos del libro”, que se llamaría Tertulia poética Ala del sur.

Nació en el barrio de la Isla, en una familia con muchas hermanas, y aprendió a ser bordadora. Felisa es Agudo y es Gil. Y, como todos los de su generación, tiene algunos recuerdos terribles de infancia… Y tiene muchos recuerdos hermosos de su juventud, recién casada en Madrid: una llama permanentemente encendida en el Retiro.

Felisa ha leído El Cristo de Velázquez de Unamuno y En la ardiente oscuridad de Buero Vallejo y las novelas de Pearl S. Buck. Por ejemplo. Eso la convierte en una mujer culta. Y es curiosa: lo sabe todo sobre la Piedra Rosseta. Por ejemplo. Y pega el oído para captar el vocabulario singular de nuestro pueblo, un vocabulario pontano del que ya ha recogido más de doscientas palabras (…y subiendo), con su etimología, su definición académica y su ejemplo.

Ha escrito unas “Letanías a las Musas”, a las que convoca para que la inspiren y, a veces vienen, porque es autora de unas estupendas “Aleluyas lorquianas”, de un elogio de “La uvita manantera” o de un conmovedor poema titulado “Arenas de oro”. Y de un cuento infantil con mensaje, “El pollito”. Y de “El mundo al revés”, un diálogo entre abuela y nieta, un cuento (o invento) representable en colores. Y de unas hermosas crónicas sobre el pueblo que tuvimos. Y, además, fue impulsora durante muchos años de Además… la revista del Centro de Día de Mayores de Puente Genil donde, entre secciones informativas y literarias, se colaban unas entrañables semblanzas de algunos de sus paisanos, pontanos y pontanas con mucha historia que contar.

Frente a lo feo de este mundo, Felisa propone que hay que hacer un esfuerzo por cultivar los mejores valores: la bondad, el amor, la alegría. “Defender la alegría, defenderla del miedo”, como dice una canción. Hace tiempo Felisa escribió un texto que apareció publicado en el primer número de Además…, (en la Navidad del 96) y que resume, con metáforas, esta idea. Lo precede una cita de su amiga, la escritora Ángeles Amber: “En nuestras manos está, que cada día del año sea Navidad.”. Dice así:


“Así como en la primavera rural, cierras los ojos una noche, y al día siguiente abres una ventana y ves el milagro de los almendros floridos, todos a un tiempo, en una explosión de belleza, donde hacía pocas horas sólo había ramas oscuras y desnudas...

De este mismo modo en la urbe asfaltada, y de los árboles que circundan las aceras, también de la mañana a la noche, brotan puntos de luz y el espíritu de la Navidad se hace presente... como la primavera en los almendros.

Y comienza una ilusión en la que todos somos cómplices, y una alegría contagiosa nos invade, y todo parece ser mágico, maravilloso...

Pero, ¿lo es ciertamente?...
Porque sabemos sobradamente que detrás de la cara brillante hay un lado oscuro, con demasiadas miserias humanas, a las que no podemos ser indiferentes.

Yo pondría en una imaginaria balanza contra el platillo cargado con la parte negativa:

las manos altruistas voluntarias,
la inocencia de los niños,
el amor familiar, pues todavía hay quien lo goza,
la sensibilidad de los poetas,
el amor sin sexo, que alguien dijo que es la amistad,
y todos los demás amores.

Tendríamos que amar mucho más. Respetar más conceptos. Tendríamos que hacer buena la cita a la que aludo al principio; para que el camino que anduvo Jesús desde el pesebre a la Cruz no parezca sacrificio vano. Optemos por lo positivo. Hagamos caer la balanza del lado bueno, pues está en las manos de todos y en la voluntad de cada uno.”


Felisa tiene ocho décadas de historia, que se dejan sentir en sus huesos doloridos. Pero sigue siendo joven: mantiene su memoria viva y su mente activa. Tiene dirección de correo electrónico y chatea y comenta en blogs literarios de internet con su nombre francés: Felissé. Felisa es mujer enamorada de Superman y madre cariñosa y comprensiva de Conchi y de Alejandro. Y entrena cada día la bondad, la curiosidad y el sentido del humor.