domingo, 3 de agosto de 2008

Los pies en el río

Este cuaderno líquido se ve sustituido, temporalmente, por un cuaderno sólido de hojas blancas y tapas rojas… Ella y yo volvemos a la carretera, dos en la carretera. Cogemos de nuevo el camino del norte, donde el calor se siente pero no se sufre. Acompaña, pero no aplasta. Un verano más -y ya van unos cuantos, que dure- partimos España en dos, trazando una línea sinuosa que este año pasa por la ciudad encantada, la villa empedrada y la casa de Buñuel y que remata en la cumbre del monte perdido (a ver si somos nosotros quienes lo encontramos). Vuelven los mapas en el salpicadero y el embrollo de algunas rotondas. Y los surtidores de gasoil (“1’30 el litro, es más barato en avión”). Vuelven los paseos por cuestas medievales y claustros románicos, góticos y renacentistas. Vuelve una copa de vino tinto bajo el soportal de madera de una plaza cuadrada. Y el queso en tacos. Vuelven las conversaciones sentimentales. Y el ejercicio del amor en las casas rurales, con la luna asomando por un ventanuco. Vuelven los senderos entre castaños y hayas. Y los ruidos naturales: los pasos en la gravilla, el viento entre las ramas, el rumor de los arroyos, el lamento de los últimos urogallos. Y el crujir de almendras entre los dientes. Vuelve el olor a resina. Vuelve la sana costumbre de mirar lejos. Desde una colina: vacas en el valle, rebecos en la cima escarpada y pedregosa. Desde un acantilado: pesqueros inmóviles, la espuma en las rocas. Vuelve el mar de nubes. Vuelven los ríos transparentes. Y los pies descalzos de botas y calcetines. Vuelven los pies en el río. Pero mira cómo vuelven los pies en el río.

sábado, 2 de agosto de 2008

Las Virtudes de la Sibila

En estos tiempos de estrafalarios adivinos, de pitonisas de pelo teñido, de modistas agoreros, de fantoches que amenazan con el apocalipsis o la gloria eternos; en estos tiempos en que la caverna del oráculo –con sus vapores alucinantes- sucede en la caja de cada televisor, se vuelve con simpatía la cabeza a la Sibila de Cumas.

Como nos inquieta el futuro, hay quien busca respuestas al “qué-será-de-nosotros” en las estrellas o en los naipes. Pero la lección de la Sibila es otra: para prever el futuro, hay que entender el pasado. Por eso acumuló años de sabiduría: tantos como granos de arena le cupieron en su mano. Y dicen que la Sibila, ya muy anciana, “pequeña y enjuta como una cigarra” y aún le quedaban trescientos años de vida, a los hombres que acudían a ella para conocer su porvenir, más que contarles patrañas visionarias les aconsejaba un estilo de vida: Prudencia (sin cobardía) y Fortaleza (sin saña), Templanza (sin indiferencia) y Justicia (con benevolencia).

viernes, 1 de agosto de 2008

Qué te pasa, Juanito

-¿Qué te pasa, Juanito?
-Que se ha morido el novio de mi hermana.
-Oyes, ¿que se ha muerto?
-Sí, y desde que se murió ni come ni bebe, ni se acuesta ni se levanta.
-Y entonces ¿qué hace?
-Va a llorarle al cementerio tres veces al día y dos menos dos.
-¿Y sola va a llorarle al cementerio?
-No, no. Va con el novio nuevo que tiene.
-Pero, ¿hace tres días que se le murió el novio y ya tiene otro?
-Sí, sí. Mi hermana tenía dos, por si se moría uno, otro.
-Oye, Juanito, y ustedes ¿cuántos son?
-Nosotros somos tres: la mayor, la menor y la más chica.
-¿Y detrás de la más chica vas tú?
-No, no. Detrás de la más chica va un soldado de cuota.
-¡Ah, de cuota! ¿Y tu hermana la mayor qué oficio tiene?
-Mi hermana la mayor se ha echado a cupletera y debutó el domingo pasado en un pueblo.
-¿Y cantó esa copla tan bonita que dice: ¡AAGUA QUE NO HAAS DE BEBEER!?
-No, no. Mi hermana bebía casi siempre vino y cantaba eso de: ¡MAÑAANA ME VOOY, ME VOOY MAÑAANA!
-¿Y la gente le aplaudía?
-No. La gente le decía que: “esta noche sale otro tren”.
-Anda, Juanito, que tu mamá te espera.
-Sí, no sea que me digan como a mi hermana: “esta noche sale otro tren”. (...)

He aquí un fragmento (tal y como lo recuerdo) del sainete que contaba, cantaba e interpretaba mi abuela. Si alguien sabe a qué todo pertenece…