martes, 11 de noviembre de 2008

Cansado

“¿Sabéis que una cebra no tiene que correr más que un león, sino más que las demás cebras?”, acaba de explicar Cansado en una tertulia de radio. Me ha gustado tanto que lo anoto aquí.

jueves, 16 de octubre de 2008

Mis poemas

Son míos porque algo me dicen. Porque me conmueven de algún modo. Porque me afectan. Porque me aluden. Porque me implican. Porque me explican. Porque me inquietan o me intrigan. Porque me divierten. Porque, desde la primera lectura, los sentí cercanos y eso ha hecho que acabe sintiéndolos propios. Porque a fuerza de releerlos los memoricé sin esfuerzo y los tengo clavados en el lóbulo temporal. Son míos porque son parte de mí.

Pero no son míos. Por eso los transcribiré líquidamente bajo el nombre de su autor –no soy Bunbury-, bajo el título del libro al que pertenecen y la referencia de la editorial que publicó el ejemplar en el que una vez tuve la fortuna de encontrarlos, de leerlos, de hacerlos míos.

Ahí va el primero. Son sólo cuatro versos de Yo voy soñando caminos. Debí de leerlo en la escuela –gracias, maestro- y lo que me gustó inmediatamente es el juego con las palabras, la poderosa presencia de los verbos, cinco en tan breve espacio: los usos pronominales, el metafórico “serpea”…, la rima abrazada –rece, ea, ea, rece- de la redondilla, y la inquietante sensación del camino que se difumina y se borra, y que “blanquea” por contraste con los campos oscurecidos de pinos y encinas en el horizonte anochecido. Me gusta porque no es más que un poema que mira el atardecer, y porque es todo un poema que resume la sensación del ocaso de una vida, cualquier vida.

Antonio Machado, Soledades (1907), Cátedra:

La tarde más se obscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

miércoles, 15 de octubre de 2008

La fecundación como disciplina olímpica

Trae la prensa noticia de que un meticuloso análisis concluye que la calidad seminal de los españoles es “inferior” a lo que la Organización Mundial de la Salud considera “normal”. La polución (atmosférica) parece ser la causa principal. He aquí otra hipótesis:

Desde Woody Allen (Todo lo que usted quería saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar) imaginamos la apariencia de los espermatozoides con la cara de su propietario generador. Desde un episodio de Friends (aquel en que Mónica y Chandler describen sus problemas de fecundación como la conjunción de “espermatozoides perezosos en un entorno hostil”) suponemos que en lo más profundo de la intrincada cueva habita una tribu de aborígenes armados con jabalina (por sentirse más olímpicos) que reciben gruñendo a los miopes, canosos, algo apocados y nada competitivos espermatozoides. La fecundación, entendida como disciplina olímpica, sería una suerte de duatlón que combinara la carrera de fondo con la lucha grecorromana. Pero después del tremendo carrerón, y antes que ponerse a combatir, los exhaustos miopes canosos, algo apocados y nada competitivos espermatozoides preferirían tomarse una cervecita en torno a la hoguera. Tranquilamente. Charlando, por ejemplo, sobre Woody Allen, los Amigos y los problemas de la fecundación.

lunes, 13 de octubre de 2008

TE-V-7032

Desde Alcañiz equivocamos (o no, puesto que llegamos) el camino hasta el monasterio de Rueda, ya en la provincia de Zaragoza, circulando por una carretera perfecta para recorrerla en tanque. Socavones como pozas forzaban al coche a un meneo del todo inadecuado para un vehículo pensado para la suavidad nivelada de las autovías. Cuando el vaivén de pesquero entre la mar gruesa lo permitía, alcanzábamos a avistar hermosos campos de melocotoneros con sus frutos primorosamente envueltos en fundas blancas de papel, suspendidos en las ramas como estáticos copos de nieve, ajenos al sol radiante. Pero, ¿quién se ha ocupado de esa paciente tarea?, y ¿quién recogerá la cosecha?, ¿quién riega, quién cuida estos campos?, pero ¿dónde los campesinos? Por toda respuesta el graznido ronco de dos aves, probablemente carroñeras, que nos sobrevuelan aguardando el desplome final de la amortiguación…

Venturosamente el Altea aguantó como un Land Rover los 30 kilómetros a 10 por hora y al enlazar de nuevo con tierra firme, atracamos en la cuneta, sacamos las piernas por babor y estribor, nos recolocamos el costillar y besamos el bendito asfalto, como hacía el Papa viajero, tras bajar de los aviones, entiendo que agradecido por haber dejado atrás las turbulencias.

El Monasterio de Rueda ya no lo es, quiero decir que ya no cumple su función monástica: parte es una lujosa hospedería y parte es un recinto limpio y desnudo, perfectamente restaurado y que albergará el Museo del Ebro, según nos cuentan. Un anticipo: la gigantesca noria, que gira con crujir estruendoso de maderas, volcando caudales de agua que recorren las acequias interiores de la antigua cocina y el antiguo refectorio. Rueda fue monasterio cisterciense, escisión cluniascense provocada por Bernardo de Clairvaux y otros doce monjes que, en el siglo XI, no veían con buenos ojos la relajación en la observancia de la regla de San Benito en los monasterios cluny, resumida en el lema: “ora et labora”.

Esbelta torre mudéjar, ventanas de alabastro de variadas formas geométricas en la nave central de la iglesia, austeridad decorativa, sobrio y hermoso el claustro gótico con lavadero octogonal, simpática la ocurrencia de prever un rincón donde prescindir del voto de silencio, y no tanto el rincón de las flagelaciones de castigo por saltarse ese voto o cualquier otro.

Flagelaciones… las que yo merecería por haber ignorado las señales y los mapas: A Escatrón, a Rueda, se va mejor por Caspe y por la asfaltada línea recta llamada A-221.

lunes, 6 de octubre de 2008

Mina Se Verá

Nos colocan un casco con linterna en la cabeza, nos cuelgan un autorescatador (confiando en que no será necesario utilizarlo) y nos suben a una vagoneta que nos entierra a 220 metros de profundidad. La Sierra de San Just, en el norte de la provincia de Teruel, está horadada por decenas de galerías de las antiguas minas de carbón, lignito, hierro, yeso, plomo y sal. Municipios como Montalbán, Utrillas, Muniesa y Escucha han vivido tradicionalmente de estas explotaciones mineras. Decaída la industria extractiva, Escucha ha sido el primer pueblo de la comarca en orientarse hacia la explotación turística, hacia la extracción de recursos monetarios por la vía de las visitas guiadas. Bienvenidos al Museo Minero de Escucha.

Julián acciona el mecanismo, chirrían levemente las ruedas sobre los raíles e iniciamos un pausado descenso en el que veintidós pequeños focos luminosos revolotean, como luciérnagas, por las vetas de piedra y carbón. En el nivel adecuado, nos apeamos y caminamos y tropezamos siguiendo a Lucía, que comienza bromeando a cuenta de otro grupo de excursionistas que viene de vuelta: “Estos son los que entraron ayer”. Caminamos y la primera sorpresa es que ni frío, ni humedad, ni claustrofobia: las galerías son amplias y hasta cálidas. La antigua Mina Se Verá recrea ahora escenografías del rigor del oficio minero en el XIX: una boina como casco protector de la cabeza y un pañuelo húmedo como precaria mascarilla para evitar ingerir polvo de sílice (de ahí la silicosis, la ancestral enfermedad de los taladradores de piedra) y, sí, una jaula con pájaro para detectar inmediatamente la falta de oxígeno.

Primero barrenar la piedra para atacar los cartuchos de goma 2 (el último de arcilla, bloqueando el orificio), extender el cable, ponerse a resguardo y prender la chispa con el molinillo disparador. Tras la explosión, extraer la piedra en vagonas tiradas por mulas (como Lucera, homenajeada en una curva de la galería principal), mulas que eran cargadas a su pesar, con los ojos vendados y los pies atados, en un viaje definitivo a las profundidades: bajo tierra vivían, arrastraban la carga, eran alimentadas, se quedaban ciegas y morían... Limpio el nuevo túnel, entibar con mampostas de madera, que crujían “avisando” si el terreno cedía, pilares de tablos cruzados afianzando las zonas frágiles, apenas en Mina Se Verá, que está excavada en sólida roca. Y, finalmente, dejarse llevar por la veta de combustible fósil y de azabache (vendido en Génova como abalorios). Nuevas explosiones (esta vez con goma 9), nuevo acarrear de piedra negra, que parece siempre la misma, como condena de Sísifo, en jornadas eternas: la mina no descansa, la producción no se para, y la mina no se queda sola por temor al inflamable grisú.

Al acabar el recorrido un minúsculo cirio -cuya inestable llama confirma la necesaria ventilación- alumbra el rostro de Santa Bárbara.

domingo, 5 de octubre de 2008

Refugios de Almería

Manrique Martínez Agüero bajó a los refugios de Almería el día 11 de diciembre de 1938. Lo sabemos porque quiso dejar constancia de ello trazando su nombre en la piedra, junto a un dibujo que representa el bombardeo de la ciudad desde un barco de apariencia infantil. El ayuntamiento de Almería culminó el pasado año la rehabilitación de uno de los casi cinco kilómetros de las antiguas galerías subterráneas construidas en 1937 para proteger a la población de los reiterados bombardeos durante la Guerra Civil. La limpieza de barro, escombros, raíces, ramas secas y animales muertos y la rehabilitación arquitectónica y adaptación museográfica posterior permiten una visita de más de una hora, inquietante y emocionante, claustrofóbica y pedagógica, que comienza con unas sirenas de alarma y concluye con el sonido del mar, que se escucha como sinónimo de libertad:

La entrada se realiza sobre un suelo acristalado que deja ver las estructuras y los materiales con los que hace 70 años se construyeron estas galerías en el subsuelo de la ciudad. Los refugios se pensaron para albergar a toda la población: entre 35.000 y 40.000 personas en aquel momento. Y fueron diseñados por el arquitecto municipal, Guillermo Langle. Se construyen un total de 4’5 kilómetros con 67 salidas, muchas de ellas embellecidas años más tarde con kioskos. Según nos cuentan, el único plano original del proyecto que se conserva es un documento del año 1937, realizado en papel cebolla y bastante deteriorado por el paso del tiempo. Ahí se detallan las galerías, las estancias interiores (quirófano, despensa, cuarto de juegos para niños...) y las puertas de acceso y salida (las más utilizadas en plaza de Cervantes, iglesia de san Pedro, o iglesia de san Sebastián); algunas personas importantes, como el propio arquitecto, disponían de una puerta propia que comunicaba directamente su vivienda con el refugio. (Existían, además, otros refugios privados.) Los bombardeos, tanto aéreos como navales, sobre la ciudad de Almería fueron especialmente intensos durante los tres años de guerra. Primero desde el crucero franquista Canarias. Y luego desde los junkers, acorazados y destructores alemanes, que bombardearon implacablemente la ciudad como represalia por el ataque sufrido por el buque alemán Deutschland, al parecer confundido con el Canarias por el gobierno republicano, ya en plena contienda civil. Recuerdan los ancianos que durante una larga semana de bombardeos no vieron el sol: el cielo se tiñó de negro (de humo y polvo)... El recorrido didáctico se divide en sucesivas zonas: de alarma, de tensión, de ruptura de la vida cotidiana, de bombardeos, de esperanza, de salida hacia el mar... explicadas a través de efectos sonoros y lumínicos, y de paneles interpretativos. A lo largo del trayecto nos acompañan ecos de pasos y la conversación de un abuelo y su nieto, al que trata de tranquilizar. El suave sonido de las olas del mar nos conduce, de nuevo, hacia la luz y el calor del sol, que se sienten con agrado después de casi dos horas "bajo tierra".

sábado, 4 de octubre de 2008

¿Vendrán tiempos mejores?

Gonzalo es un adolescente que ha decidido encerrarse en su habitación. Su madre, Ana, trabaja en una ONG de ayuda a inmigrantes. Allí conoció hace tiempo a Carlos, un cubano que, aunque piloto, se gana la vida con el contrabando de puros y de obras de arte, que le compra Fabré, otro cubano exiliado pero rico, cuya mujer, Laura, ex cantante paralítica, es amante de Carlos. Vecino suyo es Mikel, recién salido de la cárcel, donde mantuvo una relación con Pascual, que ha decidido retomar su vida anterior: esposa, hija y negocio familiar, y al que incomoda la proximidad de Mikel, retorno de una historia que prefiere olvidar. Mikel, jugador profesional de ajedrez, ayudará a Gonzalo a salir de su encierro voluntario, completando a su vez el mosaico de relaciones humanas que es esta película, dura y realista (tremendo el momento en que Ana tiene que afrontar la muerte del hermano de un inmigrante al que no han podido ayudar), que se ve con tristeza, dado que cada uno de los personajes atraviesa, ciertamente, una mala temporada, pero que puede resultar catártica, puesto que plantea situaciones de crisis, resueltas con espíritu de superación.

Malas temporadas, dirigida por Manuel Martín Cuenca (natural de El Ejido), y estrenada en el año 2005.

jueves, 2 de octubre de 2008

Felisa es alegre

Felisa es alegre, inteligente y sensible. Es una mujer libre: piensa libremente y dice libremente lo que piensa, pero practicando el difícil arte de la asertividad, es decir, no es ni demasiado cauta ni por supuesto agresiva. Nada le es indiferente: le importa lo que sucede en su pueblo y lo que sucede en el mundo, le importa la gente. Es generosa. Es guasona: quiso vestirse de bombona en un Carnaval. Y es coqueta, es elegante, como Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes.

Felisa nació cuando los poetas de la Generación del 27 escribían sus mejores libros: el Romancero gitano de Lorca, El alba del alhelí de Alberti, Perfil del aire de Cernuda… Cuando Juan Rejano se daba a conocer públicamente leyendo una conferencia en la Sociedad de los Amigos del Libro de Puente Genil. Es una casualidad, pero a ella le gusta pensar que tal vez eso, inconscientemente, determinó su afición por la poesía. Por la lectura más que la escritura. Y, andando el tiempo, tal vez por eso quiso crear también en su pueblo una nueva versión de aquellos “amigos del libro”, que se llamaría Tertulia poética Ala del sur.

Nació en el barrio de la Isla, en una familia con muchas hermanas, y aprendió a ser bordadora. Felisa es Agudo y es Gil. Y, como todos los de su generación, tiene algunos recuerdos terribles de infancia… Y tiene muchos recuerdos hermosos de su juventud, recién casada en Madrid: una llama permanentemente encendida en el Retiro.

Felisa ha leído El Cristo de Velázquez de Unamuno y En la ardiente oscuridad de Buero Vallejo y las novelas de Pearl S. Buck. Por ejemplo. Eso la convierte en una mujer culta. Y es curiosa: lo sabe todo sobre la Piedra Rosseta. Por ejemplo. Y pega el oído para captar el vocabulario singular de nuestro pueblo, un vocabulario pontano del que ya ha recogido más de doscientas palabras (…y subiendo), con su etimología, su definición académica y su ejemplo.

Ha escrito unas “Letanías a las Musas”, a las que convoca para que la inspiren y, a veces vienen, porque es autora de unas estupendas “Aleluyas lorquianas”, de un elogio de “La uvita manantera” o de un conmovedor poema titulado “Arenas de oro”. Y de un cuento infantil con mensaje, “El pollito”. Y de “El mundo al revés”, un diálogo entre abuela y nieta, un cuento (o invento) representable en colores. Y de unas hermosas crónicas sobre el pueblo que tuvimos. Y, además, fue impulsora durante muchos años de Además… la revista del Centro de Día de Mayores de Puente Genil donde, entre secciones informativas y literarias, se colaban unas entrañables semblanzas de algunos de sus paisanos, pontanos y pontanas con mucha historia que contar.

Frente a lo feo de este mundo, Felisa propone que hay que hacer un esfuerzo por cultivar los mejores valores: la bondad, el amor, la alegría. “Defender la alegría, defenderla del miedo”, como dice una canción. Hace tiempo Felisa escribió un texto que apareció publicado en el primer número de Además…, (en la Navidad del 96) y que resume, con metáforas, esta idea. Lo precede una cita de su amiga, la escritora Ángeles Amber: “En nuestras manos está, que cada día del año sea Navidad.”. Dice así:


“Así como en la primavera rural, cierras los ojos una noche, y al día siguiente abres una ventana y ves el milagro de los almendros floridos, todos a un tiempo, en una explosión de belleza, donde hacía pocas horas sólo había ramas oscuras y desnudas...

De este mismo modo en la urbe asfaltada, y de los árboles que circundan las aceras, también de la mañana a la noche, brotan puntos de luz y el espíritu de la Navidad se hace presente... como la primavera en los almendros.

Y comienza una ilusión en la que todos somos cómplices, y una alegría contagiosa nos invade, y todo parece ser mágico, maravilloso...

Pero, ¿lo es ciertamente?...
Porque sabemos sobradamente que detrás de la cara brillante hay un lado oscuro, con demasiadas miserias humanas, a las que no podemos ser indiferentes.

Yo pondría en una imaginaria balanza contra el platillo cargado con la parte negativa:

las manos altruistas voluntarias,
la inocencia de los niños,
el amor familiar, pues todavía hay quien lo goza,
la sensibilidad de los poetas,
el amor sin sexo, que alguien dijo que es la amistad,
y todos los demás amores.

Tendríamos que amar mucho más. Respetar más conceptos. Tendríamos que hacer buena la cita a la que aludo al principio; para que el camino que anduvo Jesús desde el pesebre a la Cruz no parezca sacrificio vano. Optemos por lo positivo. Hagamos caer la balanza del lado bueno, pues está en las manos de todos y en la voluntad de cada uno.”


Felisa tiene ocho décadas de historia, que se dejan sentir en sus huesos doloridos. Pero sigue siendo joven: mantiene su memoria viva y su mente activa. Tiene dirección de correo electrónico y chatea y comenta en blogs literarios de internet con su nombre francés: Felissé. Felisa es mujer enamorada de Superman y madre cariñosa y comprensiva de Conchi y de Alejandro. Y entrena cada día la bondad, la curiosidad y el sentido del humor.

lunes, 22 de septiembre de 2008

La basura y la muerte

El 20 de mayo de 1996 ETA asesinó en Córdoba a Miguel Ángel Ayllón. Un atentado más, pero yo vivía en Córdoba entonces y lo sentí más cercano. Sí, es lo más cerca que he estado de un atentado hasta ahora y, afortunadamente, estaba lo bastante lejos. Digo hasta ahora porque nunca se sabe. El azar dispone. Y hay quien dispone que el azar se vuelva terrible y arrase una vida, cualquier vida, como transmite de manera estremecedora La soledad de Jaime Rosales, admirable película. El atentado de Córdoba tuvo la peculiaridad de que la bomba estaba escondida en un contenedor de basura orgánica. Entonces escribí esto (y, sí, ya entonces estaba enfemo de literatura):

“Los vecinos cuentan que, de madrugada, los vieron juguetear con los contenedores de plástico verde, trastear en su interior, hacerlos rodar, cambiarlos de acera, de esquina, qué chiquillos, quién podía pensar.

Dicen que pasan apenas los veinte años y que recorren secretamente los caminos de España proclamando con estruendo, con sangre, con pólvora y metralla su verdad. Llegan a una ciudad, se sumergen en un contenedor y desde allí, entre cáscaras de huevo y raspas de pescado, explican a quien quiere y a quien no quiere oírles que los vascos no son libres, que viven oprimidos por ejemplo por los ciudadanos de Córdoba, y que ese señor de ahí, que mira soñoliento el amanecer mientras espera el autobús para ir al trabajo, es el principal responsable. Poco les importa que la mayoría de los vascos considere que los libertadores son los opresores.

No estoy en condiciones de valorar la justicia de los fines. Pero no me cabe duda de son injustos los medios. Miserable destino el de aquellos que cifran su éxito en el número de vidas que consiguen despedazar.

Dicen que hay noches en que a los gatos les repugna la basura.”

Anoche volvieron a hacerlo. Han asesinado a Luis Conde de la Cruz. Contenedor-bomba o coche-bomba, tanto da: de nuevo, la misma basura.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Las letras y las músicas que suenan en el coche

Entre Albarracín y Escucha escuchamos, entre otras, estas canciones: “El titiritero” de Serrat, en versión de Santiago Auserón. “Romance de Curro el Palmo” de Serrat, versión de Antonio Vega. “Tu nombre me sabe a yerba” de Serrat, versión de Antonio Flores. “Fiesta” de Serrat, versión de Tahúres Zurdos. “Poema de amor” de Serrat, versión de Lole y Manuel. “Lucía” de Serrat, versión de Rosario Flores. “Señora” de Serrat, versión de Los Enemigos. “Niño silvestre” de Serrat, versión de Pastora. “Para la libertad” de Miguel Hernández-Serrat, versión de Manolo García. “Mediterráneo” de Serrat, la versión de Estopa. “Hoy puede ser un gran día” de Serrat, versión de Chambao. “Qué bonita es Badalona…” de Serrat, en versión de La cabra mecánica, “...en invierno y en verano, con mantilla y barretina, a la sombra y al solano. Qué bonita es Badalona, con sus viejos y sus niños, con sus hembras y sus hombres, sus apellidos, sus nombres, su sexo y su domicilio… y su carné de identidad. Casi ”.

Casi .

domingo, 14 de septiembre de 2008

Las truchas no son todas iguales

El Molino del Gato en Albarracín dejó hace años de moler y hoy es un agradable bar de copas a la orilla del Guadalaviar. Dentro conviven mobiliario antiguo y pintura actual. Fuera, una terraza bajo una parra es lugar ideal en que tomarse un Jameson con hielo en vaso ancho, mientras asomas la cabeza por la baranda que da al canal, donde diecisiete truchas dormitan satisfechas, a juzgar por cómo ignoran los frutos secos (*) que algún niño turista no deja de lanzarles. Tanta indiferencia, tanto desprecio por el alimento resulta ofensivo, por eso no extraña que niño turista acabe arrojándoles un servilletero y, entonces, sí: dos truchas se desplazan, despaciosamente, hacia el muro. Serenidad budista subacuática, cabe decir.

Pero… de pronto y por sorpresa, la tarde se anima: por el túnel que desvía el río hacia las muelas aparece, proyectada a velocidad vertiginosa, una trucha distinta, que nada frenética, que zigzaguea entre sus compañeras inmóviles y las empuja, que salta y gira en el aire y nos muestra su vientre plateado. Niños y adultos turistas contemplamos asombrados semejante espectáculo y, alguien comenta en voz alta –creo que yo- que parece haber sido contratada por los dueños del Molino para alegrarnos el día.

(*) “Un cacahuete flotando en una piscina ¿sigue siendo un fruto seco?” (se pregunta Luis Piedrahita en el título del primer libro que transcribe sus ingeniosos monólogos. Ed. Punto de Lectura, 2006)

sábado, 13 de septiembre de 2008

Teruel existe: yo estuve allí

Miravete de la Sierra, el pueblo en el que nunca pasa nada según una simpática campaña publicitaria en internet, cuenta con 12 habitantes: Providencia, Juan, Timoteo, Ascensión, Félix, Carmen, Ángel, Palmira, Bernardo, Josefa, Faustina y Cristóbal, que ejerce de cicerone en la web. Temerosos de que a Miravete le suceda lo que a tantos otros pueblos de la provincia de Teruel, la muerte por abandono o muerte de sus naturales, Miravete reclama su lugar en el mundo. Miravete grita: mira y vente a pasar unos días con nosotros, incluso quédate a vivir, que algo pasa en Miravete: el tiempo tranquilo, ordeñando cabras y jugando al guiñote.

En Teruel muchas señales indican la dirección hacia pueblos desiertos, casas con altas chimeneas y tejados vencidos por el peso de la nieve que nadie limpió. Teruel proclama su atractivo como destino de interior: ofrecen tranquilidad, mudéjar y dinosaurios para alentar turística y económicamente la segunda provincia menos poblada de España (la primera es Soria).

Yo doy fe de que merece la pena pasear por las calles centenarias de Albarracín, ciudad encaramada en un peñón rodeno y abrazada por el río Guadalaviar. En las noches centrales de verano esas calles se llenan de música: los tambores tremendos de “romper la hora” junto al Jazzin, músicos de procedencias diversas (esta vez sudafricanos, belgas, franceses, daneses, brasileños e irlandeses) que conviven unos días, conciertan sus instrumentos y, en el patio del museo o en la plaza mayor, de anochecida, ofrecen sus improvisaciones entrenadas a lo largo de todo el día. Pueblo alegre Albarracín, al menos en verano. Pueblo de miradores: la muralla donde anidan los vencejos, el castillo bereber, la catedral renacentista, el puente colgante junto al molino, la singular Casona del Ajimez (con habitaciones cristianas, judías y musulmanas)…

Doy fe de que merece la pena pasear por el Rodeno, un parque con pinos del mismo nombre entre roquedales rojizos de formas fantásticas que se pliegan en cuevas y abrigos, muchos de los cuales exhiben -bien visibles o a duras penas- pinturas rupestres (dicen que las blancas son únicas).

Y daré fe de que merecen una visita el museo minero de Escucha, el CBC de Calanda, el castillo calatravo de Alcañiz…

jueves, 11 de septiembre de 2008

Bolaños

O bolas enormes, o piedras esféricas lanzadas con una catapulta contra los muros de las fortificaciones militares para abrir boquetes por los que penetrar.

Bolaño es también el apellido de Roberto. Escritor chileno de Santiago o mejicano del D.F. o español de Blanes. Su literatura puede definirse a partir de su apellido: bolas enormes, o piedras esféricas lanzadas con una catapulta contra los muros de las fortificaciones literarias para abrir boquetes por los que penetre el viento que oree y espabile la tradición.

Lean Los detectives salvajes. Y díganme si no.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

De Drácula (cine y miedo, II)

“¡Sea bienvenido a mi morada! Entre por su propia voluntad, entre sin temor y deje aquí parte de la felicidad que lleva consigo.”
En 1897, en un caserón de Dublín, un individuo taciturno ultimaba los capítulos de una novela sobre un conde transilvano de extravagantes costumbres: dormir siempre de día y en un ataúd, salir de casa por la ventana, volando o arrastrándose por las paredes como un lagarto, y una peculiar dieta alimenticia a base de glóbulos rojos. Dicen sus biógrafos que Bram Stoker, el autor de Drácula, era un irlandés robusto y amable, reservado y reprimido, gerente de una compañía de teatro que, tras revisar las cuentas del día, pasaba las noches escribiendo cuentos góticos, como muchos de sus contemporáneos. La leyenda del no-muerto que necesita de la sangre de los vivos era demasiado tentadora para que el cine la ignorase y el vampiro ha sido en cine la máxima figura del horror. Si bien son tantas y tan diversas las películas, y Drácula se ha hecho tan cotidiano y tan popular, que ya asusta muy poco... y con unos ajos no hay nada que temer.
Desde su primera aparición en la pantalla, Nosferatu (F. W. Murnau, 1922), una película de secuencias líricas y oníricas con conde de cráneo rapado, orejas puntiagudas y afiladas uñas entre claroscuros expresionistas, hasta el Condemor Brácula del "no puedo, no puedo..." ante el cuello de la dama, son centenares las versiones cinematográficas que el personaje Drácula ha merecido o sufrido. Algunas de las más memorables son las interpretadas por Bela Lugosi (Tod Browning, 1931), elegancia y amabilidad excesiva y amenazante; por Christopher Lee (Terence Fisher, 1958), erotismo explícito, con aquellas chicas Hammer, de cuello apetecible y busto generoso; y por Klaus Kinski (Werner Herzog, 1979), nosferatu patético y de apariencia escalofriante.
A ellas hay que añadir el Drácula de Francis Ford Coppola (1993), con Gary Oldman como protagonista, de escenografía suntuosa y ambientación simbolista, como explica el director de fotografía, Vittorio Storaro, que dice haberse inspirado en la luz y el color de las pinturas de Gustav Klimt. Coppola, en el prólogo de su película, vincula el personaje de ficción de la novela de Stoker al personaje histórico, Vlad el empalador, el príncipe Dracul/Dragón que en el siglo XV luchara contra los musulmanes en defensa de la cristiandad (implacable con sus enemigos a los que ensartaba en afilados postes tras el combate, como exhibición de su poder), y que luego renunciará a Dios y a su religión al negársele a su esposa -una suicida- un funeral sagrado. Drácula no sería, como nos habían contado hasta entonces, un monstruo tortuoso o un seductor sediento, sino un hombre enamorado que desafia a los Cielos. Y la sangre, sinónimo de vida y pasión.

martes, 9 de septiembre de 2008

De cuerpos y almas (cine y miedo, I)

Drácula es un no-muerto de alma atormentada y cuerpo voluble: puede ser anciano perverso y cínico o joven príncipe vulnerable y cortés, lobo o murciélago, viento tempestuoso, niebla voluptuosa... La Criatura del doctor Frankestein es un zurcido de cuerpos muertos revivido gracias a un alarde de la Ciencia, un cuerpo que busca un alma... En el hotelito aislado por la nieve de El Resplandor habitan muchas almas sin cuerpo, pero la que más se hace notar es la que elige a Jack Nicholson para hospedarse y para tormento de su familia, alma que recobra vitalidad y mal genio en cuerpo ajeno... El Alien es cuerpo (monstruoso a los ojos humanos, pero cuerpo) extraterrestre y babeante, que se aloja temporalmente, mientras es chiquito, en otros cuerpos (terrestres) para nutrirse y crecer, y que tolera cualquier clase de alimento, excepto los espaguetis...

Dos películas realizadas a partir de las dos novelas más famosas del género, que se promocionaban además como las dos interpretaciones más fieles a sus originales narrativos: Drácula de Bram Stoker, dirigida por Francis Ford Coppola y Frankenstein de Mary Shelley, dirigida por Kenneth Branagh. Y dos películas con sendos motivos típicos del cine de sobresaltos: espíritus en El resplandor, de Stanley Kubrick, sobre una novela de Stephen King (o “me siento extraño”) y seres de otros mundos en Alien, el octavo pasajero, de Ridley Scott (o “hay algo ahí fuera”).

Cuatro películas que nos han regalado algunas de las escenas más hermosas e inquietantes del cine de miedo, del cine. Citaré sólo cuatro. Uno: Jonathan Harker entre los colmillos de tres arpías sedientas. Dos: “la vela estaba a punto de consumirse cuando, al parpadeo de la llama medio extinguida, vi abrise los ojos amarillentos y apagados de la criatura; respiró con dificultad, y un movimiento convulso agitó sus miembros”. Tres: un triciclo recorre los infinitos pasillos de un perdido hotel fuera de temporada. Y cuatro: la respiración agitada de la teniente Ripley, escapando de la bestia por los corredores lúgubres de una nave espacial.

lunes, 8 de septiembre de 2008

A cencerros tapados

He aquí una simpática expresión del castellano barroco, hoy naturalmente en desuso, que viene a querer decir: secretamente o con discreción. Bueno, pues a cencerros tapados, casi secretamente o con discreción lleva José Díaz Arroyo varias décadas recopilando objetos, herramientas, utensilios, máquinas… que componen parte de lo que podemos calificar como patrimonio etnológico de Puente Genil.

En una pequeña y acogedora sala de la calle Fernán Pérez descubrimos una precisa selección personal de esos objetos que, mermada su utilidad, van desapareciendo en el curso del tiempo si personas inquietas y apasionadas, como José, no se preocupan por impedirlo, por conservarlos y reciclarlos como piezas de museo, despojadas ya de su función técnica o práctica.

Este museo consigue cumplir al menos cuatro objetivos. Uno: que suenen los cencerros, es decir, sacar del secreto, iluminar y proyectar públicamente esta admirable colección. Dos: ser la crónica de un tiempo que, aunque ya parece remoto –dada la vertiginosa evolución tecnológica- está ahí al lado, es el tiempo de nuestros abuelos. Tres: tender puentes a las generaciones futuras, para que no desconozcan del todo de donde venimos. Y cuatro: componer una exposición de gran potencia visual. Porque no podemos olvidar que se trata de una muestra artística, y que una máquina de coser en un taller de costura o un arado en el surco son herramientas, pero en una sala de exposiciones cobran una dimensión diferente y se tornan esculturas surrealistas.

Una anécdota sucedida durante el montaje puede ser reveladora en este sentido: necesitados de clavar sobre un panel unas puntillas en las que colgar modelos diversos de cerrojos y aldabas, y ante la falta de martillo a mano, tuvieron que recurrir a la parte plana de un alicate para percutir sin reparar en los quince martillos expuestos en un rincón de la sala. Transformados en objetos artísticos, no podían ser vistos como herramientas útiles.

Con los objetos vienen sus nombres: "jáquimas", "colleras", "cabestros", "serones"... escritos ya entre comillas. Que una herramienta se vuelva inútil, conlleva, irremediablemente, que su nombre se vaya perdiendo paulatinamente del vocabulario común y, entonces, el único medio de retenerlo –y el único medio de conocer el origen y la aventura de las palabras en cualquier lengua- es que queden por escrito. Muy probablemente no habríamos conocido la expresión “a cencerros tapados”, que menciono aquí por tercera vez, si a Francisco de Quevedo no le hubiera dado por escribirla en su Cuento de Cuentos.

Así que ahí están la era y la huerta -con su noria-, la cocina y el lavadero, con sus instrumentos y sus complementos, y están las pesas y medidas, la radio, los juegos… y está, sobre todo, el afán de José Díaz, al fin culminado el empeño de casi toda su vida: la creación del Museo Etnológico de Puente Genil. A disposición de todos, paisanos y foráneos.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Un hombre en la oscuridad

Un hombre inmovilizado en una cama, al amparo de la oscuridad, construye mentalmente ficciones, que son reales en la medida en que nuestros pensamientos lo son. Un hombre llena su insomnio contándose historias que le sirven de parapeto frente a sus recuerdos más dolorosos. Por poco que uno cuente sobre la trama de una novela ya la está destripando. No quiero hacer eso, así que sólo diré que el marco narrativo es el de “Continuidad de los parques”, el primero de los relatos del libro Final de Juego de Julio Cortázar y que en buena parte de la novela ese hombre se narra a sí mismo peripecias de un personaje en una guerra inventada. “Historias de guerra… una tras otra y otra”, se dice después de rematarla. Y las que vienen después ya no son ficticias (o sí, ya que de novela se trata), pero se sitúan en el contexto de una guerra reconocible, de una imágenes terribles que nos resultan televisivamente familiares.

Anoto este comentario del narrador: “No es lo mismo evadirse en una película que en un libro. Los libros obligan a dar algo a cambio, a utilizar la inteligencia y la imaginación. Mientras que una película puede verse –incluso disfrutarse- en un estado de irreflexiva pasividad.” Opinión que queda desmentida en la propia novela, donde se diseccionan –reflexivamente- cuatro películas a partir de la tesis: “Objetos inanimados, emociones humanas”: Dos cubos de agua en Ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica, unos platos con restos de comida en La gran ilusión de Jean Renoir, unas cortinas y una horquilla de pelo en El mundo de Apu de Satyajit Ray y un reloj en Cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu, un reloj que contiene el tiempo mismo, “el pasado que vive en el presente, el que trasladamos con nosotros al futuro”.

A mí esta me parece una novela excelente: Un hombre en la oscuridad de Paul Auster. Barcelona, Anagrama, Septiembre de 2008.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Mar Marrón

Vomita el Cíclope sentado al borde del acantilado y el Mar se va tiñendo de Marrón. (Sopla el Terral para pintar colores arenosos en el Cielo, que copia su reflejo en el espejo del océano.) Aliviado, suspira y eructa mientras mea: un casco de guerrero algo indigesto o unos tragos de más en la Fuente del Ron.

Eructa el Cíclope y el corazón del Mar se sobresalta, se agita y se acelera, despiertan las corrientes submarinas, las olas se agigantan... cual inmenso cuenco de chocolate hierve el Mar, que recorre los ríos hasta su nacimiento, invade las alcobas de las casas. Las arrasa.

Sepultado el Azul, pregunta al Cielo: “¿Qué le pasa a este Mar? ¿Se ha vuelto loco?”. Responde el Cíclope desde su roca, estallando su risa como un trueno: “No lo llaméis ya Mar. Llamadme Mitch. Llamadme Hanna. Llamadme Katrina. Llamadme Gustav."

viernes, 5 de septiembre de 2008

El Mas y el Arca

La prensa deportiva sigue siendo la más vendida y la más leída de este país. En veranos sin competiciones mundiales, sobreviven a base de rumores de fichajes. En veranos olímpicos mantiene el nivel de ventas de los lunes postderbi. Aquí, en la montaña, se sigue la cosa olímpica con el rabillo del ojo, por la noche, en los televisores de los bares. Pero, aquí, en la montaña, hay una cierta relajación olímpica que lleva a plantarse ante el kiosco y pedir con momentánea y divertida dislexia (¡atención: hecho real!): “¿Me da el Mas y el Arca?”.

Y sí, es impresionante lo de Phelps y lo de Bolt, pero para espectáculo el vuelo de varias decenas de mariposas sobre una pradera (clásico) o el que ofrecen las hojas de haya caídas, pudriéndose en la umbría, realimentando el bosque (gótico) o el de las setas crecidas y las telas de araña tejidas en el interior de los troncos derribados (romántico). Para espectáculo el de los cuernos de dos muflones bebiendo el agua glacial a la caída de la tarde o el de una cascada que decide caer con forma de cola de caballo. Para espectáculo, el circo. El viento helado rebotando en las paredes del majestuoso Circo de Soaso.

Mas y Arca deben de ser, entonces, el nombre de los periódicos deportivos de la naturaleza en Ordesa.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Las botas en el balcón

Tras siete horas de caminata… las botas están mejor en el balcón.

domingo, 3 de agosto de 2008

Los pies en el río

Este cuaderno líquido se ve sustituido, temporalmente, por un cuaderno sólido de hojas blancas y tapas rojas… Ella y yo volvemos a la carretera, dos en la carretera. Cogemos de nuevo el camino del norte, donde el calor se siente pero no se sufre. Acompaña, pero no aplasta. Un verano más -y ya van unos cuantos, que dure- partimos España en dos, trazando una línea sinuosa que este año pasa por la ciudad encantada, la villa empedrada y la casa de Buñuel y que remata en la cumbre del monte perdido (a ver si somos nosotros quienes lo encontramos). Vuelven los mapas en el salpicadero y el embrollo de algunas rotondas. Y los surtidores de gasoil (“1’30 el litro, es más barato en avión”). Vuelven los paseos por cuestas medievales y claustros románicos, góticos y renacentistas. Vuelve una copa de vino tinto bajo el soportal de madera de una plaza cuadrada. Y el queso en tacos. Vuelven las conversaciones sentimentales. Y el ejercicio del amor en las casas rurales, con la luna asomando por un ventanuco. Vuelven los senderos entre castaños y hayas. Y los ruidos naturales: los pasos en la gravilla, el viento entre las ramas, el rumor de los arroyos, el lamento de los últimos urogallos. Y el crujir de almendras entre los dientes. Vuelve el olor a resina. Vuelve la sana costumbre de mirar lejos. Desde una colina: vacas en el valle, rebecos en la cima escarpada y pedregosa. Desde un acantilado: pesqueros inmóviles, la espuma en las rocas. Vuelve el mar de nubes. Vuelven los ríos transparentes. Y los pies descalzos de botas y calcetines. Vuelven los pies en el río. Pero mira cómo vuelven los pies en el río.

sábado, 2 de agosto de 2008

Las Virtudes de la Sibila

En estos tiempos de estrafalarios adivinos, de pitonisas de pelo teñido, de modistas agoreros, de fantoches que amenazan con el apocalipsis o la gloria eternos; en estos tiempos en que la caverna del oráculo –con sus vapores alucinantes- sucede en la caja de cada televisor, se vuelve con simpatía la cabeza a la Sibila de Cumas.

Como nos inquieta el futuro, hay quien busca respuestas al “qué-será-de-nosotros” en las estrellas o en los naipes. Pero la lección de la Sibila es otra: para prever el futuro, hay que entender el pasado. Por eso acumuló años de sabiduría: tantos como granos de arena le cupieron en su mano. Y dicen que la Sibila, ya muy anciana, “pequeña y enjuta como una cigarra” y aún le quedaban trescientos años de vida, a los hombres que acudían a ella para conocer su porvenir, más que contarles patrañas visionarias les aconsejaba un estilo de vida: Prudencia (sin cobardía) y Fortaleza (sin saña), Templanza (sin indiferencia) y Justicia (con benevolencia).

viernes, 1 de agosto de 2008

Qué te pasa, Juanito

-¿Qué te pasa, Juanito?
-Que se ha morido el novio de mi hermana.
-Oyes, ¿que se ha muerto?
-Sí, y desde que se murió ni come ni bebe, ni se acuesta ni se levanta.
-Y entonces ¿qué hace?
-Va a llorarle al cementerio tres veces al día y dos menos dos.
-¿Y sola va a llorarle al cementerio?
-No, no. Va con el novio nuevo que tiene.
-Pero, ¿hace tres días que se le murió el novio y ya tiene otro?
-Sí, sí. Mi hermana tenía dos, por si se moría uno, otro.
-Oye, Juanito, y ustedes ¿cuántos son?
-Nosotros somos tres: la mayor, la menor y la más chica.
-¿Y detrás de la más chica vas tú?
-No, no. Detrás de la más chica va un soldado de cuota.
-¡Ah, de cuota! ¿Y tu hermana la mayor qué oficio tiene?
-Mi hermana la mayor se ha echado a cupletera y debutó el domingo pasado en un pueblo.
-¿Y cantó esa copla tan bonita que dice: ¡AAGUA QUE NO HAAS DE BEBEER!?
-No, no. Mi hermana bebía casi siempre vino y cantaba eso de: ¡MAÑAANA ME VOOY, ME VOOY MAÑAANA!
-¿Y la gente le aplaudía?
-No. La gente le decía que: “esta noche sale otro tren”.
-Anda, Juanito, que tu mamá te espera.
-Sí, no sea que me digan como a mi hermana: “esta noche sale otro tren”. (...)

He aquí un fragmento (tal y como lo recuerdo) del sainete que contaba, cantaba e interpretaba mi abuela. Si alguien sabe a qué todo pertenece…

jueves, 31 de julio de 2008

Las fuentes de la memoria

Siempre que escucho la palabra 'memoria' recuerdo a mi abuela, que la perdió prematuramente a causa de una enfermedad devastadora, y recuerdo la voluntad de entendimiento de mi abuelo que a duras penas conseguía aceptar la tragedia de la memoria perdida en la cabeza querida, pero no se separaba de su lado y la llamaba "niña", acariciándole el pelo. Y la infatigable voluntad de mi madre -máximo ejemplo de cariño filial- que viajaba cada día la distancia que la separaba de su cama para curar las heridas de su cuerpo inmóvil y confortar las heridas de su alma confusa. En los últimos años balanceaba su cuerpo pausadamente hacia adelante y hacia atrás como si aún se sentara en aquella mecedora de la casa, donde gustaba de jugar a la emisora ("Ha venido hasta la radio una niña... ¿cómo te llamas?... ¿qué vas a cantar?... ¿y a quién se la dedicas?...") y de contarles cuentos y de cantarles coplas a los nietos que, sobre sus rodillas, la escuchábamos con los ojos y con la boca y con los oídos bien abiertos. Mi abuela fue lectora apasionada de novelas sentimentales, de sainetes y poesías populares. Y fue siempre cuentacuentos. Luego buscaba palabras que no encontraba entre sus neuronas confundidas, pero su voluntad de expresarse era tal, que dejaba escapar lo primero que cruzaba por su mente y lo que decía era una incoherencia y una genialidad surrealista: "Dame el sol, dame la luna o tráeme las zapatillas". No reconocía a sus hijos ni a sus nietos, llamaba a su marido "papa" y llamaba a su amiga Socorro como si pidiera ayuda... No recordaba quiénes éramos, ni siquiera quién era ella, pero el fondo de su memoria guardaba, resistiéndose a perderlos, esas cancioncillas y diálogos teatrales que aprendió en la infancia y que tantas veces recitó. A mi abuela bastaba con preguntarle: "¿qué te pasa, Juanito?", para que ella continuara la historia sin titubear apenas, con una gracia que ni los años ni la enfermedad pudieron jamás arrebatarle.

miércoles, 30 de julio de 2008

African Queen

En una vieja barcaza
de maderas carcomidas
bajamos entre rápidos
torrentes de deseo,
el corazón
agitado entre espumas,
buscando
remansos de noche.

Anclando en el centro
alejamos la selva hostil
–mosquitos caníbales,
rifles cazadores-
y el río no envuelve
como un susurro,
como una caricia.

martes, 29 de julio de 2008

Donde viven los monstruos

Qué sucede en la habitación de un niño castigado sin cena, recluido en ella para corregir sus incorregibles travesuras.

Al menos lo que sucede en la habitación de Max es que se transforma en un bosque “con lianas colgando del techo”, en el que se abre un océano, por el que navega un barco que viaja “a través del día y de la noche, entrando y saliendo de las semanas” hasta llegar a la isla donde viven los monstruos.

Uno de los cuentos infantiles más hermosos jamás publicados. Un cuento en que uno aprende este truco mágico tan útil: que es posible vencer a los monstruos si uno mira fijamente a sus ojos amarillos, sin pestañear.

(Maurice Sendak: Donde viven los monstruos. Madrid, Altea, Col. Historias para dormir, 1999. Texto e ilustraciones de Maurice Sendak. Traducción de Agustín Hervás.)

lunes, 28 de julio de 2008

Ceny y Caperu

Cuentos en verso para niños perversos. Cuentos populares recreados, reinventados con imaginación y con humor un tanto gamberro. Una vuelta de tuerca actualizada de aquellas historias tan estereotipadas.

Aquí la princesa fugitiva hace autostop del Bosque a la Ciudad para acabar conociendo la amistad de siete hombrecillos que fueron jockeys de carreras de caballos… y ahora penan por apostar en ellas. Aquí Ceny desprecia al príncipe violento y engreído y prefiere a un honrado y buena-gente señor que fabrica mermelada… Aquí el ingenuo Juan –aquel que cambió una vaca por una habichuela (mágica), para tremendo cabreo de su madre- aprende las ventajas de la higiene corporal y abusa de champús y desodorantes para confundir las pituitarias del gigante comeniños. Y aquí el lobo ya no es amenaza sino víctima de aguerridas jovencitas como Caperu, que se defiende sola –sin cazador- bastante bien.

Cómo ha cambiado el cuento: temible Caperucita que aquí hace doblete y que, con una aparición estelar en el último, el de Los Tres Cerditos, cierra este libro que se lee con una sonrisa guasona de principio a fin.

(Roald Dahl: Cuentos en verso para niños perversos. Madrid, Altea, Col. Historias para dormir, 1995. Ilustraciones de Quentin Blake. Traducción de Miguel Azaola.)

domingo, 27 de julio de 2008

Contra el canon bibliotecario

Andrea Lucchesi, obispo de Agrigento, hizo grabar en mármol y en latín a las puertas de su biblioteca, otorgada a la ciudad en 1756, estas palabras que parecen escritas contra el pago por préstamo de libros en las bibliotecas públicas. Su traducción (si hacemos caso de Leonardo Sciascia) es la que sigue:

“La entrada es libre para todos. Nadie cruce el umbral a hurtadillas. No eches mano a las estanterías, pide el libro que desees. Úsalo sin estropearlo, esto es, no lo arañes, ni cortes, no lo señales con apostillas. Podrás sólo servirte de una hojita marcalíneas, y copiar lo que quieras. No te eches sobre el volumen, no pongas encima el papel donde escribirás, ni la tinta, ni la arenilla; tenlo a la derecha, un poco apartado de ti (…) guarda silencio, no molestes a los demás leyendo en voz alta, antes de irte cierra el libro; si es pequeño, entrégaselo en propia mano al vigilante, si es grande déjalo en la mesa, tras haber avisado a quien sea preciso. No pagues nada, al contrario, márchate más rico. Y vuelve más a menudo”.

(Fuente: Leonardo Sciascia: Sucesos de historia literaria y civil. Madrid, Alianza Editorial, 1991. La cursiva es mía.)

sábado, 26 de julio de 2008

El desterrado

Al desterrado le gusta pasear por el puerto y contemplar cómo se balancean los barcos amarrados en el muelle, le gusta sentarse frente a uno de esos grandes mercantes y admirar la eficacia y la constancia de hormigas con que los trabajadores del mono azul manejan las grúas, tiranosaurios que alimentan la tremenda panza hundida de algún otro animal prehistórico. (El desterrado ahora tiene mucho tiempo para pensar y le ha dado por inventar comparaciones.) No siempre reprime el impulso de preguntar a algún miembro de la tripulación cuál es su destino. Y el corazón se le sube a la garganta si deduce que cruzará junto al Peñón de Gibraltar. Entonces seguirá la estela del enorme barco y lo irá despidiendo con la mirada hasta que en los ojos aparezcan musarañas.

Hace ya tres años que se bajó de un barco parecido en el puerto de Veracruz, tras una travesía de dieciocho días, que le parecieron doscientos, porque viajó con el estómago del revés. No había visto el mar hasta que llegó a las costas del Levante, en plena guerra, con el frente republicano ya en franco retroceso. (Al desterrado, que tiene todo el tiempo para pensar, le salen juegos de palabras que no le hacen maldita gracia.) Le impresionó lo inabarcable, qué cantidad de agua, y el estruendo de las olas rompiéndose en la orilla y los destellos luminosos del sol de mediodía. El mar le dio pánico al momento. Le aterra porque él es muy de tierra adentro. Desde los diecisiete fue minero. La mina es mi taller, mi casa, mi vida… suele decir. Y se siente más seguro a trescientos metros bajo el suelo de Linares, que en el espacio infinito, inestable y deslumbrante del océano. En el barco se organizan muchas charlas contra la nostalgia y a favor de mantener vivo el espíritu de lucha y la ilusión de retornar a la Patria libre de las cadenas que la someten y del tirano que la desangra, pero al desterrado le puede la angustia, todo se le vuelve bilis que escupir por la borda. Sólo lo anima pensar que México también tiene minas en que cobijarse…

Frente al mar, y cuánto mar, recuerda que las cosas no salieron como esperaba y asume, resignado, que lo pajizo de su rostro se debe a una melancolía insuperable. No tiene a nadie acá, se siente ajeno, nada que hacer, salvo echar de menos otro tiempo y otra tierra que existían antes de verse obligado a cambiar su casco tiznado por la gorra militar. Tampoco siente que tenga nada allá, sabe que su país no es el que era y lo imagina gris, pero no el gris brillante del plomo recién lavado, sino gris tristeza y desolación. Aún así ha tomado la quimérica decisión de volver solo.

Un minuto antes de lanzarse al agua recitó mentalmente aquel poema que un paisano de Córdoba, un tal Rejano, le hizo aprender una tarde en la cubierta del Sinaia, con la inútil pretensión de que se le pasara el mareo. Es de Neruda, chileno, le dijo: “…el mar, y cuánto mar. Se sale de sí mismo a cada rato. Dice que sí, que no, que no. Dice que sí, en azul, en espuma, en galope. Dice que no, que no. No puede estarse quieto. Me llamo mar, repite pegando en una piedra sin lograr convencerla. Entonces con siete lenguas verdes, de siete tigres verdes, de siete perros verdes, de siete mares verdes, la recorre, la besa, la humedece, y se golpea el pecho repitiendo su nombre”.

Ahora bracea torpemente, estirando mucho el cuello sobre las olas, que le lamen la barbilla con sus lenguas verdes, y la sal le rasga los ojos y los pulmones, como zarpa de tigre verde, y un instante antes de hundirse cree divisar en el horizonte la silueta erguida de una chimenea humeante, y cree oír en la distancia el silbido ronco de la sirena que en la mina anuncia el comienzo de una nueva jornada.

viernes, 25 de julio de 2008

Rayuelas

Regaña en Puente Genil
Corosa en Montilla
Rule en Cabra
Teja en Priego
Tángana en Rute
Torda en Palenciana
Pica en Luque
Vivo en Zuheros
Ganga en Villa del Río.

El juego de la Rayuela -un viaje de la tierra al cielo y del cielo a la tierra guiados por una piedrita, según lo describió Cortázar en su libro del mismo nombre- se llama de nueve maneras distintas en nueve pueblos vecinos de la provincia de Córdoba. Caprichos de la dialectología (o los hablantes hablan como quieren).

jueves, 24 de julio de 2008

La burbuja, el planeta y la necesidad

Acaba de mostrarse en el Patio de Luces del Ayuntamiento de El Ejido: Y después… ¡la forma!, compuesta de objetos “espontáneos”, objetos “vivos” y objetos “inteligentes”. Una exposición que combina (de nuevo, como todas las de La Caixa) el rigor científico y la divulgación lúdica y que parte de dos preguntas. La primera: “¿Por qué algunas formas de la naturaleza son más frecuentes que otras?”. Por ejemplo: la esfera (casi perfecta), el fractal (ramificado), la onda (concéntrica), la parábola (concentradora), el (penetrante) ángulo, la hélice (tractora), el (exacto) hexágono y la espiral (envolvente). La segunda pregunta es de las que estimulan una vocación científica: “¿Qué tienen en común un planeta y una burbuja de cava?”.

La respuesta a la primera viene dada por las 7 propiedades fundamentales de cualquier objeto: composición, estructura, función, necesidad, forma, tamaño y color. La respuesta a la segunda es un ejemplo de necesidad: la burbuja es esférica porque la presión del líquido que la rodea es igual en todas las direcciones; el planeta es esférico porque la gravedad atrae por igual todos los puntos de la periferia.

Para más información: la propia exposición... y los libros de ciencia.

El aprendizaje también tiene más de necesidad que de casualidad. Esta exposición, solitaria en estos días de verano, habría tenido mejor recepción en otras fechas, durante el curso escolar, cuando habríamos convencido a nuestros alumnos de la necesidad de visitarla. Una inconveniente casualidad les ha privado de ella. Y lo lamento.

miércoles, 23 de julio de 2008

Exponer

Me gusta visitar exposiciones: de pintura, de escultura, de fotografía, de textos manuscritos, de postales antiguas, de tebeos, de portadas de discos de vinilo, de carteles de cine, de botellines de cerveza, de arte cofrade (no), sobre osos, sobre volcanes, sobre trajes de novia (no), sobre modelos de coche (no), sobre exilios y exiliados, biográficas, bibliográficas, cartográficas, infográficas, oceanográficas, arqueológicas, enológicas, etnológicas, ornitológicas, astronómicas, gastronómicas…

Las exposiciones didácticas organizadas por la obra cultural de La Caixa están entre mis preferidas: son estupendas. Recuerdo haber visto cinco:

En la Casa de la Cultura de Puente Genil aprendí sobre Los Millares, una civilización asentada en torno a 3000 a C. en el sureste pensinsular con una avanzada organización socioeconómica, diversificada en caza y pesca en agua salada, cultivo de cereales, ganadería ovina y caprina, telares, cerámica y metalurgia del cobre. Y que no sólo producían para el consumo propio sino también para el comercio.

Apropiadamente se instaló en la Plaza de las Tres Culturas de Córdoba la exposición denominada La ciencia en el mundo andalusí, que contenía cuidadas réplicas hasta del Salón Rico de Medina Azahara. Y tras él: un observatorio astronómico cordobés del siglo IX, un laboratorio alquímico para la sublimación de los metales, una farmacia natural, una noria que riega exóticos frutales, una biblioteca que riega el pensamiento… y en la que uno podía aprender sobre la aportación musulmana, a lo largo de ocho siglos, en campos científicos como la astronomía, la óptica, la medicina, las matemáticas, la geografía, la agricultura o la construcción (incluyendo la curiosa técnica del alicatado de azulejos en la decoración de la Alhambra).

En varias aulas y pasillos de un colegio de Carboneras aspiré y comparé aromas naturales y perfumes inventados concentrados en la exposición, un tanto mareante: ¡Por narices!

Visité seis veces De mono a hombre, en una carpa instalada en el Paseo del Violón de Granada. Una exposición que explicaba, espectacularmente, cinco decisivos momentos en la evolución humana que nos permitieron alejarnos del mono y acercarnos al hombre: el bipedismo -ese mono que se alza sobre sus dos piernas para mejor otear el horizonte de posibles enemigos-, el uso de herramientas, la capacidad de producir y controlar el fuego, la autoconciencia de nuestra condición finita -los límites de nuestra vida y nuestras preguntas sobre el más allá de la muerte- y la voluntad de representación de la realidad con intenciones simbólica y artística (en las paredes de una cueva, los primeros frescos).

De la quinta exposición hablaré mañana.

Justicia ingenua

Supongamos un oficio malvado: torturador, traficante de niños, de mujeres, de hombres, asesino racista… (no hay mucho que imaginar: bastantes de nuestros contemporáneos se dedican a esto) y al oficiante, que habita una gran casa tradicional-contemporánea (café de puchero y jacuzzi). Supongamos la rebelión de los objetos que han de convivir con el recuento de las maldades del día. Primero pequeñas disfunciones: la cafetera se derrama deliberadamente sobre el dorso de su mano, la bañera está a punto de engullirle un pie… Hasta que un día: el tipo se enfunda los guantes (blancos, brillantes, casi se diría que sonrientes) y siente el irrefrenable impulso de apretarse el cuello, mientras el fuego de la chimenea salta hasta la alfombra, que se arruga conscientemente para hacerle trastabillar cuando huye hacia la puerta, pero la cerradura escupe la llave… y, al fin, él mismo experimenta el horror de ver reír a todo ese mundo inanimado que cobra vida un instante, el tiempo de la justicia ingenua, el tiempo necesario para tomar venganza en nombre de los sacrificados.

La viga maestra orienta la caída hacia su cráneo.

lunes, 21 de julio de 2008

En Villamangaporhombro

En Villamangaporhombro vive Pippilotta Delicatessa Windonshade Mackrelmint, pero como la gente perdería demasiado tiempo de su vida en llamarla, su padre propone que abrevien: Pippi. Su padre es Efraín Calzaslargas, capitán de barco siempre navegando por los mares de la Tierra. Pippi vive sola en casa, una casa que por su nombre no hace falta describir. Bueno, no del todo sola, la acompañan su caballo, Pequeño Tío, y su mono, Sr. Nelson. Pippi no tiene ningún problema viviendo sola, porque además de ser la niña más fuerte del mundo, guarda un tesoro (un cofre lleno de monedas de oro), que le sirve para permitirse todo tipo de caprichos y para hacer regalos a quienes ella considera que se lo merecen. Tiene, además, dos inseparables amigos, Annika y Tommy, a los que siempre impresiona su fuerza y su imaginación… Porque Pippi, si tiene un defecto es el de no poder dejar de inventar las más descomunales mentiras, pero, como dice ella, qué se puede esperar de una niña cuya madre es un ángel y su padre el rey de los caníbales.

Astrid Lingren, nacida en Näs, una pequeña aldea al sur de Suecia, es la creadora de Pippi, la autora de numerosos relatos (el primero publicado en 1945) que la tienen como protagonista. Una adaptación televisiva de los años setenta (en la que Pippi era interpretada por Ingen Nilsson) la hizo mundialmente famosa. Porque no era habitual que, entre los relatos infantiles, se diera un personaje como Pippi: una niña fuerte, independiente, segura de sí misma, dispuesta a desenmascarar con sus disparatadas mentiras, la hipocresía de muchos adultos. Uno de los relatos más emotivos es aquel en el que Pippi está a punto de abandonar Villamangaporhombro, para viajar por el mundo junto a su padre… pero renuncia en el último momento, arrojándose al agua desde el barco, porque no puede soportar el desconsuelo de sus amigos. La amistad sincera e incondicional, he ahí uno de los grandes valores defendido en esta narración.

domingo, 20 de julio de 2008

En la carretera (4): 'Easy Rider'

“Tengo una cita en la autopista,
voy en busca de aventuras.
Tengo que estrechar el mundo
entre mis amorosos lazos...”

cantan Steppenwolf con los títulos de crédito iniciales de Easy Rider (Dennis Hopper, 1969).

Un trapicheo de coca permite financiar el viaje, que ahora es en sentido inverso, de Oeste a Este, de L.A. (California) hacia el Martes de Carnaval de Nueva Orleans.

Dos jinetes desesperanzados sobre las Harley-Davidson: hierático y místico Peter Fonda, Dennis Hopper jocoso y bigotón, tras la huella de la raya discontinua, el reloj de pulsera arrojado en el arcén.

En el camino: marihuana, saludables campesinos, marihuana, una comuna hippy que pretende hacer fértil el desierto a base de rituales mágicos, marihuana, agresivos blancos sureños, marihuana y un abogado borrachote -Jack Nicholson jovenzuelo- que propone esta teoría: “les da miedo lo que representamos: la libertad”. En tanto que Hopper, con sus ojos brillantes de fumado, sugiere que “lo único que representamos ante ellos es que necesitamos un buen corte de pelo”.

Montaje de planos intermitentes que enlazan secuencias, o las anuncian, y canciones de algunas de las bandas de rock más famosas del momento, incluido Jimmy Hendrix, incluidos estos versos de Bob Dylan:

“La oscuridad al caer la tarde.
Las sombras comen en cuchara de plata.
El globo de un niño
eclipsa el sol y la luna.
Lo entiendes, lo sabes bien,
es inútil intentarlo...”

que presagian el final: la libertad es un espejismo en el horizonte de la carretera y el destino último es el mismo para todos.

Cuatro viajes que son sólo de ida, de huida de una amenza física o abstracta. Y nos sentimos vivos mientras las ruedas giran. Y nos sentimos huecos cuando descabalgamos.

“...nos dábamos cuenta de que dejábamos la confusión y el sinsentido atrás y realizábamos nuestra única y noble función del momento: m o v e r n o s . . .” (Jack Kerouac: On the road)

sábado, 19 de julio de 2008

En la carretera (3): 'Un mundo perfecto'

El coche -máquina del tiempo- es esta vez un Ford; el espacio vuelve a ser Texas; el destino absurdo, Alaska; los viajeros, un preso evadido y un niño en calzoncillos; y el perseguidor, un Harry-el-Sucio redimido y al borde de las lágrimas.

Un mundo perfecto (Clint Eastwood, 1992) es un viaje en torno al ejercicio de la paternidad y a través de los deseos, los descubrimientos y los fantasmas de la infancia.

“- ¡Oye! ¿Nunca has montado en la máquina del tiempo?
- (No)
- Pues claro que sí; ¿qué crees que es esto?
- Un coche.
- Te equivocas. Hay que tener imaginación... esto es una máquina del tiempo del siglo XX... Yo soy el piloto y tú el copiloto... Ahí delante está el futuro... Y el pasado está ahí atrás... Si la vida va demasiado despacio y quieres llegar antes a tu futuro, pisas el acelerador, que es éste, ¿ves?... Y si quieres pararte, entonces pisas el pedal de freno y te paras un ratito... Esto es el presente, Philip. Disfruta de él mientras dure...”

viernes, 18 de julio de 2008

En la carretera (2): 'Corazón salvaje'

Averías en el camino de losetas amarillas: cuento de hadas transplantado en thriller: cine blanco y cine negro: El Mago de Oz en Texas: Corazón salvaje (David Lynch, 1990). Dos elfos escapando en automóvil, acosados por la maldad de una bruja de escoba, que envía tras ellos al sabueso enamorado, al gánster con botines de dos colores y al ángel negro de la tentación. Situaciones grotescas, lírica y violencia, humor salvaje, amor y cigarrillos. Y más allá del arco iris, Paz (y Elvis Presley).

Dice David Lynch: “...no es posible definir el sexo, pero sí decir cómo se siente. Hay una mezcla de placer y miedo, de ternura y violencia, de confianza y desagrado. En Corazón salvaje hay varias escenas de amor. Puede que las frases que intercambian los protagonistas parezcan increíblemente estúpidas, pero ¿hay acaso otra forma de expresar el amor? Cuando ella le repite a él “Baby, cuando estoy contigo siento como si volara sobre el arco iris” y cosas por el estilo, naturalmente resulta cómico, pero también conmovedor...”

jueves, 17 de julio de 2008

En la carretera (1): 'Thelma y Louise'

“...la línea blanca del centro de la autopista se desenrollaba siempre abrazada a nuestro neumático delantero izquierdo como si estuviera pegada a sus estrías...” (Jack Kerouac: On the road)

Son las road movies un género de películas con el camino como protagonista.

Personajes vacíos, personajes vacilantes, fugitivos, curiosos y desocupados se lanzan a la carretera buscando un estímulo o una evasión, hacia una meta imprecisa o improbable que acaba por no importar porque lo que cuenta son los kilómetros de aprendizaje, de alucinaciones y deleites. El viaje y el vértigo liberador.

Thelma y Louise galopan a lomos de su Thunderbird descapotable por las interminables carreteras interestatales del sur de los Estados Unidos, escapando del cerebro elemental de esos seres brutales o mezquinos, atormentados o zafios, a los que convencionalmente llamamos hombres.

Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991) es una película militante contra cierta forma de ejercer la masculinidad, primitiva y violenta, y en favor de la convivencia sincera, de la amistad sentida y de los ojos despiertos.

Es, además, una película de admirable riqueza visual, que recrea el espacio monumental del western -sin caballos, sin indios-, invadido por las cintas de alquitrán y por el olor a gasolina quemada; y que confirma la sospecha de que el fin del mundo se divisa desde los acantilados del Gran Cañón del Colorado.

Y es una invitación a continuar. Siempre adelante...

miércoles, 16 de julio de 2008

Vertedero vallado y vigilado de naranjas quemadas

Hace quince años trabajé varios meses como collidor de naranjas en la cooperativa agrícola de un pueblo de Valencia. Parte de la campaña trabajábamos para el vertedero. Joven ingenuo, yo no podía creerlo. Y una tarde, al acabar la jornada, me hice subir en una de las camionetas que carga y traslada las cajas de naranjas recogidas. Efectivamente, eran volcadas en un cerro vallado y vigilado por guardia jurado con perro. Y rociadas de gasoil.

Me pareció entender entonces algo sobre el funcionamiento de nuestro sistema económico. Pero no lo entiendo.

martes, 15 de julio de 2008

La perca y las paradojas

“Vino un hombre con un cubo y unos cuantos peces. Los volcó en el lago. Y ya está…”, se cuenta en el comienzo de La pesadilla de Darwin, película documental que nos ilustra sobre las terribles paradojas que mueven la máquina del mundo.

La perca del Nilo depredó cualquier otro modo de vida en el lago Victoria (Tanzania). Una catástrofe ecológica que alteró, además, el ancestral equilibrio socioeconómico de la zona. La gran paradoja es la habitual: La captura, procesado y distribución de este pescado se halla en manos de compañías ajenas, cuyos beneficios no revierten sobre el origen. Los filetes limpios de espinas se exportan a los mercados europeos. Las cabezas y raspas se venden en los pueblos del entorno. El director, el austríaco Hubert Sauper, formula así la paradoja: “es increíble que allí donde un materia prima es descubierta, los habitantes de las comunidades locales mueren en la miseria, sus hijos se convierten en soldados y sus hijas en sirvientas o prostitutas."

El cartel de la película es una cabeza de perca con cola de fusil. Su tesis: los antonov rusos que despegan, cargados de pescado, de la pista junto al lago, cuando vuelven de Europa no lo hacen de vacío. Cargan armas que alimentan sangrientos conflictos. Uno de los pilotos nos cuenta esta paradoja navideña: “Hice dos viajes a Angola. Llevé unas máquinas, tanques o algo así. Mi compañía ganó un dinero, supongo. Luego volé a Johannesburgo y cargué uvas. Los niños de Angola recibieron armas aquella Navidad. Los niños europeos, uvas. Es el negocio." Un intercambio comercial insoportable.

Paradoja complementaria: el embalaje plástico que envuelve, higiénicamente, los filetes de perca es fundido por los niños que malviven a las orillas del lago, fabricando un pegamento que los adormece y envenena. El efecto de la religión –según se muestra en la película- es similar al del pegamento: consuelo y aturdimiento ante la inhóspita realidad.

Me pregunto hasta dónde llega el cine. Me pregunto si esta película ha tenido alguna consecuencia práctica para corregir lo que denuncia. Porque otra paradoja podría ser que esta película (merecidamente premiada en Europa y en Norteamérica), que este tipo de cine fuera el pegamento o la religión del progresismo. Me planteo el alcance de la literatura o el cine para mejorar la realidad.

Y, personalmente, qué hacer. Más allá de la repugnancia que, inevitablemente, se le coge al bicho. Y que provoca que cuando estoy ante el puesto de pescado del Mercadona y leo “Percas. Origen: Lago Victoria”, siempre compre “Sardinas. Origen: Mediterráneo, Castellón”.

lunes, 14 de julio de 2008

Mesón Antonia

El Castillo de Vélez Blanco (en el norte de la provincia de Almería) es protagonista de una doble extravagancia histórico-ostentosa.

Una en su origen: esta fortaleza militar es mandada construir por Pedro Fajardo, marqués de los Vélez, cuando ya no es militarmente necesaria, cuando la zona ya ha sido reconquistada a los musulmanes y pacificada (1506), con el único objetivo de darse el marqués un homenaje e impresionar a sus súbditos.

El castillo se alza sobre el pueblo con una presencia abrumadora, como la tendría entonces el marqués sobre los vecinos del lugar. Sus cimientos se incrustan, casi naturalmente, en la roca caliza y se compone de dos cuerpos unidos por un puente de madera que podía ser levadizo y permitía aislarlos. Troneras (desde las que disparar a cubierto a nadie) y ladroneras (o letrinas aéreas) horadan sus macizos muros. Y unas almenas rematadas simétricamente, con dos piezas gemelas de cabeza redondeada, le dan una apariencia esbelta. Es uno de los primeros castillos renacentistas españoles, aunque la planta irregular de los patios o algunos arcos ojivales recuerden la influencia arquitectónica musulmana.

Muerto sin descendencia el tercer marqués de los Vélez, el edificio queda deshabitado, habitado tan sólo por el recuerdo fantasmal de las recepciones palaciegas. Piedras, ladrillos y piezas de mármol van desapareciendo y apareciendo en hornos y molinos, hasta quedar el castillo convertido en una carcasa imponente.

Entre 1904 y 1913 se produce la segunda extravagancia: un anticuario francés desmonta las dos galerías de su patio de honor y traslada a París –vía Cartagena-Marsella- arcos rebajados y columnas de capiteles corintios, barandas, esculturas y gárgolas… En París fue adquirido por un multimillonario norteamericano para su casa neoyorquina. Y hoy, si uno quiere completar la visita al castillo de Vélez Blanco, tiene que volar hasta el Museo Metropolitano de Nueva York, donde se exhibe su claustro… a seis mil kilómetros del lugar para el que fue concebido.

Lo que no es nada extravagante, sino muy razonable, es degustar la tierna y jugosa chuleta de lomo en salsa a la pimienta (sin avecrem añadido), con guarnición de patatas (no congeladas, ni aceitosas, ni requemadas o secas) y ensalada natural mixta de tomate, lechuga, lombarda, maíz y soja, que prepara Antonia en su mesón, situado en la falda suroeste de la colina del castillo.

domingo, 13 de julio de 2008

Malos vientos

“...y tu aliento me envenena.”
Zorrilla: Don Juan Tenorio

Sufro de halitosis. Eso no sería un problema si uno fuera un ermitaño, pero sí lo es -un problema tremendo- cuando tantos labios besables escapan bufando ante mi proximidad.

Como sólo tengo ocasionales desarreglos intestinales, sospecho que el hedor permanente que mi boca destila (y no exagero, a juzgar por las caras que ha puesto Ella alguna vez) se explica en la podredumbre que acumulan dos muelas de la fila superior que, vistas con doble espejo, lucen un color negro zaíno.

Esas dos muelas invadidas por el tiempo y las bacterias, ese pedacito de mierda que siempre va conmigo, junto al hecho de que las nieves del tiempo platearon, no mi sien, que allí ya no había pelo que platear, sino el resto de la cabellera, y junto a la lectura del Quevedo metafísico:

“Huye sin percibirse, lento, el día,
y la hora secreta y recatada
con silencio se acerca, y, despreciada,
lleva tras sí la edad lozana mía”

me advirtieron claramente que la imparable destrucción ha comenzado, me hicieron reflexionar sobre la fugacidad de la vida, cómo no, y me llevaron a concluir, originalmente, que No Somos Nada.

Ante ese hecho tan deprimente, Quevedo propone como única vía de liberación, el amor. El amor es lo único que puede hacer de la vida, vida, y no camino hacia la muerte. Incluso es lo único que puede hacer de la muerte, vida:

“Del vientre a la prisión vine en naciendo,
de la prisión iré al sepulcro amando,
y siempre en el sepulcro estaré ardiendo”.

Pero si en mi relación con el resto del mundo debo guardar una distancia de seguridad de al menos metro y medio, ¿cómo poder amar y ser amado?

Está claro que por carta o chat (ni me fío del teléfono). De modo que Ella y yo nos amaremos con pasión epistolar o conversación virtual a partir de este frío mediodía de verano en que me ha dejado solo, cambiando mi aliento fétido por la brisa tropical, tan pura.

sábado, 12 de julio de 2008

La ropa de Punta Entinas



Al Paraje Natural de Punta Entinas-Sabinar se accede por las estrechas carreteras de servicio de los invernaderos y, si nos orientamos por el faro, por un camino de tierra entre charcas y pequeñas lagunas que acogen avifauna de gaviotas descritas como patiamarillas, picofinas, sombrías, reidoras y enanas. El faro es el eje del Paraje. Es un punto de referencia desde el mar –esa es su función- pero también es un hito desde tierra adentro. Lola Papis, la farera, habita una casa adosada al faro con la apariencia tradicional del litoral almeriense: de planta baja encalada y techo plano. Lola Papis es de los contados fareros de España que insiste en vivir junto al faro: “No me puedo dormir en la ciudad, no controlo los ruidos”, dice. Lola Papis es la única farera de España.

En el Paraje Natural de Punta Entinas-Sabinar hay lentiscos (o entinas) y sabinas. De ahí su doble nombre. Hay tarajes, cambroneras, cardos, bolagas, amapolas locas, lavandas, azucenas e hinojos marinos... Hay cañaverales en las zonas húmedas... Y hay ropa. Esparcida y semienterrada entre las dunas, enredada entre los matorrales hay ropa y hay macutos con las hebillas oxidadas. Hay camisas y camisetas encogidas, vaqueros con las perneras retorcidas, sandalias clavadas en la arena y zapatillas deportivas ahogadas en la arena.

viernes, 11 de julio de 2008

Melibeo soy

Un tipo busca desesperadamente a la mujer de su vida. Él sabrá reconocerla. Tras cada polvo siempre dice: “En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios”. Su vida es un carrusel de mujeres que responden entre el asombro y la carcajada a semejante comentario postcoitum.

Por fin cree haberla encontrado en la panadera de su barrio, que lo mira cada mañana con ojos interrogativos. Tras un encuentro con aroma a madalenas recién hechas, él insiste: "En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios", le dice. Ella contesta con una pregunta: "¿Tienes fuego?"

ESCENA FINAL
En la cama, él y una bella prostituta guineana, de piel tostada y brillante. Acaban de sudar. No fuman. Quizá desalentado, decide inconscientemente cambiar de frase y esta vez dice:

ÉL: “Melibea, me gusta contemplar tu silueta morena en la penumbra.”

ELLA: “¿En qué, Calisto?”

ÉL: “En... en...

(aliviado, al fin feliz)

En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mí, inmérito, tanta merced que verte alcanzase, y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda, incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar tengo yo a Dios ofrecido. ¿Quién vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como agora el mío? Por cierto, los gloriosos santos que se deleitan en la visión divina no gozan más que yo agora en el acatamiento tuyo. Mas ¡oh triste! que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventuranza, y yo, mixto, me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de causar.”

FUNDIDO EN NEGRO. FIN.

jueves, 10 de julio de 2008

Katz's

El trago de agua que me tomo en la fotografía de mi perfil sucede en Katz’s, un deli de la calle Houston Este de Manhattan. Me lo tomo después de haber engullido un sándwich de pastrami y les puedo asegurar que eso, después, pide litros de agua. Claro que no hay problema: estratégicamente situado en el centro de una pared del local se encuentra una especie de abrevadero en el que los parroquianos alivian la sequedad de garganta. Cinco viajes di.

Son los delis como nuestras tabernas, con sus embutidos colgando del techo (de ahí que me atreva a llamar parroquianos a sus clientes). Katz’s es una taberna espaciosa que ha sustituido los carteles taurinos por bufandas de los Knicks, pero de cuyas paredes también cuelgan fotos del dueño con visitantes ilustres (por ejemplo Bruce Willis o Mijail Gorbachov) y, como en las antiguas tabernas, en el suelo junto a la barra y en el entorno de los urinarios se esparce serrín para empapar. Los propietarios son descendientes de rusos emigrados a Nueva York a finales del siglo XIX, pero los camareros, muy festivos, son puertorriqueños emigrados a Nueva York a finales del siglo XX. Uno de los dueños, muy afable y locuaz, pasa mesa por mesa saludando a los clientes, en su mayoría turistas a los que se dirige siempre con algunas palabras en sus respectivas lenguas, y doy fe de que ese día había españoles, alemanes, belgas y chinos.

Katz’s es famoso por esta escena de cine: Sally (Meg Ryan) finge espasmos y gemidos de orgasmo ante Harry (Billy Crystal), sentada a una de sus mesas. La venerable señora de la mesa de al lado reclama al camarero: “Póngame lo que está tomando ella”.

En Katz’s, con astucia comercial y buen humor, hay colgada del techo una flecha que señala esa mesa.

miércoles, 9 de julio de 2008

Buscar por el bosque

A un bosque se puede ir a caminar por un sendero o campo a través o a la orilla de un riachuelo y sentarse con la aurora (o con Aurora) a pescar (o no pescar) y seguir montaña arriba hasta divisar el mar de nubes y dejarse azotar por los Vientos, hijos de Aurora.

Se puede ir a respirar. Y a coger margaritas blancas para una corona. O de almuerzo campestre sin cerillas: vino tinto, tomate con poca sal y tortilla en fiambrera con hormigas.

A un bosque se puede ir a comprobar cómo cantan los urogallos y cómo se pelean o se ayuntan los ciervos encelados. A correr con la milana (bonita) o a correr delante de un jabalí.

Pero si uno quiere ir etimológicamente a un bosque tiene que ir a buscar (espárragos, setas, caracoles, sosiego, la casa de la abuelita, amores furtivos, caza mayor, menor, legal o también furtiva) porque:

‘bosque’ y ‘buscar’, del alemán busch.

“La etimología de esta voz, según Covarrubias, se derivó de la caza, porque busque (que oy decimos con poca mudanza ‘bosque’) en lengua góthica significa el monte, o la selva en que hai espesura de árboles y ramas, entre la cual se esconde la caza: según lo cual buscar viene a ser lo mismo que bosquear, esto es, poner conato, diligencia y cuidado en hallar lo escondido”. Diccionario de la Academia, 1726.

martes, 8 de julio de 2008

Cine nublado

Qué mala es ‘La niebla’ de Stephen King y Frank Darabont. Qué despilfarro (y no de talento). Qué situaciones tan inverosímiles, qué personajes tan inconsistentes, qué diálogos tan chocantes, qué cantidad de sacos de pienso para perros caben en un supermercado de pueblo…

Me parece haber leído que algún crítico la consideraba una buena muestra de terror psicológico. Pero la psicología se esconde en seguida, en cuanto un tentáculo con púas asoma por debajo de la puerta del almacén y se come a un reponedor. También hay quien parece considerarla una necesaria película contra el fanatismo religioso. Pero lo que yo veo es que los científicos vuelven a aparecer en el cine (en realidad no aparecen, son referidos) como extravagantes perturbados que se entretienen con peligrosos experimentos, que los fanáticos son los que sobreviven (excepto la iluminada, que merece un esparadrapo en la boca –del pasillo 3- en cuanto se arranca a anunciar el apocalipsis), que los que se enfrentan a los fanáticos sufren todos un truculento final, y que el ejército tiene que venir, una vez más, a resolver expeditivamente el desaguisado, a disolver la niebla con lanzallamas, a salvarnos.

lunes, 7 de julio de 2008

Qué me pasa, doctor

El Servicio Andaluz de Salud trabaja para que usted reciba una atención sanitaria personalizada y adaptada a sus necesidades. Puede usted elegir entre los siguientes especialistas:

el doctorniquete, especialista en sistema circulatorio, el doctórax, especialista en aparato respiratorio, el doctorrente, en hematología, el doctormenta, en neumología y el doctornado, en pulmonías. El doctortazo es el anestesista. El doctorcedura, traumatólogo y el doctortícolis, fisioterapeuta. El doctornillo, ginecólogo y el doctorreón, urólogo. El doctortuga se toma su tiempo en diagnosticar y el doctórtola se anda demasiado por las ramas para decirte lo que tienes. El doctorbellino es un atractivo dermatólogo, el doctortilla, especialista en nutrición, el doctorquemada, para el ardor de estómago, el doctortura coloca bien los enemas y el doctorero los inyectables. El doctortijón es especialista en medicina interna y el doctorpedo, concretamente, en flatulencias. El doctornero, otorrino; el doctorrezno, endoncrino. El doctorpe es especialista en olvidarse las tijeras dentro de tu vientre y el doctorrija se queda dormido escuchando por su fonendoscopio. El doctornasol es pediatra, el doctoronjil el de las alergias, el doctorondón el de los chichones y el doctorozón el de los sofocos. El doctoronto es un eminente especialista canadiense y el doctortellini un premionobel italiano. El doctorticero es el neurólogo y el doctortuoso el psiquiatra. El doctorrefacto está quemado. Y el doctorneo es un médico en prácticas que compite por el puesto. El doctorvo es el forense (para cuando no hubo remedio). El doctortuaco es el director y el doctortolito es un amor.

domingo, 6 de julio de 2008

Malagasy Gospel

Malagasy Gospel es un coro de niños y niñas extrabajadores de las salinas de Tulear, Madagascar, ciegos bastantes de ellos. Es la primera vez que salen de su ciudad, situada al sur de la isla africana. Están de gira por España y acaban de actuar en el patio del Castillo de Guardias Viejas, a orillas del mediterráneo almeriense. Ha sido un concierto memorable.

28 niños y niñas vestidos con telas sutiles de vivos colores que cantan a capella a su escuela, sobre la ceguera, la pobreza o al fresquito de la mañana. Himnos gospel, ritmos tradicionales y reggae africano: Reggae Rasta Man es interpretada por un chico de músculos inquietos, que acompasa el ritmo con sus dedos sobre el pecho, y su voz limpia, profunda y cálida traspasa y conmueve. Lo acompaña una guitarra, cuyas cuerdas son hilo de pescar, sujetas a un mástil con chinchetas, y cuya caja de resonancia está hecha de la madera ligera con se fabrican las piraguas.

Los niños, las niñas son niños o niñas en cualquier lugar. Una pequeña bailarina llora en el centro del escenario: ¿le duele algo? ¿se ha asustado? ¿se ha sentido intimidada ante tantas caras extrañas tan próximas? ¿un repentino ataque de nostalgia y soledad en medio de tanta gente?... No, alguien se ha equivocado con su falda, la suya es roja y no verde (son ciegos pero algunos distinguen los colores, nos aclaran). Corregido el error en el improvisado camerino se le pasa la congoja y canta y baila una coreografía eléctrica y frenética de movimientos convulsos, que se contagian al público.

José Luis Guirao, presidente-presentador, nos cuenta que estos niños seguirían trabajando de sol a sol, deteriorando sin remedio su salud y sin tiempo para aprender a leer y a escribir, para jugar, para cantar (y ahora, también, viajar) de no mediar la Fundación Agua de Coco, que sostiene una escuela en la que reciben educación básica, y un invernadero, que casi los autoabastece, que les permite al menos una comida al día: www.aguadecoco.org

El contraste de este mínimo concierto (máximo en emociones) con el Rock in Río que ofrecen estos días las televisiones es brutal: decenas de miles de personas se apelmazan para escuchar malcantar a Amy Winehouse, la nueva diva del soul, con el fuelle afónico por un modo de vida desaforado. Todo parece postizo y artificial (del moño a los tacones, de una guitarra eléctrica que no parece saber tocar a unos sosos meneítos de cadera) frente a la naturalidad, la vitalidad y el talento generoso de estos alegres descalzos niños cantores malgaches.

Buen viaje, artistas. Y gracias.

sábado, 5 de julio de 2008

Colores


Bla.k, Nemo, Luna, Cat, Soy… El espectáculo de las paredes en muchas calles de El Ejido se lo debemos a un grupo de jóvenes (y no tan jóvenes) artistas del spray que va para quince años que decoran las fachadas con grafitos realistas o surrealistas, cubistas, futuristas o estridentes, expresionistas, impresionistas… impresionantes.

Una batalla de las pinturas en una galaxia muy, muy cercana, un tótem indio, Bob Marley, Camarón de la Isla, breakdancers, rockeros, moteros sonrientes, tahúres diestros, meigas, duendes de apariencia gamberra, androides, mutantes, aladas musas negras, barbies asesinas, conejitas sensuales, vigilantes jurados de hojalata, brigadas anticontaminación, bebés monstruosos, niños glotones, niñas blancas que ríen, niños negros que lloran, miradas que preguntan por la suerte…

Un puñado de artistas cuya escuela es la calle (aunque alguno también se orienta hacia el diseño gráfico). Defienden que lo suyo es creación artística (y no ensuciar paredes). Expresan sus estados de ánimo, sus emociones. Suelen improvisar. No obstante, en las grandes composiciones también manejan bocetos. Un graffiti puede hacerse en unos pocos minutos o necesitar varios días. Experimentan, prueban texturas y superficies diversas (ahora también sobre plástico de invernadero). Evolucionan. Porque en el arte del grafito también hay estilos: Soy (autor de la imagen que acompaña este texto) es hiperrealista, Bla.k es más expresionista y juguetón.

“Abre tu mente” es uno de sus lemas. Un placer para la vista. Y para la mente.

viernes, 4 de julio de 2008

Miembra

El problema no es ‘miembra’ a la que nuestro oído y después la Academia acabarán acostumbrándose como ya ocurrió con, por ejemplo, jueza. El problema es ‘los miembros y las miembras’ que origina discursos farragosos y conferencias fatigosas, mítines fatigosos y ruedas de prensa farragosas, pregones y sermones fatigosos y mesas redondas farragosas, informes fatigosos y memorias farragosas, narraciones fatigosas (“Los indefensos niños y las indefensas niñas huían despavoridos y despavoridas de sus fanáticos perseguidores y fanáticas perseguidoras…”), descripciones fatigosas (“Las doce chicas turcas y los quince chicos turcos de aquella expedición eran altas y eran altos, eran guapas y eran guapos, eran risueñas y risueños, y sorprendentemente rubias y pálidas y sorprendendemente rubios y pálidos...”), argumentaciones farragosas (“Estimados y estimadas señores y señoras diputados y diputadas: la opinión de cada miembro y de cada miembra de este comunidad debiera ser respetada, o al menos atendida, porque todos los ciudadanos y todas las ciudadanas tienen derecho a ser oídos y oídas…”) …y conversaciones imposibles.

jueves, 3 de julio de 2008

El ritual del té de mediatarde

Verter veinte centilitros de agua mineral en una taza blanca. Calentar minuto y medio al microondas. Elegir una bolsa de té verde de la caja verde que contiene otras diecinueve. Extraerla del envoltorio plástico que la preserva higiénica. Sumergir la bolsa de papel ¡sin grapas! con las hojas molidas en el agua caliente durante cinco minutos. Edulcorar levemente. Agarrar la taza de su asa con tres dedos. Aspirar su aroma. Abrasarse la lengua.

miércoles, 2 de julio de 2008

Pensar: de cada cual según su necesidad

Cuando Sancho Panza piensa en pensar, no piensa en imaginar, ni piensa en considerar, reflexionar o meditar, ni piensa en discurrir o juzgar... no piensa en el tálamo, el hipocampo o la amígdala... ni piensa en la psiquis ni, por supuesto, en el Logos.

Cuando Sancho Panza piensa en pensar, piensa en buscar alimento, pienso, para su burro, de quien hará el más triste y doloroso llanto del mundo: “hijo de mis entrañas... brinco de mis hijos, regalo de mi mujer, envidia de mis vecinos, alivio de mis cargas... rucio de mis ojos, compañero mío”, cuando Ginés de Pasamonte –bizco famoso embustero ladrón- se lo robe en las montañas de Sierra Morena.

Pensar, del latín pensare = pesar.

“Pensamiento –dicen las Partidas de Alfonso X- es cuidado en que discurren los hombres las cosas pasadas, y las de luego, y las que han de ser. Y dícenle así, porque con él pesa el hombre todas las cosas, de que le viene cuidado a su corazón.”

Pienso, del latín pensum = lo que puede ser pesado (por ejemplo, la cebada...)

Pensar. De cada cual según su necesidad.

martes, 1 de julio de 2008

Para qué sirve la literatura

El poeta Fernando Beltrán explica que lo que le impulsó a escribir los poemas de su libro El Gallo de Bagdad fue haber escuchado a un locutor de radio comentar qué absurdo le parecía que los gallos cantaran en Bagdad mientras caían las bombas sobre la ciudad. Nos recuerda Fernando Beltrán que no es absurdo que los gallos canten al amanecer. Eso es natural. Eso es normal. Lo absurdo es bombardear una ciudad.

Cuenta Eduardo Galeano en su libro Espejos que muchos libros de historia consideran al navegante español Vasco Núñez de Balboa como el primer hombre que, subido a una montaña de Panamá, logró ver simultáneamente el Océano Atlántico y el Océano Pacífico. Y se pregunta Galeano: “Los que allí vivían, ¿es que eran ciegos?”

Para eso, entre otras cosas, sirve la literatura: para poner en cuestión las informaciones que recibimos, para descolocar las verdades consolidadas por el discurso oficial, para despertar nuestra curiosidad por conocer, para hacernos dudar como primer paso para hacernos pensar.

lunes, 30 de junio de 2008

Claustro fin de curso

Primeras y apresuradas conclusiones de un profesor novato:

*Quizá los alumnos quieran aprender pero, como cualquiera, también tienen prioridades: quieren (los que quieren) aprobar, a cualquier precio, no importa el medio.

*Los alumnos responden bien a la novedad (la fascinación por descubrir cosas nuevas) y a la coherencia, a la justicia: disponen de sentido común.

*Pero ¿cómo pedirles que pasen seis horas seguidas sentados, aplicados y en silencio?: ¡por dios, tienen 12 años!

*Fundamental: la organización de la clase.

*Conseguir la dualidad imposible: serio, pero cercano.

*Pero ¿de verdad es posible una enseñanza personalizada?

*Fundamental: los recursos (el almacén de…).

*Los riesgos del libro de texto: puede maniatarte las ideas (pero a ellos les da seguridad… y les aburre su monotonía).

*Fundamental: la planificación.

*Creía que sobreponer a la algarabía de los alumnos los gritos del maestro aumentaría el nerviosismo generalizado, pero no parece: más bien sólo acabará con los nervios y con las cuerdas vocales del profesor.

*Fundamental: la disciplina proporcionada, ejemplar.

*Combatir la rutina es el reto (hacer compatibles profundización en contenidos y amenidad); pero, por otra parte, necesitan saber a qué atenerse: un ritmo y un rigor.

*Más vale una explicación muy clara que muchas borrosas. Pero la (in)capacidad de atención de muchos alumnos obligará a muchas repeticiones que aburrirán a los que lo han entendido a la primera y así…

*Fundamental: prácticas individuales, en clase y en casa: se aprende mejor lo que se aprende por sí mismo.

Error de novato (1): demasiado condescendiente en las tareas, criterios más claros, deben sentir que el profesor las valora como muy importantes.
Error de novato (2): escasez de trabajo en grupo (sentirse protagonistas, trabajar con sus manos y con su pensamiento), profesor demasiado dirigista… necesitan ser autónomos, no autómatas.

domingo, 29 de junio de 2008

La línea de Cortázar

De una gota de sudor que nace en el centro de la nuca y resbala subrayando la línea del espinazo y que, antes de perderse en la oscuridad pavorosa de la rabadilla y volverse fría, se arroja desde el elástico del calzoncillo, impacta y explota contra el pavimento de mármol blanco, y se recompone y desaturde, y se desliza dibujando eses líquidas, buscando protección bajo la cama, temerosa de fregonas, de lenguas caninas, y bucea asfixiada entre zapatos y pelusas, y reposa un momento al amparo de un tacón afilado y femenino… firmemente agarrado, elevado e incrustado en el centro de la nuca…

De una gota de sangre nacida en el centro de la nuca…

sábado, 28 de junio de 2008

Inicio duchado y bien peinado

Me gusta peinarme de espaldas al espejo y ducharme a oscuras.