Los helicópteros de la policía sobrevolando el ayuntamiento de El Ejido… “Una carta del cielo bajó un ángel”, dice el poema de Alberti. Pero el martes pasado lo que bajó, en helicóptero, del cielo fue una citación judicial y no la trajo un ángel, sino funcionarios del Juzgado de Instrucción número 2 de Almería, a instancias de la Fiscalía Anticorrupción… Furgones policiales aparcados en la Plaza Mayor, controlando todas las entradas y salidas del ayuntamiento, de la empresa Elsur, situada a su lado, y de otras doce empresas anexas… Procesión de policías judiciales requisando AZs, PCs y pen drives… Juan Enciso durmió anoche en El Acebuche, la prisión provincial.
Me pregunto si es que no hay ningún control, si es que nadie fiscaliza las cuentas de los ayuntamientos, si nada se hubiera movido de no existir esa denuncia anónima, luego asumida por Izquierda Unida... De ser cierto lo publicado -todavía hay que hablar de presunción-, desde hace más de seis años el, a la vez, presidente del ayuntamiento y de la empresa, en compañía de otros, malversó –forma elegante y técnica de decir robó- 150 millones de euros (es decir: 24 mil millones de pesetas) de dinero público y, como se pregunta el periodista de RNE Toni Garrido en su blog: “¿cómo tiene que ser el presupuesto de El Ejido para que puedan desviarse 150 millones de euros sin que se activen todas las alarmas?”.
Políticamente, la coherencia está del lado de Izquierda Unida, que ni siquiera tiene representación en la casa consistorial. El PSOE ha jugado el antiguo juego de las conveniencias, mirando demasiado para otro lado; para el PP fue uno de los suyos... Creo que en Izquierda Unida pueden sentirse satisfechos, me consta que no están felices –les duele su pueblo-, pero sí deben estar satisfechos porque frente a una opinión pública manifiestamente en contra –que los identifica con los otros- vienen haciendo su trabajo, hacen lo que democráticamente hay que hacer, a pesar de esas campañas que caricaturizan o ningunean a sus dirigentes, algunas de una mezquindad insoportable: todavía recuerdo que ante las últimas elecciones municipales, un diario local publicó una serie de semblanzas de candidatos, y que cuando le llegó el turno a la candidata de Izquierda Unida sustituyeron su foto por otra de una concejala popular de Lepe semidesnuda. Con el comentario –de una bajeza considerable- de que nadie les iba a reprochar el cambio…
Todavía recuerdo que cuando el cineasta Manuel Martín Cuenca, natural de El Ejido, respondiendo a preguntas de una entrevista escolar, se permitió opinar libremente, criticando modos y actitudes del alcalde… ese mismo periódico local, convertido de nuevo para la ocasión en órgano de expresión del partido gobernante, cargó en portada contra él y contra los que desprestigian a nuestro pueblo, con un titular intoxicador que confundía interesadamente "hombre" y "pueblo".
Juan Enciso es visto, mayoritariamente, como uno de los nuestros: un agricultor que, trasladado a la política municipal, a fuerza de trabajo y desvelos, ha conseguido situarnos a la cabeza de Europa en renta per cápita. Un modelo de alcalde patriarcal, de los que consigue que mucha gente -con derecho a voto- se sienta defendida bajo su abrazo protector. Si un político alcanza ese grado de identificación con su pueblo tiene el cielo electoral ganado. Todavía hoy es posible escuchar: pues, yo lo seguiría votando…
Y, sin embargo, la gente no se ha echado a la calle, gritando por la libertad de su alcalde. No ha habido encendidas reacciones en su defensa. Sólo conversaciones de tono bajo. Hay quien no sale de su asombro: cuesta creer que este hombre en quien tanto hemos confiado, nos haya traicionado... Hay quien afirma que se veía venir, pero qué increíble que hayamos llegado a verlo… Hay quien opina que por qué le tocará al nuestro y no al del pueblo vecino… Y predomina una desazón generalizada: otra vez El Ejido ofreciendo ante el mundo una pésima imagen.
Ojalá esto fuera terapéutico. La imagen sólo mejorará si nos paramos a pensar que, además de trabajar, también hay que trabajar honestamente por la convivencia.
domingo 25 de octubre de 2009
miércoles 21 de octubre de 2009
Sobre los ángeles, III
Dentro del pecho se abren
corredores anchos, largos
que sorben todos los mares.
Vidrieras,
que alumbran todas las calles.
Miradores,
que acercan todas las torres.
Ciudades deshabitadas
se pueblan, de pronto. Trenes
descarrilados, unidos
marchan.
Naufragios antiguos flotan.
La luz moja el pie en el agua.
¡Campanas!
Gira más de prisa el aire.
El mundo, con ser el mundo,
en la mano de una niña
cabe.
¡Campanas!
Una carta del cielo bajó un ángel.
("El ángel bueno". Sobre los ángeles. Rafael Alberti. España, 1929)
corredores anchos, largos
que sorben todos los mares.
Vidrieras,
que alumbran todas las calles.
Miradores,
que acercan todas las torres.
Ciudades deshabitadas
se pueblan, de pronto. Trenes
descarrilados, unidos
marchan.
Naufragios antiguos flotan.
La luz moja el pie en el agua.
¡Campanas!
Gira más de prisa el aire.
El mundo, con ser el mundo,
en la mano de una niña
cabe.
¡Campanas!
Una carta del cielo bajó un ángel.
("El ángel bueno". Sobre los ángeles. Rafael Alberti. España, 1929)
martes 20 de octubre de 2009
Sobre los ángeles, II
El día que llovieron cangrejos llovió también un señor muy viejo con unas alas enormes. “La luz moja el pie en el agua”. A pesar de los malos augurios de las comadres vecinas, para Elisenda y Pelayo es una bendición, “una carta del cielo bajó un ángel”: no sólo su hijo se cura de las fiebres al instante, sino que exhibir un ángel en el corral de las gallinas les permite salir de penurias a 25 centavos la entrada.
El ángel tendrá que enfrentar al cura, que pierde la razón intentando averiguar: si es hermafrodita, si habla arameo antiguo, si no será Satanás, si no será un noruego con alas.
El ángel tendrá que sufrir la multitud de peregrinos, “ciudades deshabitadas se pueblan de pronto”, que acuden a la corte de los milagros. Como una anciana ciega que canta con voz chillona y cascada y maltrata una guitarra. El ángel cambia su voz rota por una voz de tenor, la dona e móbile. Canta hasta que se estrella con una puerta.
El ángel tendrá que competir con la noria, el tiovivo… y la spiderwoman. Tendrá que soportar que chicos y mayores le arrojen miserias, le quemen las alas.
Seis años después la casa de Pelayo y Elisenda ha crecido y hermoseado. El ángel recompone sus alas con plumas de cisne o de oca, y tras varios costalazos, “gira más deprisa el aire”, vuela. El niño, feliz, flota.
(Un señor muy viejo con unas alas enormes. Fernando Birri / Gabriel García Márquez. Cuba, 1988)
El ángel tendrá que enfrentar al cura, que pierde la razón intentando averiguar: si es hermafrodita, si habla arameo antiguo, si no será Satanás, si no será un noruego con alas.
El ángel tendrá que sufrir la multitud de peregrinos, “ciudades deshabitadas se pueblan de pronto”, que acuden a la corte de los milagros. Como una anciana ciega que canta con voz chillona y cascada y maltrata una guitarra. El ángel cambia su voz rota por una voz de tenor, la dona e móbile. Canta hasta que se estrella con una puerta.
El ángel tendrá que competir con la noria, el tiovivo… y la spiderwoman. Tendrá que soportar que chicos y mayores le arrojen miserias, le quemen las alas.
Seis años después la casa de Pelayo y Elisenda ha crecido y hermoseado. El ángel recompone sus alas con plumas de cisne o de oca, y tras varios costalazos, “gira más deprisa el aire”, vuela. El niño, feliz, flota.
(Un señor muy viejo con unas alas enormes. Fernando Birri / Gabriel García Márquez. Cuba, 1988)
lunes 19 de octubre de 2009
Sobre los ángeles, I
Recuerdo que mi lectura del libro en que Rafael Alberti se sintió huesped de las nieblas coincidió en el tiempo con la contemplación de dos películas, de filmografías muy distintas. Comprendí entonces que, a veces, las relaciones entre literatura y cine se definen gracias a estrictas razones de casualidad:
Los ángeles sobrevuelan el cielo de Berlín y otean el ajetreo de hormigas que se afanan. Atraviesan puertas y paredes, caminan corredores invisibles del espacio, observan con asombro, con ternura, con horror, posan una mano insensible en un hombro y soplan un oído.
Al caer la tarde se sientan a conversar sobre la Puerta de Brandenburgo. Cassiel y Raphaela son ángeles hermanos y se cuentan sus cosas. El tiempo debe de pasar tan deprisa ahí abajo… cómo será ser humano… Los ángeles no pueden o al menos no deben intervenir, pero cuando la niña cae desde el balcón y Cassiel, aunque se tape los ojos y los oídos, no puede dejar de verla caer ni de oírla gritar… Ahora la niña reposa en sus brazos en cuna. ¿No quieres bajarme ya? Las cosas se han vuelto de colores. “Gira más deprisa el aire”. Comienza entonces el aprendizaje de este hombre recién nacido. Serán sus maestros: un pizzero italiano, una niña acróbata, un anciano judío, un traficante de armas y de películas porno, un ángel perverso, una canción de Lou Reed y el teniente Colombo.
“El mundo con ser el mundo en la mano de una niña cabe”.
Cassiel aspira a ser bueno. Su muerte está escrita en su frente. Su muerte permitirá a la niña volar.
(Tan lejos, tan cerca. Wim Wenders. Alemania, 1994)
Los ángeles sobrevuelan el cielo de Berlín y otean el ajetreo de hormigas que se afanan. Atraviesan puertas y paredes, caminan corredores invisibles del espacio, observan con asombro, con ternura, con horror, posan una mano insensible en un hombro y soplan un oído.
Al caer la tarde se sientan a conversar sobre la Puerta de Brandenburgo. Cassiel y Raphaela son ángeles hermanos y se cuentan sus cosas. El tiempo debe de pasar tan deprisa ahí abajo… cómo será ser humano… Los ángeles no pueden o al menos no deben intervenir, pero cuando la niña cae desde el balcón y Cassiel, aunque se tape los ojos y los oídos, no puede dejar de verla caer ni de oírla gritar… Ahora la niña reposa en sus brazos en cuna. ¿No quieres bajarme ya? Las cosas se han vuelto de colores. “Gira más deprisa el aire”. Comienza entonces el aprendizaje de este hombre recién nacido. Serán sus maestros: un pizzero italiano, una niña acróbata, un anciano judío, un traficante de armas y de películas porno, un ángel perverso, una canción de Lou Reed y el teniente Colombo.
“El mundo con ser el mundo en la mano de una niña cabe”.
Cassiel aspira a ser bueno. Su muerte está escrita en su frente. Su muerte permitirá a la niña volar.
(Tan lejos, tan cerca. Wim Wenders. Alemania, 1994)
sábado 17 de octubre de 2009
Hacer sábado
Zafarrancho de limpieza. A veces hay que hacerlo, ya saben: retirar los muebles para barrer esa arenillla acumulada en sus bajos y esa inquieta pelusilla que aspira a crear organismos pluricelulares, aspirar los sofás (siempre se encuentra algún resto de galleta maría o patata cordobilla y 10 céntimos), descolgar las cortinas (ganchito a ganchito) y pasarlas por la lavadora, limpiar cristales con las páginas sepia del periódico mojadas en cristasol (para que entre algo más de luz ahora que va viniendo el invierno), darle la vuelta al colchón y apalearlo un poco, desempolvar las lámparas, desengrasar la campana extractora, vaciar los estantes de la cocina (siempre se cae alguna lenteja, algunos granillos de sal…), desinfectar a conciencia el baño, etc. etc. etc., una tarea homérica que nuestras madres han hecho siempre con una naturalidad admirable, impagable (¿cómo que impagable?, venga ese sueldo…). En mi tierra las madres a eso lo llamaban: “hacer sábado”.
Haciendo sábado, cuánto acompaña el rock animoso y vibrante de la Creedence Clearwater Revival, mejor en su versión country o rhythm and blues que en la sinfónica. (Es cierto, Alfonso, en Spotify está toda la música.) Desde Spotify suena la Creedence durante todo este sábado amoniacal: la fregona recorre el suelo con más energía si regresan los viejos campos de algodón, el plumero se mueve con más alegría tarareando Susy Q, la lavadora acompasa sus giros rolling on the river…
La tarde se nubla a medida que la casa reluce y, cuando acabamos, la Creedence canta acerca de la lluvia que comienza a caer sobre este soleado sábado (…y sobre mis cristales):
“I want to know
have you ever seen the rain
coming down on a sunny day…”
Haciendo sábado, cuánto acompaña el rock animoso y vibrante de la Creedence Clearwater Revival, mejor en su versión country o rhythm and blues que en la sinfónica. (Es cierto, Alfonso, en Spotify está toda la música.) Desde Spotify suena la Creedence durante todo este sábado amoniacal: la fregona recorre el suelo con más energía si regresan los viejos campos de algodón, el plumero se mueve con más alegría tarareando Susy Q, la lavadora acompasa sus giros rolling on the river…
La tarde se nubla a medida que la casa reluce y, cuando acabamos, la Creedence canta acerca de la lluvia que comienza a caer sobre este soleado sábado (…y sobre mis cristales):
“I want to know
have you ever seen the rain
coming down on a sunny day…”
viernes 16 de octubre de 2009
Mensaje póstumo de La Bola Perdida
¡No quiero morir!... ¡Una bola tan joven, con tantas vueltas por delante!... La vida es injusta… ¿Habrá un cielo alegre y luminoso para bolas?... ¿Será como un circo?... ¡El Circo del Sol!
jueves 15 de octubre de 2009
Cama de cartón
Esta es una foto paradójica: lo normal es que una cama esté dentro de una casa y no fuera. He aquí una cama (de cartón) a las puertas del número 40 de una calle de El Ejido (pero en cualquier ciudad podríamos hacer una foto como esta). La casa está vacía (habitada por pelusas, penumbra y silencio). El resto del edificio también. Ignoro si alguna vez estuvo habitado. Los carteles de Se Vende cuelgan de casi todas las ventanas. Algunos, arrancados por el viento, cuelgan descolgados, demediados, mohosos…
Esta es la foto de una paradoja, o mejor, de una injusticia: casas vacías y gente durmiendo en la calle. Yo entendería que el ocupante de esta cama, una noche de lluvia, le diera una patada a la puerta para ponerse a cubierto. Yo entendería esa okupación.
Esta es la foto de una paradoja, o mejor, de una injusticia: casas vacías y gente durmiendo en la calle. Yo entendería que el ocupante de esta cama, una noche de lluvia, le diera una patada a la puerta para ponerse a cubierto. Yo entendería esa okupación.
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